Autor: A. E.. 
   Álvarez del Vayo: el último optimista     
 
 Triunfo.    17/01/1975.  Página: 12-13. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

ALVAREZ DEL VAYO EL ULTIMO OPTIMISTA

A controversia histórica va ¡orno a la figura cid ex ministro de la República

que acaba ilc tullecer en Ginebra. Juliu Alvarez del Vayo. fue lanzada por el

¡uício que sobre él formara el dirigente socialista, con quien había colaborado

csircchameme hasta 1937 (1). En las cartas a Enrique de Francisco, luego

publicadas por éste en un volumen con el título de Mis recuerdos, Largo

Caballero era terminante al valorar al que fuera su mimimstro de Estado entre

septiembre de 1936 y mayo de 1937: «Se titulaba socialista, pero se bailaba

incondicionalmente al servicio del Pjrtido Comunista» (2). La base de tal

acusación seri la sólida penetracion det comunismo en los niveles directivos del

Comisariado General ilc Guerra, puesto de confianza que tambien otorgara Largo

Cabañero a Alavarez del Vayo. Este, en sus Memorias, rechaza en bloque el

apelativo, «considerando desde el principio une toda rectificación, toda

explicacion en este plano, era incompatible con mi sentido de la dignidad(3).

Los hechos de la guerra vinieron a oscurecer lo que hasta entonces habia sido

una brillAnte carrera de periodista al servicio del socialismo. Hijo de un

general, la formación de Julio Alvarez del Vayo tiene lugar en inglateterra,

donde asiste a los cursos de la London School of Economics, y conoce a las

principales figuras de la Sociedad Fabiana. Tambien entabla relaciones con el

grupo de españoles residente en en londres, en particular con Ramiro de Maeztu,

momentáneamente entregado a la difusión del kantismo, con el poeta vasco Ramón

de Basterra, al que le une gran amistad, En 1913 cambia su residencia a

Alemania, siguiendo estudios en la Uníversidad de Leizpig; la influencia

dominante es aquí la do Wilhelm wundt, el fundador de la psicologia

expetimental, a cuyas teorias suhíe la psicologia de los pueblos» permanecerá

vinculado, a pesar de su tihaciún política socialista. Al CMnllar la guerra, se

traslada a Estados Unidos, donde comienza a trabajar como traductor, y envía sus

pi imerns crónicas a El Liberal: mis larde evocará un cable famoso sobre el

hundimiento del Lusitania por un submarino alemán que hace famoso su nombre a

costa de un grave quebranto económico, al no verle reembolsado por el diario

madrileño. En 1916 regresa a Alemania, anrosimándose a una izquierda socialista

en la que descuellan las figuras de Rosa Luxemburg y Liebknecht. Conoce a ambos,

convirtiéndose la revolución socialista alemana en el tema principal de su

preocupación. Ante el temor de ser detenido, pasa en 1917 a Suiza, y allí llega

a conocer personalmente a Lenin en los últimos momentos de su emigración.

En 1918, la fama ganada en El Liberal como periodista adverso a Alemania le

sirve para ingresar como colaborador de El Sol, que Urgoiti ha fundado en

diciembre de 1917. Una conferencia pronunciada por Alvarez del Vayo en la Casa

del Pueblo, ante miembros de la Juventud Socialista, nos informa sobre su

actitud en el periodo: sin demasiados argumentos teóricos, les exhorta a luchar

por la revolución social, aun a riesgo de convertirse en "carne de presidio». En

el mismo ano, unas crónicas en El Sol sobre caciquismo rural van descubriendo su

nombre, y pronto es designado candidato socialista por Villena.

