Autor: Martínez Bande, José Manuel. 
   Brigadas Internacionales  :   
 Los voluntarios se van. 
 Gaceta Ilustrada.     Página: 26-32. Páginas: 6. Párrafos: 91. 

BRIGADAS

Los voluntarios se van

A lo largo de ese año de 1938 los intentos para poner fin a la guerra de -

España, mediante una paz negociada —intentos levemente iniciados en 1937, cuando

don Julián Besteiro marcha a Londres para asistir a la coronación de Jorge VI—,

cobran día a día más fuerza, como hijos de la necesidad.

En estos intentos de paz, una de las bazas que se van a poner en juego va a ser

la pretendida «nacionalización» de la lucha, bandera izada insistentemente en

aras de un patriotismo anticipo del que luego, a partir de 1941,airearía Stalin,

al titular la lucha por la defensa de la U.R.S.S. frente a la invasión nazi

«gran guerra patria».

Así, cuando el 1 de mayo Negrín publica sus famosos «trece puntos», destinados a

poner fin a la contienda,, uno de ellos se refiere a la retirada del suelo

español de las fuerzas combatientes extranjeras, de uno y otro bando, condición

sine qua non para que los enemigos hasta entonces puedan entenderse. Es una

buena baza, de efectos propagandísticos seguros, y nada incómoda, ya que aquella

afluencia masiva de los primeros tiempos, con gentes de las que se esperaba

muchísimo, por no decir todo, ha ido debilitándose hasta quedar prácticamente

paralizada, sin que, por otra parte, pueda nadie decir que los combatientes

extranjeros hayan sido mejor que los españoles; y los hechos de guerra lo han

demostrado cumplidamente.

El 5 de julio, tras laboriosas negociaciones, el Comité de Londres, o de No

Intervención, propone un acuerdo parecido, sobre la base de la retirada

progresiva de los contingentes no nacionales en los dos Ejércitos en oposición,

partiendo de una base mínima de 10.000 hombres.

Sin eco alguno estas propuestas en la España nacional, se lleva a cabo el

desesperado esfuerzo del paso del Ebro, canto del cisne que tiene una finalidad

inmediata, militar, la

26 GACETA ILUSTRADA INTERNACIONALES

Por JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ BANDE

JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ BANDE

Las calles de Pradell, engalanadas para despedir a los voluntarios de las

Brigadas Internacionales. Castigados los brigadistas de modo terrible, sufriendo

una sangría constante, la recluta fue languideciendo pronto hasta cesar casi a

mediados de 1937. Derecha: la portada del libro de Bande que ha puesto de

actualidad, con gran fuerza, uno de ios temas más vivos y polémicos de la guerra

española.

A los treinta y siete años de su comienzo, y a los treinta y cuatro de su final,

la guerra española es un tema apasionante, que preocupa y posiblemente seguirá

preocupando en el futuro a grandes sectores españoles y mundiales de opinión.

Las obras de distinta índole que se vienen publicando están alcanzando gran

impacto de lectores. Tal es el caso de «Brigadas Internacionales», de reciente

aparición, original de José Manuel Martínez Bande. Especialista en la materia,

labor a la que lleva dedicados como investigador y tratadista más de veinte

años. El autor, coronel de Artillería y licenciado en Derecho, dibuja en este

libro el perfil humano de la presencia en España de unos extranjeros que

intervinieron en hechos decisivos de la COntienda del treinta y seis.

¿Idealistas heroicos? ¿Escoria social de todo el mundo? ¿Quiénes eran en

realidad los mercenarios de las Brigadas Internacionales? El libro de Martínez

Bande, del que «G.i.» reproduce uno de sus más apasionantes capítulos, con

autorización del editor Luis de Caralt, responde a esas preguntas con una

rigurosa documentación, en un relato ágil que arroja luz sobi^ aspectos muy

oscuros de la contienda española

de detener el avance sobre Valencia, y otra asimismo mediata, política, de

forzar al general Franco a aceptar una paz contratada.

«La República —escribe Thomas— mostró un exaltado júbilo ante el éxito de la

ofensiva del Ebro. Hasta Azaña se llegó a persuadir de que la suerte se había

vuelto a favor de la República. Aquel verano constituyó ciertamente una época de

esperanza para todos ¡os republicanos. La crisis de Checoslovaquia amenazaba con

provocar una guerra europea, y la República hizo todos los esfuerzos posibles

para demostrar a Inglaterra y Francia que, en caso de guerra, podría ser un

aliado vaiío-so» (1).

