Autor: Martínez Bande, José Manuel. 
 Las grandes batallas de la guerra española. 
 El infierno de Brunete     
 
 Historia y Vida.     Página: 18-30. Páginas: 13. Párrafos: 101. 

EL 18 de julio de 1936 .Brúñete era una borrosa localidad de la provincia de

Madrid. Casi nadie había oído hablar de ella. Sin embargo, estaba en el cruce de

dos carreteras relativamente Importantes: la que desde el Escorial baja hasta

Navalcar-nero, y la que desde San Martín de Valdeigleslas lleva a Alcorcón.

El pueblo callaba, en su modestia, y la tierra que lo circundaba nada decía,

salvo la mancha de un pequeño encinar al Norte. Un clima extremoso, con

Inviernos duros y veranos tórridos y secos; un arenoso terreno apenas permitía

un .cultivo pobre de cereales, legumbres y viñedos.

Soclalmente, Brúñete contaba, aparte de un notarlo —(palabras mayores!— con dos

médicos, un farmacéutico y tres maestros. El censo mercantil registraba, entre

otros comercios, tres carnicerías; la holganza y el recreo, tres salones de

baile, dos bares y una taberna; y la política y la vida de relación, tres

sociedades, una de ellas con el carácter de Centro Obrero. Dos autobuses

diarlos, uno a Madrid y otro a San ´Martín de Valdeiglesias, ponían en contacto

al pueblo con el mundo circundante.

Pese al autobús, pocas gentes en Madrid habían oído hablar de Brúñete. Fue la

guerra —la misma que en estos años nos ha dado noticias de países que los mes

Ignoraban— la que popularizó aquella localidad, no ya en España, sino en todo el

mundo civilizado y culto.

Brúñete y la guerra

Brúñete «sonará» en ese mundo por primera vez el 30 de noviembre de 1936, en que

el parte nacional de guerra lo da por ocupado. Pero en el gran censo de

localidades ganadas que registran los partes de esos días —Villaviciosa de Odón,

Móstoles, Pinto, Valdemoro, Fuenlabrada— Brúñete es un simple nombre más, ¿Qué

Importa todo esto si al fondo esté Madrid, ya casi al alcance de la mano?

No vuelve a «sonar» Brúñete durante mucho tiempo. Y, sin´ embargo, hubo motivos

para ello. Cuando en enero de 1937 se corta la carretera de La Coruña desde Las

Rozas a El Plantío, Pozas y Miaja proyectan una reacción en la que, bajando por

el valle del Guadarrama, se recuperaría Brúñete, ´Mas la operación tiene escaso

éxito y el pueblo «queda» donde estaba.

Proyectos ambiciosos

Pero su situación topográfica lo condenaría Irremisiblemente a ser teatro de

sangrientas luchas. Es un pueblo predestinado, y as( casi todos los estudios de

operaciones que se hagan a lo largo de esta primera mitad del año 1937 tendrán

estampado el nombre de Brúñete.

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El 22 de marzo el general Miaja, que se encuentra al -frente del ¡Ejército del

Centro, y su jefe de ´Estado Mayor, teniente coronel Vicente ´Rojo, redactan

unas directivas reservadas, en las que se señala como línea de penetración

destinada a romper el medio cerco que sufre Madrid la que pasa por las

localidades de Valdemorillo, Villanueva de la Cañada, Brúñete y Villaviciosa de

Odón.

€1 27 de marzo se perfilaría este plan, combinándose la dirección de ataque

señalada con otra complementaria sobre el sallente de La ´Marañosa y una

tercera, más ambiciosa aún, sobre Valsain y la Granja.

El 22 de abril, el jefe del Estado Mayor, coronel Alvarez Coque, propone al

ministro de la Guerra, francisco largo Caballero, nada menos que tres

operaciones: una de ellas tratará de alcanzar el nudo de comunicaciones de

¡Marida; otra, ocupar la zona de Oropesa; la tercera ya conocida, tiene a

Brúñete como uno de sus objetivos básicos.

Brúñete: objetivo político

Pero Brúñete está destinado a ser no sólo objetivo militar, sino también

político, porque a su alrededor se va a montar toda una maniobra por la

conquista del ¡Poder.

Descartada la acción sobre Oropesa, y como no es posible ser fuerte en dos

puntos tan alejados como Marida y el valle del Guadarrama, ´hay que pronunciarse

por una de las dos operaciones.

E inmediatamente surge la discrepancia, polarizándose alrededor de cada uno

sendas ambiciones políticas.

Al lector Ingenuo quizá le extrañe esto. ¿Qué tiene que ver, pensaré, la acción

de un plan militar con la política? Y, sin embargo, sobre tal elección se

resolvió una pugna latente entre el Gobierno Central y Miaja, como sucesor de la

Junta de Defensa de ´Madrid, y en realidad, entre Largo Caballero y el comunismo

español y ruso.

´Miaja, apoyado principalmente por los generales de las fuerzas soviéticas

Gregori Mljallovich Stern («Gregorovlch»), Grigorl Kulik («Kupper») y Jacob G.

Schmutchklevlch («Douglas»), ofreció desde el primer momento una resistencia

pasiva a la operación sobre ;Mérlda. Por su parte el Buró ´Político del Partido

Comunista español le apoyaba o se apoyaba en él, manejándole; porque las raíces

del comunismo en ´Madrid eran, entonces, muy hondas y robustas.

Largo Caballero era lo suficientemente terco como para seguir adelante con su

idea de romper en dos la zona nacional; y también —todo ´hay que decirlo— como

español, lo suficientemente independiente.