Naturalmente, fracasa. A partir de este momento, su trayectoria es ascendente:

un diario ilustrado de corta vida y grandes medios. El Fígaro, le nombra

corresponsal en Berlín. Tras su quiebra, la situación se endereza defintivamente

al nombrarte corresponsal permanente en la capital alemana La Nación, de Buenos

Aires, tras un golpe afortunado al adelantarse en la información sobre et

(«putsch» derechista de Kapp. La complejidad de las relaciones diplomáticas en

la Europa que sucede a la Paz de Versalles favorecerá su consolidación como

prestigioso informador especializado en política internacional. No por eso

olvida, a partir de 1923, militar en la oposición a la dictadura de Primo de

Rivera: en una estancia en España, una alusión en un banquete al desterrado

Miguel de Unamuno da con él transitoriamente en la cárcel. Pero en conjunto, son

años dorados, en que sobre el fondo de la revolución alemana frustrada —lema que

evocará largamente en La senda roja—, comienza a prestar atención a la

construcción del socialismo en la URSS. Por aíadidura, su profesión le permitirá

efectuar, desde 1922, varios viajes, cuyo balance son dos libros en que la

calidad deí reportaje domina claramente sobre la capacidad en enfoque teórico.

Rasgo que, por lo demas, ha de acompañar a lo largo de toda su vida a la

producción periodística de Alvarez del Vayo.

Es asi como, un poco a modo de subproducto de su actividad de corresponsal de La

Nación, Alvarez del Vayo realizará una impunante aportación a un subgénero

nacido lie la excepcionalidad de una experiencia histórica: el libro de viajes

sobre la Unión Soviética. Los pioneros hablan sido los delegados de

organizaciones obreras que visitaron Rusia en los primeros momentos de la

Internacional. Tanto el socialista a Fernando de los Ríos como el sindicalista

Ángel Pestaña ampliaron las impresiones negativas de sus respectivos informes en

libros que tuvieron notable difusión: Mi viaje a la Rusia sovielista, de De los

Ríos, con tres ediciones anteriores a la guerra, y Lo que yo vi y Lo que yo

pienso, donde Pestaña confirmaba el rechazo anarquista del bolchevismo (4). La

buena disposición del mercado impulsará este tipo de publicaciones, que van

desde el cuadro de horrores de Un militante de la CNT en Rusia, de Combina (con

dos ediciones en su año de salida), a los pronunciamientos favorables de un

Sender neófilo del comunismo. Varios escritores socialistas participaron tambien

de la corriente, optando en sus relatos por un moderado sesgo favorable, no

exento de cierto disianciamiento. Es el caso de Rusia al dia, de Julián

Zugazagoitia (segunda edición. Madrid, 1933). o de Cómo se forja un pueblo, de

Rodolfo Llopis (segunda edición. Madrid, 1930): «Nosotros, hombres de Occidente

—advierte este último—, vamos a penetrar en ese magnífico laboratorio social que

es el pueblo ruso, con el máximo respeto para su nueva vida, con una cordial

simpatía por el grandioso esfuerzo emancipador que supone, y, sobre lodo, con un

fervoroso afán de comprensión».

(1) Nace en Madrid, el 9 de febrero de 1891, y muere en Ginebra, el 3 de mayo de

1975.

(2) Francisco Largo Caballero. Mis recuerdos. Méjico, 1954. Página 212. Cit.

apud Burnett Bolloten. Los partídos de izquierda y la guerra civil», en Estudios

sobre la República y la guerra civil española (edición de R. Carr). Ariel. 1973.

Página 169. Desgraciadamente, en España sólo circulo la versión de Mis recuerdos

anotada por Mauricio Carlavilla.

(3) Julio Alvarez del Vayo, Les baiailles de la Iiberte. Maspéro. París. 1963.

Pagina 302.

La orientación de los reportajes de Alvarez del Vayo, fruto de una serie

escalonada de virajes en los años veinte, en 1922, 1924 y 1928 no dífiere de las

de las anteriores. De los dos primeros, viajes resultará La nueva Rusia (Madrid,

1926) y del último, Rusia, a los doce años (Madrid. 1929). Alvarez del Vayo sabe

calibrar el peso de ta coyuntura económica en el juego de frustraciones y

esperanzas que ofrece la sociedad soviética: pero, especialmente en La nueva

Rusia, el cuadro es demasiado impresionista, lo que no quiere decir unilateral.

