Autor: Páez, Cristóbal. 
   Los "Chacurras"     
 
 Arriba.    06/10/1976.  Página: 1,7. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

Cristóbal PAEZ

LOS «CHACURRAS»

Son las últimas —que sepamos— víctimas del terrorismo en Guipúzcoa. Los citaremos por el siguiente orden: primero, don Juan María de Araluce y Villar, Presidente de la Diputación

puzcoana y Consejero del 10, por razones de edad, SOber y gobierno, y, luego, don Francisco Sanz Flores, de veinticinco años, casado hace quince días, y don Antonio Palomo Pérez, de veinticuatro años, soltero, ambos subinspectores de! Cuerpo General de Policía; el policía armada don Alfredo García González, de treinta años, soltero, y el conductor don José María Elícegui Diez, soltero, pero a punto de contraer matrimonio. (Pasa a la página 7.)

LOS «CHACURRAS»

(Viene de primera página.)

LOS señores Sanz Flores, Palomo Pérez, García González y Elícegui Diez eran —lo han dicho los reivindicadores del quíntuple crimen— los «chacurras», es decir, los perros.

Con arreglo a esta extraña, pero humana, zoología política yo soy hijo de «chacurra», de perro, y, por si fuera poco, perro azul, aunque mordido por otros perros de mí misma camada. Los cuales, quizá, me aventajan en raza, en «pedigrée». Como no me gusta morder me limito a ladrar. Ladro, luego aviso. Y aviso de que muerto el perro, o los perros, no se acabó la rabia. Esa rabia que para mí, y para muchos otros perros como yo, no es una enfermedad, una epidemia, que se contagia, sino una salud que se transmite. Y, por ello, aviso que, en gran medida, España es una perrera, una jauría. Una jauría, una perrera no diré sin amo, pero me faltará poco.

Y diré más. Diré que, vista la fulminación de un pastor y de cuatro «chacurras», perros, debo avisar, y aviso, aquello de «a otro perro con ese hueso». No son, por supuesto, los huesos todavía calientes, tiernos, sorprendidos, inocentes, de los «chacurras», perros, que se han roto a balazos en una calle de San Sebastián, sino el hueso negro, patológico, podrido del crimen. Por eso digo que a otros perros, a otro perro con ese hueso: hueso enfermo, cancerígeno, contagioso, cuya médula infecta se sube a !a cabeza como un alcohol loco, asesino y maldito.

Dejad las palabras. Dejad las viejas ideas. Dejad los pajizos, cadavéricos clisés para mejor y más escolásticamente matarse. Dejad los viejos cuchillos tiritando bajo el polvo. Dejad la sangre seca y la sangre fresca y suturar las heridas. Pero no dejéis te ley, la autoridad y la energía abandonadas en medio de la calle para .que hagan mofa de ellas el coro de los asesinos, el sucio orfeón de los fanfarrones, o para que llore y se lamente y esconda el rabo entre las piernas la débil tropilla de los acongojados.

Este perro ladra y avisa con el ladrido sobrehumano de su perroguía, el perro baleado en Alicante, el perro más llorado de entre todos los perros azules, que el ideal de la ciencia política, el ideal de los que aman la libertad, el desiderátum de los liberales, por contraposición a los serviles, será el encuentro con una democracia libre y apacible. ¿Y qué importa si el encontrarla nos cuesta, además de esta sangre, otra sangre? ¿En qué lugar está escrito que la democracia llega con la primavera, en un estallido de amable estupefaciente sensualidad o cómo la primavera que ha venido y nadie sabe cómo ha sido? A otros perros, repito, con ese hueso.

Estar seguros de que esta sangre traerá, como una rama tronchada que reverdece, la democracia, que no es la tiranía del crimen, sino la soberanía de un pueblo llamado España. De los «chacurras», los perros, han brotado fuentes de sangre caliente. Los rojos surtidores son como cinco urnas más para verificar la voluntad de los españoles que quieren vivir y convivir. Todos, menos los matadores, los matones o los renegados han dicho no a] crimen y sí a la pugna en paz bajo la bóveda de la norma. Puede que España, como aquellas primitivas ciudades del «Far-West», parezca una ciudad sin ley. Pues, bien; dadme, dadnos, dad la ley y un punto de apoyo y moveremos este mundo de España. Es sólo cuestión de una palanca y de un lugar donde apoyarla. 5e trata únicamente de accionar dos resortes de!

Estado: la ley y el punto de apoyo.

Cristóbal PAEZ

Miércoles 6 octubre 1976

 

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