Autor: J. G. C.. 
   Quiénes son los Huarte     
 
 Blanco y Negro.    03/02/1973.  Página: 60-62. Páginas: 3. Párrafos: 28. 

QUIENES SON LOS HUARTE

EN 1896, cuando España perdía los restos de su Imperio, nacía en Pamplona

Félix Ruarte Goñi. Dos años antes. Sabino Arana había creado el Partido

Nacionalista Vasco, precursor de E. T. A. y sus futuras derivaciones. Euzkadi,

País Vasco, pretendía unir las provincias vascas de Francia y España con

Navarra, para lograr una absoluta independencia. A partir de tales postulados se

produjo la ruptura entre este movimiento y los carlistas.

El pequeño Félix crece en un hogar que pasa por dificultades económicas. Los

padres. Pilar y Pedro, viven de una modesta carpintería y hacen sacrificios -

para enviar a su hijo a un colegio particular. Pero el gasto desnivela el

presupuesto y han de cambiarle a las escuelas municipales de San Francisco

Javier. Félix tiene ya un sueño: estudiar el bachillerato y llegar a ser

ingeniero. Debe contentarse con ingresar en la Academia Municipal de Música, y

en Artes y Oficios. Bien dotado para el estudio, termina dos años de

solfeo y tres de violín con la calificación de sobresaliente. Se entrega al

dibujo técnico y finaliza cinco años de delineación. Apenas adolescente tiene

que sustituir a un profesor enfermo durante tres meses. Se dice que los alumnos

quedaron con buen sabor de boca tras la actuación del jovencísimo maestro.

Obligan de nuevo las estrecheces familiares. Su padre le consigue un empleo en

la oficina «Ensanche Galé», destinada «a preparar proyectos para el ensanche de

Pamplona. A primeros de siglo la ciudad muda su faz, aunque las murallas no

caerán hasta 1920. Félix, con catorce años, cobra su primer sueldo: dos duros al

mes. Y cuando llega a casa con la magra paga, le dice su padre: «¡Por qué no te

habré metido de "maca" de carpintero, que me ganarías diez duros al mes y ahora

no sacas ni para las alpargatas que rompes!».

A los tres años cierra la oficina. Se asocian dos de los delineantes sin empleo

para formar una oficina de estudios. Llevan con ellos a Félix, remunerándole con

90 pesetas mensuales, en brillantes duros de plata. Lástima que las condiciones

ambientales no fueran óptimas. Sin disponer de una estufa, soporta el muchacho

jornadas invernales a 20 grados bajo cero. Y, además, la empresa no lleva muy

buena marcha. Un buen día les visita un maestro de obras de la Comandancia de

Pamplona. Pregunta si hay algún delineante disponible. Félix hace sus cálculos:

«Mejoro el horario, me ofrecen una estufa y conservo los dieciocho duros al

mes». Pasa la prueba, le admiten y conoce a continuación lo que es el

pluriempleo, pues aprovecha las tardes para trabajar como administrativo de un

representante.

UNA NOTICIA PROVIDENCIAL

Acaba de cumplir veinte años cuando le encargan en la Comandancia que

confeccione los planos topográficos de unas maniobras militares en el Pirineo

Navarro. Tanto gustó el trabajo que le llamó a su despacho el coronel-jefe:

«Huarte —le dijo— le ofrezco hacerle delineante de plantilla en cuanto haga el

servicio militar, para el que le conseguiríamos una plaza idónea». Félix duda,

pero le decide su primer gran golpe de intuición. Responde que no tiene

intención de hacerse funcionario. Reacciona su superior diciéndole que queda

despedido, aunque puede tomarse todo el tiempo que quiera para buscar un nuevo

trabajo.

Es un momento crucial en la vida del joven Huarte. Preocupado, marcha a dar un

paseo por los Jardines de la Taconera y, en soledad, se plantea su futuro. Por

lo pronto, decide emigrar a Cuba, donde viven dos primos suyos, y hacer allí el

servicio militar. Con esta idea vuelve a casa. Sus padres tienen un tremendo

disgusto, que dura toda la tarde.

Hasta que por la noche llega una noticia providencial. Un amigo del constructor

don Rufino Martinicore na llega a ver a Félix para decirle que el patrón

necesita un delineante. En esta casa permanece el muchacho once años. Durante

ellos se casa con Adriana Beaumont y nacen sus tres primeros hijos: Jesús, Juan

y María Josefa. Martinicorena se asocia con (dos constructores de Madrid y se

traslada a vivir a la capital. Con él va Félix, convertido en uno de sus hombres

de confianza. Pero el futuro gran empresario no se contenta con una existencia

mediocre. Mantiene largas conversaciones con su amigo Emilio Malumbres.

Y los dos exclaman, preocupados por el porvenir: «¡Si tuviéramos dos pesetas

para establecemos!...».

Entre las obras que Huarte construye al servicio de Martinicorena está la plaza

de toros de Pamplona. Se termina justo cuando comienzan les Sanfermines. El

proyecto correspondió al ingeniero Mendizábal, quien enseña a Félix a calcular

estructuras de hormigón armado. En un viaje a Pamplona conoce a don Toribio

López, propietario de una fábrica de calzado construida por Martinicorena.

