Autor: A. F.. 
   Sobre la situación en Vizcaya     
 
   02/05/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Sobre lo situación en Vizcaya

EN dos importantes documentos—la homilía del domingo, 27, en Begoña, y la posterior carta pastoral al clero y fieles de Santander—, el obispo don José María Cirarda ha salido al paso de recientes informaciones, difundidas en gran parte de la Prensa, acerca del clero de Bilbao.

Más que a datos concretos contenidos en ellas el doctor Cirarda se refiere, sin duda, al modo de presentación de las noticias y a los temerarios juicios que se han emitido sobre el comportamiento de determinados eclesiásticos. La eventual participación de estos sacerdotes y religiosos en los presuntos hechos delictivos, sobre los que instruye sumario un juez militar, sólo podría hallarse a nivel de indicio en la actual fase del procedimiento.

Pero, sobre todo, el obispo alude a las abusivas generalizaciones en que han incurrido ciertos comentarios e informaciones, en detrimento del prestigio y del honor de un grupo social tan digno de respeto como el clero de una diócesis.

El obispo Cirarda ha redactado ambos documentos con espíritu de caridad cristiana y con prudencia. Ha huido también de la polémica y de fáciles condenaciones globales. Pero ha hablado con firmeza en defensa de la persona del vicario, don José Ángel Ubieta, y en defensa del buen nombre colectivo de los sacerdotes de Vizcaya,

Monseñor Cirarda, además, ha dado razón en publico de sus propias decisiones como obispo, decisiones tomadas en conciencia y dentro de las atribuciones que el ordenamiento jurídico de la Iglesia y el del Estado le confieren y reconocen en una materia de las llamadas "mixtas" explícitamente concordada entre la Santa Sede y España. y ha explicado que, en el ejercicio de sus facultades, no ha puesto trabas en ningún momento a las investigaciones judiciales. Incluso quiso, expresamente, que el propio vicario, señor Ubieta, prestara declaración en el sumario.

Carecen, pues, de fundamento las maliciosas críticas y las reticencias, implícitas o explícitas, que se han vertido acerca de la conducta del obispo administrador apostólico de Bilbao, a quien no ha dejado de presentarse, en algunos contextos informativos, como un aparente obstáculo para la buena marcha de las actuaciones judiciales.

Un sereno y objetivo examen de los datos disponibles confirma cuanto el doctor Cirarda ha dicho. La diócesis de Bilbao cuenta con mil cuatrocientos diecisiete sacerdotes —novecientos ocho seculares y quinientos nueve religiosos—, según la más reciente edición del Anuario Pontificio. Los que hasta ahora se sabe que hayan sido detenidos por indicios que parecen relacionarlos con el presunto encubrimiento y la desaparición de Miguel Echevarría, son nueve. Por ningún delito han sido acusados aún y mucho menos está probada responsabilidad alguna. El día en que la eventual culpabilidad de uno cualquiera de esos sacerdotes, o de otros, fuera establecida por un Tribunal de justicia, esa culpabilidad afectaría tan sólo a su persona. Y nadie, sin incurrir en calumnia, podría mancillar con ella el buen nombre—e incluso Zas virtudes cívicas—del clero secular y religioso de las diócesis bilbaína y, mucho menos del de todas las provincias vascas.—A. F.

 

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