A !o largo de las interminables jornadas de aquella terrible batalla la cuestión

de la retirada de los voluntarios cobra dramática actualidad, íntimamente ligada

con ´los problemas de la no intervención y de las ayudas extranjeras a unos y

otros.

Todo este tiempo es de una enorme actividad diplomática. El 9 de septiembre

Negrín se entrevista en Londres, según parece, con el duque de Alba, y a finales

de mes viene la conferencia de Munich, que, a costa de Checoslovaquia, dará a

Europa la precaria paz de un año. Es obra principal de Chamberlain, de la que se

siente muy orgulloso, por lo que no debe extrañarnos que el político inglés

proponga otra conferencia similar para poner fin a la guerra de España. Pero

aunque los días inciertos de la lucha en tierras de Gandesa,

Amposta y Mequinenza, a la que no se ve fin, parecen presionar a unos y otros

hacia la paz, el general Franco, que no pierde en ningún momento la fe en una

victoria sin compromisos, se muestra irreductible.

Naturalmente, no es éste el caso de Negrín. Si una paz concertada significa para

la España nacional casi tanto como la pérdida de ´la guerra, para la República

podía representar una cierta posibilidad de subsistir de algún modo. Había que

llegar hasta ella, fuese como fuese y a costa de lo que fuere.

Por otra parte estaba Stalin, viendo los acontecimientos, como siempre, a la luz

de la realidad: fría luz que proclamaba que era ya imposible conseguir una

fuerte alianza de la U.R.S.S. con Francia e Inglaterra frente a Alemania.

Entonces, si esto era así, si no cabía

GACETA ILUSTRADA 27

BRISADAS INTERNACIONALES

Oficialmente

cercar a Adolfo Hitler, había que buscar un entendimiento con el jefe nazi, al

que se temía; mas para llegar a esta meta estorbaban todas las ligaduras de la

guerra de España.

Y se venía haciendo, al ir apartando los peones principales, mas ahora era

necesario llegar a más, a mucho más, y en este camino las Brigadas

Internacionales representaban un estorbo.

Así se alcanza la fecha de 21 de septiembre, en la cual el doctor Negrín

comunica a la Sociedad de Naciones su voluntad de retirar a los voluntarios

extranjeros que combaten en las filas del Ejército, del que es jefe supremo, sin

distinción de nacionalidades, e incluso aquellos que «con posterioridad al 16 de

julio (sic) de 1936» hubiesen adquirido ´la nacionalidad española. Al efecto,

pide la constitución de una Comisión Internacional encargada de comprobar

aquella retirada, cuyos miembros gozarán de las inmunidades y privilegios

otorgados a los funcionarios diplomáticos. Para asesorarla se nombraría otra

Comisión, ésta por parte de la República.

Negrín comienza así: «El Gobierno español asiste con angustia profunda a la

crisis por que atraviesa la paz en la hora presente». Y seguidamente: «Las

insinuaciones, que no se atreven a salir de la clandestinidad, según las cuales

nosotros desearíamos una conflagración general como medio de hallar una solución

a nuestras luchas, son consideradas por nosotros como una impertinencia que no

merece más que nuestro desprecio».

Leyendo el discurso de Negrín podría creerse que la causa de todos los males que

España sufre es la presencia de soldados extranjeros en su suelo: «Una vez

eliminada la intervención extranjera en España puedo asegurar que una política

de conciliación nacional, realizada bajo Ja dirección firme y enérgica de un

Gobierno de autoridad, permitiría a todos los españoles olvidar estos años de

sufrimiento y de crueldades y restablecería rápidamente la paz interior».

Comentando este discurso escribió Zugaza-goitia: «Cuando Negrín se adelanta a

notificar a la Sociedad de Naciones que el Gobierno decide por sí mismo la

retirada de voluntarios, licenciando a cuantos combaten a su lado, realiza un

doble beneficio: el moral, que se deriva de su acto político, que no había de

servirnos de nada; y el material, de prescindir de unos hombres que, valuados en

su conjunto, tienen muy escasa potencia combativa» (2). Palabras totalmente

acordes con las aseveraciones que venimos haciendo a lo largo de este libro.