Señalado en principio el 7 de mayo como día D, hubo de retrasarse la fecha hasta

el 21, «Douglas» (Schmutchklevlch), se negó a conceder más de diez aviones —

cantidad risible— y todo eran dilaciones y pretextos. Y el 15 de mayo estalló en

Barcelona la crisis política, cuando el presidente y ministro de la Guerra se

disponía a viajar camino de Extremadura.

El nuevo Jefe del Gobierno, Negrín, y el ministro de Defensa, Prieto,

«desahuciaron» la «operación Extremadura», como algo personal ligado a la figura

del Jefe político destituido, y quedó en primer plano la preferida por el

comunismo. «Brúñete» había triunfado.

La necesidad de un éxito estratégico

La que Iba a ser batalla de Brúñete fue fruto de la necesidad.

•Estamos a primeros de Julio. La ´República había perdido Vizcaya y se

vislumbraba como se-fura la pérdida inmediata de antander. Luego vendría la de

Asturias, y con ello se perdería el Norte, el «segundo frente», siempre tan

temido en las guerras. Había que evitar ese momento, en combinación con la

llegada del Invierno. Era necesario también levantar la moral de la retaguardia,

muy deprimida tras la derrota vizcaína. Y era Igualmente preciso robustecer la

posición del nuevo Gobierno Negrín-Príeto, contra el que ya afilaba sus armas el

alejado Largo Caballero.

Sí: existía una verdadera necesidad de lograr un éxito en los campos de batalla;

y un éxito grande, de ´carácter estratégico, capaz de ofrecer no ya este o aquel

pequeño objetivo, sino un cambio radical en el curso de la guerra.

¿Era esto posible?

El Ejército Popular...

En Brúñete va a sufrir examen la gran esperanza de la revolución. Esta esperanza

se venía cifrando en la consecución de una fuerzas armadas populares, distinta

del viejo Ejército, pero dotadas de sus virtudes propias: disciplina, espíritu

de sacrificio, jerarquía, instrucción... Algo totalmente diferente a las

milicias de primera hora.

La Idea del Ejército Popular se plasma, en rigor, al terminar el primer verano

de la guerra, pero su gestación es lenta. Faltan mandos profesionales

competentes, faltan Estados Mayores, falta solera. Todo, o casi todo, se ha

venido al suelo y´hay que empezar de nuevo la casa por los cimientos.

Este edificio es una ocasión más —y la mejor— que se le ofrece al ´Comunismo

para Imponerse en España. Desde el primer momento el Partido, bien asesorado por

gentes de fuera, proclama la necesidad del orden frente al caos, de la

disciplina frente al libertinaje, de la victoria en los campos de batalla antes

que la revolución en la retaguardia. A él se debe la mejor milicia— al 5.a

Regimiento— y de sus filas salen los jefes populares más destacados. Como los

hechos le irán dando la razón, estará en situación magnífica para hacer triunfar

sus puntos de vista políticos.

.. .y el Ejército de Maniobra

De todo el Ejército Popular del Centro, el V Cuerpo de Ejército se ´llama «de

¡Maniobra». Es el niño mimado de la gran esperanza, al que mejor se trata, al

que se le dan las mejores y más abundantes armas. A él también se le exigirán

los máximos sacrificios.

Su jefe es Juan Modesto Guillote; al frente del Estado Mayor se encuentra el

teniente coronel don Manuel Estrada; luis Delage es el comisario general. Todos

son comunistas bien probados.

El Cuerpo tiene tres Divisiones: 11, 46 y 35 mandadas, respectivamente, por

Líster, «El Campesino» y el llamado «general walter», Karel Swierczewski, este

último procedente de las fuerzas armadas soviéticas. Huelga hablar de la

significación política de todos.

Pero como este Cuerpo de Ejército no es suficiente para llevar a cabo, por sí

solo, la ambiciosa operación proyectada, se forma otro, un poco

precipitadamente: el XVIII, bajo el mando del teniente coronel Jurado. Los jefes

de sus tres Divisiones —10, 34 y 15— son comunistas:

los tenientes coroneles Enciso y Galán (José María) y otro destacado militar de

la U.R.S.S.. el llamado en España «general Gal» (Janos Galiez); asi como el

comisario del Cuerpo, Zapiraln.

Para la penetración hacia Brúñete se constituye una Reserva, con la División 45,

del ruso «general Kleber» (Lazar Stern), y la 39, del español Duran. Su

pensamiento político no es extraño a los otros mandos de que hemos hablado. Hay,

además en esa Reserva, varias Brigadas sueltas, carros y artillería, aparte de

la aviación. Todo ello sin contar con un tercer Cuerpo de Ejército, el II bis o

«de Vallecas», que ha de operar partiendo de este barrio madrileño, marchando al

encuentro de los otros,

¡No es cosa de abrumar al lector con datos excesivos sobre el total de efectivos

republicanos que Iban a operar. Demos estos, globales: 10 Divisiones con 28

Brigadas, 100 carros, 30 blindados, 164 piezas de artillería, un regimiento y un

grupo de Caballería, dos batallones de Ingenieros, equipos de destrucción,

Cuerpo de Tren, Intendencia y Sanidad. Entre 80 y 90.000 hombres: la más

formidable máquina militar levantada hasta entonces en la España moderna. Una

masa de significación política perfectamente definida.

