Autor: Luca de Tena y Brunet, Torcuato (MERLÍN; ABC). 
   Más lejos, más lejos     
 
 ABC.    31/12/1970.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. JUEVES 31 DE DICIEMBRE DE 1970. EDICION DE LA MAÑANA. PAG. 19.

LA ROSA Y LA ESPADA MAS LEJOS, MAS LEJOS

Cuando en 1932 don José Calvo Sotelo estaba, junto a muchos otros españoles, exiliado en Biarritz, el Gobierno de U República Española solicitó de las autoridades francesas que no se le permitiera vivir tan cerca de nuestra frontera. Así lo hicieron estas últimas y el señor Calvo Sotelo, a partir de entonces, se vio forzado a residir en París. Por mucha que sea nuestra devoción a la memoria de aquel gran hombre público no podemos sino proclamar que la petición del Gobierno republicano español fue congruente y que la aceptación por parte del Gobierno francés a esta solicitud fue lógica y fue justa.

Cuando hace una década Francia estuvo al borde de la guerra civil y numerosos y eminentes militares y políticos franceses se refugiaron en nuestra patria, el Gobierno del general De Gaulle solicitó de las autoridades españolas que no se permitiera a aquellos exiliados que habitaran en la proximidad de la frontera francesa. El Gobierno español accedió a la petición del Gobierno francés. Y es así—por citar sólo unos ejemplos—que Lagaillarde y el general Argoud fueron desplazados a las islas Canarias; el general Salan y Gardy, que residían en San Sebastián, fueron invitados a trasladarse a Madrid, y en activista Ortiz—de nacionalidad francesa, a pesar de su apellido hispano—se vio forzado a residir en Palma de Mallorca. Al igual que en e] ejemplo anterior, no nos sería lícito dudar de la congruencia de aquella petición francesa ni de la licitud del Gobierno español al conceder lo que las autoridades ultra pirenaicas solicitaban.

La nutrida serie de presiones movilizadas en torno al proceso de Burgos (el más sometido a presiones de que exista memoria en la Europa contemporánea) ha servido para conocer la existencia en Francia de un centro de acción y de propaganda política antiespañola que ha funcionado y sigue funcionando con admirable eficacia a muy pocos kilómetros de nuestras fronteras. ¿Han solicitado las autoridades españolas de las francesas la desaparición de este foca subversivo que crece como un peligrosísimo tumor en el mismo lindero de nuestra casa? ¿No lo ha hecho aún oficialmente el Gobierno español? Si la respuesta fuere negativa, debe hacerlo. Pues no sería lógico esperar que el Gobierno francés tomara por sí mismo una decisión de este orden sin que fuera precedida de una reclamación en ese mismo sentido por parte del Gobierno español. No se diga que no existen graves y muy justificados motivos para ello.

Cuando el co-fundador de la E, T. A» Juan José Echave, exiliado en Francia y vecino de Bayona, fue condenado en aquel país por contrabando, ¿qué es lo que contrabandeaba este sujeto? La respuesta no puede ser más significativa: proyectiles de armas de fuego de procedencia checoslovaca. ¿Cuál era el destino de estos proyectiles? No es difícil adivinarlo. Los contrabandistas de armas y municiones al servicio del terrorismo español; los secuestradores de diplomáticos extranjeros, sus cómplices y sus encubridores han hecho suya la famosa frase del Rey Sol: «Ya no hay Pirineos...».

En cuanto a esa extraña organización llamada Anai-Artea, que se autoadjetiva de carácter filantrópico ha mantenido, sí atendemos a las tan reiteradas como descaradas declaraciones de su presidente, continuo contacto a lo largo de todo el secuestro del cónsul señor Beihl, con los propios secuestradores. Si en un país se comete un delito y sus cómplices y encubridores (empleados ambos términos en su estricto sentido penal) se mueven y actúan libremente en otro país, ¿no tendrán derecho las autoridades del primero a solicitar del segundo la extradición de los mismos? Ni la Policía francesa ni la española saben por ahora quiénes fueron los autores materiales de aquel delito de secuestro realizado en España. Pero sí tienen cegadores indicios para rastrear la huella de los encubridores. ¿Cómo pudo mantener contacto con los delincuentes el español Telesforo Monzón, presidente de la Anai-Artea, o el secretario de esta misma organización, el muy parlanchín clérigo francés padre Larzábal, sin conocerlos directamente o, al menos, sin conocer a sus enlaces? He aquí un importante servicio que la Policía francesa estaría aún a tiempo de realizar para el esclarecimiento de la verdad; pero, ¿ha sido solicitado, acaso, este interrogatorio por parte española? Esto es lo que desearíamos conocer.

El Gobierno español debe solicitar del de Francia una exacta reciprocidad a la concedida por España al Gobierno francés cuando éste, hace una década, pidió con tanta congruencia como licitud, que no se permitiera vivir en la raya del Pirineo a los exiliados de la O. A. S. Es ésta una acción diplomática que la opinión pública española desearía saber cuanto antes que ha sido llevada a cabo por nuestro Gobierno.

A nosotros sólo nos quedaría sugerir muy modestamente a las autoridades del país vecino que, caso de acceder a esta solicitud, no fijara la residencia de los Echaves, Monzones y otras gentes de la misma alcurnia en la Bretaña, siempre proclive a la tentación separatista, ni en la Alsacia, ni en la Lorena, pues, como dice el refrán popular, «quien la hace una vez, la hace ciento. Y estos sujetos están ya viciados, y son expertos, en la criminal pretensión de desgajar del cuerpo de la patria común BUS miembros más entrañables.

Por MERLIN

 

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