Autor: Pons Prades, Eduardo. 
 Testigo directo. 
 Exudus 1939     
 
 Historia y Vida.     Página: 50-55. Páginas: 7. Párrafos: 31. 

EXODUS

EN una directiva del Estado Mayor del Ejército republicano, de fecha 23 de enero

de 1939, se ordenaba la ocupación de la línea L-5, constituida por la margen

izquierda del río Llobregat, con posición avanzada en la orilla derecha hasta la

costa y extremando, sobre todo, la resistencia en los célebres desfiladeros del

Bruc y «congost» de Martorell —plaza ésta que es un importante nudo de

comunicaciones—. Pero el desgaste sufrido por las tropas republicanas en la

batalla del Ebro y las reorganizaciones demasiado precipitadas imposibilitarán

la maniobra.

Alegando dificultades técnicas y financieras, el ministro de Asuntos Exteriores

francés Georges Bonnet, se niega a tomar en consideración la proposición de su

colega español, Al-varez del Vayo, con vistas a acoger unos 150.000 refugiados

civiles y heridos. Esta entrevista tuvo lugar a mediados de enero. Tres semanas

más tarde, la marea humana que invadió el Mediodía de Francia sobrepasaba el

medio millón de personas. Entonces, las autoridades francesas pusieron en marcha

!a más Irresponsable de las improvisaciones.

1939

Por Eduardo Pons Prades

Al romperse la línea del Llobregat, los organismos oficiales reciben la orden de

proceder a su evacuación hacia Gerona y Figueras y se dispone la defensa

inmediata de Barcelona bajo el mando del teniente coronel don Carlos Romero, y

luego del coronel segundo jefe de la Comandancia, don Jesús Velasco.

Están en línea el Batallón de ametralladoras número 125, un Batallón de la 151

Brigada mixta, cinco grupos de fuerzas de asalto, un batallón de carabineros y

otros tres batallones de retaguardia. El perímetro de defensa era de unos 20

kilómetros, Para guarnecer la línea que Iba de Esplugas de Llobregat al mar se

contaba con un regimiento de caballería del Ejército del Ebro, dé un batallón de

retaguardia, de un grupo de guardias de asalto y con algunos batallones de la 43

División. Dos agrupaciones de artillería estaban afectas a la defensa de

Barcelona.

Una. retirada de cincuenta días

Bajo el control de la Comisión militar internacional, se procede a la evacuación

de los voluntarios de las Brigadas internacionales. A primeros de enero salen de

España: 2.141 franceses,

Un camión cargado de milicianos, cuyos rostros resplandecen de alegría, traspasa

la frontera francesa.

de los batallones «Comuna de París», «Edgar André», «Henrl Barbusse»,

«Vulllemin», y «6 de febrero»; 584 norteamericanos de la brigada «Lincoln»; 407

británicos de la Brigada «Ralph Fox»; 347 belgas del Batallón «Louise Michel» y

del franco-belga; 283 polacos de los batallones «Dombrowsky» y «Mlckiewicz»; 194

Italianos de la Brigada «Garibaldi»; 190 alemanes, 182 suecos, 142 holandeses y

115 daneses de los batallones «Thaelmann», «TchapaTev» y «Dimltrov», entre otros

grupos menos importantes. En dichas brigadas habían combatido voluntarlos de

cincuenta y tres países y seis mil de entre ellos yacían para siempre en tierras

españolas.

El día 25, a las cuatro de la tarde, salen los últimos trenes con heridos desde

las estaciones de Sans y de la plaza de Cataluña. La evacuación de los soldados

hospitalizados fue seguramente uno de los problemas más arduos que el mando

republicano tuvo que resolver. Como las´ columnas de fugitivos que huían

desordenadamente hacia la frontera llegaron a sumar cerca de un millón de

personas, no es difícil imaginar las penosas condiciones en que se desarrolló la

retirada de Cataluña, a lo largo de casi cincuenta días.