El mando de los Cuerpos de Ejército V y XVIII —el llamado Ejército de Maniobra—

se daba a Miaja, que tendría al teniente coronel Matallana como Jefe de Estado

´Mayor, y un poco «más allá», al general ruso Stern. Pero el verdadero y gran

artífice de la operación era Vicente Rojo, brazo derecho del ministro de

Defensa, Indalecio Prieto, en teoría Jefe supremo. Al lado de Rojo no faltó el

que un día sería ministro de Defensa de la U.R.S.S,, flodión Mallnovskl

(«Malino»),

Unas posiciones muy débiles

Brúñete es la cabecera del subsector de su nombre, cuyo Jefe es el teniente

coronel don Abelardo -Mancebo. Este subsector, definido por los ríos Guadarrama

y Perales, pertenece a la 71 División (general Serrador), Integrada en el Vil

Cuerpo de Ejército (general Várela).

la situación de aquel pedazo de ´frente Inquieta a todos. No tiene líneas

naturales defensivas, mirando al enemigo, y está dominado en buena parte por las

alturas de Valdemorlllo. Pero, además, las posiciones propias son escasas y muy

distantes unas de las otras. Se habla Incluso, de gentes que pasan de uno a otro

campo, sin que pueda nadie Impedírselo: basta con que conozcan perfectamente el

terreno para llevar a cabo estas ¡das y venidas.

En Brúñete no hay prácticamente «nadie», esto es, tropas combatientes; pues no

pueden considerarse tales varias planas mayores, entre ellas la del subsector,

la oficina de alguna unidad y, menos aún, un puesto de socorro.

En total se cuenta, en los pueblos próximos de Quljorna, Villanueva de la

Cañada, Villa-franca del Castillo y Vlllanueva

El nuevo ¡efe del Gobierno, Negrín, y el ministro de Defensa, Prieto,

desahuciaron la «Operación Extremadura»

propuesta por Largo Caballero y se decidieron por la que propugnaban los

comunistas: Brúñete

del Pardillo, el monte de Los Llanos y el castillo de Vlllafran-ca, con cinco

unidades tipo batallón, dos compañías sueltas, dos baterías y algunas piezas

«antitanque»; efectivos con los que hay ´que cubrir más de 20 kilómetros, donde

toda sorpresa es posible.

La 11 División del Ejército Popular

Esta situación es de sobra conocida en Madrid. Por eso, cuando se elabora el

plan destinado a yugular el frente enemigo montado en torno a la capital, a base

de dos penetraciones, que han de seguir la dirección general Valdemorlllo-

Brunete-Al-corcón y la de Usera-Carabanchel, se piensa, ante todo, en sacar

provecho de la situación especial del subsector de Brúñete. Una Infiltración

nocturna, que provoque el derrumbamiento de las posiciones contrarias locales,

puede ser la clave del arco.

Para ello se piensa inmediatamente en la División 11, la de Líster. Es una Gran

unidad que ofrece las mayores garantías, mandada por un Jefe Improvisado,, no

profesional, .pero que cuenta con la más deslumbrante aureola popular, montada

por verdaderos artífices en el arte de la propaganda.

La División tiene tres Brigadas: la I, la IX y la C. Esta última de reciente

formación; las otras dos, de gran veteranía. Con las reservas necesarias,

creemos que, tanto la 1 como la IX, debían ser excelentes. La C se acababa de

organizar en Alcoy, con 3.000 reclutas, campesinos de Jaén, Murcia y Córdoba,

actuando como solera y «madre» 500 veteranos del primer batallón de la I

´Brigada, que ascendieron rápidamente desde cabos a comandantes.

.la 11 División aparecía como la más típica pieza de todas las del Ejército

Popular, hijo de la revolución española. Así eran revolucionarlos y caudillos

se-mlimprovisados los mandos en todos sus escalones y, naturalmente, los

comisarlos. Los nombres de los Jefes de Brigadas nunca figuraron en el escalafón

militar. El de la I se llamaba Alberto Sánchez; el de la IX, Gonzalo Pardo; el

de la C, Luis Rivas. Todos procedían del 5.° Regimiento, así .como el comisario

de la División, Santiago Alvarez, hoy, con Líster, figura destacadísima del

Partido Comunista en el exilio.

Uno de los timbres ´de orgullo de la División era su Batallón Especial. De él

diría el propio Líster: «Al comenzar a estabilizarse el Frente de Madrid, en los

días de noviembre, decidí crear una Compañía Especial con combatientes escogidos

entre los más experimentados y que hubiesen dado prueba de mayor firmeza. La

misión de los hombres de esta Compañía sería la de Introducirse en la

retaguardia enemiga del frente para recoger Informaciones, dar golpes de mano,

etcétera... En los meses de diciembre, enero y febrero la Compañía cumplió toda

una serie de ´misiones y al crearse la 11 División, la Compañía se transformó en

Batallón Especial, de 500-hombres». Según el jefe de la 11 División, el Batallón

«tenía la capacidad de fuego de una División», ios efectivos de la 11 División

sobrepasaba los 10.000 hombres.

Todo era optimismo en los días que precedieron a la batalla de Brúñete. Se

pensaba, incluso, celebrar un consejo de ministros en Madrid, en cuanto

En la página contigua, la martirizada torre de la Iglesia de Brúñete.

Junto a estas lineas, tristes Imágenes de un pueblo predestinado a la

destrucción por su estratégica situación topográfica, en el cruce de dos

importante carreteras del entorno de Madrid. se tomare Majadahonda, según afirma

Azaña en sus Memorias. Canto del Pico, la vieja y señorial finca donde un dfa

muriera don Antonio Maura, iba a ser el gran puesto de mando político-militar de

la operación. Allá irían Negrín, Prieto, Miaja, Rojo, el ruso Stern, en

espectacular y triunfalista asamblea,

«El espíritu de estas fuerzas parece admirable»

Por aquellos días se trasladaron a Madrid los asistentes al II Congreso

Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, que se celebraba en

Valencia. Iban a presenciar, y luego a contar, el gran éxito del Ejército

Popular, Allí estaban Koltsov, Malraux, Dos Passos, Regler, Hemingway... flor y

nata de la Intelectualidad Izquierdista del momento.

