Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   El partido del miedo     
 
 Pueblo.    05/10/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL PARTIDO DEL MIEDO

DICEN que el aná lisis de sangre de las tendencias políticas es in falible simple mente según las respuestas a la famosa elección entre la justicia y el orden. Si el orden no entra en discusión, y se respeta en la calle, en el trabajo, en la vida cotidiana, en la circulación callejera y en el ir y venir nuestro de cada día, el ciudadano, que no !o ve alterado, no piensa en el orden, como no se piensa en la existencia del oxígeno mientras se respira; pero altérele usted el orden ciudadano al caballero o a la dama y verá usted por dónde salta su humor. Una vez le alteraron el orden en Francia, allá por el mes de mayo del año 1968 y la consecuencia fue una asamblea que sobrepasaba todos los limites de lo imaginable en materia de U. D. R., favorable ai orden ciudadano del general De Gaulle. Las barricadas del barrio Latino y los trece millones de huelguistas asuntaron hasta a los centristas de toda la vida, que se divierten en la

cuerda floja de la emoción indecisa; pero no se divierten nada si les queman el coche les apedrean los escaparates, los dejan sin pan. no les llega el correo, tienen que ir a buscar el periódico al pie de la rotativa y oyen silbar por encima de sus cabezas las bombas lacrimógenas, que era más o menos el espectáculo de los días pacíficos y sin grandes nervios de mayo del 68. Entre la justicia y el orden, los centristas de toda la vida.

que teen «Le Monde» y van a la cinemateca, llegaran a la conclusión de que para seguir leyendo «Le Monde» y poder ir a la cinemateca era preferible votar U. D. R. y dejar a la justicia para mejor ocasión.

Me temo que las «pintadas», las barricadas en la calle Princesa (aunque sean tan Inocentes como media docena de sillas de las terrazas de los cafés y cuatro coches cruzados) el correo comercial que no se repartió, el autobús que se ha quedado en el garaje, el miedo a salir a la calle por lo que pueda pasar, las correrías de los manifestantes, los garrotazos de la fuerza pública, y el resto de los síntomas de que algo nuevo pasa y pasa en la calle, están nutriendo a fondo, cultivando en intensidad, agrupando de forma masiva, lo que De Gaulle llamaba, con su lucidez ¿sombrosa, «el partido del miedo».

No hay electorado más seguro, filas que se nutren con más facilidad, clientela más sensible al primer viento, que éste del partido del miedo, al que todas tas seguridades le parecen pocas. Son esos medrosos, que echan dos cerrojos a la puerta antes de ir á comprar el pan sacan el paraguas apenas aparece una nube por la esquina del cielo, vigilan la cartilla de la Caja de Ahorros han calculado al céntimo el montante de la pensión cuando lleguen a las clases pasivas, compran postre de confitería los domingos y fiestas de guardar, tienen cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa y para los cuales un guardia con una porra al aire corriendo detrás de un manifestante es la revolución de octubre.

Exagero la nota deteniéndome en los medrosos «costumbristas». El «partido del miedo» tiene límites sociológicos y psicológicos muchísimo más amplios. Medite quien lo crea oportuno y necesario en las barricadas de mayo del 88 en París y recuerde el partido que supo sacarles Pompidou. que hasta descabalgó del Poder en la operación al general De Gaulle. apoyándose en la oportunidad que le sirvieron en bandeja, cultivándole en la calle «el partido del miedo».

Pilar NARVION

 

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