San Sebastián: Funeral por las víctimas del atentado. 
 Monseñor Argaya: "Dios no quiere que vayamos por este camino de sangre"  :   
 "Repudiemos totalmente la dialéctica de la violencia". El obispo de la adiócesis ofició el acto religioso por las víctimas del atentado terrorista perpetrado el lunes en San Sebastián. 
 Arriba.    06/10/1976.  Página: 9-10. Páginas: 2. Párrafos: 22. 

«DIOS NO QUIERE QUE VAYAMOS POR ESTE CAMINO DE SANGRE»

• «Repudiemos totalmente la dialéctica de la violencia»

El obispo de la diócesis ofició el acto religioso por las víctimas del atentado terrorista perpetrado el lunes en San Sebastián

• De diez a doce mil personas se congregaron en la catedral y sus alrededores

SAN SEBASTIAN. (Especial para ARRIBA.)—Poco antes de las seis de la tarde de ayer dio comienzo, en la catedral del Buen Pastor, el funeral por el alma de don Juan María de Ara-luce Villar, presidente de la Diputación de Guipúzcoa, de los inspectores de Policía, señores Sanz Flores y Palomo Pérez, y del policía armado. Señor García González, víctimas del atentado terrorista perpetrado el lunes en San Sebastián.

El féretro del Presidente de la Diputación fue transportado po. co después de las cinco y veinte a hombros de los diputados, y en la calle, donde había va. ríos miles de personas, la banda de chistularis interpretó el «Agus Jaunak», tras lo cual fue rezado un responso. La comitiva fúnebre se trasladó a la catedral del Buen Pastor, cruzando la avenida de España.

Presidencia oficial.

En la catedral estaban esperando los Ministros de la Gobernación, señor Martín Villa, y de Asuntos Exteriores, señor Orea Aguirre, que ocupaban sitiales a la derecha del altar. A la Izquierda estaban miembros del Consejo del Reino presididos por su titular, señor Fernández Miranda. Asistían también, entre otras personalidades, el Vi. cesecretario General, del Movimiento, Eduardo Navarro, en representación del Ministro Secretario General; los ex Ministros Martínez Esteruelas, Cotorruelo, Linón, Oriol, Girón, Silva Muñoz, Garicano, López Rodó y López Bravo; el ¡efe del Cuarto Militar de Su Majestad, teniente general Sánchez Galiana; los directores generales de Administración Local, Registros y Notariado, Guardia Civil, Política Financiera y Seguridad el Capitán General de la VI Región y

otras primeras autoridades nacionales, provinciales y locales. También estaban el primer teniente de alcalde y dos concejales del Ayuntamiento de Madrid, que se habían trasladado expresamente en helicóptero para asistir al acto.

A los pocos minutos entraban en la catedral los féretros de los tres policías, que como el del Presidente de la Diputación, estaban envueltos en banderas nocionales. Al entrar estos féretros, el público que estaba dentro de la catedral prorrumpió en aplausos.

Un total de diez o doce mil personas se habían congregado en la catedral y sus alrededores.

Homilía de monseñor Argaya Ofició la ceremonia religiosa el obispo de la Diócesis, don Jacinto Argaya, que concelebró con el obispo auxiliar, monseñor Setién; el vicario general, don José Elagarreta, y veintisiete sacerdotes más.

Monseñor Argaya pronunció la siguiente homilía: «De nuevo, una vez más, y con tristísimo motivo, nos reunimos en esta catedral del Buen Pastor, doloridos y consternados, para celebrar la Eucaristía. Nuestro encuentro religioso de hoy tiene lugar en un clima de sufrimiento en el que el llanto y resignación de los familiares se une el dolor de la comunidad entera que no acaba de comprender por qué los hombres tienen que matar a sus hermanos.

El Presidente de la Diputación, tres agentes de escolta y el conductor de su automóvil —cinco víctimas en total— cayeron muertos violentamente en mitad del día en nuestra calle. Otra vez se ha visto Guipúzcoa teñida de Sangre de hermanos. Ese trágico suceso ha merecido universal repulsa.

Expreso la viva reprobación de la Iglesia diocesana y la entrañable pena por este nuevo y tristísimo suceso. ¿Cuándo, Señor, ha de terminar en nuestro pueblo, que siempre fue pacífico, esta ola de terror y de violencia?

Como obispo y como responsable de la fe de todos los guipuzcoanos que son y se sienten cristianos, denuncio y condeno con todas mis fuerzas estas muertes sin sentido, absurdas. Como toda sangre violentamente derramada, manifiesta a la luz el pecado del corazón humano y la ceguedad de la violencía.

