Autor: Sierra, Ramón. 
   Si algún día sucediera...lo que no sucederá     
 
 ABC.    02/07/1969.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. MIÉRCOLES 2 DE JULIO DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 18.

SI ALGÚN DÍA SUCEDIERA... LO QUE NO SUCEDERÁ

Corría el año... Acababa de proclamarse la independencia de Euzkadi peninsular... (Francia no había accedido a la independencia de Laburdi, Benabarre y Zuberoa.) El Gobierno provisional de la nueva República mandó inmediatamente al "Euzkadiko Agintaritzaren Egunerokoa" (Diario oficial del país vasco) tres decretos. En virtud del primero se organizaban las aduanas, principales, en Irún, Miranda, Tudela, Santurce y Pasajes; en el segundo, se proclamaba al vascuence como lengua oficial, y en el tercero se designaba a Vitoria como capital del Estado Vasco.

El primer decreto intranquilizó bastante a todas las familias que vivían de la poderosa industria sidero-metalúrgica, tradicionalmente vinculada a Vizcaya y Guipúzcoa, pero que también se había extendido y arraigado en Álava. ¿Seguirán comprando los españoles nuestros aceros, nuestros hierros, nuestras lavadoras, nuestras bicicletas...?, se preguntaban. Las noticias eran poco tranquilizadoras. Se decía que los alemanes, los ingleses, los italianos y los franceses habían celebrado una reunión para invadir el mercado español en condiciones ventajosísimas, dentro de los márgenes fijados por el Gobierno de Madrid para proteger a las industrias sidero-metalúrgicas enclavadas en territorio acional, es decir, al otro lado de las fronteras de Euzkadi. Algunos aseguraban que se podría sostener esa competencia, teniendo en cuenta, principalmente, el precio de los transportes, pero otros no las tenían todas consigo porque los franceses estaban muy cerca; y los italianos y los ingleses no estaban lejos, tampoco, de Santander, de Barcelona y de Valencia. Y no faltaban quienes temían una reacción patriótica de los españoles, al grito de: "¡Compraremos en cualquier parte menos en Euzkadi!" (Vocablo inventado para sustituir al tradicional "Euskalerria".)

El ministro de Comercio del Gobierno de Vitoria procuró calmar los ánimos en un discurso que pronunció en la Cámara de Comercio de Bilbao. "El mundo nos aprecia, sabemos trabajar y dominaremos la situación. En último caso, no nos disgustará nada que se vuelvan a sus casas todos los "maketos" (españoles) que nos han invadido. Si tenemos que apretarnos el cínturón, nos lo apretaremos; y si es preciso asentaremos nuestra economía sobre sus primitivas bases, como en el tiempo de nuestros abuelos." Esta última frase no gustó demasiado. Hacía muchos años que los jóvenes vascos habían abandonado sus caseríos para trabajar "en el hierro", y les hacía muy poca gracia dedicarse, de nuevo, al cultivo del maíz y del puerro.

El decreto sobre la obligatoriedad del vascuence fue rmiy discutido en el seno del Gobierno provisional. Unos ministros querían que esta obligatoriedad fuese paulatina y progresiva, y que, mientras los vascos aprendían a hablar en vascuence, se utilizasen dos idiomas oficiales, el euzkera y el castellano. "Si recogemos ahora todos los libros de enseñanza redactados en castellano—decía el ministro de Educación, don Cosme Otaolaurruchi Astelena, que había nacido en Valmaseda y sólo sabía decir, en vascuence, "Gora Euzkadi"—tendremos que cerrar todas nuestras escuelas y Universidades, y esperar a que esos libros se escriban en nuestra lengua. Y no va a ser tarea fácil traducir al idioma oficial, un texto, por ejemplo, de Trigonometría." Pero se impuso el criterio de los ultras, representados por el ministro de Sanidad, don Pascual Rodríguez Bercedo, natural de Pasajes. "Es preciso—dijo—raer el castellano, el idioma de los opresores, de nuestro suelo inmediatamente. Si para ello es necesario retrasar la apertura de nuestros centros de enseñanza, que se retrase. Además, para enseñar no hacen falta libros, y si es conveniente daremos cursillos acelerados de inglés y traeremos profesores británicos." Triunfó el criterio de los ultras y hubo que cerrar todos los centros de enseñanza, incluso las escuelas primarias, menos en aquellas comarcas, principalmente guipuzcoanas, donde se seguía hablando en vascuence. También continuaron dándose clases en algunas Facultades de Derecho y Filosofía y Letras. Hubo, incluso, un catedrático de Psiquiatría que dominaba el euzkera y que euzkerizaba rápidamente cualquier vocablo técnico, que siguió dando lecciones, pero por poco tiempo, porque sus alumnos, a pesar de que conocían el vascuence familiar, no lograban entenderle.

La instalación, en Vitoria, de la capital de Euzkadi fue acogida con división de opiniones en la capital alavesa. Muchos recibieron la novedad con alborozo. Indudablemente el comercio iba a beneficiarse con el aluvión de funcionarios que se les venía encima y con la multitud de gestores que tendrían que pasar por Vitoria para resolver los asuntos pendientes en la Administración central, pero no faltaban los que miraban con recelo aquella invasión que amenazaba sumergir a la ciudad en un ambiente capaz de anegar sus tan queridas y sostenidas características alavesas. Por otra parte, algunos de los funcionarios vizcaínos, guipuzcoanos y navarros, en los momentos en que se les desbordaba la euforia, por hacer excesivo honor a los excelentísimos vinos de la Rioja alavesa, miraban un poco por encima del hombro a los nativos y esto causaba grandes resquemores.

Lo de la capital en Vitoria desilusionó bastante a los bilbaínos, que se creían con mejor derecho a la capitalidad, por ser Bilbao la cuna del nacionalismo vasco y por su importancia como ciudad industrial y comercial. Tampoco satisfizo a los donostiarras y menos a los pamplónicas, que entendían que Navarra había sido la única región de Euzkadi que ejerció soberanía sobre los territorios vascos vecinos. "Prefiero ir a resolver mis problemas en Madrid que en Vitoria", clamaba un conocido industrial de Pamplona. "En Madrid lo paso muy bien, con gastos pagados, y en Vitoria las posibilidades de expansión son más limitadas." Además, se produjeron algunas fricciones al instalar en Vitoria los nuevos Ministerios en sedes provisionales. El Gobierno se metió en la Diputación Provincial y ésta se vio obligada a refugiarse en el Círculo Vitoriano, con gran descontento de los socios que no encontraron otro asilo que los sótanos de un bar.

Sin embargo, el Gobierno de Euzkadi nadaba en optimismo. Se había conseguido rectificar un error milenario. Durante muchos siglos los pueblos extendidos por la piel de toro se habían empeñado en crear un absurdo Estado Español. Ahora los vascos eran libres y todo lo demás no tenía ninguna importancia. Se pensó incluso en organizar un Referéndum que demostrase la firmeza de la voluntad vasca en orden a la separación del Estado Español, pero hubo que desistir de convocarlo ante el temor de que no hubiera aún madurado bastante la conciencia de la libertad y surgiese alguna desagradable sorpresa.

Ramón SIERRA

 

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