Que no servían de casi nada era evidente, y probablemente ya se tenía noticias

de ello en el Cuartel General del Generalísimo. ¿Qué valor había que darle

entonces a ese gesto de retirarlos de la lucha? Oigamos, al efecto, a Salvador

de Madartaga: «Bien pudiera ser que la decisión del doctor Negrín de retirar los

voluntarios extranjeros del -frente revolucionario como acto unilateral del

Gobierno de la República fuera ya en sí un paso hacia la mediación. "Echemos

fuera al extranjero y hablemos", parece que quería decir. Tal era, en efecto, el

camino de la salvación. O, mejor dicho, tal hubiera podido serlo antes. Pero ya

en septiembre de 1938 era tarde» (3).

El 22 de septiembre Alvarez del Vayo volvía a hablar de la retirada de

voluntarios en la Sociedad de Naciones, y ésta accedió a controlar aquella

retirada, delegando su autoridad en un Comité de tres, compuesto de sendos

representantes de Francia, Gran Bretaña e Irán, comité que designó, a su vez,

los miembros de te Comisión Internacional que vigilaría la repatriación.

Presidía ésta el general Bruno Jalander, del Ejército finlandés, siendo

comisarios de la misma et general Mosloswoth, de Gran Bretaña, y el teniente

coronel francés Homo. Había además una secretaría genera! y una serie de

oficiales adjuntos.

El general Jalander salió de Helsinki, en avión, parj Perpignan, el 11 de

octubre. Y ya reunida toda la Comisión internacional, alcanzaba ésta, el 17, el

punto fronterizo de La Junquera, llegando inmediatamente a Barcelona, donde fue

recibida por ei general Gámir Ulibarri, jefe de la Comisión española. El 20 de

octubre se celebraba ´la primera sesión conjunta de ambas Comisiones, y el día

fin de mes una segunda (4).

Ya por entonces había tenido lugar la des-

pedida de los brigadistas en Barcelona, despedida oficial y populosa, tras una

serie de actos previos de loas en prosa y en verso, totalmente desorbitados.

Alguien como La Vanguardia llega incluso a comparar a los internacionales con el

Cid y Alonso Quijano. «Tuvieron la reacción de Don Quijote, caballero chiflado y

puro ante el sucio entuerto.» Y a! poco: «Se arrastra el Duero, sucio, cavando

el enterramiento de la Hispanidad, y en un alcor de la otra orilla del Ebro,

otro fantasma, el del Myo Cid, se endereza sobre los estribos de Babieca y les

dice adiós a los Internacionales». Aún

Tipos de las Brigadas Internacionales. Su venida a España estuvo motivada por

muchas causas, entre ellas cierto clima romántico y la crisis económica mundial.

UNA. SECCION DE FUSILES DE LAS BRIGADAS INTERNACIONES

Brigadistas con sus armas y un curioso atavío: el gorro tipo «regular»

pero con la estrella de cinco puntas.

28 GACETA ILUSTRADA

se comunicó que a España habían llegado 24.000 brigadistas; 12.000 estaban en

Cataluña

El seis de octubre de 1938, víspera de la repatriación: entierro del obrero

polaco de las Brigadas, Chasque! Honigstein.

se reproduce la loa de Alfonso X a España, en su Crónica General, seguida de un

«¡Salud a los Internacionales que vinieron a ayudarnos y a restablecer la

Hispanidad!».

Pero cuando los poetas afinan sus rimas, hay más recuerdos para la muerte que

para el triunfo.

Así Rafael Alberti:

Venís desde muy lejos... más esta lejanía ¿qué es para vuestra sangre, que canta

sin

[fronteras?

La necesaria muerte os nombra cada día, no importa en qué ciudades, campos o

[carreteras...

O bien, Manuel Altoaquirre:

Una muerte española, el mar en medio desde una hermosa vida americana vino a

nacer aquí, a los jardines donde los héroes niños permanecen...

O Miguel Hernández:

A través de tus huesos, irán los olivares desplegando en la tierra sus más

férreas raíces abrazando a los hombres universal, fielmente...

Los actos de despedida se cierran el 28 de octubre con un desfile, por la

mañana, por la avenida de Pedralbes, y una cena en e\ Casino de La Rabassada. En

la mesa presidencial de ésta se encuentra, junto al doctor Ne-grín, el

presidente de las Cortes, Martínez Barrio; el de la Generalidad, Companys;

varios ministros; André ´Marty, los tenientes coroneles Hans Khale y Aldo

Morandi, el subsecretario del Ejército de Tierra, coronel Gordon, el comisario

general de las Brigadas, Luigi «Gallo», el comisario general Osorio Tafall y

muchos generales, jefes y oficiaíes, profesionales o procedentes de las

milicias.

