Secuestros, atracos, bandas y resortes políticos     
 
   31/01/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Ver, oír y...

Secuestros, atracos, bandas y resortes políticos

Emilio Romero dice en "Pueblo":

"Procedía esperar y celebrar sinceramente la llegada de Felipe Huarte a su casa; pero acto seguido hay que plantear el tema, con carácter general, sobra quienes deterioran la buena fe, la rectitud, el prestigio, la solución institucional, de los Sindicatos españoles, a quienes se obliga a bailar en la cuerda floja, echándose frecuentemente encima de ellos ante las demandas obreras, y se les obliga a arrostrar impopularidad, para después no atender otro lenguaje que el de las metralletas. Y lo que es más grave: esta empresa ha probado suficientemente que las demandas obreras no eran irracionales. Dejo a la reflexión de los empresarios españoles, y del Gobierno, un asunto de tanta gravedad, principalmente para los propósitos nacionales de convivencia.

Aparte de este asunto concreto y probado hay otros dos que están en el comentario general. Los terroristas exigieron ana crecida cantidad de rescate, parece que cincuenta millones de pesetas, y los indicios aconsejan suponer que también se ha satisfecho esa demanda. Por lo pronto, no se ha negado. ¿Tiene derecho a saber el país las circunstancias de este asunto? Creo que en cierto modo, sí. El dinero no solamente tiene una consideración privada respecto a su posesión, sino también pública en cuanto a su circulación y desuno, preferentemente si se trata de circulación de capital en el exterior.

Y, por último, todo hace suponer que el señor Huarte estuvo secuestrado en España (por lo pronto fue entregado en el país), y sus manifestaciones han relatado que el viaje fue prolongado, no tuvo tropiezos, y hasta lo dejaron en un lugar próximo a una carretera de primer orden. Tampoco es disparatada la creencia de la gente cuando señala la excepcional y supermanica destreza de los secuestradores para burlar la vigilancia, que se ha informado por organismos competentes que era completa; o por el contrario, lo que ha sucedido es que la vigilancia no ha sido tan importante."

"El tema de ahora es el de los atracos, el de las bandas de delincuentes, el comercio de las drogas, y, por extensión, la violencia como método político mediante el secuestro, la coacción o el asesinato. Nuestras cifras son todavía modestas en relación con lo que sucede en otras partes. Ese es el consuelo, y la justificación, que ahora se distribuyen; pero siendo verdaderos, lo que no puede suceder es que nos detengamos en las razones de la comparación y de la estadística. Se da por descontado que nuestras autoridades no aspiran a acorazarse tras ningún efugio de esa índole, pero no por eso se injustifica una preocupación nacional. Creo que algo de lo que nos pasa nace de la improcedencia y anticuada severidad con que algunos sectores internacionales influyentes observan nuestros mecanismos judiciales y de autoridad. Se nos sigue adjudicando, sin que el tiempo agote los tópicos, una imagen autoritaria que se expresa en nuestros métodos policiales y jurídicos. Y nada mas Inexacto. El mundo en estos asuntos, como en tantas cosas, nos da numerosas lecciones que nos obstinamos en no aprender. Las grandes democracias son durísimas en el ejercicio de la autoridad, y son flexibles en los mecanismos políticos. Aquí ocurre todo lo contrario: somos débiles, para que no se diga, en los aparatos de autoridad, y nos endurecemos en los resortes políticos.

Parece que ha llegado el momento (en un plano puramente político) de tener bien trazado un terreno de juego—el esclarecimiento de la libertad en el marco de las Leyes Fundamentales—y demandar de la autoridad la severidad necesaria. Ni una sola mas; pero tampoco una sola menos. Y en aquellos otros planos, donde la política no aparezca Involucrada, proceda animar a la autoridad para que sus recursos y sus efectivos estén en función de la realidad que tenemos delante. No se puede aceptar con ningún pretexto, y menos con el del desarrollo, que nazcan en nuestro país Chicago, mafias, Manson o diversa gentuza, que amagan a la gente e instalan en el mundo de la civilización, con cierta impunidad, el inframundo de la barbarie.

Hace algún tiempo, en el Consejo Nacional se hizo un documento en el que se incluía un apartado de autoridad y orden público, redactado con evidente mesura y realismo, que tuvo una mera circulación Interior."

opiniones, el contraste de parecéres y la concurrencia de criterios, con unos límites determinados en el artículo 15, y sin carácter exclusivo. Por tanto, pues, tales objetivos se pueden lograr también por otros medios: discusiones en las Comisiones parlamentarias, deliberaciones en el Consejo Nacional, reuniones sindicales, de los Consejos del Movimiento y de las corporaciones locales, variedad de tendencias de periódicos y revistas, etc., medios todos que, a Juzgar por los comentarios de Ortí Bordas, no merecen ser valorados como cauces para el contraste de pareceres, al no ser expresión del pensar preexistente de una asociación política."

"En definitiva, no pienso, ni he dicho, que el asociacionismo, ni siquiera el político en general, sea anticonstitucional. Si pienso, y digo, en cambio, que lo será el asociacionismo político ideológico, con organización y disciplina autónomas, y con aspiraciones de alcanzar representación pública, porque entiendo que ese asociacionismo terminará, si no lo es "ab Initio", en partidos politicos. Y, como manifestó el ministro secretario general en la sesión informativa de las Cortes, si a las asociaciones se les quita esas características, ¿en qué quedarán? Y agrego por mi parte: ¿y a quién satisfarán de los que las proponen?"

 

< Volver