El cónsul cuenta su secuestro     
 
 Informaciones.    29/12/1970.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

El cónsul cuenta su secuestro

SAN SEBASTIAN, 29. (Europa Press.)-El cónsul honorario de la República Federal alemana en San Sebastián, señor Eugen Beihl, permaneció algunos días sin comer durante su secuestro,, según ha declarado ayer, a las cuarenta horas de su regreso a casa, después de haber sitio puesto en libertad en algún lugar de Europa».

Beihl reconstruyó ayer, con tranquilidad, ante el corresponsal de Europa Press, la odisea de su secuestro, aunque sin referir todos los pormenores. "No puedo contar más", dijo. Según su relato, lo que ocurrió el día 1 de diciembre, poco después de las diez de la noche, fue lo siguiente:

Realizó frente a su casa la maniobra de costumbre: detuvo el coche unos metros más allá del portal de su casa y regresó al garaje para abrir la puerta, Volvió ai automóvil, dio la marcha atras y lo introdujo.

Cuando apagó las luces y se dispuso a subir a su domicilio, entró en el garaje un individuo e inmediatamente tres más, armados con pistolas y metralletas. Le indicaron que retrocediera y gritaron: «¡al coche!», «¡al coche!»

Beihl tuvo que entrar al coche y fue situado en el asiento de atrás entre dos de los desconocidos, que le colocaron un "pasamontaña" al revés para impedirle la visión. Pudo mirar antes a la cara de sus secuestradores, pero estaban todos maquillados con el mismo tono para desfigurar los rasgos del rostro.

Arrancó el coche y estuvieron circulando unos cuarenta minutos. (Este dato no ha podido ser precisado por el cónsul; debido al estado de nerviosismo que padecía en aquel momento.) Pasado este tiempo aproximado, fue trasladado hacia otro coche más pequeño, en el que circularon por espacio de cincuenta minutos (aunque Eugen Beihl no ha podido precisar tampoco en este casó).

El cónsul creyó que marchaban por el puerto de Echegarate. situado entre Tolosa y Alsasua en la carretera nacíonal N-l. de Madrid a Irún. (Este puerto, como ha dicho en varias ocaciones, lo conoce "muy bien", por haberlo atravesado numerosas veces.)

CAMPO A TRAVÉS

Cuando se detuvo el segundo coche le hicieron caminar al cónsul, y los secuestradores la dijeron en alguna ocasión que se agachase, debido a la existencia de lambraadas. El señor Beihli tuvo la impresión en aquel momento de que estaba dando vueltas, y señaló a sus secuestradores que se mareaba Estos le respondieron que no ocurría nada y que debía permanecer tranquilo.

Después de la caminata le montaron en otro coche. En el trayecto que siguió se produjo un pequeño incidente cuando el cónsul oyó, entre las palabras en vascuence que pronunciaban sus secuestradores, el término "control" en castellano, El coche dio entonces un rápido viraje y al cónsul se le Ladeó el pasamontañas.

Por ello pudo ver por unos momentos una barandilla de piedra pintada de blanco, y a cincuenta o cien metros, un poste, varias luces y alguna persona.

Más adelante el coche se detuvo en un garaje y le subinieron a una habitación. Le ofrecieron coñac, pero él prefirió leche caliente. Tenía, mucho frío, sus ropas estaban mojadas y sus pies helados.

Los secuestradores se los frotaron y le facilitaron unos calcetines secos.

Subieron de nuevo al coche y al cabo de un tiempo oyo ladridos y algunas voces que hablaban en vascuence. Sintió cómo se abría una puerta y le condujeron a una habitación, donde pudo ya quitarse el pasamontañas. Allí pasó su primera noche.

NO HABÍA DE COMER

Eugen Beihl pidió allí algo caliente de comer, pero se 1« contestó que "no había nada" Fumó un pitillo de tabaco negro. Tedo el día siguiente lo pasó en su habitación. A las once y media de la noche le entregaron un ejemplar de "Unidad" diario vespertino de San Sebastián, en el que se publicaba, de manera muy destacada, la noticia de su secuestro (el único periódico que leyó). Los secuestradores mostraron cierto orgullo cuando le entregaron el diario.

A la una de la madrugada de la segunda nocbe le hicieron levantarse de la cama para cambiarle de escondite. Preguntó qué ocurría y le contestaron que no se alarmara, porque aquel) o "no era más que una medida de seguridad", no podían estar mas de dos días en el mismo sitio

Tras recorrer algunos kilómetros, le cambiaron otra vez de coche y se dirigieron a otro lugar, donde pasó el resto de la noche, No pudo precisar cuántos días estuvo allí, porque su estado de nerviosismo era intenso y perdió la noción del tiempo.

Después fue trasladado el señor Eugen Beihl a otro lugar, donde permaneció un día. Sólo comió pan y "foigras", con vino muy frío. Todos comían lo mismo; cuando había comida, comían todos, y nadie en caso contrario. En las siguientes veinticuatro horas, los secuestradores tomaron muchas precauciones

y exigieron silencio absoluto.

UN LARGO VIAJE

A la noche siguiente emprendieron un largo viaje por una carretera de muchas curvas y muy pronunciadas "Efectuaron varías paradas como pase esperar señales de aviso. Durante dos horas y medía de circulación a, aproximadamente, no oyó el motor de otros coches en la carretera.

Al fin, llegaron a un lugar, en el que se detuvieron después de subir muchas escaleras. Este fue su último escondite. Fue el lugar donde mas frío hacía de todos en los que estaño. Disponía de una estafa de petróleo, que calentaba muy poco la habitación.

Ya el día 23 —el veintidos de su secuestro—, Beihl hizo alguna alusión a la Navidad y al deseo que tenia de estar libre, recordó a su familia, los raptores dijeron entonces que comprendían su preocupación y que ellos tampoco estaban con su familia. Sin embargo, la noche aquella la pareció que podrian libertarle, porque le tuvieron levantado hasta, las tres de la madrugada. Pero te hicieron acostarse luego. Fue en ese momento cuando perdió la esperanza de ser puesto rápidamente en libertad.

PEQUEÑO ACCIDENTE

A media tarde del día siguiente, Nochebuena, le explicaron Que iba a ser puesto en libertad. Llegó Un periodista del diario "Sud-Ouest" le tomaron algunas fotos y grabo ana corta entrevista. Después de algunos preparativos y de fijar la forma, en que se iba llevar a cabo liberación, le hicieron Abandonar el logar con los ojos tapados por unas gafas de soldador.

Le introdujeron en un coche y estuvieron, rodando cierto tiempo, hasta que se encontraron con los periodistas alemanes. Dos de ellos se quedaron como rehenes y los otros dos le acompañaron en un «Mercedes 280». Antes de partir, varita secuestradores le dieron la mano y pronunciaron palabra» de ánimo y alienta.

El coche arranco ? adquirio poco a poco mayor velocidad, conducido con pericia y sangre fría por los dos periodistas, por carreteras heladas, con gran circulación en algunos momentos. Sólo se produje un pequeño accidente al derrapar el coche y chocar contra una pared, sin consecuencias. Horas más tarde, llegaron a la frontera alemana de Saarbrücken.

En total estuvo retenido en cuatro lugares diferentes

 

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