El cronista describe minuciosamente los logros alcanzados en terrenos como la

investigación científica, el cine o el teatro, y no esconde la desazón ante «el

rigor innecesario» de la represión —con un retrato despijdado de Dierchinski, el

«fanatismo dogmáticos de algunas medidas o la miseria de los emigrantes

ukranianos. No obstante, a pesar de la atención que dedica a la cuestión

política, con la pugna interior en el partido, no se alcanza demasiada precisión

en el conflicto de tendencias. Los mayores elogios van hacía Bujarín y Trotski,

que le deslumhra como líder de masas enfrentando al aparato del parí ido. Pero

piensa, o desea, que la unidad ha de renacer, optando en sus conclusiones por

una moderación fabiana, donde se suman el rechazo de toda intervención exterior

y la esperanza de que la estabilización del régimen bolchevique tenga lugar

sobre patrones razonables. «La única política sensata es trabajar por el triunfo

de la tendencia moderada del bolchevismo, facilitando la evolución del régimen

soviético y contribuyendo a que Rusia vuelva a la normalidad.

Más ajustada es la visión de los problemas económicos en Rusia, a los doce años,

con el tema central de la lucha entre los programas de socialización agraria y

los «kulaks", el nuevo grandioso experimento en el campo ruso». Hasta cierto

punto, el libro parece una reflexión sobre La linea general, de Einstein. sobre

la que hablará más de una ver en los capitulos finales. Es el plano político el

que se escapa ahora, cubriendo el vacío Alvarez del Vayo con una sucesión de

símbolos en que no falta Mijail Bulgakov, presentado en términos muy elogiosos,

a pesar de su escasa evenencia con el Régimen.

Habría que recorrer su producción periodística del periodo, pero la imagen que

se desprende de los libros citados y de una novela de base autobiográfica que

escribe en los mismos años (La senda roja, fechada en mayo de 1928) es la de un

escritor sumamente preocupado por unas experiencias revolucionarias a las que se

adhiere, más en tanto que acción, lucha concreta. que por unas perspectivas

teóricas que se le escapan constantemente. COmO si la propia práctica

revolucionaria pudiera depurarse, a través de sucesivos ensayas, hasta alcanzar

la formulación teórica adecuada. No en vano La senda roja, centrada en la

preparación y fracaso de la revolución alemana, se cierra con una cita de Rosa

Luxemburg. que Alvarez del Vayo volverá a utilizar en más de una ocasión:

«Únicamente peldaño por peldaño, paso a paso, recorriendo el calvario de sus

prupias amargas experiencias, puede alcanzar la revolución proletaria su

completa claridad y madurez".

En 1930, participa activamente en los preparativos revoluciónanos del cambio de

Régimen, llegando a introducir, en compañía de Luis Araquistáin, un pequeño

arsenal en el local de la Editorial España, que este último dirigía. Con la

República, el vacfo operado en la clase política hará que su profesión de

periodista se cambie en la de diplomático. Su antigua especialización

periodística en los problemas internacionales favorecía la nueva orientación de

su carrera. En 1931 v 1933 es nombrado embajador en Mejico y en este último año

está a punto de convertirse en el primer embajador español en la URSS.

Llega a recibir el «placer», pero los cambios políticos frustran la operación,

pasando de momento a integrarse en ta Comisión del Chaco, de la Sociedad de

Naciones.

En noviembre de 1933, estando aún en América, es elegido diputado socialista.