El teniente coronel Hans habla primero: «El idioma de las Brigadas

Internacionales es el idioma español». En los brigadistas ha habido «católicos y

demócratas» (sic) y el Ejército de la República «es invencible».

Marty se despide con un «¡Hasta la vista, camaradas! Hasta la victoria, que

nosotros tenemos la seguridad que no está lejana».

Luigi «Gallo» dice: «Estamos en todo momento con vosotros. Venceremos en España,

y en el mundo».

El doctor Negrín cierra los discursos. Habla en alemán, en inglés, francés y en

italiano. En español dice: «Llevad a vuestros países lo que aquí en nuestra

tierra habéis aprendido, que es el sentido de la unidad». Para terminar así:

«Partís para seguir luchando en otro sitio. Y ahora, al momento en que partís,

yo os digo, en nombre del pueblo español, que nosotros no juramos, como es

costumbre, luchar hasta triunfar o morir. Nosotros juramos una sola cosa, que

cumpliremos: ¡Juramos triunfar!».

Aún habría una comida íntima, obsequio de Negrín a los jefes y comisarios

extranjeros en el castillo de Vich el 1 de noviembre; a ella asistiría el

general Jalander.

Despedidos así los internacionales, procede su concentración y salida de España,

y el consiguiente control de la comisión presidida por el general finlandés.

Oficialmente se le comunica que a España han llegado sólo 24.000 brigadistas; de

ellos hay 12.000 en Cataluña y 2.000 en la zona Centro-Sur, completando la

diferencia los muertos (5.000).

los miembros de la Comisión viajan por las dos zonas, inspeccionando lo posible,

mientras que se llevan a cabo gestiones diplomáticas para que los diversos

países acojan a los que se fueron a las Brigadas.

Las respuestas de estos países tardan en venir. Algunas son desalentadoras. Casi

ningún Estado asume los gastos que la repatriación de los voluntarios exige.

Polonia se niega a admitirlos y anuncia que de entrar allí sufrirán sanciones, y

Bulgaria los considera apatridas. Son pocos los que recibirán 9 quienes eran

allí, antes de venir a España, simples residentes. Naturalmente no pueden volver

a sus lugares de origen los alemanes, austríacos, italianos, portugueses...

Durante bastantes días los antiguos brigadistas se encuentran en una situación

muy delicada; están impacientes, nerviosos; no perciben ya paga alguna.

Han sido elegidos como puntos de acantonamiento de aquéllos, según los casos,

los siguientes: XI Brigada, Bisaura del Ter (antes San Quirico de Besora); XII

Brigada, Torelló;

XIII, Vallserrat (antes, San Pedro de Torelló);

XIV, Calella; XV, Ripoll; CXXIX, Campdevánol; extranjeros no pertenecientes

a ninguna unidad internacional, Pins de Valles. La CXXIX Brigada había

sido relevada en sus posiciones del frente el 10 de octubre, siendo transportada

por mar de Valencia a Barcelona.

La retirada comienza el 12 de noviembre, en cuya fecha marcha a Francia un

convoy con 1.700 franceses. Hasta seis días después no parte un segundo convoy,

con 491 franceses, belgas, luxemburgueses y austríacos. El 12 de diciembre han

cruzado la frontera 4.049 hombres; y el 12 de enero —dos meses después del

comienzo de la operación— 6.206 brigadistas, todo según datos oficiales.

Para los franceses (2.306 repatriados) no ha habido problemas; tampoco para los

belgas (372 hombres), los ingleses (396) o los norteamericanos. Sí para otras

gentes, como los alemanes, de los que sólo 37 consiguen dejar España.

Pero no nos olvidemos de la guerra, que ha seguido su curso inexorable; y así,

entre el 23 y el 29 de diciembre se rompe totalmente el frente catalán,

iniciándose una vertiginosa y general maniobra, que lleva a la ocupación de

Tarragona el 15 de enero de 1939. En estas circunstancias resulta muy difícil

todo control, toda inspección, dentro de un inmenso y general barullo; y fácil,

en cambio, toda ocultación.

