Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   El ministro baja los ojos     
 
 ABC.    09/11/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL MINISTRO BAJA LOS OJOS

El acusador y el defensor se encuentran. Los papeles están cambiados. Acusa quien tendría que defender. Defiende quien tendría que acusar. Se encuentran, y el defensor, que debería ser acusador, aprieta los labios y baja loa ojos. No afronta la mirada de su adversario. Aquí si que es cierto aquello que dijo MacLuhan: Una imagen vale más que mil palabras.

La imagen ha sido captada por Teodoro Naranjo, uno de nuestros mejores periodistas gráficos, y sirve de cubierta al número de A B C publicado esta mañana en que escribo. El ministro que va a Justificar su actividad en defensa del Orden Público y el senador, pregonero del crimen, apologista del asesinato por la espalda, están frente a frente, pero el ministro rehuye el choque de las miradas. Todo lo dice esta imagen: frente al orgullo de la acción criminal, el sentimiento de culpa. Feroz inversión.

Salvo el doloroso acierto de la paciencia, ni un acierto puede apuntarse el señor ministro. Sí muchos y graves errores. El primero es una simple cuestión de lenguaje. Ha aceptado el ministro, ha aceptado la propia Prensa, la terminología propuesta por el terrorismo. Se acepta, y es vergonzoso, la denominación «E. T. A. militar». ¿Qué es eso de militar? ¿Los- militares asesinan por la espalda o luchan de frente? Se acepta eso de «abertzale», que yo escribo por primera vez. ¿Qué es eso? ¿Cómo se dice en español? Se acepta todo eso de Euskadi, y qué sé yo qué más. ¿Pero eso no se ha dicho siempre Vizcaya, Guipúzcoa, País Vasco? En la lucha de las palabras, que es la primera que se gana o se pierde, la minoría que asesina y subvierte ha impuesto su vocabulario a la mayoría que aspira al orden, al diálogo, a la negociación y a quien debería representar esa voluntad y mantener ese orden: el Ministerio del Interior.

Esa imagen de Teodoro Naranjo denuncia a quien tiene moral de vencedor y a quien tiene moral d« derrota. Es lamentable que ésta sea la moral del ministro. Es triste que no sea el senador el que baje los ojos. Y no los baja porque está seguro de su impunidad. No lo está el ministro. Tiene tan indefenso al País Vasco, tiene tan desprotegidas a sus Fuerzas, que ni está seguro de que en cualquier momento, allí, en la sala de sesiones, a] salir a la calle, en su propia casa, no le alcance el disparo de un «valiente» encapuchado gallardamente protegido detrás de una tapia.

«E. T. A. hace correr la sangre, E. T. A. roba, E. T. A. planifica y provoca», ha dicho, después de haber bajado los ojos el señor ministro. ¿Qué hace el Ministerio? Cuando E. T. A. ya ha consumado 111 asesinatos, creo que todos impunes, el Ministerio prepara quince puntos. ¿Puntos de sutura para el atroz desgarro de su propia imagen?

No desoiga el señor ministro las manifestaciones que se alzan en toda España más que contra el terrorismo en sí, contra la incapacidad del Ministerio para reprimirlo. Los crímenes se encadenan. Quienes jamás son encadenados son sus autores. En esta situación, con los ojos bajos ante los delegados del crimen, no hay referéndum posible. No hay voluntad popular sin libertad popular. El País Vasco está encadenado, aterrorizado, y el señor ministro baja los ojos. Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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