Autor: Semprún, Alfredo. 
   Don Lorenzo Zabala, liberado  :   
 Apareció, sólo, en la carretera entre Ochandiano y Urquiola. 
 ABC.    23/01/1972.  Página: 15,25-26. Páginas: 3. Párrafos: 22. 

MADRID, DOMINGO

23 DE ENERO

DE 1972 - NUM. 20.540 SEIS PESETAS

DIRECTOR TORCUATO LUCA DE TENA

DEPÓSITO LEGAL

M -13 -1958 - 124 PAGS.

DON LORENZO ZABALA, LIBERADO

Apareció, solo, en la carretera entre Ochandiano y Urquiola

ANOCHE DURMIÓ YA CON SU FAMILIA EN EIBAR Y ANTES HIZO AMPLIAS

DECLARACIONES A LOS PERIODISTAS

Bilbao 23 (madrugada). (De nuestro enviado especia!, por teléfono.) A las diez treinta de esta noche un hombre bajo la lluvia trataba de hacer auto-stop en la carretera. Muy cerca del lugar donde se encontraba, las últimas luces de la pequeña localidad de Ochandiano se iban apagando una a una y sólo el minúsculo establecimiento-taberna de la población contenía público en espera de que a través de la pequeña pantalla de televisión surgieran las imágenes da! célebre médico norteamericano.

El hombre, don Lorenzo Zabala—ya lo habrán adivinado ustedes—, lleno de la alegría que le causaba verse de nuevo ubre y con vida, no sentía en su cuerpo ni e! frío ni la lluvia. Casi corriendo, casi gritando, anduvo y anduve- tratando de romper la niebla baja que cubría la carretera. Porque aunque él no lo supiese sus secuestradores le habían puesto en libertad en la carretera de Durango, a mitad de distancia entre la citada localidad de Ochandiano y el Monte Urquiola, casi en el límite de Vizcaya y Álava.—Alfredo SEMPRUN.

PRIMERAS DECLARACIONES EN DURANGO

Bilbao 23 (1,15 madrugada). (De nuestro enviado especial, por teléfono.) Como decíamos, el señor Zabala, tras los primeros minutos de alegría y desconcierto, pudo centrarse. Tardó algún tiempo en encontrar el vehículo que le prestara auxilio.

Llegó a Ochandiano, y de allí se puso en contacto con la Guardia Civil. Unos kilómetros más allá se encontraba Durango. En la casa-cuartel del Benemérito Cuerpo de esta última localidad, donde en estos momentos, que dictamos nuestra crónica, primeras horas de la madrugada de hoy, el industrial secuestrado y ya libre trata de prestar su colaboración a las autoridades. Con él se encuentra don José Sainz, jefe superior de Policía de Bilbao, y sus inmediatos colaboradores, así corno jefes de la Guardia Civil. Se confía que el señor Zabala se reintegre directamente a su hogar, donde su esposa, ya avisada, le espera con la natural alegría.—A. S.

LOS PRIMEROS MOMENTOS DE LIBERTAD

Bilbao 23 (2,15 madrugada). (Crónica telefónica de nuestro enviado especial.) Hemos podido establecer con absoluta certeza los primeros momentos de libertad de don Lorenzo Zabala.

Como ya nos parece haber dicho en notas anteriores, el señor Zabala, tras haber charlado brevemente con las autoridades en la casa-cuartel de la Guardia Civil, pudo abrazarse y estrechar entre sollozos a su hijo mayor, que, acompañado por el fiel empleado que casi a costa de su vida trató de evitar su secuestro, había acudido a Duran-90 a fin de reunirse con él.

El señor Zabala, nervioso, como es lógico, llevando en su rostro aún las señales det esparadrapo con que los secuestradores habían impedido que pudiese ver durante los días de su secuestro y que esta noche se ha arrancado con las manos tras haber "roído" —ésta ha sido su expresión—aquella

(PASA A LA PAGINA 25)

A B C, D O M I N G O 23 DE ENERO DE 1972. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. Z5.

«CREO QUE ESTUVE CASI TODO EL TIEMPO EN EL CAMPO»

(VIENE DE LA PAGINA 15)

otra cinta aislante con que los secuestradores habían sujetado sus muñecas en la espalda para ampliar su tiempo de huida, ha relatado ante la Guardia Civil y la Policía lo poco o mucho que haya podido conservar en su memoria.