A las nueve de la noche, reúne el general jefe del grupo de fuerzas de

Barcelona, en su P. G., al jefe del Ejército del Ebro y al coronel comandante

militar. Se ha ordenado la evacuación de los quince almacenes de Intendencia (en

los que había víveres para más de dos años), y de los 14 millones de litros de

gasolina almacenados en galerías subterráneas del Tibidabo, encargándose de esto

ultimo las fuerzas de Aviación.

Para aligerar las existencias se prevé la distribución de 80.000 equipos con

destino a los Ejércitos del Ebro y del Este. Cuando se ordena el repliegue hacia

la línea del Besos, al norte de Barcelona, surge una voz discrepante, que se

niega a retirar sus fuerzas de la ciudad condal: la del mayor Zaragoza, del

Cuerpo de Seguridad. Y para corroborar esta valiente actitud, en el sector de

Esplugas, el Batallón 125 de ametralladoras y el de la 151 Brigada mixta se

baten hasta el último extremo. Pero, todo el flanco derecho del XV Cuerpo de

Ejército pasa a ocupar la línea del Besos. Del Batallón de la 151 sólo queda una

compañía que se repliega a la Plaza de España. Al Batallón 125, es imposible

retirarlo. El último parte telefónico de su jefe dice: «En este momento el

enemigo asalta mi puesto de mando...»

Con Machado en el café de la estación de Cerbére

El 26 de enero de 1939, Barcelona caía en poder de las fuerzas nacionales y, ese

mismo día, en Cerviá de Ter, no lejos de Gerona, en torno a Antonio Machado, su

hermano José y su madre, se reunían los doctores Trías, el poeta y helenista

Caries Riba, los hermanos Xirau, los profesores Navarro Tomás y Roura, el

neurólogo Sacristán, el escritor Corpus Barga, el geólogo Royo Gómez, Ricardo

Vinos y el doctor Puche, en espera de ser evacuados a Francia en unas

ambulancias de Sanidad Militar.

En la destartalada escuela municipal de Garriguella, cerca de Flgueras, entre

los aparatos de radio decomisados al vecindario y debidamente precintados, el

comisarlo político del Batallón Especial daba la pauta a varios oficiales, de su

unidad.

—Y si optamos por salir del país, ¿qué pasará cuando entremos en Francia? —

preguntó uno1 de ellos.

—Eso no lo sabe nadie, respondió secamente el comisario.

Dado que el Gobierno radical-socialista de Albert Sárrault

Arriba, guardias móviles y soldados franceses amontonan y «seleccionan» las

armas y demás objetos

que se han convertido en una pesada carga para los refugiados. En la foto

inferior, los inútiles fusiles se apilan en las paredes de un garaje del Pertús,

mientras los refugiados saludan puño en alto, desde la baca del camión, a un

guardia móvil «simpatizante» mantenía cerrada la frontera, un grupo de

personalidades francesas lanzó el 25 de enero un llamamiento encabezado así:

«Francia debe aceptar el honor de aliviar la espantosa miseria de los españoles

que se dirigen hacia sus fronteras.» Firmaban el documento personas de la más

variada procedencia: el cardenal Verdier, arzobispo de París; el filósofo Henri

Bergson, Premio Nobel; Jacques Maritain, del Instituto Católico; el marqués de

Lilliers, presidente de la Cruz Roja francesa; León Jouhaux, secretario de la

C.G.T.; el novelista católico Francois Mauriac, de la Academia Francesa; Jean

Perrin, Premio Nobel, el escritor André Gide, el poeta Paul Valéry, entre otros.

Al anochecer del 29 de enero Machado abandonó España, a pie. Don Antonio el

Bueno pasó aquella noche en el café de la estación de Cerbére, sentado en una

silla. «Sus ojos reflejaban una indecible tristeza, pero su porte sereno y su

expresión tranquila daban a su gesto austero la típica dimensión castellana, que

en él se fundía, de modo sorprendente, con su profundo espíritu andaluz.»

Su último escrito había sido publicado, el 6 de enero de 1939, con el título

«Desde el mirador de la guerra», en «La Vanguardia» de Barcelona.

