Autor: Semprún, A.. 
 ABC en San Sebastián. 
 La fuerza pública efectuó un registro en el seminario     
 
 ABC.    16/12/1970.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

MADRID, MIÉRCOLES 16 DE DICIEMBRE DE 1970

ABC EN SAN SEBASTIAN LA FUERZA PUBLICA EFECTUÓ UN REGISTRO EN EL SEMINARIO

Duró dos horas y no se interrumpieron las actividades docentes

EL PERIÓDICO «SUD-OUEST» PUBLICA UNA FOTOGRAFÍA DEL CÓNSUL ALEMÁN EN COMPAÑÍA DE UNO DE SUS SECUESTRADORES

San Sebastián 15. (De nuestro redactor, enviado especial, por «telex».) Sobre las nueve y media de esta mañana un numeroso destacamento de Policía Armada rodeaba totalmente el recinto ajardinado del Seminario de San Sebastián, situado, como es sabido, en el llamado «El antiguo»—barrio que necesariamente tuvieron que atravesar los secuestradores del señor Beihl en su velocísima huida—, así como la muy cercana residencia episcopal, ya en desuso, palacete de estilo neoclásico que hoy no habita nadie.

Mientras controlaba todas las entradas y salidas al edificio, un grupo de inspectores de policía, por espacio de dos horas, verificó un rápido registro del Seminario sin que la vida escolar fuese Interrumpida. Se ignoran, aunque son de suponer, los motivos que han originado esta gestión el secuestro del señor Beihl. A juzgar por el corto tiempo que permanecieron los policías en el interior del Seminario cabe la posibilidad de que se buscara en él a una determinada persona y no documentos, ya que esto último hubiera requerido bastante más tiempo. A las once de la mañana las fuerzas del orden habían abandonado aquellos lugares.

Mediada la mañana el periódico «Sud-Ouest» nos ha sorprendido publicando una fotografía (*) del señor Beihl, obtenida por sus captores en el lugar donde le ocultan desde hace Quince días. La foto ha llegado por correo a la Redacción del citado periódico y, como es lógico, éste le ha concedido lugar privilegiado en su primera página.

El señor Beihl aparece en ella jugando a los solitarios con una baraja española. Sobre la mesa un cenicero de cristal y un número de ABC correspondiente—así creemos distinguirlo—al pasado día 3.

De espaldas al fotógrafo debía estar uno de los secuestradores, cuya silueta de encapuchado se distingue perfectamente en el original de la fotografía en cuestión. El señor Beihl luce un jersey de color claro, prenda que no han reconocido sus familiares como suya. Lo cual es natural, dado que en el momento de su secuestro el cónsul alemán vestía un traje clásico.

El citado periódico acompaña el documento gráfico con un pie en el «que se asegura que el secuestrado dispone de relativas comodidades, así como que le han sido proporcionados los medicamentos que precisa para conservar su hasta el momento, y al parecer, buen estado de salud.

Las noticias se han prodigado hoy. Una, sin confirmar por el momento, nos da a entender que la señora Beihl ha recibido esta mañana una comunicación en la que se sugiere su presencia urgente en Burdeos para hablar de nuevas condiciones sobre la situación de su esposo. De ser cierta la recepción de esta comunicación cabe la posibilidad de que, efectivamente, la señora Beihl, acompañada por don Pablo Schroeder, se traslade de inmediato a la capital de la Gironda francesa.

Claro está que puede tratarse de otro de los anónimos que tan profusamente se han venido recibiendo en las dos últimas semanas dirigidos a la esposa del cónsul alemán secuestrado.

Por ejemplo, y lo recogemos a título de anécdota, hace unos días que la señorita Lucía recibió una llamada telefónica en la que se le indicaba que si deseaba saber noticias sobre el paradero dé su padre a cambio de un millon de pesetas trazara en el curso de la mañana siguiente una cruz hecha con barra de labios en la pared de la calle inmediata al portal de la relojería Girod.

Lógicamente, la señorita Beihl recurrió a la Policía, y ésta consideró oportuno no desaprovechar la posible ocasión de obtener una valiosa información, haciendo lo posible para comprobar si el anónimo está respaldado por hechos reales o, por el contrario, se trataba del clásico timo intentado por algún desaprovechado, o la broma inhumana causada por una muy bien determinada especie de sadismo.

La señorita Lucía cumplió lo que se esperaba de ella y unas horas después recibía otra llamada en la que se le citó para unas horas más tarde en el mercado de La Rocha, corazón del característico barrio Viejo. Una vez allí, y protegida por una discretísima vigilancia, en una cabina telefónica situada en el mismo mercado encontró otra nota indicándola que las noticias definitivas estarían a las doce de la noche tras unos cubos de basura en una de las glorietas del Monte Ulia, a donde debía ir llevando consigo el citado millón de pesetas.

Como la noche suele ser mala consejera para los delincuentes y cabía temer cualquier cosa quien se trasladó al citado lugar, fue otra persona protegida asimismo discretamente por la Policía.

Pero en el Monte Ulia no había nadie y la nota no apareció por ningún lado. Al día siguiente el despechado desconocido telefoneó lacónicamente a la señorita Beihl para darle cuenta de su disgusto por su falta de discreción. Y hasta la fecha nada se ha sabido más del extraño comunicante.

A última hora de la tarde, don Pablo Schroeder y la señorita Lucía Beihl regresaban a su domicilio en Miraconcha, veintiocho, después de permanecer ausentes durante gran parte de la tarde.

Don Pablo Schroeder nos negó que hubiesen recibido ninguna nueva comunicación en relación con el secuestro de su amigo, ni por parte de los secuestradores, ni por parte de los representantes de la República Federal Alemana, ni por parte tampoco de algún comunicante anónimo.

Na obstante persiste la incógnita en el mismo sentido, porque en otras ocasiones el señor Schroeder negó asimismo por justificadas razones tener conocimiento de hechos que posteriormente fueron revelados como ciertos.—A. SEMPRUN.

 

< Volver