No es decible —es indecible -la pena de vuestro obispo. Quiero repetir lo que con idéntico motivo el mes pasado, en la fiesta de Aránzazu, dije. Y lo digo con toda convicción y con toda emoción. Amo muchísimo, entrañablemente, a Guipúzcoa, cuya sangre corre por mis venas, cuyos apellidos llevo. Por eso mismo me toca sufrir tremendamente.

«No he logrado la paz en la familia»

Me considero, soy y me siento padre de toda la diócesis. La conozco perfectamente, la quiero con todo mi corazón. No he logrado la paz en la familia, veo, por el contrario, que mis hijos se combaten, se odian y se matan. ¿Cabe mayor pena para un padre? ¿Cabe mayor decepción paternal y pastoral para un obispo?

En Aránzazu dije, y ahora lo repito, consciente de la responsabilidad de mis palabras: si es necesario «que alguno muera por el pueblo» yo, Señor, ofrezco mi vida por Guipúzcoa y ofrezco mi muerte, la que sea, la que mandéis: natural o violenta, en el lecho o en la calle. Yo me ofrezco con toda génerosidad y verdad como víctima de expiación. Acepta Señor, por favor, mi ofrecimiento. Pero mi muerte ¡sea la última!

Guipuzcoanos, permitid que como padre os dé unos consejos: vamos mal. Dios no quiere que vayamos por este camino de sangre. No amarguemos la vida, tan dura de por sí, sin que nosotros, con nuestras fuerzas, la amarguemos más. Escuchad, son palabras de Jesucristo, confirmadas inequívocamente por la experiencia y por la historia: «Todo reino dividido será desolado.» Si continuamos por este camino encrespado de luchas, los males que sobre nuestro pueblo sobre.

vengan serán inmensos, acaso irreparables. Entendámonos hablando dialogando, respetándonos como siempre lo hicimos. Repudiemos totalmente la dialéctica de la violencia, solamente el rechazo colectivo y unánime de estos caminos de muerte, con los que nadie puede sentir se identificado en su espíritu y en sus sentimientos sin compartir el pecado ajeno, podrá librar a nuestro pueblo de la amenaza permanente de los caminos de muerte y violencia.

«Guipúzcoa necesita

perdón y necesita perdonar»

Ante Dios, Guipúzcoa necesita perdón y necesita perdonar. El olvido del Evangelio y la renuncio de nuestra histórica tradición cristiana nos llevará a la pérdida de los valores fundamentales, sobre los que podemos apoyar nuestro esfuerzo colectivo de convivencia libre y pacífica.

A los que tienen en España.

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la tremenda responsabilidad del mando les pido de rodillas que sean sensibles a los deseos del pueblo. Nunca ha sido mala Guipúzcoa, sino muy buena. Espero que bien tratada, particularmente en estos momentos de desconcierto, con serenidad, equilibrio y comprendida, continuará siendo lo que fue. Estudiad con amor y respeto a núestro país; dad de grado, anticipándoos, lo que hay que conceder; atender sus legítimas aspiraciones. ¡Cuánto bien trae una acogida amable, un rasgo de bondad a tiempo! La amabilidad y condescendencia de los mandados es el contraveneno de la ira, el dulcificador del odio, el regulador de todas las pasiones.

Ante la impotencia que todos experimentamos para convertir nuestro pobre corazón en el que tan fácilmente anida el mal, yo, como padre vuestro, os invito a pedir a quien puede más que nosotros, al Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, quien con su muerte, producida también por la violencia, venció el pecado de la Humanidad, la conversión radical que necesitamos para caminar por los caminos de la paz

Señor, escucha la oración de estos obispos y de este pueblo profundamente conmovido por el dolor y la pena; no permitáis que nuestros espíritus caigan en la amargura de la desesperanza, haznos creer que todos nuestros problemas tienen solución en la fidelidad a tu Hijo, Jesucristo. Virgen Santísima de Aránzazu, más que nunca sé hoy, ahora, la Madre de los gulpuzcoanos.

Ofrezco la santa misa —unidos todos a ella—, mis mejores oraciones por el eterno descanso de las almas de los fallecidos, por el consuero cristiano y resignación de sus familiares y por la paz."

Sepelio del señor Elicegui

Los familiares del chófer del Presidente, señor Elicegui, han preferido celebrar el funeral y el entierro en la más estricta intimidad, en la localidad de Pasajes, donde los restos del chófer recibirán cristiana sepultura.

Los restos mortales del Presidente de la Diputación de Guipúzcoa. Juan María de Araluce y Villar, han recibido hoy cristiana sepultura en el cementerio de Polloe de esta capital, al concluir el oficio funeral celebrado en la catedral del Buen Pastor. nacional

 

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