Autor: JASA. 
 Un combatiente Requeté reponde al comando de ETA que asesinó a si hijo. 
 "Estoy contento de que haya muerto por España"  :   
 (en su puesto de servicio). 
 El Alcázar.    08/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

"ESTOY CONTENTO DE QUE HAYA MUERTO POR ESPAÑA"

(en su puesto de servicio)

• Biografía apasionada de un ¡oven policía de 25 años que había cometido el grave delito de defender la unidad de España

ERA un hombre del pueblo. Un hombre sencillo, alegre y cordial que gustaba de la caza, de los bellos parajes norteños y de la amistad. Apenas hace un mes contrajo matrimonio con una bella muchacha vasca. Tenía solo 25 años, amaba a su Patria y buscaba siempre el camino más riguroso y exigente para servirla. Por eso ingresó en la Academia General Policía. Por eso le mataron, indiscriminadamente, de manera salvaje, mientras cumplía su deber en salvaguardia del orden y de la paz ciudadana. Se llamaba Luis Francisco Sanz Flores. Era un hombre del pueblo.

MORIR POR ESPAÑA

«Estoy contento de que mi hijo haya muerto por España en su puesto de servicio». Su padre —cara curtida, de mirada fija y palabra temblorosa— apenas puede contener la emoción y las lágrimas. SI, los hombres también lloran. Tienen derecho a ´llorar, y a encogerse, y a gritar justicia cuando les han arrebatado sin motivo ni justificación alguna lo que representaba el amor de toda una vida, la ilusión y la esperanza de tantos momentos amargos, la entrega cotidiana y sin precio a un hijo. Apenas han recibido sepultura los restos del inspector Sanz Flores cuando conversamos con su padre:

— Me interesa en principio destacar que el inspector Sanz Flores es hijo del capitán del Ejército de Tierra, retirado a petición propia Alfonso Sanz Palacios, conocido en esta primera Región Militar como el capitán Palacios. No el de Rusia, al que admira pero no conoce, aunque existe entre mi hijo, el policía asesinado por la ETA y por la horda marxista lazos familiares. De ahí que tenga especial interés en hacer constar el origen de este inspector de Policía, un caballero, un hombre honrado y un hombre muy digno.

LA NOTICIA

La familia Sanz Palacios tuvo conocimiento del dramático suceso de esta forma:

— El lunes, a mediodía, escuchamos por la televisión que el presidente de la Diputación de Guipúzcoa habla sufrido un atentado. Estábamos mi hija María de Fátima y yo con su madre. Le dije: llama inmediatamente a San Sebastián. AllÍ nos confirmaron que mi hijo estaba de servicio con el Presidente.

Nuestra situación no pudo ser más angustiosa. Llamarnos de nuevo a casa de mi hijo, donde su esposa ya no estaba. Su hermana, sin embargo, confirmarla a María de Fátima lo que nos temíamos. Luis Francisco habla muerto, casi instantáneamente, alcanzado por trece disparos de ametralladora. Sin embargo, con una serenidad no corriente, nos indicó que estaba «muy mal». Inmediatamente nos trasladamos a San Sebastián. Llegamos sobre las doce de la noche. Las noticias no podían ser más aterradoras. Al bajarme del coche y preguntarle a un policía lo que habla ocurrido, me confirmó simplemente con la vista que mi hijo era uno de los asesinados, cosa que no me sorprendió porque desde hacia mucho tiempo era la obsesión que llenaba mi mente.

Lo demás —prosigue, vacilante y tembloroso el capitán Palacios, como quien todavía no da crédito a lo que está relatando las escenas con su madre ante el féretro... no puedo describirlas..

UN JOVEN REQUETE

La casa de la familia Sanz Palacios es objeto de continuas visitas y llamadas telefónicas que les hacen llegar el dolor y la pesadumbre de familiares, allegados y amigos ante tan conmovedora tragedia. Don Alfonso, con un cigarrillo que agita temblorosamente en la mano, respirando con rapidez, relata de esta forma algunos momentos de la vida de su hijo: — En los días 11 al 15 de agosto, cuando fuimos a visitarle mi esposa y yo, pocos días antes de casarse, observé, en una librería un volumen que me llamó poderosamente la atención; se titulaba «Belchite en llamas». El libro trataba de esta batalla, escrito por un alférez provisional llamado Izquierdo. Me quedé mirando y él me observó. No habla transcurrido media hora cuando, sabiendo mi condición de excombatiente de nuestra Guerra de Liberación, me lo trajo a casa. Fue una gran alegría. El sabia que su padre, desde los 16 años, se habia incorporado voluntario Requeté al Tercio de doña María de Molina y Marco de Vello el 5 de agosto de 1936. Que era uno de los requetés más jóvenes de ja Cruzada. De ahí que mi hijo, al observar estos libros, que tanto nos enseñan, quiérase o no, de lo que ha ocurrido hace muchos años, me lo entregó con un afecto inigualable.

QUERIDO POR TODOS

Podría contar muchas más anécdotas —prosigue el capitán Palacios— pero voy a reflejar simplemente la clase de persona que era mi hijo. Desde su niñez se crió en un pueblo de Toledo, Paredes de Escalona. Allí todo el mundo le quería enormemente. El compartía sus amistades con todo el pueblo, sin excepción. Los jóvenes le querían enormemente. Era muy aficionado a la caza. La primera escopeta la adquirió con unas ocho mil pesetas que ganó como socorrista en la piscina del Encinar del Alberche. Su pasión, los perros. Hay en aquél pueblo una familia con la que nos une una gran amistad al que conocemos por el Tío Tiburcio. Tiene dos hijos, uno Guardia Civil y otro cabo de la Policía Armada. Da la casualidad que mi hijo marchó con Antonio Palomo Pérez y uno de los hijos del Tío Tiburcio a San Sebastián a mediados de julio de 1974, en el tren. Palomo y mi hijo volvieron el otro día, juntos de nuevo, vueltos en la bandera española, en unos coches fúnebres.

