Testigo directo. 
 Brunete  :   
 Resistir no es vencer. 
 Historia y Vida.     Página: 31-32. Páginas: 2. Párrafos: 27. 

TESTIGO DIRECTO.

BRUNETE

Resistir no es vencer

INFORMA: Un teniente de la 11 División republicana.

SITUACIÓN: La 11 División, que logra Infiltrarse hasta Brúñete, no consigue

profundizar de acuerdo con su misión, y es desalojada del pueblo el día 24 y

obligada a retroceder profundamente.

CONTENIDO; Ofrece una versión completa de la actuación de la 11 División en

Brúnete,1 tratando de analizar las causas de la falta de profundidad en. el

ataque y sobre todo de las razones que motivaron la aparatosa retirada del día

25. Analiza, finalmente, las bajas de la citada División.

NO, Brúnete no fue para no sotros, los leales a Ja República, una derrota.

´Atacamos y nos contuvieron, eso es todo.

—Pero ustedes pensaban cercar las tropas nacionales que asediaban Madrid (por el

Oeste ¡y por el Sur, y no lo consiguieron.

—Cierto. No lo conseguimos, pero los nacionales habían fallado, poco antas, en

dos intentos análogos en el Jarama y en Guadalajara. ¿¡Cuántas veces se consigue

en la guerra el objetivo propuesto?

—¿Por qué se detuvieron ustedes en Brúñete? ¿Por qué no siguieron?

—Hombre... Ese es un problema complejo. A Brúñete llegamos a las seis de la

mañana. IA las siete y media, el pueblo estaba ocupado. Sabíamos que había poca

gente, pero nos sorprendió la falta de resistencia. Entró en el pueblo la-

Brigada Cien, recientemente constituida, mientras qus la ´Primera esperaba al

Norte, dispuesta a intervenir si era necesario. (La Novena, por su ¡Darte,

desbordó el pueblo por ef Este y se detuvo. El paso siguiente había de ser, como

es sabido, alcanzar el puente ´de la carretera de Villaviciosa; pero este cambio

de frente no podíamos hacerlo con garantía de éxito, hasta que no estuviese

asegurado el flanco derecho. Para ello se mandó un Batallón de la Brigada Cien a

Sevilla la Nueva y Navalcarnero. Mientras se realizaron estos preparativos, la

Brigada Nueve no se movió. Cuando quiso hacerlo se encontró con el enemigo. Hubo

un forcejeo inicial y se llegó a la conclusión de que había que lograr el paso

aplastando la resistencia. Ss lanzó un ataque que no tuvo éxito. Faltaba fuego,

pero la artillería y los tanques estaban en Quijorna, con el «Campesino»,

rebotando una y otra vez contra la resistencia del enemigo. Por la tarde, el

problema se complicó notablemente. Nuestro Batallón de Sevilla la Nueva había

sido rechazado por fuerzas superiores, y, ademas, -moros, que minaron ´pastante

la moral de los recién incorporados reclutas de la Cien Brigada, Por otra parte,

sobre la carretera a San Martín de Valdeiglesias también encontramos enemigos,

cerca de Brúñete; legionarios en este caso. Con estos antecedentes se emplearon

al día siguiente seis Batallones en romper la línea enemiga, pero no fue

bastante; faltaba fuego. El enemigo, para ese día, había recibido refuerzos

considerables, además de artillería. Nos paró, pero ya no porque intervinieran

los santos, como se ha dicho por ahí, sino porque reunieron en un ¡día tanta

gente como la que podíamos dedicar a atacarles, y eso sin tener seguras nuestras

líneas de comunicaciones con la retaguardia, lo qus nos obligaba a mantener en

cualquier caso una fuerte reserva.

—Perdida la oportunidad inicial as llegar al Guadarrama, siguiendo la carretera

de Villa-viciosa, ¿cómo ve usted el problema de la lucha en su sector en los

días siguientes?

—Podemos establecer tres períodos ; ofensiva nuestra, neu/tra-lizaición y

ofensiva enemiga...

«Nuestra ofensiva no puede lanzarse en serio hasta que no recibimos los tanques

que tenía el “Campesino» frente a Quijorna, ya que las dos compañías que habían

de actuar con las dos Divisiones de primera línea —la Once y la Cuarenta y seis—

son dadas a la que opera en el flanco derecho, La artillería la recibimos el día

siete y, el ¡mismo día ocho, montamos un íor-tísimo ataque con seis Batallones.