Precisamente era al día siguiente de la caída de Tarragona cuando se presentaba

en la Sociedad de Naciones y por la Comisión Internacional, un «rapport

provisionnel» sobre la retirada de voluntarios.

En él se da como comprobado, «no sólo que ya no existen en el Ejército español

unidades de tipo internacional, sino también que todos los voluntarios

extranjeros han sido retirados del frente para agruparlos en los lugares de

concentración señalados por el Gobierno». Por otra parte, añade la Comisión,

«conviene distinguir entre la integridad de la retirada del frente y la

integridad de la retirada de España. Para esta última ´hay que esperar,

evidentemente, las últimas evacuaciones».

Evidentemente, sí, la Comisión ve que, aún dando por buena la cifra de 14.000

hombres, sólo han dejado España 6.206.

¿Qué ha sido de los restantes?

Puede asegurarse que fueron repatriados sin dificultad alguna los que habían

observado mala conducta, los condenados, los heridos y los convalecientes;

luego, quienes no tenían oficio ni beneficio y eran simples soldados rasos. Las

dificultades comenzaban al tratarse de especialistas o con alguna graduación,

por modesta que fuese.

Pero había algo más. Y era, sencillamente, que no todos querían irse. Porque

muchos carecían de punto de arribada, de familia, de posibilidades de rehacer Ja

vida; incluso no querían rehacerla, porque se habían acostumbrado demasiado a la

de campaña. Sin que se pueda descartar, ni mucho menos, el caso de los

idealistas exaltados que sostienen una causa hasta el fin, sea éste el que sea.

Todos ellos podían seguir luchando y de eso se trató.

El 25 de enero, cuando la caída de Barcelona era inminente, Luigi «Gallo»

escribía al coronel Modesto, jefe del Ejército del Ebro. una carta de la que

eran estos párrafos:

«Estimado camarada:

•Conoces las decisiones que han sido tomadas respecto a los Voluntarios

Internacionales. En nombre del camarada Marty y en el mío propio, te ruego nos

perdones que no ha-

GACETA ILUSTRADA 29

BRIGADAS INTERNACIONALES

V A N NUESTROS HERMANOS, LOS VOLUNTARIOS INTERNACIONALES

yamos podido acudir a estar contigo para tratar de los nuevos problemas que se

plantean. Te envío esta carta para exponerte las cuestiones más urgentes: pedir

tu ayuda y tus directivas para su solución.

La Garriga es el centro de concentración de los voluntarios. Esta mañana han

llegado los voluntarios balcánicos en un número de 450 y los voluntarios checos,

en un número de 100. Acaban de llegar también los italianos en un número de 140

y los voluntarios latinoamericanos en un número de 116. Se esperan 880

voluntarios polacos y deberán llegar también los voluntarios alemanes que son

888. Es decir, que hay ya 776 voluntarios y en la noche habrá en La Garriga

2.600 en total. Entre ellos hay tropa de infantería, los oficiales y comisarios

correspondientes, artilleros y artilleros de la D.C.A. Así como personal

sanitario.

•Todos estos hombres están organizados y se les organiza en Compañías y

Batallones, según su nacionalidad y afinidad de idioma.

Con los checos y los balcánicos pensamos formar cuatro Compañías de infantería y

una Compañía de ametralladoras de unos 80 hombres cada una de ellas, una batería

de artillería y quedan aún unos 20 hombres para la D.C.A., todos con cuadros

completos. Con los italianos se hacen dos Compañías de infantería. Se seguirá el

mismo criterio para Jos demás grupos nacionales. Nuestra idea, que ha sido

elaborada con el general Rojo, era la de formar pequeñas unidades con cuadros

completos, esto con la intención de completarlas con refuerzos españoles

instruidos, de manera de poderlos emplear lo más pronto posible.

•Se puede prever que entre todos los voluntarios tendremos unos 1.800 hombres

para la infantería, es decir, para unas veinte compañías del número indicado

para cada una de ellas. Se podrá constituir dos grupos de artillería y quedarán

oficiales y médicos que podrán ser puestos a disposición del Ejército.

•Este trabajo está en gran parte ya hecho,

será terminado durante la noche y mañana por la mañana las unidades podrán

empezar a hacer los ejercicios en sus formaciones» (1).

Para este 25 de enero Longo pide 2.000 raciones de pan, pero añadiendo que a

partir del siguiente necesitará el abastecimiento normal completo de 2.600

hombres.

