Autor: Utrilla Carlón, Ricardo. 
   Neonovedades     
 
 Diario 16.    26/01/1981.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EN CORTO

Neonovedades

Ricardo Utrilla

NUNCA el prestigio de lo nuevo alcanzó cotas tan altas como en nuestra época. ¡Nuevo! es ahora grito

que igual vende un detergente que una política, un dentífrico que una literatura, unas parcelas serranas

que una filosofía...

En francés, ruso, alemán, inglés o chino, todo lo nuevo es bueno o, al menos, no tan malo. Hasta los

neofascistas resultan así más presentables que los viejos fascistas, y no digamos nada de los

neoconservadores.

Borrón y cuenta nueva, todo lo malo quedó atrás, que se mueran los viejos y vivan los jóvenes y los

niños. Lo nuevo es descubrimiento y progreso. Lo viejo, decrepitud, impotencia y reacción.

Bien lo han entendido, de antiguo, los campeones de la venta que son los norteamericanos. No hay

presidente de los Estados Unidos que no llegue con un «nuevo» bajo el brazo, desde el new deal, o nuevo

trato de Roosevelt, hasta la «nueva frontera» de Kennedy y el «nuevo espíritu» de Cárter. Y ahora,

rizando el rizo de la novedad, en un redundante tropo tautológico, Ronald Reagan ofrece un «nuevo

comienzo». Para mejor, por supuesto.

Nada de extraño tiene que así suceda en el Nuevo Continente y en el país de Nueva York, Nueva Orleans

y Nuevo México.

Aunque esos «nuevos» que allí llevaron españoles, portugueses, franceses, ingleses y holandeses no

presuponían, como ahora, garantía de bondad ni de mejora. Más bien, todo lo contrario. Si España era el

Reino, la Nueva España era un virreinato. En Europa estaba lo auténtico, lo primigenio. En América, las

copias, lo secundón.

Claro que no había llegado todavía la era industrial, con su secuela de sociedades de consumo. No existía

entonces el sentido progresista de la Historia que se coció en los altos hornos del XIX después de haber

sido amasado en las enciclopedias y guillotinas de finales del XVIII. Eran todavía los siglos del

«cualquier tiempo pasado fue mejor», cuando lo nuevo todavía asustaba.

Todo aquello venía del dogma. Lo único nuevo no podía ser más que Reforma. Ni hil novum sub solé,

que se decía entonces, aunque no por mucho tiempo. Discutir lo admitido e impuesto sólo podía ser

heterodoxia. Pecado.

España, como es lógico, fue pionera, Por estos agrestes riscos, no podía haber más que una fe, un solo

señor, un solo cónyuge, una sola grey y un solo pastor. Durante siglos, aquí lo nuevo olía a azufre que

apestaba. De muy buena tinta se sabe que, todavía en los años 50, monjas españolas había que se

persignaban ante una máquina de escribir.

¡Si habrán cambiado los tiempo´s! Ahora resulta que la UCD quiere renovarse democráticamente. Otra

redundancia, porque ¿habrá algo en España más nuevo que la democracia? Que se lo digan, si no, al

PSUC y a esos neocomunistas del euro.

La cosa es que España también quiere ponerse al día y, tras su nueva Constitución, aspira a recuperar todo

lo novedoso que no exija particular esfuerzo. Métase usted en la cabeza, señor mío, que al cabo de

cuarenta años de dictadura, nada hay más nuevo que la democracia. El nuevo recomenzar, que diría el

otro.

No en vano nos han estado bombardeando los franceses -nuestros únicos inspiradores por aquello de lo

bien que se entiende el francés- con su nueva ola, su nueva novela, sus nuevos filósofos y su nueva

derecha.

No, si al final, a lo máximo que podremos aspirar aquí es a ser neofranceses. Así nos va.

Luego hay quien dice que España lleva siempre una revolución de retraso. ¿Pero no era progresista el

progreso científico´.´ ¿Por qué, ahora, lo progresista es ir contra las centrales nucleares, contra la

producción en cadena y contra los superpetróleos? Resulta ya que los progreso de hogaño son igual,

igualitos que los reaccionarios del antaño decimonónico. Cosas veredes y no comprenderedes. Otros

vendrán que progre me harán.

Nada, hay que rendirse a la evidencia. Cuando se habla de un Suárez renovado, una UCD más nueva que

nunca, novedoso eurocomunismo de Carrillo, el neoliberalismo o la civilizada nueva derecha de Fraga,

habrá que repetir con el clásico francés, que es lo nuestro: Plus Ça change et plus c´est la meme chose. Es

decir, que cuanto más cambiamos, más somos nosotros mismos. Quien a los suyos parece...

CAMBIO16/13

 

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