El Gobierno francés, tratando de evitar la invasión que se avecinaba, hizo una

última gestión acerca de las autoridades nacionalistas, sugiriendo el

establecimiento de una zona neutral en Andorra, o a lo largo de la frontera, en

la región del Pertús, o de Portbou, en la provincia de Gerona. Los refugiados

gozarían en ella del derecho de asilo, como en la Edad Media, en espera de su

emigración a otros países o de su regreso a España. La proposición fue

categóricamente rechazada por Burgos.

El rigurosísimo invierno de 1939 en el Rosellón

La verdad es que del país vecino se tenían unas ideas muy sublimizadas: cuna de

la revolución, crisol deja democracia... todo ello aureolado por el secular

tríptico libertad, igualdad, fraternidad. Y, por música de fondo, la

popularísima y vibrante «Marsellesa». El tinglado era insuperable, es cierto.

Pero, los protagonistas indígenas fallaron en toda la línea.

Por fortuna, como sucede casi siempre en semejantes circunstancias, la ayuda de

las capas populares, muy sensibilizadas, atenuó en gran parte la frialdad, la

indiferencia, y en no pocos casos la hostilidad de los funcionarios de la

Tercera República francesa.

Se debía esto a que, en la Inmensa mayoría de los hogares españoles de allende

los Pirineos, se había vivido el período 36-39 con tanta intensidad que las

casas estaban impregnadas de guerra civil y no tenía nada de extraño que, a

partir de ellas, la palabra solidaridad adquiriese unas dimensiones admirables.

Enero fue muy riguroso. Al decir de los campesinos hacía treinta y tantos años

que por el Rosellón no habían conocido un invierno tan frío. Y, febrero y marzo

no se quedaron a la zaga.

España se desangraba por mil senderos de la cadena pirenaica y al enloquecedor

retumbar de cañones y bombas sucedería una terca cantinela de nombres exóticos,

que se colaría de rondón en nuestra historia:

Argeles, Salnt-Cyprien, Barcarés, Agde, Gurs, Vernet, Setfonts y, al otro lado

del Mediterráneo, Djelfa, Meridje, Ain-el-curak y Adjerat-m´guil...

Entretanto, en otras esferas, se seguía especulando con la tragedia española: el

diario moscovita «Pravda» publicaba un artículo, reproducido por la prensa

francesa, del que entresacamos este párrafo: «Las autoridades francesas niegan

el asilo a los republicanos españoles. A punta de bayoneta hacen volver atrás a

los niños, a las mujeres, a los ancianos, e incluso a los heridos. Nunca se ha

visto en la historia un cuadro tan vergonzoso para toda la Humanidad».

Por aquel entonces los sindicatos franceses recaudaron más de doce millones de

francos con destino al fondo de ayuda a los refugiados. La Unión soviética, por

su parte, envió cinco millones de francos, con los que no se cubría los gastos

de un sólo día. Estábamos a seis meses vista del pacto Hitler-Stalin y cuando se

airearon, años más tarde, los documentos de la Wilhelmstrasse, se descubriría

que una de las condiciones impuestas por el Canciller alemán al dictador ruso,

en las negociaciones preliminares, era el cese de cualquier ayuda a los

republicanos españoles.

Con la toma del Pertús, el 9 de febrero, y la de Puigcerdá, el 10, las fuerzas

nacionales dieron por terminada la campaña de Cataluña. La última unidad

republicana que cruzó la frontera, el mismo día 10, por tierras de Cerdeña, fue

la 26 División, la antigua columna Durruti, con su jefe, Ricardo Sanz, a la

cabeza, siendo internada en Mont-Louis.

En poco más de dos semanas habían entrado en Francia alrededor de 525.000

refugiados, entre los que figuraban unos 75.000 niños, unas 105.000 mujeres y

cerca de 15.000 heridos (1.200 voluntarios internacionales entre ellos].

Abandonaron también Cataluña 1.800 médicos, más de 1.000 abogados, 431

ingenieros, arquitectos y técnicos, 276 profesores de segunda enseñanza, 156

catedrático (de los 550 con que contaba España en 1936), incluidos 7 rectores;

817 diplomados de la enseñanza superior, 243 escritores y periodistas y unos

5.000 funcionarios. La mayor parte de ellos serían acogidos, meses más tarde,

por el Gobierno mexicano presidido por el general Lázaro Cárdenas.

