Autor: López de la Torre, Salvador. 
   Varios sacerdotes retenidos por el juez instructor de la causa abierta por asesinato de Fermín Monasterio     
 
 ABC.    30/04/1969.  Página: 51. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. MIÉRCOLES 30 DE ABRIL, DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 51.

VARIOS SACERDOTES RETENIDOS POR EL JUEZ INSTRUCTOR DE LA CAUSA ABIERTA POR EL ASESINATO DE FERMÍN MONASTERIO

El supuesto asesino atravesó por dos veces la provincia vizcaína, amparado en una activa red de complicidades o encubrimientos

LA E. T. A. HA CONSEGUIDO RECLUTAR ALGUNOS MIEMBROS DEL CLERO VASCO

Bilbao 29. (Crónica telefónica de nuestro redactor, enviado especial.) Carecemos todavía los informadores de datos precisos y oficiales sobre la odisea de Miguel Echeverría, e! supuesto asesino del taxista señor Monasterio, desde el momento en que consigue escapar del tiroteo sostenido con la Policía a la entrada de uno de los lugares de refugio de la E. T. A., y, par tanto, debemos movernos en el ambiguo mundo de las hipótesis y de los rumores más o menos sólidos; pero aún así, y conociendo las listas actuales de personas retenidas, hay razonables presunciones para imaginar que la fuga del hombre acusado de asesinato se realizó a través de una cadena de complicidades que atraviesa la provincia vizcaína por dos veces—Bilbao-Orozco-Bilbao—y se pierde después posiblemente hacía un refugio seguro situado, según toda probabilidad, al exterior de Vizcaya.

Los supuestos cómplices o encubridores de Miguel Echeverría tienen, como es natural, orígenes sociales muy diversos y situaciones personales también diferentes, ya que el reclutamiento de la E. T. A. se cumple en numerosos sectores de la sociedad. A pesar de sus repetidos propósitos revolucionarios, la E. T. A. no parece que haya conseguido, de momento, implantarse en los medios obreros vizcaínos, de origen humano sumamente heterogéneo desde que la emigración interior ha ido aportando a Bilbao gruesos contingentes de hombres nacidos en otras provincias españolas.

Pero cualquier observador atento de los elementos conocidos hasta ahora sobre el asesinato del señor Monasterio encontrará sorprendente el número de sacerdotes detenidos como sospechosos por las autoridades y el papel decisivo que parecen cumplir tales clérigos en la fuga de Echeverría, escalonándose para proteger al fugitivo con una red de sostén cuyo grado de responsabilidad fijará en su día el juex instructor de la causa. Es cierto que la Policía ha detenido o interrogado a multitud de personas de todo origen, pero la importancia del número de sacerdotes es ya de por sí suficiente como para plantearnos con toda crudeza el problema del papel que dentro de la E. T. A. están jugando .algunos de los elementos del clero vasco.

La primera reacción del supuesto asesinato es la de dirigirse a su comarca en el taxi de Fermín Monasterio y de refugiarse en un caserío aislado donde tendría la seguridad de encontrar asilo seguro. Este movimiento resulta totalmente comprensible y debía haber sido previsto por el agente de la E. T. A. con mucha anticipación, como escapatoria en el caso de una persecución policíaca. Las cosas empiezan a resultar mucho menos claras a, partir de entonces, cuando entra en escena don José María Ortúzar, párroco de Orozco, al que se acude por los inquilinos del caserío en petición de auxilio, cosa explicable si se tratare de un auxilio espiritual o sanitario, porque la caridad obliga a todo buen cristiano a proteger al desvalido, a condición—naturalmente—de que las autoridades tengan conocimiento seguidamente de la situación.

El párroco de Orozco asiste, efectivamente—si mis Informes son ciertos— al fugitivo, pero en lugar de poner en conocimiento de las autoridades la presencia en el pueblo del hombre que andaba buscando la Policía, parece ser (y hablamos siempre en cauteloso condicional) que facilita la evacuación del herido a través de varias etapas hacia el propio Bilbao y sus alrededores, donde, si se confirman las presunciones de los instructores, han sido detenidos por esta cuestión los siguientes sacerdotes: don Martín Orbe, de Ceánuri; don José María Madariaga, de Baquío; don Pedro María Ojanguren, de Ibarra: don José María Acha, de San Adrián, y el padre jesuíta Manuel Guisasola. Si añadimos a estos nombres el de don Juan Echave, detenido en Mogrovejo en un refugio de la E. T. A. y recordamos que el jaez ha lanzado tres requisitorias contra don Julio José Araluce, también jesuita; don Tomás Gaztelurrutia, de Algorta, y don Amadeo Rementería, de Ceberio, tenemos la lista de sacerdotes a los que el

Jura considera indispensable tomar declaración y retener hasta que se aclaren los hechos, en donde alguno de ellos deberán tener ciertas responsabilidades. X como parece que en el itinerario del fugitivo se incluye una breve estancia en la residencia de una Orden religiosa instalada en las cercanías de Bilbao, puede comprenderse que la colaboración de determinados sacerdotes vascos—quizá no de todos los detenidos, pero sí de algunos—ha permitido la fuga de un hombre sobre el que recaen las más vivas sospechas de haber asesinado a un desdichado trabajador que no cometió otro delito que negarse a colaborar en la escapada de alguien a quien perseguía la Justicia.

Naturalmente, no todos los detenidos tendrán el mismo grado de responsabilidad, pero es evidente que según los rumores circulantes en Bilbao ninguno de ellos comunicó a la Policía la situación del supuesto asesino y alguno de ellos pusieron a disposición de Echeverría sus vehículos y habitaciones particulares, entendiendo de esta manera un deber pastoral que difícilmente puede admitirse por quienes tengan de las responsabilidades sociales ideas más estrictas. ¥ esta abundancia de sacerdotes sospechosos es la que explica la retención dictada por el juez de don José Ángel Ubieta, al que nadie ha considerado ni muchísimo menos como participante activo en el encubrimiento de Echeverría, pero que lógicamente podía haber aportado preciosos esclarecimientos a la acción de la Justicia, como pretendía el juez instructor, si el señor obispo no hubiese invocado una cláusula del Concordato que desde luego nadie pudo imaginar que fuese pactada para tener tal aplicación. Cuando están detenidos varios sacerdotes, con mayor o menor grado de participación en la fuga de Echeverría, y es lanzada requisitoria contra tres más, no parecía nada descabellado solicitar del vicario de la diócesis su colaboración en el esclarecimiento de los hechos.

El problema de la E. T. A. y de sus métodos de acción violenta es demasiado grave como para que podamos admitir en su camuflaje determinados tabús ni falsos respetos personales por mucho que lo merezcan las instituciones a que pertenezcan las personas implicadas. El activismo separatista es una dolorosa realidad de las provincias vascas contemporáneas y entre sus reclutas se cuentan, según todas las apariencias, algunos sacerdotes, que a título personal sitúan sus deberes pastorales al otro lado de la raya que marca la frontera de la ley. Es un hecho que no por ser infinitamente doloroso deja de ser menos cierto.—Salvador LÓPEZ DE LA TORRE.

 

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