Pronto volverá a Esparta, incorporándose al sector revolucionario del Partido

Socialista que se agrupa en torno a la figura de Largo Caballero, y en el que

destaca también su concuñado Araquistáín. Es una relación profusamenle citada, y

enjuiciada por ta historiografía, pero sobre cuyos aspectos personales e

intelectuales conocemos bien ñoco. Algunos testimonios citan el nombre de

Alvarez del Vayo con el de Negrin, entre quienes financian Leviatán. Las

Memorias poco aclaran sobre este punto, y tampoco arroja luz la producción

periodística de Alvarez del Vayo. poco dada a los planteamientos doctrinales. Lo

cierto es que en la nuche del 5 de octubre de 1934 se encuentra al lado de Largo

Caballero en el estudio del pintor Luis Quintanilla, en la calle de Fernando el

Católico, aguardando en vano el estallido de la revolución. A pesar del fracaso,

la importancia política de Alvarez del Vayo crece conforme se afirma la

tendencia largocaballerista. El viejo dirigente confía en él, lo que explica,

por ejemplo, su gestión en la venida de Duelos. Desde enero de 1934. Alvarez del

Vayo ha alcanzado la vicepresidencia de la Agrupación Socialista Madrileña, En

las elecciones de febrero de 1935, será elegido nuevamente diputado. Y en julio

de 1936, en vísperas de la guerra. le encontramos todavía acompañando a Largo

Caballero en la delegación de la UGT al Congreso Sindical de Londres. La misma

significación liene su presencia como vicepresidente de la candidatura

caballerista a la Comisión ejecutiva del Partido Socialista Obrero Español. en

junio de 1936.

Todo lo anterior explica que Largo Caballero le designase, al formar Gobierno en

septiembre de 1936.

para el segundo puesto en orden de importancia de su gabinete el Ministerio de

Estado, que ocupa en una primera etapa, hasta mayo de 1937. En calidad de tal,

representará en distintas ocasiones al Gobiemo republicano ante la Sociedad de

Naciones, hasta su definitiva salida del Ministerio, por el golpe de Casado, en

marzo de 1939. Pero no sera esta actuación exterior la que cree el complejo de

juicios enfrentados que hoy enmarcan la figura histórica de Alvarez del Vayo

sino su presencia al frente de un Comisariado general de guerra donde aparecerá,

de acuerdo con sus detractores, como hombre de para al servicio del

«proseletismo» comunista. El cargo se había creado el 15 de octubre de 1916. y

Alvarez del Vayo lo desempeña desde el primer momento. Su posición al producirse

la crisis política de mayo de 1937 manteniéndose al lado del nuevo. jefe de

Gobierno, Negrin, hará el resto, especialmente cuando recupere el Ministerio de

Estado, en abril de 1938. Es la imagen poco favorable que transmite Pavne —

Alvarez del Vayo como "cripto-comunista" y como agente sometido en el Partido

Socialista—. cuya comprobación habrá de esperar a que la consulta de archivos

estatales, hoy no disponibles, permita perfilar situaciones y actitudes. Lo

mismo que podría decirse de la compleja crisis que en las dos zonas enfrentadas

se produce en abril-mayo de 1937 Lo unico cierto es la estrecha colaboracion con

Negrin y su defensa de una prolongación de la uueua en espera de la contienda

europea. Su última esperanza sera la paz sin represalias. (5)

En el exilio, Alvarez de vayo figurara en los intentos de oposicion republicana,

defendiendo la linea "negrínista», especialmente en los momentos álgidos en que

una inversión de la coyuntura politica parece posible (l945-40) Vuelve a

escribir, ejerciendo intensamente el periodismo en Estados Unidos durante la

guerra mundial. Mas tarde regresa a Europa, preocupándose por las nuevas

experiencias socialistas con la misma curiosidad que mostrara en los años veinte

por la construcción de la sociedad sovietica. Seria representativo de esta

actitud su ¡China vence!, publicado en lengua castellana en París También

redactó unas Memorias, de ínteres desigual, que conocemos en su versión

francesa. Les batailles de la liberte (París. Maspero. 1963) En ellas sigue

definiéndose como socialista de izquierda, partidario de la unidad de acción de

la clase obrera y, sobre todo, de la movilizacion popular como forma de lucha

política. Lo que lal vez puede explicar tras alguna singladura individual su

orientación final hacia el marxismo-leninismo, desde su puesto de exiliado en

Ginebra.

Aún recuerdo la sorpresa que experimenté, el mes de enero pasado al ver en un

«metro» de París —creo que en el de Raspail— unos carteles, viejos ya y

desgarrados en su mayoría, en los que se leia la convocatoria de un mitin para

mediados de diciembre con la participación de Alvarez del Vayo y Jean Cassou. Y,

como fondo, tras la imagen sonriente del viejo socialista la bandera de la

República española.

M. A. E.

 

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