Los españoles dramatizaban la situación

Los primeros refugiados de la última oleada llegaron a Perpiñán al amanecer del

28 de enero. La primera oleada había cruzado la frontera, por el lado occidental

de los Pirineos, tras la caída de Irún, en septiembre de 1936. De una latitud a

otra el recibimiento fue aproximadamente el mismo: una cazoleta de agua sucia

aquí y una lata de sardinas para quince personas allá.

Lo que no tenía vuelta de hoja era que la propaganda nacionalista había

despertado, en ciertos países, un eco insospechado.

El asedio a que fueron sometidos quienes llevaban cosas de cierto valor, aunque

fueran simples objetos de uso personal (los «Cardes Mobiles» quitaron a muchos

refugiados todo lo que llevaban encima, so pretexto de que no habían sido

satisfechos los derechos de aduana), alcanzó tal amplitud que muy pronto los

refugiados se dieron cuenta del partido que podían sacar a tan desenfrenada

obsesión. Y, si bien al principio, con las privaciones y el hambre por medio, no

pocos españoles fueron literalmente desvalijados, luego, entre vendedores y

compradores, se estableció una cadena de intermediarios que darían muchas veces

gato por liebre a los gendarmes y a los bobalicones negros, que eran la

clientela más asidua.

Desde las falsas máquinas de retratar hasta la rutilantes piedras preciosas, que

no eran sino culos de vaso hábilmente tallados, todos los artículos codiciables

y comerciables en semejante trance, fueron inventados y fabricados por los

españoles para salvar y desdramatizar aquella humillante situación.

En Gurs no había ni termómetro

En el castillo de los Templarios de Colliure encerraron a unos 400 soldados

republicanos y algunos internacionales. Fueron conducidos allí, esposados como

vulgares delincuentes, por tropas coloniales del 24 Regimiento de senegaleses.

Las razones de su encarcelamiento iban desde el simple hecho de haber sido

sorprendidos confeccionando una lista de los que deseaban marchar a América

(como ocurrió con 17 hombres del campo de Bram, enviados a Colliure), que era un

recurso muy asequible para apuntalar la moral de unos y otros, hasta la

represalia contra un comandante dé los servicios Z, el cual, al ser interrogado

por un oficial del Deuxiéme Bureau, tuvo esta salida:

—Mire, señor comandante, lo que pasa es que, en cruzando la frontera, me ha dado

la amnesia, y no sólo ya no me acuerdo del armamento alemán o italiano que

tienen los nacionales, sino que me he olvidado del día en que nací, fíjese

usted.

En sendos informes, el general-médico francés Pelpquin y el doctor .Joaquín

D´Harcourt, coronel del Ejército republicano, señalaron que la disentería y la

neumonía causaban verdaderos estragos, así como la tifoidea, la tuberculosis y

en algunos .casos, la lepra. Que la tercera parte de los internados sufría de

tina y sarna, siendo muy frecuente la ulceración de la piel y la inflamación de

los ojos y de la garganta, debido a las violentas tempestades de arena que el

viento originaba. Y, el doctor D´Harcourt agregaba: que los trastornos mentales

y neuróticos constituían un problema mucho más grave que el resto de las

enfermedades. Este médico declararía, algo más tarde, a la escritora Isabel de

Falencia, que ¿a varios centenares de médicos españoles se les prohibió atender

a sus heridos y enfermos», . La negligencia llegó á tales extremos que en la

enfermería del campo de Gurs no .había, a mediados de febrero, ni un simpie

termómetro.

El primer paisano que logró penetrar en aquella siniestra fortaleza del siglo

XIII fue Paul Bourgeois, miembro de la asociación de ayuda a la España

republicana, el cual, en una conferencia de prensa, acusó al jefe de la prisión,

capitán Rollet, de tener a los españoles un odio innato. Uno de los detenidos,

el comandante Vilellas Freixas, declararía que, cada vez que se anunciaba una

visita de inspección, ocho secciones de prisioneros eran llevados a las celdas

subterráneas, para que no les vieran. Las vejaciones alcanzaron tal grado´de

brutalidad que uno de los oficiales de la Garde Mobile, confesó: «Me avergüenza

ser francés». Tras la conferencia de prensa se declaró una huelga del hambre y

el jefe del fatídico castillo de Colliuré cesó en su cargo.