Prieto escribió en unas notas personales de Información estas palabras. «Acabo

de llegar del campo, donde he revistado algunas fuerzas que van a tomar parte en

las operaciones. El espíritu de ellas -parece admirable; desde luego dan la gran

sensación de unidad, disciplina y en- I*´ tuslasmo. He dirigido la palabra a una

de las ¡Brigadas y cuando he terminado mi breve discurso los soldados

contestaron con vítores y aclamaciones.» Por su parte, Vicente Rojo, el gran

artífice del planteamiento de la operación, escribió: «Un entusiasmo nuevo

llenaba el ambiente; aquellos ´hombres se sentían orgullosos de lanzarse a una

empresa ofensiva de Importancia, y ciertamente lo hacían con una disciplina y un

orden perfectos».

Parecen, pues, estar todos satisfechos, pero el propio ministro de Defensa

abrigaba sus dudas. Azaña habla de ellas, en las que participaba además, al

decir, con Prieto: «Si con todos los elementos ´que se han acumulado para la

operación, ésta fracasa, si no se logra un buen éxito, éste ya no podrá

obtenerse en parte alguna». Entonces, habría llegado el caso de emprender una

política distinta, con vistas a una paz concertada. «Lo difícil —anota Azafia—

lo Imposible, es decirle a la gente desde el Gobierno que la guerra se va a

perder.»

Pero la suerte estaba echada.

Dentro de la urgencia que demandaba la ayuda al Norte, la proyectada

infiltración sobre Brúñete fue preparada con meticulosidad, al menos en lo

tocante a la División de Lister. En efecto, los hombres del Batallón Especial,

en combinación con gentes del país, pasaron y repasaron de noche las líneas

enemigas adquiriendo preciosos informes que permitieron que, el día 5 de julio,

los Jefes y oficiales de cada unidad conocieran exactamente el itinerario que se

debía seguir.

Aquel día la División vivaqueaba por los montes del Valdemo-rillo. Debía de

hacer el fuerte calor del lugar y del tiempo y por eso cuando a las doce de la

noche las gentes de Lister emprendieron su caminata, tras la de «El Campesino»,

es seguro que les pesaba el equipo.

Descendieron de los bosquecl-llos, bajaron a la cañada de los Montes del Duque y

luego siguieron a la Izquierda por el camino de la Hoya Espesa, cruzando la

carretera de Quijorna a Villanueva de la Cañada.

Iba en cabeza la IX Brigada, de Pando, seguida de la C y cerrando la marcha

la´veterana I.

Al hablar de esta sigilosa marcha en la noche, de varios miles de soldados,

creemos inútil todo énfasis declamatorio. Optimismo general de aquéllos. Habían

sido ´bien aleccionados por los comisarios y habían oído, quizá, la arenga de

Prieto; nada sabían, en cambio, de los temores de éste y de su amigo, el

Presidente de la República.

Caminata silenciosa, en espera de un triunfo que luego no llegaría y que

costaría la vida a un 60 ppr ciento de aquellos hombres. -Muchos de ellos ya no

volverían a repasar el camino de la Hoya Espesa y la cañada de los Montes del

Duque. Sí, toda evocación literaria de esa -marcha hacia el triunfo o ´hacia la

muerte es vulgar; como vulgar resultan las concesiones a lo fácil.

Cuando aquella larga serpiente humana llegó a 500 metros de Brúñete, la ´IX

Brigada lo rebasó por la izquierda (Este), la C por la derecha (Oeste), en tanto

que la I quedaba a 300 metros del pueblo. Eran las seis de la mañana y hasta

entonces el silencio no había sido roto por nadie. Seguidamente, dos batallones

de la Brigada C se revolvieron sobre el pueblo, embistiéndolo desde el Sur, esto

es, desde su

propia retaguardia. Líster dice textualmente: «A las 6 de la mañana, dos

batallones de la Brigada C atacaban Brúñete de revés, mientras la IX Brigada

seguía avanzando hacia el paso sobre el río Guadarrama y los otros dos

batallones de la C continuaban ´hacia Sevilla la Nueva y Navalcarnero».

Brúñete, ocupado

La lucha era desigual, pero, a pesar de todo, hubo quien resistió en Brúñete, Se

ha dicho, Insistentemente, por unos y otros, de este bando o de aquél, que el

pueblo fue ganado Inmediatamente, pero el parte dado por el jefe del V Cuerpo no

ofrece demasiadas dudas: según él, Brúñete quedó ocupado «hacia las once horas

treinta minutos». Cinco horas y pico de pausa, de rodear tal o cual edificio,

quizá la iglesia, donde algunos hombres se dispusieron a morir, nos dan la pista

de esos héroes desconocidos, de los que nadie sabe nada, de los que quizá no se

conozca nunca su nombre; pero que ahí están.

€1 énfasis de Líster al ´hablar de los frutos de la captura es prácticamente

ilusorio; ¡decenas de muertos, 250 prisioneros, tres piezas «antitanque», 8

ametralladoras, 400 fusiles, 12 fusiles ametralladores...! Más la comunicación

entre el comandante Vifials y el teniente coronel Pérez Gazzola, ambos del

Estado Mayor de Madrid, comunicación que ¡hemos podido ver, se alza demasiado

tajante: 60 prisioneros y nada más. Y entre ellos, dos mujeres jóvenes, las

señoritas Luisa y Carmen Larios, del puesto sanitario local, que, tras recibir

un trato .considerado, serían luego canjeadas.