El mismo día 25, la que se llama desde ahora «Agrupación de las Fuerzas

Internacionales» da su Orden General de Constitución. Según ella se crean tres

Brigadas, con los números XI, XIII y XV; la primera con un batallón alemán y

otro austríaco; la XIII con uno polaco y otro húngaro; Ja XV con uno checo-

balcánico y otro italiano y latinoamericano. La Agrupación quedará bajo el mando

provisional del mayor Reiner, siendo comisario general el que lo había sido de

´la XI, Ernst Blank, y jefe de Estado Mayor el capitán Torunczyc.

Un nombre va a destacar aquí por encima de todo, más allá de peripecias,

fracasos, retiradas y bajas: el de Ludwig Renn, sin duda modelo de fidelidad a

una causa perdida desde hacía mucho. Fue jefe de Estado Mayor de la XI Brigada,

y ahora seguirá con el mismo puesto en la unidad que ya no tiene de común con

aquella antigua más que su simple guarismo romano.

Esta XI Brigada reúne sus miembros en el acantonamiento «E» de La Bisbal; la XV

en el acantonamiento «H» de La Selva; la XIII en Palafrugell. ¿Cuántos son? El

25 de enero hay en La Bisbal 13 mayores, 47 capitanes, 162 tenientes, 8

alféreces, 8 brigadas, 131 sargentos, 109 cabos, 376 soldados y 34 comisarios.

Total, 888 hombres. En el acontonamiento «H» los voluntarios para el frente son:

1 mayor, 4 capitanes, 16 tenientes, 33 sargentos, 2 brigadas, 28 cabos, 8

comisarios, 2 alféreces y 157 soldados. Total, 251 hombres. Una «nota» del

oficio respectivo, fechada también el 25 de enero, decía: «Hay todavía muchos

oficiales que sobran en el encuadramiento del batallón, conforme faltan soldados

y cabos». Por su parte, la XIII Brigada tenía el 27 de enero un jefe, 12

comisarios, 70 oficiales, 103 suboficiales y 273 soldados. Eran sólo los

comienzos de su reorganización, y así en esa fecha se distribuía la ropa militar

y armas.

La Agrupación entrará en fuego en Grano-llers, y tendrá que replegarse: tratará

luego de defender Vich, muriendo el comisario Blank, a quien sustituirá el

italiano Giuliano Pajetta. Retrocederá hacia Figueras y llegará al puente

internacional.

Uno de estos hombres que retroceden es un escritor uruguayo, Juan José López

Silveira, oficial del Ejército de su país, que ha abandonado para luchar en

España. A él le debemos una patética narración de la «última marcha de las

Brigadas Internacionales», de la que son estos párrafos:

«Eramos tres o cuatro mil. Habíamos esperado la apertura de la frontera todo el

día y toda la noche. Apelotonados al borde del camino que desde la Junquera a Le

Perthus escala la falda de los Pirineos, aguantamos como mejor pudimos un frío y

una escarcha que helaban los huesos y limaban los últimos vestigios de nuestra

resistencia física.

«En las primeras horas de la mañana llego ¡a noticia. Era la cuarta o quinta vez

que la oíannos. Pero ahora parecía cierta, a juzgar por el rosario de

advertencias e instrucciones que la completaban. Primero pasarían las mujeres y

los niños. Después nosotros, los internacionales. Luego, los demás. La División

de Márquez, todavía en contacto con las vanguardias franquistas, protegía la

retirada. Por otra parte, los falangistas habían estado flojos en explotar el

éxito de Barcelona y avanzaban lentamente hacia el Norte.

•El permiso de admisión —acotaban— era amplio y generoso. Por tal razón debíamos

ser

(5) Archivo del Servicio Histórico Militar.

GACETA ILUSTRADA 31

BRIGADAS INTERNACIONALES

leales y entregar nuestras armas y nuestros impedimentos militares en los

puestos de recepción de materiales que la gendarmería había organizado del otro

Jado. Lo fundamental —agregaban— era obedecer, sin reticencias, las órdenes de

las autoridades trancesas.

•Al filo del mediodía, en tierra todavía nuestra, las directivas y consejos

circulaban de un grupo a otro, en francés, en alemán, en inglés, en español.

Aparentemente no escuchábamos nada. Sin embargo, obedecíamos punto por punto lo

que se nos indicaba. El instinto de conservación hacía mantener el mínimo

necesario de disciplina.