Desnudo, como los hijos de la mar...

Y, a la sombra de la fortaleza de los Templarios, de triste • memoria, en la

modesta pensión de los esposos Bougnol-Quintana, en la misma habitación,

separados por un biombo, agonizan el poeta sevillano, Antonio Machado, y su

madre, Ana Ruiz, El día 22 de febrero de 1939 muere´el poeta. Sus restos serán

llevados hasta el cercano cementerio, féretro en vilo, por soldados andaluces

del regimiento de caballería Andalucie. Era el postrer y sentido homenaje del

pueblo a su sencillo poeta, al que «llegado el día del último viaje, y estar al

partir la nave que nunca había de tornar, se le encontró a bordo, ligero de

equipaje, casi desnudo, como los hijos del mar».

Por aquellos días en la prensa —«La Vanguardia ´Española» y «Solidaridad

Nacional»— se podía leer esto: «En Roma, muere Pío XI... en Burgos, se dicta la

Ley de Responsabilidades políticas... botadura del acorazado inglés «King

Georges-V»,.., el general Vicente Rojo dimite de su cargo de jefe de Estado

Mayor..., desfile de la Victoria en Barcelona y primer discurso -de Franco

dirigido a «los españoles de Cataluña»..., el cardenal Verdier, arzobispo de

París, exhorta a los católicos franceses a que visiten Sevilla en Semana

Santa... Don Emilio Jimeno Gil, catedrático de la Facultad de Ciencias, es.

nombrado rector de la Universidad de Barcelona...; en Hamburgo, los alemanes

botan el acorazado «Bismark» y ´el Führer aprovecha la ocasión para discursear:

«La Providencia, dirá, se ha mostrado con nosotros más justa que los hombres»,

E.P.P.

CONSULTORIO

247. — LA BATALLA DE FUENTES DE OÑORO.

Leí agradecería que me informaran acerca de la batalla de Fuentes de Oñoro,

primera que Wellington libró contra los franceses en nuestra guerra de

Independencia,. Según, las cifras de bajas, la batalla revistió una importancia

que los libros de historia no parecen concederle. Se da la circunstancia de que

soy añórense de nacimiento y puedo asegurarles que a pesar de tratarse de una

fecha no lejana Ja tradición local apenas conserva relatos populares de la

batalla.

Julián García García Puentes de Oñoro (Salamanca)

¿Primera? No, en absoluto: en 1809 (27 de julio) se riñó la batalla de Talayera;

sir Arthur Wellesley, que mandaba el ejército aliado (británicos, portugueses y

españoles, éstos al mando del general Cuesta); recibió precisamente por esta

victoria el título de lord Wellington. En realidad el ejército británico operaba

en Portugal desde los comienzos de la guerra y su actuación Influyó

constantemente, aunque fuera de modo indirecto, en la marcha de las operaciones

en el territorio español. Por lo tanto, hablar de primeras o segundas batallas

en España es aplicar un criterio estrecho a una guerra que se desarrolló

simultáneamente en toda la Península (los ingleses la denominan, con acierto,

«la guerra peninsular»).

La batalla de Puentes de Oñoro es un episodio de la llamada campaña de Portugal

y España de 1811, consecutiva a las victorias que arrojaron a los franceses de

Portugal. El ejército del Sur del Tajo, al mando de Beresford, tomó Olivenza y

puso sitio a Badajoz, mientras el del Norte bloqueaba Almeida y Ciudad Rodrigo.

Pero como que los ingleses carecían del necesario tren de sitio, éste se

prolongó y Massena tuvo tiempo de reunir 48.000 hombres y acudir en socorro de

Almeida.