Don Alfonso Sanz Palacios, el capitán Palacios, no puede evitar que, de nuevo, la emoción altere su voz y su gesto. Que su palabra entrecortada y transida de recuerdos vibre con una entonación distinta, salpicada por el llanto, impregnada de dolor por su propia sangre herida en lo más profundo del corazón. No hay consuelo posible para este padre que ha visto sus entrañas revolverse, como en una macabra pirueta, sobre el asfalto, atravesada su propia carne —la de su hijo— por la metralla y por el odio. Fluyen los recuerdos desordenadamente a este combativo requeté que trata de sobreponerse a la indignación desde la confianza en la justicia. Son escenas familiares que dan la medida de un hombre joven, de un español sincero, de un servidor de la Patria.

— Muchas veces, antes de salir de casa, allá, en el pueblo, le decía. Hijo, la placa, el carnet. Papá —respondía — aquí no los necesito. Estaba con los suyos, la gente del pueblo llano, que lo quería y lo apreciaba. Recuerdo una noche de la fiesta de San Vicente, en Paredes de Escalona, patrón de la localidad. Vinieron cinco o seis compañeros de la Academia General de Policía. Como habla muchos gastos en estos festejos, les indiqué que no hicieran valer su condición, ni siquiera como alumnos. Luis Francisco me respondió: Papá, sabemos lo que tenemos que hacer. Cuando llegaron a la puerta del espectáculo, fue mi hijo el primero en abonar la cantidad exigida y en hacer pagar a sus compañeros. Un detalle que revela los sentimientos y la caballerosidad de este hombre desaparecido.

ASI NACE UN POLICÍA

El capitán Palacios sigue relatando que Luis Francisco estudió* en los Padres Operarios Diocesanos, en Tortosa, Tarragona. Ya de pequeño tuvo que sufrir el fuerte impacto de la muerte de uno de sus hermanos, Alfonso, a los cuatro años, enterrado en Pastrana, donde ahora también reposarán sus restos. Pese a estas dos muertes, la familia Sanz Palacios se ve reconfortada por un gran acontecimiento, en el que Luis Francisco habla puesto gran ilusión: el sábado jura Bandera como cadete de la Academia Militar General de Zaragoza otro de sus hermanos.

— Un buen día, él me presentó la papeleta: Papá, me gustaría ser policía. Yo no te puedo quitar la idea, le respondí. Me parece formidable. Incluso me prometió que aún perteneciendo al Cuerpo General de Policía cursaría los estudios de Derecho. Más adelante me planteó: me voy a Bilbao o a San Sebastián. Yo creo —le dije— que debes de meditar tu destino en estas dos capitales. Son muy conflictivas.

ALGUNO TENEMOS QUE IR, PAPA, me dijo. Incluso algunas veces, cuando ya estaba allí, le sugería que se viniera de nuevo con nosotros. Siempre la misma contestación.

ALGUIEN TIENE QUE ESTAR ALLÍ, PAPA. Y, desde hace tiempo, presentía que le iba a ocurrir algo. Creo incluso que lo he soñado. Era una obsesión que se ha cumplido, desgraciadamente. Don Alfonso Sanz Palacios me relata que es natural de Molina de Aragón, Guadalajara, hijo de madre navarra. Que en los Tercios de Requetes se juntaron, al unísono, trece primos hermanos. Y que sus dos hijos muertos contemplarán este sábado, desde las estrelas, el juramento de fidelidad a la Bandera de su hermano. Ninguna bala asesina podrá borrar jamás la tradición de sangre que lleva nuestro pueblo a cumplir con su deber.

A NADA CONDUCE LA VIOLENCIA

También me relata que entre los muchos telegramas de condolencia recibidos, conserva con especial cariño el que le remitió uno de sus amigos de niñez, Luis Martínez Viorreta. Uno de sus hijos, José Luis Martínez, también inspector de Policía, todavía no ha sido hallado tras su secuestro por la ETA. Asimismo me trasmite su profunda gratitud y de toda su familia hacia todos los funcionarios y jefes del Cuerpo General de Policía que desde el primer momento de conocerse el luctuoso suceso han dado conmovedoras muestras de compañerismo con un entusiasmo difícil de recoger con palabras.

Por último, don Alfonso Sanz Palacios dirige a través de nuestro periódico estas palabras a la juventud:

- Solo quiero pedir a la juventud española que medite en estos momentos difíciles que la violencia a nada nos conduce. Que el pueblo de España debemos de estar todos unidos, porque será la única manera de que podamos llevaría a la prosperidad que todos debemos desear. Porque, en definitiva, golpes tan terribles como el que yo acabo de recibir, repercuten, sobre todo, en las propias familias, que son precisamente las más ajenas a esta serie de actos indiscriminados.

Es Emiliana Cano, que lleva veinte años en la casa a cargo del servicio y que quería a Luis Francisco como a su propio nieto, quien cierra este reportaje: ¿POR QUE LO MATARON? LUIS FRANCISCO NO MERECÍA MORIR DE ESTA MANERA.

JASA

 

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