Elogio y reconocimiento     
 
 ABC.    26/12/1970.  Página: 30. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. SÁBADO 26 DE DICIEMBRE DE 1970. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 30.

ELOGIO Y RECONOCIMIENTO

En el reciente discurso del vicepresidente del Gobierno, ante las Cortes, fueron especialmente subrayadas con aplausos de la Cámara las frases dedicadas al justo elogio del Ejército, de las Fuerzas Armadas.

«Los Ejércitos de España—dijo el vicepresidente—tienen asignada en nuestra Ley Orgánica del Estado una trascendental misión: garantizar la independencia de la Patria y defender el orden institucional. No son atributos de privilegio; son carga gloriosa y exigencia de servicio gozosamente aceptada.»

Son palabras que merecen meditación y comentario. La misión defensiva del Ejército, en cuanto se refiere a la independencia nacional, es muy clara y sobradamente conocida; es su misión mas clásica. Pero el Ejército, además, defiende el orden institucional. Y en este punto, no es improcedente alguna aclaración.

Está situado, por esencia, el Ejército al nivel superior de las instituciones políticas. En tal sentido, bien puede decirse que el Ejército es, antes y mas, «institucional» que «constitucional». Lo que no significa que el Ejército no esté incardinado en la Constitución, sino que dentro de ella pertenece o es parte de las instituciones. Y le corresponde, de modo particular, su defensa y su salvaguardia.

Al cumplir con eficacia su misión, resulta ser, el Ejército, fortísimo escudo y leal y abnegado brazo protector de la Sociedad, porque la convivencia colectiva sólo es posible si permanece acatado, cumplido y respetado el juego político institucional. Bien se dice, por ello, que garantiza el Orden y la Paz.

En la decisiva e inmediata acción diaria corresponde a las Fuerzas del Orden Público—Guardia Civil y Policía Armada—y al Cuerpo General de Policía, la defensa de la seguridad y paz sociales. Esta misión, sin la cual viviríamos al arbitrio de la violencia, sin efectiva protección legal, es digna de elogio y de reconocimiento. Y los ha recibido, también, en el discurso del vicepresidente. Y los disfruta en la conciencia de todos.

Siempre ha tenido—en cualquier época histórica—el Ejército español una muy ancha y fecunda entraña popular. Y siempre, en los momentos decisivos, en los momentos de más lúcida sensibilización política, una espontánea reacción popular ha impulsado, a la mayoría ciudadana, a expresar su confianza al Ejército y su identificación con lo que esta institución es y significa. Este ha sido el significado más peculiar y profundo de las manifestaciones de estos días: Con el Ejército y su Generalísimo.

Es conveniente, es saludable síntoma, que los acontecimientos se hayan producido así. La voz popular, confirmada con las palabras del vicepresidente, se ha expresado a favor de las instituciones, a

favor de la subsistencia de lo institucional, a favor de los supremos valores de la convivencia. Con el Ejército, salvaguardia de lo permanente.

El espíritu de patriótico servicio de las Fuerzas Armadas no necesitaría, en una consideración esencial, manifestaciones de esta naturaleza para seguir existiendo con firmeza, para continuar el cumplimiento de sus deberes, porque todos los Cuerpos que las componen han aceptado, con nobilísimo juramento, la más honrosa servidumbre. Pero es bueno y positivo, es debido y justo, el reconocimiento público y el elogio sincero de los valores y virtudes del Ejército en esas determinadas circunstancias en las cuales amenazan al cuerpo social enemigos violentos y grupos subversivos.

No se trata—y muy lerdo o malintencionado sería quien así lo interpretase—de una afirmación militarista, en el sentido peyorativo que pudiera darse a esta palabra. Tiene otro signo, más limpio y elevado, el hecho: una nación, una comunidad social, un pueblo, afirma su voluntad de existencia dentro de su orden político institucional—que envuelve su orden jurídico y público—y entonces expresa su adhesión, su confianza, al Ejército: a la institución que defiende las instituciones.

España, ya otras muchas veces lo hemos escrito, será lo que todos y cada uno de los españoles hagamos que sea con nuestra convicción política y nuestra conducta ciudadana. Tendremos respeto a la legalidad, convivencia pacífica y progreso, en cualquier sentido, si acatamos la ley, practicamos la convivencia y trabajamos en favor del progreso. Si nuestra actitud es la opuesta, podríamos desembocar pronto en la orilla contraria. En esa orilla de la que nos defiende, también si queremos de verdad ser defendidos, el patriótico espíritu de servicio de nuestro heroico, abnegado y leal Ejército.

 

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