Aquel empresario comprende las dificultades y las ambiciones de la pareja

Huarte-Malumbres. Y en un rasgo de confianza y generosidad les proporciona los

medios necesarios para crear, en 1927, la compañía que lleva el nombre cíe

ambos y que más tarde pasará a llamarse Huarte y Compañía. Para comprender el

espectacular desarrollo de la firma habrá que tener en cuenta no sólo la

capacidad personal de Huarte, sino también su gran habilidad para adaptarse y

aprovechar las circunstancias de la economía española, habilidad que

manifestará también cuando se ve obligado a rehacer la empresa tras el desastre

de la guerra civil.

En 1927 los grandes nombres de la industria norteña eran Ibarra, Garnica,

Herrero, Chavarri, Urquijo, Aresti. A ellos se unen los recién llegados

Entrecanales, Aguirre Gonzalo, Huarte, constructores que viven el gran despegue

de la construcción, favorecidos por la política de Obras Públicas de la

Dictadura en el período 23-29. Huarte y Cía. construye, en 1929, la Dirección

General de Sanidad; en 1932 gana por concurso la Facultad de Filosofía y Letras

de la Universidad de Madrid; levanta (1935) los almacenes del puerto de Pasajes,

y el frontón Recoletos en 1936. Destaca en muchas de estas construcciones la

colaboración técnica de Eduardo Torreja.

La guerra civil divide la empresa y, finalizada la contienda, ha de iniciarse

la recuperación. Surge una nueva oportunidad nacional: la política de embalses.

La construcción de la presa de Alloz, 1940, será el primer paso. En aquel ano

España tiene una capacidad de embalses que no llega a los 4.000 millones de

metros cúbicos. Veinticinco años después (cuando los cartelones Huarte y Cía.

son casi obligados en cada presa) se superan los 25.000 millones de capacidad.

MUY UNIDO A SUS OBREROS

Huarte crea una larga serie de empresas que cubren los sectores de construcción,

metalúrgico, alimentación, inmobiliarias, financieras. Presumía de conocer los

nombres de sus obreros más próximos, de saber dónde estudiaban sus hijos. Hombre

muy católico, era pródigo con las órdenes religiosas. En una ocasión le dijo su

secretaria: «¿Don Félix, se ha dado cuenta de que este año ha dado 52 millones a

las monjas?». Nombrado vicepresidente de la Diputación Foral de Navarra (el

presidente es el gobernador civil y las funciones efectivas corresponden al

vicepresidente), obligó a sus empresas a que no aceptaran obras municipales.

Fue, como dicen sus familiares, «capitán general» hasta el final, y su última

jugada maestra fue la adjudicación de la construcción del aeropuerto de

Lanzarote.

En 1969, cuando la gran empresa Imenasa (Industrias Metálicas de Navarra)

perdía millones, el patriarca dijo que la mantendría a toda costa para no dejar

a los obreros en la calle. Estuvo muy ligado al «Opus Dei»; actualmente la

familia Huarte costea los equipos de investigación del cáncer en la Universidad

de Navarra. Cuando en 1956 se abrieron los contactos entre empresarios y

Gobierno español con dirigentes del Fondo Monetario Internacional, Banco

Mundial y Banca privada norteamericana, Huarte supo actuar con perspectiva y se

asoció con capital extranjero para la creación de nuevas empresas del grupo.

También en 1956 pudo realizar Félix Huarte otra de sus grandes ambiciones. Toda

su vida afirmó que se consideraba labrador y que se preocupaba por la

«angustiosa situación del campo». En este aspecto participaba de una honda

tradición navarra. Fue en esta provincia donde cristalizaron los primeros

movimientos sindicales agrarios. En 1916 se creaban la Confederación Nacional

que los agrupaba y en 1922 comprendía medio millón de familias en Navarra y

zonas de Castilla.

EL SUEÑO DE FÉLIX HUARTE

Pero el sueño de Huarte era personal. Deseaba adquirir una finca donde

desarrollar la agricultura integral. La familia Domecq le propuso tierras de

Andalucía, pero se mantuvo fiel a Navarra. A veinte kilómetros de Pamplona

compró la extensión de 1.500 hectáreas conocida como «Señorío de Sarria»,

pertenecientes históricamente a un capitán de Carlos V. El terreno era

enmarañado, casi inaccesible a los tractores. Unos años después contaba con

bosques de pinos, cultivos de cereales y viñas. Faisanes y perdices viven en su

ámbito. Los vinos de Sarria están entre los más vendidos y apreciados en España.

Pero esta riqueza no es rentable. Constituye un auténtico lujo que algún día

pasará a la Diputación. Félix Huarte murió el 12 de abril de 1971.

Después de la muerte de don Félix Huarte, sus hijos dividieron las funciones

directivas dentro del grupo industrial para una mejor administración. Jesús

Huarte Beaumont, economista, es presidente-administrador de Huarte y Cía. Su

hermano Juan, también economista, dirige H. Beaumont y otras varias empresas.