El 6 de junio, día clave de la batalla de Brúñete

Ltster ha recibido una orden clarísima: en cuanto esté rodeado Brúñete, y sin

esperar su ocupación, deberán sus fuerzas seguir adelante por la carretera de

Villaviciosa, para formar una cabeza de puente sobre el río Guadarrama. La

consecución de este objetivo, que hubiera creado una situación dificilísima en

el campo nacional, era cuestión, puede decirse, de vida o muerte. ¿Por qué no se

consiguió? Aquí está la clave de toda la batalla.

Al estudiarla nos encontramos con una serie de hechos materiales y de traumas

psicológicos, todos los cuales, reunidos, van a decidir, a la larga, la lucha.

El primer hecho material es éste: tras el envolvimiento de Brúñete a las seis de

la mañana, se produce una inverosímil detención de las Brigadas de la División

11. Puede decirse, sin literatura, que los ´hombres de Lis-ter son víctimas del

«demonio malo» de los soldados hijos de una revolución: el afán de requisa. Pues

no hay que pensar, en modo alguno, que la -causa de esa detención de más de

cinco horas dentro del pueblo pudo ser la decisión de unos pocos soldados

nacionales de resistir, según nuestra interpretación del parte oficial del V

Cuerpo.

El episodio no es nuevo y ya antes había esterilizado tal o cual éxito propio,

local y ´momentáneo. (El caso más típico tuvo lugar con rnotlvo del desembarco

en Porto Cristo, en Mallorca, donde las fuerzas de Bayo se detuvieron más de

cuatro horas, en una acción de saqueo del pueblo, que dio tiempo a formar un

cordón defensivo por parte de los servicios elementales de vigilancia del

enemigo, alrededor de la diminuta cabeza de puente mallorquína.)

Otro hecho material importante: rodeado Brúñete, surgen al Norte y al Noroeste

unas guarniciones que no se rinden, ni se abaten ante el fuego de las armas o

ante el choque de los carros e infantes. Quljorna, el vértice; Los Llanos,

Villanueva de la Cañada se mantienen firmes; y, según las apariencias,

dispuestos a no bajar la guardia a cualquier precio.

€1 primer trauma psicológico está originado —¡aunque parezca mentira!— por el

mismo hecho del triunfo conseguido. Sí: se han avanzado en una noche diez

kilómetros, se ha ocupado un pueblo, se ha roto la línea enemiga; ante la

División 11 queda el campo abierto, el ancho mundo. Y, sin embargo, ese vacío,

que a otros hubiera inducido a lanzarse valientemente por él, aquí produce

temor. Atrás han quedado, además, aquellas resistencias Inesperadas, como unos

obstáculos con los que nunca se contó. Y hay, finalmente, una confusión

evidente: las unidades se ´han mezclado, los jefes no saben bien a quiénes

tienen en la mano. Aún no se ha ocupado Villanueva de la Cañada y la única vía

logística está cortada: sólo los senderos son caminos.

Queda por narrar otro hecho, el más importante quizá para el resultado final de

la jornada. Pero para hablar de él debemos trasladarnos In mente al frente

madrileño nacional, es decir a los pueblos, caseríos, planas mayores y cuarteles

generales esparcidos por el ancho campo extendido al Sur y Suroeste de Madrid.

En ese pequeño mundo, la noticia de lo ocurrido en Brúñete llega pronto; casi

instantáneamente. «A la madrugada», según el ´libro de Calleja sobre él general

Yagüe. Una pista .más precisa nos la da, sin embargo, el informe del teniente

coronel de la legión don José Alvarez Entrena.

El batallón de La Victoria

Según este jefe, hacia las ocho horas treinta minutos habían llegado a

Villaviclosa de Odón —donde se encontraba— gentes huidas de Brúñete, que,

alocados, contagiaban su pánico a la población civil. Ya a esa hora se habían

dado por el Estado Mayor del I Cuerpo de Ejército (general Yagüe) órdenes

concretas a algunas unidades, repartidas acá y allá, ;las cuales deberían

marchar sobre Brúñete en busca del enemigo, para fijarle sobre -el terreno y

detenerle.

Una de esas unidades es el LXXV batallón del Regimiento salmantino de La

Victoria, que se encuentra en Villaviciosa y está mandado por el comandante don

Alfredo Castro Serrano. El batallón deberá desplegar en la línea del río

Guadarrama, pero Alvarer Entrena decide ponerse al frente del mismo y rebasar

aquella línea, hasta chocar con el enemigo, sacrificando, si fuera preciso, la

unidad, con el fin de dar al Mando el «espacio y tiempo» que le permitan poder

reaccionar debidamente. («Tiempo», esto es, desahogo, posibilidad de mover

unidades y llevarlas al terreno antes de que el contrario consiga decisivos

avances; «espacio», es ¡decir, campo libre y seguro donde puedan des. plegar a

voluntad esas unidades.)

Una cota (la 663) representa una ligerísima eminencia, desde la que se domina

Brúñete y su contorno; no es mucho, pero es algo. Y allí, a poco más de dos

kilómetros del pueblo, el batallón de La Victoria —una pequeña unidad novata—

recibe, hacía las once horas, la primara embestida de las fuerzas de Líster:

carros e Infantes, Estos no se atreven a llegar al choque; aquéllos sí, pero son

rechazados con bombas de mano y botellas de gasolina.

Tal momento es crucial, Por este costado de Brúñete, el frente se fijará sobre

la cota 663, que el enemigo no podrá en adelante rebasar, pese a sus continuos y

desesperados esfuerzos. Fracasado el primero, de que se acaba de hablar,

fracasarán con mayor razón los sucesivos de ese día 6, ya que a las tres de la

tarde se establecerá, a \a Izquierda del batallón, el I Tabor de Regulares de

Melilla, que quedará también a las órdenes de Alvarez Entrena.