-Lentamente nos dirigimos al lugar de reunión. La columna no era, como otras

veces, expresión de aguerrida moral revolucionaria. Ahora, la formación

constituía sólo un recurso, un medio contra el riesgo de quedar encerrados en la

ratonera. Las filas de las brigadas internacionales aparecían apenas como un

refugio.

«Alguien repartió cigarrillos. En seguida —alrededor de las tres de la tarde de

aquel 7 de febrero del 39— la cabeza abrió la marcha y toda la columna,

ensanchando sus intervalos, se estiró en la ladera como una inmensa oruga que

despliega sus anillos. Pocos minutos más y habríamos cruzado ´la línea para

siempre...

»En lugar de fusiles cargamos valijas rotas, maletines, mochilas deshilacliadas

y mugrientas. Tan mugrientas la carga como despareja la vestimenta en la que

mezclábamos restos de indumentaria militar —jirones gloriosos dijeron en un

discurso de despedida— con ropas civiles sacadas quién sabe dónde. Y todo el

atavío tenía, tal vez, menos suciedad que nuestros cuerpos, comidos por los

piojos, y que nuestras caras barbudas, polvorientas, y que nuestros ojos

legañosos.

«Todavía faltaban mil o mil quinientos metros para llegar a la línea y

considerarnos definitivamente a salvo. Empezamos a entonar, para ayudarnos en la

marcha cuesta arriba, tas canciones que nos habían sido familiares durante dos

años y medio, lo hacíamos por rutina, oor háhitn Tal vez de porfiados.

Somos la joven guardia que va forjando el porvenir.

«•Los dos últimos días habían sido intensos, agotadores. Nuestros sentimientos,

además, eran nuevos y diferentes de ´los habituales en dos años y medio de

guerra. A las trincheras, y a la guerra misma, uno se acostumbra, aunque sea a

la fuerza. Un fatalismo especial nos había llevado durante dos años y medio a

resignarnos a ´la perspectiva de la muerte, en cualquier combate, en pleno

campo, o en la cama de un hospital de campaña, con los intestinos agujereados

por una bala o podridos por la gangrena. Más difícil era pensar, de repente, que

todo va a cambiar y que uno ha de quedar en ´libertad y con vida. No es fácil

decidir cómo emplearlas.

«Poco a poco, pesadamente, la columna adquiría el compás y el paso militar

resonaba, inconfundible, en el asfalto de la calle principal de Le Perthus. El

poste que marcaba la línea divisoria de esa aldea —mitad española mitad

francesa— enclavada en los Pirineos, separa, también, la muerte de la vida.

•¡Vista a la derecha! —mandaron desde la vanguardia.

•Era e) último homenaje militar que las Brigadas Internacionales rendían a

España. Sobre la vereda, pocos metros antes del límite, rodeado de ayudantes,

Negrín agitaba su ´mano en contestación a nuestro saludo. Volví la cabeza. El

sol de la tarde se reflejaba pálido en las nieves aún irisadas de ¡las montañas.

Atrás, en el valle extendido y profundo, entre las casas blancas de La Junquera,

hormigueaban combatientes que aún no tenían permiso para entrar en Francia.

••De pronto, me di cuenta que nunca, nunca durante la guerra, pude sentir ni

disfrutar ni aspirar la belleza del paisaje de España» (6).

Más dramática, hosca y amarga aún es la versión de la retirada que nos da el

brasileño José Gay da Cunha:

«Llegó André Marty, a quien acompañaba su ayudante, el capitán Kleber. ´Estaba

furioso. La XV Brigada se había retirado sin recibir órdenes para ello.

«Eramos menos de 500 hombres. Serían las siete y media de la noche, y la

oscuridad no nos permitía vernos los unos a los otros. La aviación enemiga, que

estaba sumamente activa, bombardeaba sistemáticamente toda luz. Agostino dio la

voz de "firmes" y el silencio campeó en el patio. ´Parecía vacío. Y André Marty

habló:

•—¡Cobardes! Sois como liebres corriendo delante del cazador. ¿Dónde está el

valor de los voluntarios de la libertad? ¿Habéis olvidada el valor de nuestros

compañeros que murieron luchando? El camino de Francia no representa la paz y \a

libertad; es el camino de la esclavitud.