Ambos viven en Madrid. Felipe, ingeniero industrial, reside en Pamplona y está

al frente de las empresas metalúrgicas de la zona. Javier Vidal Sarió, casado

con María Josefa Huarte Beaumont, es presidente de Papelera Navarra. Fue

consejero del Banco de la Vasconia. Jesús Aizpún, cuñado de los Huarte, es

secretario del Consejo de la citada empresa papelera. Los tres hombres. Jesús,

Juan y Felipe, son muy aficionados al deporte. Especialmente Felipe, que fue

campeón mundial de pelota y practica asiduamente la pesca, la caza y el golf.

Jesús y Juan practicaron también la pala y se dice que el último de ellos

podría haber llegado a ser un excelente especialista.

EL GRUPO HUARTE

Parece casi increíble que el conjunto de grandes empresas integradas directa o

indirectamente en el Grupo Huarte (rondarán en la actualidad el número de 50)

estén controladas por una familia. La explicación podría estar en la «unidad

espiritual» a la que se refieren con frecuencia sus directivos. Quienes afirman

que, por término medio, la retribución de sus trabajadores es un 30 por 100

mayor que la media española industrial. Papelera Navarra ostentaría el

«record», con un 47 por 100 más sobre los salarios medios en su sector. Las

empresas en que los Huarte tienen propiedad mayoritaria son: Huarte y Cía.

(Construcción), Imenasa, Torfinasa y Mapsa (Metalurgia), leona (Comercio

exterior) y H. Beaumont (Explotaciones agrícolas).

La unión con grupos norteamericanos y europeos ha creado sucesivamente

industrias complementarias, de manera que se cubran las fases productivas.

Inasa, por ejemplo, comenzó a funcionar en 1956 con capital navarro;

posteriormente el grupo norteamericano Reynolds invirtió 300 millones y su

participación actual es del 50 por 100. Inasa es la tercera empresa nacional de

aluminio. Huarte y Cía. era, en 1971, la empresa número 30 (por volumen de

negocio) en (a clasificación nacional y la cuarta dentro del sector

Construcción. Posee centros de trabajo en 30 capitales de provincia. Realiza

obras públicas, viviendas y construcciones industriales. La plantilla es de

1.390 empleados fijos y 10.000 eventuales. En 1971 sus recursos propios eran de

1.022 millones y los beneficios declarados de 120,6 millones. Papelera Navarra

es la número diez de su sector. La participación sueca (Svenska Cellulcsa

Aktiebolaget) supone el 50 por 100 del capital. En 1971 declaró beneficios de 31

millones y sus exportaciones supusieron 6,5 millones.

J. G. C.

LAS GRANDES EMPRESAS DEL GRUPO HUARTE

ABONOS ORGÁNICOS: Transformación de la basura en abonos. AUMENTOS Y CONSERVAS:

Comercialización de productos alimenticios. A. P. IBÉRICA: Tubos de escape y

amortiguadores para automóviles. COMELSA: Construcciones prefabricadas.

CHOCOLATES TRAPA: Fabricación de productos de confitería. DOS MARES, S. A.:

Explotación hotelera en zonas turísticas. EGUISA: Aparcamientos subterráneos en

San Sebastián. EPSA: Aparcamientos subterráneos en vanas capitales. ESSA:

Aparcamientos subterráneos en Madrid. H. BEAUMONT: Explotación de finca

agrícola y ganadera. HUAKTE Y CÍA.: Obras públicas y edificaciones urbanas.

HISA. Edificaciones urbanas de alta calidad. H -MUEBLES: Mobiliario y

decoración. HINTRADE: Comercialización de productos artesanos. IMENASA:

Productos de precisión para automóviles. Grúas. INASA: Transformación integral

del aluminio. INALSA: Explotación turística de la bahía de Alcudia. ICONA:

Comercio internacional. INVESA: Gestión financiera nacional e internacional.

INTERUMEN: Promoción turística del Norte de España. MAPSA: Fundición de bronce-

aluminio. PANASA: Pasta de papel y cartón. PERFRISA: Tubos y perfiles para

construcción. PROGISA: Explotación y venta de parcelas y urbanizaciones.

PRUNOSA: Urbanización y venta de viviendas. TASA: Proyectos de conducción y

depuración de agua. TEÑO, S. A.: Explotación agrícola y urbanística de la Isla

de Teno. TORFINASA: Tortillería y piezas para automóvil. URBINSA: Desarrollo de

un polígono industrial en Barcelona. URBANIZADORA HISPANO-BELGA: Explotación

de terrenos en el Mar Menor. UVISA: Urbanización y venta de terrenos. VYESA:

Proyectos de carreteras y estacionamientos.

Izquierda, Félix Huarte prueba una, moto con su hijo Juan. Derecha, los Huarte y

sus cuatro hijos, reunidos en "Villa Adriana".

Los tres hermanos Huarte han heredado el control del grupo empresarial. Jesús

(izquierda) dirige Huarte y Cía.; Juan (centro), las demás empresas, excluidas

las metalúrgicas de Pamplona, que se integran bajo el mando de Felipe (derecha).

 

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