Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    06/10/1976.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

Femando ONEGA

LAS informaciones del teletipo eran ayer una sucesión continuada de condenas y repulsas a los sucesos de San Sebastián. No es fácil

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El péndulo

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recordar una movilización tan amplia de telegramas, mociones de los partidos políticos y comisiones diversas para adoptar una decisión sobre un tema concreto. La sangre, los hechos de sangre, siguen siendo una gran bandera en este país. Pero ayer, aunque el entierro del señor De Araluce no haya sido multitudinario, se puede decir que triunfó la moderación. Si hubiera que hacer un resumen apresurado de sus contenidos, tendríamos que hacerlo así: estupor ante el hecho, apoyo a la política de Gobierno, e impulso desde abajo a la democratización. «Contra terrorismo, democracia», titularon algunos periódicos. Evidentemente, no es tan simple, pero ésos eran los acentos de ayer.

Y eran ésos los acentos porque, en una situación casi sin precedentes, fueren las fuerzas sociales las que acudieron en auxilio de una opinión pública que amaneció desmoralizada y, en cierto modo, de un Gobierno cuya política está pensada para quitarle dramatismo a la vida nacional. Lo que ocurre —¡todavía!— es que, menos diez, todos los partidos que escribieron sus comunicados aún no están respaldados por la legalidad. Viven, sobreviven, malviven, sin decidirse a dar el paso al frente ante la ventanilla de Gobernación. No tienen votos, no pueden presumir de una representatividad legal, pero funcionan. V ayer se consideraron en el deber de dar unas muestras de vocación de concordia.

Más, muchas más, que quienes se empeñan en negarles el pan y la sal por no salir respaldados de unas elecciones que nadie convocó. Supongo que en todo esto —en la amenaza del extremismo, la buena voluntad de las zonas centrales y las obligaciones subsiguientes del Poder—, habremos encontrado algunos nuevos ingredientes para entendernos e ir tirando hasta los comicios de la primavera.

OTRAS actualidades vienen más urgentes. Mucho más urgentes. Como quien no quiere la cosa, y no sé si aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, el Consejo de Empresarios de Madrid ha mandado a la Prensa una nota, en el gran día de las notas, por la que se comunica lo siguiente: que si quieres paz, prepara la guerra; que si el Gobierno quiere tener a la empresa a su favor, debe actuar con energía, terminar el período de tolerancia y preparar con urgencia el «paquete» de medidas económicas. Es una toma de postura más, sólo que con más fuerza «fáctica», como dice la izquierda, que todos los demás comunicados juntos.

LA actitud de los empresarios es un aviso. Pero el Consejo Nacional de Trabajadores escribió ayer una amenaza: que el mundo del trabajo no está dispuesto a aceptar limitaciones en los salarios, flexibilización de las plantillas ni modificaciones de la actual regulación del despido. O sease: el famoso artículo 35 que los empresarios quieren modificar a toda costa. La declaración, que podría ser considerada una declaración de guerra en vísperas de un Consejo de Ministros en el que, seguramente, se aprobará todo eso, tiene una contrapropuesta: se aceptará todo si 39 reconoce la libertad sindical y el derecho a la huelga. Por mi parte, ya lo tengo todo claro: estas notas sucesivas revelan que las reformas económicas y sociales vienen superpactadas. Se podrán reducir plantillas, pero a cambio de libertad sindical; se suprimirá el artículo 35, pero a cambio de cauces anchos para la huelga. Y todo el grueso de las medidas económicas tiene ahora el respaldo de las peticiones de los empresarios. Como dirían en mi pueblo, se equivocan en anunciar un decreto, pero lo saben hacer muy bien cuando plantean las estrategias.

EL día, de todas formas, tuvo otro acento de altura en la Escuela Naval Militar. El discurso del almirante Pita da Veiga insistió, indirectamente, en un tema que vuelve a estar, como siempre, en candelero: a quién prestan su apoyo tas Fuerzas Armadas. Y entre las dos opciones que actualmente se presentan (política de Estado y política de Gobierno los Fuerzas Armadas son «servidoras del Estado». Lo que ocurre es que, en estos momentos de transición, Gobierno y Estado parecen la misma cosa o, cuando menos, están unidos por un cordón umbilical. Pero, perdón. Esto último yq es pura disquisición del que suscribe.

Fernando ONEGA

 

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