Insistimos al día siguiente, ya con algunos tanques, y logramos copar una

compañía, pero no abrirnos camino" La resistencia se había endurecido. Según

informaciones muy comprobadas, ´ teníamos enfrente cuatro Batallones en primera

línea y había reservas que serían empleadas. El día diez, y sobre todo el once,

hacemos un gran esfuerzo que sólo logra mejorar nuestra línsa de contacto, pero

no el ansiado paso a VlUIaviciosa.

olía neutralización se extiende a lo largo de dos periodos de tiempo: el

primero, del doce al diecisiete; el segundo, del diecinueve al veintitrés. El

primero de ellos es el resultado de la paralización de nuestro ataque. El

segundo es consecuencia de la detención del primer contraataque general enemigo.

La ofensiva enemiga tiene también dos partes; la parcial, del día dieciocho, que

fue detenida, y la general de los días veinticuatro y veinticinco, que rompió

nuestras líneas.

—¿En qué estado se encontraban sus fuerzas los días que precedieron a los

contraataques nacionales?

—´Nuestros intentos de ruptura los días ocho, nueve, diez y once nos costaron un

importante número de bajas, pero supongo que al enemigo le saldría aún más caro,

Pero el ataque de éste, el día dieciocho, elevó nuestras pérdidas, en números

redondos, a unos cinco mil hombres, aproximadamente, la mitad de los ´efectivos

iniciales de Ja División; la mayor parts muertos, dadas las especiales y duras

condiciones del combate, De esta manera, el día veinticuatro contábamos en

Brúñete con menos de cinco mil hombres de la División, reforzados, con cuatro

Batallones de la División Treinta y cinco .(dos de la Once Brigada Internacional

y dos de la Ciento ocho. Brigada), todos ellos muy mermados en sus efectivos.

—¿Por qué cayó Brunete?

—Brúñete cayó por desbordamiento. El día dieciocho habíamos perdido una posición

esencial para su defensa, un cerro que se eleva como a dos kilómetros al Este,

cota seiscientos se-´ santa. Con esta altura como base de partida, y

aprovechando que la Dieciséis Brigada Mixta, que estaba a nuestra izquierda,

retrocedió, el enemigo avanzó profundamente en nuestro flanco Este con evidente

peligro de embolsarnos. -Centramos entonces la defensa un poco más al Norte,

sobre el cementerio y Brúñete, y sus ruinas cambiaron varias veces de manos,

para acabar por la noche en las d«l enemigo.

—Se ha hablado de que la Catorce División, (formada poco antes con las Brigadas

Setenta y Noventa y ocho, había de relevar a la Once en sus posiciones. ¿Por qué

no sucedió así?

—El porqué, no lo sé. Lo que sí -puedo afirmar es que el relevo ¡había sido

prometido a nuestro jefe por el general Miaja, que mandaba el Ejército de

Maniobra. Parees ser que se quería relevar a las dos Divisiones de primera línea

por las dos de re-seriva formadas durante la ´batalla. La División de «El

Campesino», la Cuarenta y seis, fue relevada, en eíecto, por la División Duran

en la noche del día veintidós. La Catorce tenía que relevar a la nuestra en la

noche del veinticuatro, pero «1 ataque enemigo lo impidió.

—¿Cree usted que las cosas hubieran ocurrido de otra manera si la Once División

hubiera sido relevada a tiempo?

—Es imposible saberlo, pero no cabe duda de ´que donde se metió gente nueva, en

el sector de Quijorna, no logró nada el enemigo. Claro que en nuestro flanco

izquierdo se vino abajo la Dieciséis Brigada, y por ese boquete se hubiera

podido también derrumbar la Catorce, como se derrumbó Ja Once.

—¿Por qué no fue efectivo el contrataque de la Catorce División?

