Barricadas y enfrentamientos en el casco viejo. 
 La manifestación abertzale, abortada por la fuerza pública     
 
 El País.    29/10/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Barricadas y enfrentamientos en el casco viejo

La manifestación abertzale, abortada por la fuerza pública

Desde antes de las cinco de la tarde numerosísimos contingentes de la Policía Armada habían tomado posiciones en la plaza Brigadas de Navarra, punto de partida de la concentración abertzale. Decenas de vehículos habían ocupado, asimismo. El Arenal, paso obligado para muchos presuntos manifestantes, y las inmediaciones de Begoña, por donde debía pasar la marcha.

Informaciones oficiosas estimaban que más de mil agentes de la reserva general de la Policía Armada habían llegado la víspera a Bilbao para sumarse a la plantilla fija, formada por unas 1.500 personas. No parece exagerado señalar que una parte muy importante de esta dotación policial tomó parte ayer tarde en el dispositivo montado para impedir la manifestación abertzale convocada por las gestoras pro amnistía de Euskadi y la coalición Herri Batasuna,

En honor de la verdad, debe decirse que el viernes por la noche los convocantes de la manifestación abertzale hicieron pública una nota dando a conocer su propósito de disolverse en el caso de que las FOP les cerraran el camino. Al mismo tiempo recomendaban a los manifestantes que en ningún caso se acercaran a la manifestación de los nacionalistas, para evitar enfrentamientos.

Muy pocos minutos después de las cinco de la tarde se habían congregado ya cerca de un millar de personas en la plaza Brigadas de Navarra y calles próximas, tal vez con la idea de que la concentración estaba prevista para esa hora. Ante el peligro de que las FOP comenzasen de inmediato a disolver a los reunidos, se pusieron al frente el diputado Francisco Letamendía; el secretario general de HASI, Txomín Zuloaga; el secretario general de ANV-ESB, Iñaki Aldecoa, y los dirigentes de este mismo partido Valentín Solagaistúa y José Aiupurúa.

El diputado de Euskadiko Ezkerra —coalición electoral que no se había sumado a ninguna de las dos manifestaciones— intentó dialogar con el teniente que mandaba a las brigadas antidisturbios, a quien comunicó que pensaban disolverse pacíficamente. El oficial le contestó que tenían tres minutos para desalojar la zona.

El señor Letamendía insistió en que iban a hacerlo y que habían dado órdenes estrictas de no aproximarse a la otra manifestación. Cada medio minuto, el teniente le interrumpía para comunicarle el tiempo que les quedaba. El diputado le dijo finalmente que iban a salir lentamente por las calzadas de Begoña hacia arriba y que se disolverían en la zona de Mallorca, precisamente para impedir que pudieran juntarse los manifestantes de una y otra convocatoria.

Primeras cargas

Cuando los dirigentes abertzales pedían silencio a los congregados para explicar la decisión adoptada, las brigadas antidisturbios iniciaron una carga con porras y pelotas de goma. Entre los contusionados se encuentran la práctica totalidad de los dirigentes mencionados. A partir de ese momento, la manifestación abertzale quedó rota en decenas de grupos que por todo el casco viejo y a lo largo de al menos dos horas se dedicaron a hostigar a las FOP y a cruzar coches en las calles para impedirles el paso.

Entre el disparo intermitente de pelotas de goma y botes de humo, que en pocos minutos hicieron irrespirable la atmósfera del casco viejo, podían escucharse gritos de «ETA, herria zuekin» («ETA, el pueblo está con vosotros»), «Independentzia» y todo tipo de insultos a las fuerzas policiales.

Idénticas negociaciones que las desarrolladas a las cinco de la tarde tuvieron lugar en la plaza Brigadas de Navarra, en esta ocasión con Telesforo Monzón como protagonista. El antiguo miembro del Gobierno de Euskadi y disidente del PNV intentó, de nuevo, que la policía se mantuviera quieta por unos minutos, bajo el compromiso de que él convencería a los manifestantes de que se disgregasen.

También esta vez, sin que hubiera terminado del todo el diálogo, se oyó un silbato que lanzó de nuevo a la policía contra los pequeños grupos que gritaban desde las calles próximas a la plaza. El ex ministro vasco agitaba su bastón para que se marchasen los manifestantes.

Como consecuencia de esta segunda carga, un joven de veintitantos años quedó tendido en el suelo, víctima de un pelotazo disparado a una quincena de metros, que le alcanzó en plena cara, entre la boca y la nariz. El joven, izado por varios compañeros que pedían ayuda, arrojaba gran cantidad de sangre por la nariz. Ingresado en el hospital civil de Bilbao, se le apreció traumatismo en la cara de pronóstico reservado.

Como consecuencia de este incidente, las FOP se contuvieron por espacio de unos minutos. El señor Monzón pasó a dialogar con una treintena de jóvenes, a los que in-

tentó convencer de que se separasen. Algunos de éstos le increparon diciéndole que a ver qué" pasaba con la manifestación del PNV.

Barricadas en el casco viejo

Mientras se producía este diálo20. nuevos contingentes de las FOP asomaron por otra calle y comenzaron a disparar. A partir de este momento, el casco viejo de Bilbao era escenario de un permanente hostigamiento. Numerosas barricadas, en su mayoría formadas por coches cruzados, díficultaban el tránsito de los vehículos de la policía. El sonido característico de los disparos se extendía por toda, la parte antigua de la ciudad.

Comercios, bares e incluso los portales de las casas aparecían cerrados casi en su totalidad. Por la calle, tan sólo grupos de manifestantes desperdigados, carreras, saltos y gritos. Entre éstos dominaba siempre la consigna ya conocida de «ETA, herria zuekin», así como los insultos a las FOP.

Pasadas las seis de la tarde, ante la imposibilidad de que en el casco viejo pudiera llevarse a cabo cualquier concentración, varios centenares de personas consiguieron agruparse en El Arenal, zona en la que debía acabar la manifestación nacionalista. Un impresionante despliegue policial había acordonado el puente de la Victoria para impedir el paso al recorrido de los nacionalistas.

Posiblemente, al recibir la información de que ésta había modificado su recorrido, las brigadas antidisturbios efectuaron una nueva y más violenta carga, que en cierta medida contribuyó a que el conflicto se extendiera hacia otras zonas de la ciudad. A las siete de la tarde había barricadas por los barrios de San Francisco, Abando (calle Hurtado de Amezaga), Begoña y Santuchu, zonas alejadas en ocasiones hasta tres kilómetros del lugar de la concentración.

Balas de goma y botes de humo

En Santuchu. concretamente en la calle Zabalbide. se cerró el paso cruzando una farola en la calzada y prendiendo fuego a un container de material de obra y a las bolsas de la basura. En estos momentos, los sonidos de los pelotazos procedían desde muy distintos puntos de la ciudad y cualquier grupo, por pequeño que fuese, se convertía automáticamente en un blanco de las fuerzas policiales. El acceso al casco viejo estaba rigurosamente controlado. Policías, de uniforme o de paisano, exigían la identificación.

Después de las ocho y media de la tarde, empezaba en la ciudad, lentamente, la calma, aunque quedaban algunas barricadas como resaca de las tensas horas vividas. La circulación por las calles era muy escasa, al tiempo que las FOP patrullaban de forma aparatosa.

 

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