El hecho que ahora importa es que sobre las diez y media de la noche sus secuestradores le han abandonado en un pinar, cerca de un camino vecinal que desembocaba en la citada carretera de Durango a Vitoria. Le habían cubierto la cabeza con un pasamontañas, las manos—como decimos—atadas con esparadrapo a la espalda y bajo la gruesa tela del pasamontañas, para más seguridad, otro esparadrapo atenazaba sus ojos.

Tras unos breves momentos de incertidumbre y de lucha consigo mismo, el señor Zabala logró dominarse y, forcejeando, sentándose en el suelo, pudo pasar las manos hacia adelante y con los dientes liberarlas. El resto sucedió más rápido de lo que podamos contar, y el señor Zabala vio la noche de su libertad bajo los pinos y pronto siguió el camino vecinal que le desembocó en la carretera. Con un pañuelo quiso parar a un camión cargado de madera, pero su conductor o no vio su gesto o no quiso parar. Siguió andando bajo la lluvia, nervioso, con el corazón acelerado, y pronto otros faros se acercaron. El no sabia dónde estaba; le parecía encontrarse, por e! paisaje, en Navarra. El coche paró y su conductor—a quien se presentó como la persona cuyo nombre, sin duda, habría leído en la Prensa—le situó. Estaban muy cerca de Durango, de donde él era vecino.

—Si usted quiere le llevo hacia su casa—le dijo el otro, contagiado por la alegría.

Pero el señor Zabala prefirió antes dar cuenta a las autoridades de su liberación, y por eso acudió a la Guardia Civil de aquella localidad.

El resto ya es conocido por nuestros lectores. El señor Zabala dice que sus secuestradores le han leído la Prensa de Guipúzcoa y de Vizcaya, pero no parece recordar ninguna pista impórtente que pudiera conducir a los mismos.

De fuentes fidedignas sabemos que el señor Zabala, refiriéndose al líquido que nosotros tomamos como anestésico, ha dicho que se trataba de una especie de gas lacrimógeno, que, de haberío respirado, le hubiera producido una paralización de la vista, pero que, afortunadamente, no liego a respirar.

A la una de la madrugada el jefe superior de Bilbao se dirigía a su domicilio, y el señor Zabala hacía lo mismo en dirección a Eibar, donde lo esperaba la natural expectación. A. S.

SE REÚNE CON SU FAMILIA

Eibar 23 (3 madrugada). (Crónica telefónica de nuestro enviado especial.) A la una y media, aproximadamente, de esta madrugada la familia Zabala se ha reunido en unos instantes de gran emoción. En una de las salas de su casa e! industrial ha recibido a les periodista.

Don Lorenzo Zabala ha refalado ante ´es periodistas !os avatares por los que ha atravesado y las incidencias -;jo Se toast sucsdido y que puede recordar. Ha sido, efectivamente, un camión matrícula de Bilbao que procedía de Madrid, y no un coche, el que le recogió en la carretera y le depositó en Durango.

En relación con su secuestro, ei señor Zabala ha confirmado que tras ser obligado por la fuerza a trasladarse al coche de sus captores, anduvo en éste durante media hora aproximadamente hasta que le volvieron a trasladar a otro vehículo, también turismo, que él calcula pudiera ser un "4-L", y otra media hora más tarde, tras una breve parada, fue subido a un edificio—él supone que una casa situada en un descampado, y lo supone puesto que ya los secuestradores le habían colocado un capuchón o pasamontañas—, en el que, después de remontar unos doce escalones, le introdujeron en una habitación, en la que sólo había un armario, dos sillas y una mesa.

—¿Le han tratado a usted brutalmente?

—En un principio sí, contestó el señor Zabala. Fue en el momento del secuestro y c.uando yo me resistí. Después, afortunadamente, he recibido un trato, dentro de lo que cabe, considerado, aunque me advirtieran que alguna indiscreción podría cambiar el ánimo de mis secuestradores.

Ei señor Zabala se ha referido también a que durante todo el tiempo estuvo guardado por dos individuos por lo menos, que no le dejaron ni un solo momento, manteniéndole sobre sus ojos unas gafas oscuras que le privaban de toda visión.

"Comimos frugalmente los tres, pero suficiente, y habíamos agua. Sólo en una ocasión me dieron cerveza." "Hemos discutido de política y de economía—añadió también el señor Zabala—, y hemos recibido la Prensa todos los días, que mis guardianes solían leerme, puesto que, como digo, ni un solo momento me permitieron quitarme las gafas. La mayor parte dsl tiempo estuve sentado en una silla, manos atadas, y por !as ñochas durmiendo en un jergón en el suelo."