—En el contrataque de la Catorce División hay que distinguir dos partes. En la

rorimera, obtuvo cierto éxito, que impidió que el avance enemigo, desde el

Guadarrama, llegara a desbordar Villanueva de la Cañada. En la segunda, se vio

contenida por las fuerzas de la Trece División enemiga, que avanzaba rápidamente

a lo largo de la carretera al pueblo citado. Fue entonces cuando la Catorce en

masa se acogió al abrigo del bosque al norte de Brúñete, bien para establecer

una línea defensiva, bien para realizar un nuevo contraataque de conjunto. Pero

la aviación enemiga se dio cuenta de su situación y la aplastó materialmente con

una serie de bombardeos durísimos.

¿´Es cierto, como se ha dicho, que hubo pánico, que las unidades huían en masa

hacia la retaguardia, que sólo mediante el enérgico empleo de tropas blindadas y

de caballería se pudo contener la retirada?

—Sí, es cierto... La Catorce, agobiada raor un bombardeo que duró varias horas y

arrasó la zona en que se encontraba, abandonó desordenadamente la línea y se

dirigió a retaguardia. La Once, reducida a poco más de un cuarto de sus

efectivos, hizo lo que pudo raara conservar sus posiciones sobre la loma del

cementerio, pero la huida de los otros la obligó a replegarse hacia el Norte

para ocupar y perfeccionar unas fortificaciones en las inmediaciones de Villa-

nueva de la Cañada. El ataque enemigo, una vez más, fue contenido por los

hombres de la Once en la zona de mayor peligro y a pesar de que el Dieciocho

Cuerpo de Ejército se había derrumbado en nuestro flanco izquierdo, y la Catorce

División en nuestra retaguardia.

—¿Podría darnos. una idea más -concreta de las bajas sufridas por la División en

los veinte días de lucha en Brúñete?

—Hablar de baljas es siempre difícil... En el caso de esta batalla lo es aún

más, porque hubo un momento en el que todo falló y ni siquiera pudo atenderse a

su recogida y" clasificación. No faltaron los desertores, hubo prisioneros y los

enfermos igualaron en numero a los heridos. Entre los enfermos hubo casos

patéticos de trastornos psíquicos como consecuencia de la terrible tensión

nerviosa de aquellos inolvidables veinte días. También las enfermedades

gastrointestinales dieron un elevado número de bajas.

Había hombres que se vaciaban literalmente en una colitis imposible de cortar,

»En estas condiciones, el número total de bajas, según las más optimistas

apreciaciones, se elevó a seis mil al final de la batalla. Para una fuerza de

diez mil hombres, como me parece que ya he indicado, el número parece quizá

excesivo, pero, a poco que reflexionemos sabré datos oficiales, de garantía

probada, esta cifra (¡seis mil bajas de diez mil hombres!), quizá resulte

optimista.

»Los datos a que me refiero están tomados de los partes diaríos de la Sanidad

del Ejército de Maniobra y arrojan un total, entre las tres Brigadas (Una, Nueve

y Cien), de dos mil quinientos cuarenta y siete bajas, según detalle que le

adjunto.

»E1 total de bajas es, pues, de dos mil quinientos cuarenta y siete. Ahora bien,

si estimamos que el número de enfermos era casi tan grande como el de heridos,

podemos calcular, por bajo, dos mil enfermos. Si por otro lado tenemos en cuenta

que, según el propio jefe de División, Líster, la mayor parte de las bajas eran

muertos, no parece aventurado cifrar el número de éstos en dos o tres mil;

digamos dos mil. Si a esto, finalmente, unimos un porcentaje pequeño, del orden

de .un diez por ciento, entre huidos del frente, desertores y prisioneros, nos

quedamos en definitiva con el terrible hecho de que la Oncs División sufrió

pérdidas superiores al setenta y cinco por ciento de sus efectivos. Es decir,

que fue materialmente destrozada.

»De lo que si tenemos datos, que parecen exactos por proceder del mismo Líster,

es de las pérdidas de jefes y oficiales, y éstas sí que no dejan ningún

resquicio a la esperanza de que los cálculos hechos sean exagerados. Los datos

son los siguientes : siete en el Estado Mayor ;di-visionario; cinco en el

escuadron de Caballería; veintitrés en´ el Batallón Especial; cinco en la

Sección´-de Antitanques; doscientos dos en la Primera Brigada; ciento sesenta y

ocho en la Novena; doscientos seis en la Cien, y más de cuarenta comisarios.

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