A la misma hora, aproximadamente, en que el batallón de La Victoi-ia tapona la

herida de Brúñete por la carretera de Villaviciosa, la I Bandera de la Legión

(comandante Cebriá), partiendo de Chapinería, se situará a unos dos kilómetros

del mismo pueblo, sobre unas posiciones inverosímiles que barren la carretera de

San Martín de Valdeiglesias. Tampoco por aquí la 11 División podrá dar un paso

más,

El tiempo correré, pues, en contra de Líster, cuyas fuerzas, muy numerosas, no

sólo son contenidas Inlclalmente por una bandera y un batallón, según acabamos

de ver, sino que fallan, además, en sus intentos de avanzar según otras

direcciones, paralizadas ante el casi vacío de

unos destacamentos nacionales elementalíslmos.

Se tiene, en efecto, noticias de que carros e infantes ´marcharon en dirección a

Boadilla del Monte, llegando hasta unas alturas que :lo dominan, pero volviendo

grupas frente a la apenas defensa montada por mínimos servicios; y que por la

carretera de Sevilla la Nueva continuó parte de la ´Brigada C, siendo detenida

ante el pueblo por simples patrullas de vigilancia. Luego, esta última carretera

sería bloqueada, hacia las ocho de la noche, por los Tabores V y VI de Melilla,

mandados por el teniente coronel Fernández Cuevas y venidos desde muy lejos —

tierras de La Sagra— precipitadamente; por lo que bien puede decirse que

Navalcarnero —localidad militarmente muy Importante en el frente de Madrid—

estuvo todo un día Indefensa.

Día perdido para Líster, en definitiva. Pero, ¿fue Líster el único y verdadero

culpable de esta´ morosidad?

Sólo muy relativamente, pues si él careció de audacia, en las alturas no la

tenían mayor. Así, a las once de la mañana el general Miaja ordenaba al jefe del

V Cuerpo que se limitase a asegurar la posición de Brúñete, en tanto no cayesen

Quijorna y Villanueva de la Cañada; consignas que se repetfan por la tarde, con

orden expresa de fortificarse en las posiciones conquistadas. Precaución

absurda, que delataba Infundadas aprensiones, temor grande ante un desconocido

enemigo, al que se sobrevaloraba.

Brúñete, batido por la artillería

Brúñete quedó Inmediatamente sin población civil. Ya hemos visto cómo algunos

paisanos consiguieron huir a Vlllavlclosa: quizás otros alcanzaron Sevilla la

Nueva; el resto, con afinidad ideológica muy varia, fue llevado a Madrid.

El pueblo comenzó a tomar un aire nuevo, una fisonomía distinta. La guerra, que

hasta e! 6 de Julio apenas si había resonado allí, pasó a ser ahora el primero y

casi exclusivo actor de esta localidad, ¡borrosa, pero que ya no podría

olvidarse fácilmente.

El fuego caerá sobre ella pronto; primero desde tierra; luego, desde el aire. El

7 ya hay varias baterías nacionales batiéndolo con sus proyectiles. La Iglesia,

las casas comienzan a ser mordidas. Hora tras hora la vida se hará más difícil;

muy pronto, Imposible.

El día 6 la aviación que protege al Ejército republicano de Maniobra es dueña

del aire; pero su superioridad abrumadora durará muy poco tiempo, exactamente

tres días. Según Juan Modesto, Jefe del V Cuerpo, conforme sabemos, ya eí día 7

bombardean los aviones nacionales por dos veces Brúñete. El 8 siguen los

bombardeos, y por la noche se castiga el bosqueclllo próximo, donde tenía que

haber fuerzas, dado que era el único lugar de los alrededores oculto a las

vistas. Y en adelante, los bombardeos diurnos y nocturnos no se interrumpirían.

El infierno de Brúñete: sed, sudor y polvo

Si hemos de hacer caso de lo que se dice de una guerra por quienes no son

actores de ella o no están directamente conectados con los que luchan,

acabaremos teniendo de la misma una visión totalmente errónea. He aquí, -por

ejemplo, lo que Azaña, en sus Memorias, escribe el 15 de Julio con respecto a

esta batalla: «Tanto Negrín como Prieto están contentos con los resultados

obtenidos»; luego, añade eufóricamente: «No hemos tenido excesivas bajas».

Otra cosa pensarán quienes han quedado en Brúñete, déte´-nidos, trocado su papel

de ofensores en el de defensores de la localidad y unos palmos de terreno

alrededor. ¿Qué pueden hacer? Embestir, contraatacar, sin descanso; y es lo qus

hacen.

Los empellones más fuertes de la lucha, y los hombres de uno y otro bando Irán

cayendo. La División 13, nacional (general Barrón), que es la que contiene ai

enemigo alrededor de Brúñete, sufrirá más de 1.700 bajas. Frente a frente, la 11

División republicana perderá el 60 por ciento de sus efectivos,

El 20, Líster pide el relevo de su diezmada unidad y como no recibe una

contestación satisfactoria acude a| puesto de mando general, a la finca Canto

del Pico, término de Torrelodones. Llega a las tres de la tarde. Le recibe Rojo,

que le hace pasar al comedor, donde se encuentran Prieto y Miaja, «delante de

una botella de champagne». Líster habló del 50 por ciento de las bajas ya

sufridas, de «varios casos de combatientes ´que se han vuelto locos», de que

todos necesitan dormir «sin sentir sobre sus cabezas, noche y día, el ruido de

los disparos de los .cañones y de los motores y las bombas de aviación». Prieto

le responde: «Bueno, como esta es una cuestión de militares, yo me voy a echar

una slestecita». Miaja le acopseja a ¡Líster que vaya a ver a Rojo, el cual

acaba prometiéndole el ansiado relevo por la División 14 del anarquista Cipriano

Mera.