»¡Pocos días después el Comando de las Brigadas nos convocaba a una dramática

reunión. El viejo André Marty había ordenado que nos retiráramos. Cataluña

estaba perdida... Mi Brigada se componía ahora de 256 hombres, todos ellos

latinoamericanos. Mis antiguos soldados de otras nacionalidades habían sido

incorporados a sus respectivas unidades.

•íbamos marchando por el camino del litoral que nos conducía a Ja frontera. Era

el 9 de febrero cuando llegamos a ella. El presidente Negrín, el coronel Cordón,

ministro de la Guerra (sic), y André Marty, comandante de las Brigadas

Internacionales, estaban allí para recibir de manos nuestras las banderas de la

República española que el pueblo de las ciudades de España nos ofreció, después

de los combates más duros. Todas aquellas banderas habían merecido la medalla

del Valor Militar

y no queríamos que atravesaran la frontera humilladas por la derrota.

«Desarmados fuimos desfilando.

»—XV Brigada... ¡Vista a la derecha!

•Aquel saludo a nuestros jefes fue mi última voz de mando en tierras de España»

(7).

Día 7 de febrero: en la Cámara de Diputados francesa, Georges Bonnet, ministro

de Asuntos Exteriores, anuncia que 800 voluntarios de las Brigadas

Internacionales han pasado la frontera por Le Perthus. No han sido «los últimos»

en defender su causa, como en alguna parte se ha dicho: estos últimos en dejar

Cataluña serán españoles.

El retroceso ha sido dramático. «Por todas las carreteras —ha escrito Vicente

Rojo— van procesiones de gentes, automóviles, camiones; los que no tienen

posibilidad de ir en coche y disponen de armas, asaltan a los que no las llevan,

obligan a bajar a sus ocupantes y siguen ellos en el vehículo. Mujeres, niños,

viejos, hombres, carros, coches de todas clases, impedimenta, ambulancias,

camiones, todo revuelto; algunos que viajan en coche, viendo la imposibilidad de

avanzar rápidamente, por la larga caravana que se forma y los atascos que se

producen, abandonan el vehículo para seguir a pie» (8).

Día 9 de febrero: en la frontera el general francés Fagalde y el genera!

Sánchez-González, que manda la 5." División de Navarra, se dan la mano. Ya no

hay oficialmente ningún internacional en España: sólo algunos prisioneros de las

fuerzas nacionales y tal o cual «perdido» en la zona Centro-Sur.

Los extranjeros, desarmados, son internados en los campos de concentración de

Saint-Cyprien, Vernet y Gurs, en las condiciones más rigurosas, bajo la

vigilancia de ´los guardias móviles y de los senegaleses. Así ha terminado la

triste aventura de los internacionales en España.

La Comisión presidida por eí general Jalander había obrado, seguramente, de

buena fe, pero con resultados no ciertamente lisonjeros, y ahí estaba la

declaración del ministro francés; bien es verdad que, en disculpa suya, puede

afirmarse que su tarea era extraordinariamente difícil, y que, seguramente,

cualquiera otra Comisión hubiese fracasado también.

En cuanto a la presidida por el general Gá-mir, no cabe aquí siquiera hablar de

buena fe.

Pero aún quedaban brigadistas en la zona Centro-Sur.

El 31 de marzo de 1939, ya la guerra prácticamente terminada, llegan al puerto

de Alicante unos 12.000 soldados, empujados por el avance de los Ejércitos de

Franco; entre ellos figura «gran número de internacionales», según el parte

radiado al Cuartel General del Generalísimo por el general Gámbara. La actitud

de estos hombres es, en un primer momento, de oposición a toda entrega, llegando

incluso a usar de sus armas y causar 25 bajas en las fuerzas ocupantes del

puerto.

Sin embargo, el mismo día se someten unos 10.000 hombres, declarando los

restantes que su voluntad es la de rendirse, aunque sin hacerlo de momento. En

vista de ello, se les concede un plazo, que terminará a las nueve horas del día

siguiente, y se les aprovisiona de un rancho frío.

Por fin, a lo largo del 1 de abril cesa toda resistencia. Y éstas son las

postreras noticias que poseemos de aquellos últimos hombres de las antiguas

Brigadas Internacionales, empujados a los muelles del puerto alicantino como la

marea hace afluir a las playas los restos de las embarcaciones naufragadas. •

32 GACETA ILUSTRADA

 

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