"Esta tarde, a las seis en punto, los dos guardianes que me han vigilado durante estos días me comunicaron que

ENORME EMOCIÓN EN EL HOGAR DEL SEÑOR ZABALA

Libar 22. «No. Miren, no se puede poner al teléfono porque alguien tendría que sujetarla para que no cayera al suelo. Estarnas todas emocionados; no sabemos qué hacer, si reír o llorar, o las dos cosas a la vez», ha manifestado a Europa Press, en relación con la liberación de don Lorenzo Zabala, don Juan Luis Mugurza, director gerente de Precicontrol, desde el domicilio de los señores de Zabala.

«Nosotros hemos tenido noticias por la Guardia Civil—añade el señor Mugurza—. que ñas ha comunicado esta noticia esperada por todos, fío nos han dicho nada más que la liberación, y eso nos ha vuelto locos de alegría.»

Nuestro interlocutor no podía concatenar normalmente las palabras y nos ha manifestado que doña Miren Lorea no podía tampoco contener las las rimas; que era imposible hablar con ella.

«Yo creo que no podían retenerlo por más tiempo y creo también que lo han soltado cuando han podido, porque nosotros hemos cumplido las condiciones y, por ello, también ellos las debían satisfacer. Creo que las fructíferas negociaciones entre la empresa y los trabajadores de Precicontrol han sido fundamentales para salvar la vida de Lorenzo.»—Europa Press.

iba a iniciarse la fase final del arresto, que es como ellos denominan a esta clase de secuestros. A las ocho y cuarto se inició dicha fase final y, quitándome las gafas, me colocaron una capucha, me ataron las manos a la espalda con esparadrapos y me sacaron de la habitación en donde he estado encerrado estos días, haciéndome subir a un coche."- A. S,

DECLARACIONES DEL CONDUCTOR DEL CAMIÓN

Durango 23 (3,30 madrugada). (De nuestro enviado especial.) Antes de regresar a Bilbao hemos querido hablar con el hombre que accedió a auxiliar a don Lorenzo Zabala.

—Yo hace veinte años—nos ha dicho el conductor—que vivo en Vizcaya, aunque sea natural de Galicia, de San Salvador de Parga, en Lugo. Me llamo Secundido Paz Prunars, y vivo aquí, en Durango, desde hace diez años. Yo venía de Madrid ya bastante cansado, y al doblar una curva, allá por el kilómetro doscientos siete, cerca ya de Durango, vi la silueta del hombre, que me hacía señales con un pañuelo, situado en medio de la carretera. Me dio primeramente la impresión de tratarse de un borracho, y luego pensé que podía haber sucedido un accidente; por eso decidí parar y tuve que hacerlo casi en seco. "¿Me puede usted ayudar?", me dijo. Al hacerle señas que se acareara a la ventanilla izquierda, ya que la portezuela de la derecha se suele llevar cerrada: "Ayúdeme, por favor, pues estoy perdido." Esas fueron sus primeras palabras. Luego me dijo que si le podía llevar hasta el primer pueblo. Hasta Durango, hombre, le contesté; si está muy cerca. Ya en el coche se fue tranquilizando, y a los primeros metros, el señor Zabala me dijo puién era y qué es lo que estaba oo"rs*Éendo. Yo me o*B~ií ¡"i´-´so para ¡levarle a su casa a Eibar, pero él me dijo que no, que prefería, y además debía hacerlo, presentarse antes a las autoridades. Tenía el aspecto de un hombre derrotado. Con barba crecida de tres días, y vestía un abrigo azul y, bajo el mismo, pude distinguir, ya en el cuartelillo de la Guardia Civil, que llevaba los pantalones rotos; eran grises. -A. S.

Más detalles de las declaraciones del señor Zabala

Eibar 23 (madrugada). «La zona donde me dejaron era llana, con pinos o ambos lados, pero no puedo definir qué sitio era exactamente. Salí de la zona e intenté buscar algún claro entre los árboles para poder localizar algún monte une me fuera conocido y ver si podía orientarme. Serían aproximadamente las nueve y cuarto de la noche.*

El señor Zabala dijo luego we el lugar donde le habían abandonado posiblemente estaba entre Ochandiano y Durango. En este momento el enviado especial de Europa Press le preguntó si creía el señor Zabala que le habían dejado antes o después de la cima del Urquiola. «Creo que fue antes, en la zona llana antes de llegar al puerto», aseguró don Lorenzo Zabala.

 

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