El pueblo es una hoguera donde se arroja sin cesar material combustible. Al

íuego de las armas se une el fuego del sol de julio de la meseta. La sed es

implacable; insufrible la tensión moral. Arden los rastrojos, el escaso

arbolado. La desolación se ha instalado allí.

Y los ¡hombres flaquearán. Varias órdenes draconianas lo ates, tiguan. Como la

del 25, de Modesto, en la que se dice: «Dispuesta por mí la instalación de

puestos de ametralladoras en la zona de retaguardia de las posiciones de primera

línea, tienen aquéllos órdenes de hacer fuego contra todo individuo o grupo que,

bajo cualquier´pretexto, trate de abandonar las posiciones».

Ordenes parecidas se prodigan por doquier. Así, el Jefe de la 134 División, que

opera al Este de Brúñete, dirá en un informe al del XVIII Cuerpo de Ejército:

«El mando de la División dio una orden escrita en la que se ordenaba el castigo

Inflexible e inmediato de todo oficial que tuviera un momento de defección»,

Algunas unidades se niegan a combatir; otras desertan o, simplemente, no se

mueven de donde están, pese a todo género ´de conminaciones, La XIII Brigada

Internacional, se subleva y se dirige a Madrid; en e| camino es desarmada por

guardias de Asalto, luego dlsuelta. y al fin reorganizada. No será la única.

De la 11 División no ¡hay noticias concretas de insubordinaciones o desbandadas.

Es seguro que dentro de lo posible debió conservar su cohesión moral, gracias a

la actuación de su jefe, mandos subordinados y "comisarios.

La contraofensiva general

Aceptado el reto, el general Franco lleva primero a la «bolsa» de Brúñete

algunos aviones y dos Divisiones, aún en período de organización, la 105 y la

108, a la vez que las reservas Inmediatas mínimas que ha podido sacar de todos

los sectores del teatro de operaciones del Centro; luego, la Aviación en masa,

dos Brigadas de Navarra (en rigor dos Divisiones), la IV y la V, y buena

cantidad de Artillería,

.

El primer contraataque general, con la vista puesta en el estrangulamiento de la

bolsa y quizá la liquidación de todo el sector de El Escorial, se inicia el 18

de julio. Cinco Divisiones operan: la 13, del general Barrón, por el centro; la

llamada División Provisional, Asensio, y la V Brigada de Navarra (coronel

Sánchez González) por la derecha; la División 150 de Sáenz de Buruaga, y la IV

Brigada de Navarra (coronel Alonso Vega) por la Izquierda. Pero los resultados

son mínimos ante la durísima resistencia de los hombres de la 11 División.

El 24 se limita el alcance de la maniobra, que sólo pretenderá ya destruir al

enemigo y recuperar el pueblo que se ha convertido en símbolo y bandera. De ello

se encargará la División Barrón, organizada a base de dos Brigadas, cada una con

dos Regimientos de tres batallones. De izquierda a derecha despliegan la Brigada

del teniente coronel Coco, con los Regimientos Regalado y Molero, y la del

coronel Rodrigo, .con los Regimientos Alvarez Entrena y Santamaría.

La reconquista: un pueblo en ruinas y su cementerio

El 24 es un día Interminable. Líster está pendiente del relevo prometido y las

Brigadas de Cipriano Mera se encuentran ya en su inmediata retaguardia,

preparadas y alertadas. Es hora ya de dejar el Infierno aquel, tras dieciocho

Jornadas de sangre y fuego: de momento se cuenta con el refuerzo de cuatro

batallones de la 35 División, que manda el soviético «general Walter».

La mañana se alza tan calurosa como las demás y «empieza» pronto, pues a las

seis horas abre su fuego la artillería; a las seis horas cuarenta y cinco

minutos, comienza el bombardeo de la aviación; y a las siete, el movimiento de

los Infantes.

Por la derecha de los Regimientos Alvarez Entrena y Santamaría se lanzan

Impetuosamente al asalto de las posiciones enemigas, desalojando las primeras

trincheras a bayoneta calada. A las nueve horas cuarenta y cinco minutos han

ganado las lomas que dominan de flanco la carretera de Brúñete a Villanueva de

la Cañada; dos horas después, y tras rechazar un duro contraataque, los hombres

de Alvarez Entrena atraviesan la carretera general de Brúñete a Boadllla,

rebasándola 500 metros a vanguardia.

Brúñete ha quedado, pues, en la más Incómoda situación para las fuerzas de

Líster, que, sin embargo, se resisten a abandonarlo. Pero es en vano; en un

Impetuoso avance, el Regimiento Molero consigue, a las once horas cuarenta y

cinco minutos, ocupar el destrozado lugar. Algunas partidas enemigas que

Intentan hacerse fuertes en casas aisladas son abatidas.

Más al Norte del pueblo, y a una distancia de 500 metros, queda el cementerio,

sobre una loma ligeramente destacada, apenas visible de cerca, pero que es

suficiente para que se Instale allí parte de la División 35, mezclada con los

restos de la 11 División y de la 14 de Mera.

La noche del 24 al 25 transcurre en medio de desesperados contraataques,

penetrando por las calles de Brúñete algunos carros, que son rechazados. Esta

lucha se prolonga luego en el día de Santiago, en el que, desde la leve

eminencia del cementerio de Brúñete se hace Imposible la vida a los ocupantes de

Brúñete.

Horas sin fin: ataques y contraataques. Hay que liquidar la resistencia del

cementerio, apoderándose de él como sea. Pero la cosa no resulta nada fácil.

A las tres cuarenta y cinco minutos de la tarde se Inicia una Intensa

preparación de artillería de quince minutos; cinco antes de las cuatro, los

aviones lanzan sus bombas contra el pequeño objetivo. Y a las cuatro se Inicia

un ataque más.

