Autor: Cardoso, Vasco. 
 Concentración separatista vasca en San Juan de Luz. 
 Control policial francés y despliegue de las fuerzas de seguridad  :   
 Los asistentes españoles, unos mil, no provocaron derórdenes. Trescientos policías franceses, antidisturbios, cortaron todo inteto de manifestación. 
 Pueblo.    11/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Concentración separatista vasca en San Juan de Luz

CONTROL POLICIAL FRANCÉS

Y DESPLIEGUE DE LAS FUERZAS

DE SEGURIDAD

Los asistentes españoles, unos mil, no provocaron desórdenes

Trescientos policías franceses, antidisturbios, cortaron todo intento de manifestación

SAN JUAN DE LUZ Francia). (Crónica telefónica de nuestro enviado especial, V. CARDOSO.l — Los agentes de las Compañías Republicanas de Seguridad (C. B. S.) —unos trescientos en total— armados con pistolas y material antidisturbios, abandonaron los coches sin prisas. Dejaron que los simpatizantes del Partido, Nacionalista Vasco terminaran sus canciones en ¡a plaza de Luis XIV, antes de ponerse los guantes.de piel marrón. Después se colocaron los cascos con viseras, probaron las porras y se dispusieron a actuar. Al darse cuenta de la operación los mil manifestantes —todos ellos españoles allí congregados para conmemorar el cuarenta aniversario de la proclamación del gobierno de Euzkadi— recogieron a toda prisa la ikurriña de grandes dimensiones y se retiraron dando por terminado el acto sin que se registrara ninguna intervención policial.

Desde luego, las autoridades francesas estaban firmemente dispuestas a que no pasara nada. La Prefectura del departamento de ios Pirineos Atlánticos había dado instrucciones concretas prohibiendo todo tipo de manifestaciones políticas previstas para ayer por el P. N. V. Sólo autorizaron la celebración de una misa en euskera a la que asistió Jesús María Leizaola, presidente del titulado gobierno de Euzkadi en el exilio, y la celebración de un homenaje a José María Aguirre en el cementerio de San Juan de Luz. Todo transcurrió con normalidad. Leizaola, prudente, sereno, y con una exacta visión de las circunstancias, se limitó a pronunciar uñas breves palabras señalando su «fidelidad a los principios y a la legalidad salida de las urnas en 1936».

Pero nadie estaba dispuesto a que la celebración del día de gudari (soldado vasco) terminara con la ceremonia en el cementerio. Todos querían algo más y !o lograron en la plaza de Luis XIV. donde después de desplegar una enorme ikurriña cantaron algunas canciones vascas —entre ellas el «Eusko gudari» («Soldado vasco») y «Batasuna- («Unidad,)—. El ambiente se caldeó y al poco rato los manifestantes, cargados de pegatinas con ikurriñas en perfecto orden, se acercaron emocionadamente a la bandera y la besaron ante la mirada sorprendida indiferente y desconcertada de los agentes franceses de las Compañías Republicanas de Seguridad (C. B. S.).

Más que nada, los manifestantes tenían bien presentes las dificultades que habían tenido que superar para llegar a San Juan de Luz. Por una parte, la decisión de las autoridades, que prohibieron todos los actos considerados políticos. en los que estaba prevista la asistencia de algunos representantes de la Generalitat y también de los movimientos autonomistas de Cerdeña, Córcega. Bretaña e Irlanda. Tampoco estaba autorizado el festival folklórico por temor a incidentes de orden público sobre todo ante la posibilidad de que se registrara alguna intervención violenta de E. T A. cuyos miembros, por cierto, brillaron por su ausencia Pero las mayores dificultades estaban antes de cruzar la frontera de Irún. Todas las carreteras se hallaban sometidas a severos controles Los ocupantes de los autocares fueron sometidos a

una comprobación detenida de su identidad, sin que se registraran, más problemas" que los inevitables atascos de tráfico.

Ya en la frontera, estas dificultades se reproducían y multiplicaban. En el lado español de los tres puestos fronterizos la documentación de personas era verificada con rigor y registrado el interior de los vehículos. En e! lado francés las cosas tampoco eran más fáciles. Los gendarmes no solamente revisaban toda la documentación, sino que apuntaban en unos libros destinados al efecto el nombre de todos los españoles que intentaban cruzar la frontera, así como la matrícula de los coches. Al mismo tiempo rechazaban la entrada a todos los vehículos que no llevaban la E de España colocada en sitio bien visible y con las medidas que marcan los reglamentos de tráfico franceses, asi como el espejo retrovisor. También, en contra de lo que es habitual, los aduaneros —que se limitan en circunstancias normales a echar una mirada de compromiso al interior de los vehículos— procedían ayer al registro del maletero, además de preguntar el destino del viaje.

Con las forma1idades aduaneras en los dos puestos, cada coche quedó retenido por lo menos una media hora; todo ello sin contar con la larga espera en las colas, que alcanzan, sobre las nueve y media da la mañana, más de tres kilómetros en cada uno de los puestos fronterizos. Fue como si la frontera hispanofrancesa estuviera cerrada al tranco, sin que hubiera declaración oficial en ese sentido. Sin embargo, al filo de las dos de la tarde habían desaparecido todas las dificultades para el paso de la frontera.

Parece ser que el cele de los aduaneros franceses había sido decretad o por las autoridades de París, accediendo a la petición de los comerciantes de las localidades fronterizas, quienes siguen protestando en términos airados contra las actividades de E. T. A. en la zona, lo que provoca una sensible reducción del turismo español. Y si este turismo es importante durante todo el año, es fundamental a partir del mes de octubre. Pero la Prefectura de los Pirineos atlánticos no quiso arriesgarse a suspender la totalidad de los actos programados por el Partido Nacionalista Vasco, limitándose tan sólo a prohibir todos aquellos que pudieran provocar importante» concentraciones de masas, con trasfondó político.

Por lo demás, la presencia de los «etarras> ha pasado inadvertida. A ninguno de ellos les interesaba un enfrentamiento con los agentes de las C. R. S.. quienes no solamente controlaban todos los accesos a San Juan de Luz, sino que tenían órdenes concretas de dispersar a los manifestantes. A los «etarras» se les añadía además la posibilidad de que las autoridades francesas pudieran disponer el traslado forzoso de los exiliados españoles a departamentos alejados de la frontera, Y al menos ésa parece ser la postura actual de las autoridades de París, cansados cada vez más de esta situación.

 

< Volver