Wellington, que atendía a ambos frentes, decidió .darle la batalla con sólo

38.000 soldados, pero con diez cañones más que el mariscal francés, y eligió

Fuentes de Oñoro como punto fuerte de su línea. Massena llegó el dia 3 de mayo a

mediodía frente al pueblo y acto seguido inició el ataque. La infantería

francesa tomó a la bayoneta la cuesta que conduce al pueblo, pero fue rechazada

por un violento contraataque (3 de mayo, desde mediodía hasta la puesta del

sol). Al día siguiente Massena sondeó las líneas enemigas en

Poco Velho y obligó a batirse en retirada a la división más débil y bisoña de

Wellington, la 7.» Fue un momento difícil que los despachos oficiales

calificaron de «circunstancias bastante críticas». Pero, superado aquel mal

paso, el francés se vio obligado a atacar nuevamente en Fuentes. Los granaderos

franceses arrollaron a los soldados británicos y llegaron al Cementerio,

situado, si no ando equivocado, en lo alto del pueblo; pero allí, entre las

tumbas, los highlanders consiguieron detener el ataque francés. El precavido

Wellington había conservado intacta una fuerza de reserva y, con su acierto

habitual, escogió aquel momento para lanzarla contra los franceses: la

«desesperada carga» de los Connaught Rangers expulsó a los franceses del pueblo

y decidió la batalla. Los cadáveres de granaderos franceses y de highlanders se

amontonaban en las calles. El día 8 Massena inició la retirada. Según las

fuentes británicas las bajas francesas ascendieron a 2.100; las de los ingleses

a 1.450. La participación española en esta acción fue de escasa importancia.

No es sorprendente que en Fuentes de Oñoro el recuerdo de esta batalla sea tan

vago. Los pueblos, como las personas, olvidan pronto los malos momentos, y una

batalla como la de Puentes fue para sus coterráneos un mal trago: la soldadesca

enloquecida o desmandada es siempre peligrosa, y en aquel momento poco importaba

que vistiera uniforme francés o británico, o incluso español. (Lea usted en

Alcalá Galiano el temor de los madrileños cuando, después de la victoria de

Bailen, entraron en Madrid las partidas valencianas con sus trabucos, sus facas,

sus escapularios y con una catadura tal que la mayor parte del vecindario se

encerró en sus casas.) El pueblo recuerda «sus» hechos y «sus» campeones: sobre

todo bandidos y guerrilleros, gentes todas ellas que encarnan viejos rencores o

jóvenes entusiasmos. Pero la historia que escriben los ejércitos,

multitudinarios e innominados, suele dejarle indiferente. José María el

Tempranillo ha dejado una fronda huella en el pueblo andaluz, pero pregunte

usted por Reding o por Castaños. (E. V.)

248. — LOS PATRONES DE ESPAÑA.

Agradecería muy de veras me informaran sobre qué Virgen es la patraña de España

y desde cuándo, ya que unas personas me han asegurado que es la Virgen del Pilar

y otras la Inmaculada.

Inmaculada Gómez Campo Madrid

En España, los patronos son: la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, el 8 de

diciembre, y Santiago Apóstol; el 25 de julio. En relación a la primera, objeto

de su consulta, paréceme oportuno añadir la siguiente información:

Reunidas las Cortes en Madrid, el 17 de julio de 1760, a proposición del

ilustrísimo señor don Diego de Rojas y Contreras, gobernador del Consejo y

presidente de las Cortes, por unanimidad de votos y común aclamación, acordaron:

«Se suplicase a S. M, (Carlos III, y al príncipe don Carlos Antonio, su hijo,

recién llegados a España) se digne tomar por singular patrona y abogada de estos

reinos y de las Indias y demás de ellos anejos e incorporados, a esta soberana

Señora, en el Misterio .de su Inmaculada Concepción... y solicitar bula del Sumo

Pontífice con aprobación y confirmación de este Patronato, con el rezo y culto

correspondiente.»

En previsión de las grandes dificultades que surgirían en Roma, pues es muy

grande la controversia sobre este misterio (adviértase que no fue definido como

dogma hasta 1854), se le recomienda al ministro de la Corte en Roma, «que no

padezca equivocación alguna en Qa impetración de la Bula y se declare en ella

que este Patronato de María Santísima es adicto y determinado al Misterio de su

Inmaculada Concepción».

El 21 de julio, el secretario de Gracia y Jus-

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