De momento, este ataque es rechazado como los otros, pero de repente, y sin que

nadie lo esperara, el sargento Juan Bejarano del Barco se lanza al frente de una

sección del VI Tabor de Melillla sobre el castigado cementerio, con ímpetu tan

Incontenible que se hace con él, arrastrando al resto de su Tabor y el IV

Batallón de Las Navas.

El momento critico de la batalla de Brúñete

En aquel Instante aparece en el horizonte una formación de aviones nacionales

que se dirigen a bombardear el campo santo, en la creencia de que se encuentra

aún en poder del enemigo. SI arrojan sus bombas puede producirse una verdadera

catástrofe. El momento es gravísimo.

Pero el correcto enlace entre las fuerzas de tierra y aire salva la situación.

«Angustiosas llamadas telefónicas —escribió el teniente coronel López-Muñiz—

ponen en comunicación los puestos de mando, y apremiantes mensajes por radio

cruzan el espacio para advertir a nuestra aviación el cambio que en la situación

se ha producido. Sin duda, desde el aire descubren el avance de nuestras tropas

y los aviones van a descargar sus bombas sobre los bosquecillos del Norte de

´Brúñete.»

El instante crítico se salva así, y aun se supera. Porque tras bombardear los

aviones el bosqueeillo donde se apretujan los que han huido del cementerio y las

fuerzas de la 14 División y de la 11, cae sobre ei mismo el fuego concentrado de

todas las baterías.

Ante el alud de fuego, los hombres se desmandan, no sirviendo para contenerlos

ni el fuego de los propios carros, que salen a su encuentro, ni las patrullas de

caballería que tratan de contenerles, reunirles y ´hacerles volver sobre sus

propios pasos.

Vicente Rojo pintó así eate momento dramático: «La acción de la aviación enemiga

había sido tan dura y eficaz que la tropa sufría en las primeras horas de la

tarde una crisis de moral; las unidades que aún defendían el paso sobre el río

Guadarrama y las que se relevaban en Brúñete dejaban el frente completamente

desguarnecido, replegándose algunas de ellas en franco desorden».

Sí: ess frente, todo el de Brúñete, se ´ha hundido. Ya las noticias que se

tienen a este respecto no pueden ser más terminantes.

Nick Guillain, de las Brigadas Internacionales, ha escrito:

«Marchaba yo a poca velocidad, pues cruzaba a cada instante con convoyes de

ambulancias que parecían llenas de -heridos. En las zanjas, numerosos infantes

se alineaban en una larga fila, sentados, el rostro ensombrecido, como si

estuvieran allí a la fuerza. El calor era africano, el sudor corría -por la cara

formando pequeños surcos en el polvo en ella acumulado. Estaban casi todos

descalzos, con un color terrible. Tenían el aire abatido y desalentado... Bajo

el fuego, los milicianos hormigueaban alocados; la mayor parte de ellos no había

tomado la precaución de tenderse. Por eso, cuando la aviación se alejó, la

carretera apareció sembrada de cadáveres y de heridos y la ambulancia llameaba,

expandiendo una espesa humareda.»

Después..., que es hoy

Sería Inútil que Vicente Rojo ordenara: «Hay que llevar a las fuerzas la

Impresión de que hay que resistir a toda costa, de que todo intento de

desbandada será sancionado con el -mayor rigor». Sería inútil, porque la batalla

de Brúñete ha terminado, por superación de los últimos «quince minutos»

decisivos.

En una mañana clara del invierno madrileño hemos recorrido los campos de

Brúñete, bajando desde las proximidades del vértice Santa Ana, donde Modesto

tuvo su puesto de mando, por la cañada de los Montes del Duque. Los campos,

ateridos, tienen ese Inmenso silencio del frío.

Pasamos por Víllanueva de la Cañada, donde aún quedan unos nidos de

ametralladora de poderosa fábrica de hormigón, y buscamos el bosquecillo del

Norte de Brúñete; pero aquí empiezan nuestras sorpresas. Del bosquecillo sólo

quedan dos o tres encinas solitarias, que se alzan sobre los eriales, destacando

sobre un Brúñete distinto. Queda, sí, el cementerio, con un monolito

conmemorativo a las víctimas de la batalla, pero la silueta de la localidad no

recuerda la antigua.

Todo pueblo español tiene como escudo heráldico auténtico, distinto y propio, la

torre de su iglesia. La de Brúñete era muy modesta, terminada en una -media

naranja vulgar, pero ahora la vemos rematada por un chapitel de pizarra, agudo y

esbelto como una flecha dispuesta a dispararse.

Dentro del pueblo el cambio es imás sensible aún. Se han remozado las -calles,

pero la gran sorpresa nos la da ´la Plaza Mayor, porticada, con los edificios de

noble apariencia pétrea,

Aquí, hacia el mediodía, los viejos, esos Inevitables viejos de todos los

pueblos españoles, toman al sol. Y más allá :la chiquillería, igualmente

Inevitable, juega alborotada.

Hubiéramos querido remover las memorias, pero fracasarnos. Todos los viejos con

los que hablamos recuerdan los años 4a la guerra «en bloque», pero no los veinte

días ´de la ´batalla, porque fueron evacuados a Madrid. Había, sí, un puesto de

socorro, con unas señoritas, y unos soldados que cantaban de -puro aburridos...

Y apenas si pueden decirnos más.

Dentro de unos años estos viejos ya no estarán aquí. Y bien desearíamos que para

entonces la batalla de Brunete fuese, si bien lección perdurable, papel seco de

los archivos, tiempo definitivamente ido.

J.M.M.B.

 

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