Autor: Massip Izábal, José María. 
 30 años escondido. 
 Un libro sobre el ex-Alcalde de Mijas     
 
 ABC.    05/09/1972.  Página: 9-11, 13. Páginas: 4. Párrafos: 13. 

ABC

REPORTAJE

Este es don Manuel Cortés, alcalde socialista de Mijas (Málaga) en tiempos de la

República

que vivió escondido durante treinta años, desde 1939, cuando acabó la guerra

civil, hasta 1969, al promulgarse el decreto final de amnistía general. Un

periodista inglés, Ronald Fraser, narra en un libro la larga vida secreta del ex

alcalde, después de conversar exhaustivamente con el protagonista.

José María Massip hace hoy en estas páginas una magnifica síntesis de los

«treinta años de no-vida» del señor Cortés.

Para cambiar de casa tuvo que disfrazarse de vieja. Durante el día permanecía

sentado en una silla de niño en un agujero hecho en la pared.

El señor Manuel Cortés, natural de Mi jas, provincia de Málaga, tenía mala

dentadura y no podía hacer lo que casi todo el mundo, que es ir al dentista.

No lo podía hacer. Y no porque en su casa faltara on modesto ahorro para ir a

Málaga a hacerse curar la boca. No lo podía hacer porque legalmente el señor

Cortés no existía, porque «no estaba» ni en su casa ni en Mijas, y he aquí,

contado por él mismo, lo que sucedía cuando las muelas lo martirizaban:

«Lo que me torturaba eran los dientes. ¡Los que me he arrancado con los años!

Con los dedos. En cuanto me dolían sabiá que la única cura era la extracción.

Con una aspirina o algo adormecía el dolor y me sentaba delante de un espejo y

agarraba fuerte el diente mato y empezaba, tras-tras-tras. Era cuestión de

moverlo de un lado para otro, cogiéndolo bien. Algunas veces estaba ya un poco

suelto y esto ayudaba.

Con los molares era más difícil. No se movían y yo pasaba días intentándolo,

zas-zas-zas, y poco a poco sentía cómo se soltaban. SI el dolor era demasiado

vivo lo dejaba y al día siguiente empezaba de nuevo. Hay que tener paciencia, y

siempre conseguí la extracción. La encía sangraba mucho y ío remediaba con

peróxido y lavándome la boca con vino blanco... Cuando es necesario podéis hacer

cualquier cosa.»

TREINTA AÑOS DE NO-VIDA

El señor Manuel Cortés, que natía sido alcalde socialista del pueblo de Mitas

dorante la República y que habla vivido escondida en tres cacas durante treinta

años —30 años—, desde 1939, cuando acabó la guerra civil, basta 1969. al

promulgarse el decreto final de amnistía general para cuantos republicanos

habian milicianO en la tragedia española. El señor Manuel Cortés se acuerda muy

bien de aquel dia crucial en sus treinta años de no—vida. «Era el 28 de marzo,

1969, un viernes, el día en que se reunía el Gabinete en Madrid. Como siempre,

puse mi radio a las noticias de las diez. Aparte de los programas flamencos, las

noticias era lo que escuchaba en la Radio Nacional. Aquella noche, como siempre,

el ministro de Información y Turismo, Fraga Iribarne, anunció los acuerdos del

Gabinete. Entre éstos dijo que el Jefe del Estado y el Gobierno habían aprobado

un decreto amnistiando a todos los culpables o presuntos culpables del periodo

de la guerra civil, desde el 18 de julio de 1938 a1 primero de abril de 1939. No

cogí las palabras exactas, pero si lo entendí yo. Era verdad, ya no podían

nacerme nada, pero tenia que leerlo con mis propios ojos en la «Gaceta Oficial»

antes de creerlos Aquella noche, el agitado ex alcalde de Mijas bajó de su

habitación del primer piso, donde tenia el aparato de radio, y dijo a Juliana,

su mujer, que hacia la cena: «Quiero conocer el texto completo del decreto;

mira, si puede» encontrar la «Gaceta»; habla coa el portero del Ayuntamiento,

que es amigo mió, y él te lo arreglara. Que te preste la «Gaceta» o, por lo

menos, que te lea el decreta, y tú me lo cuentas...»

DE LOS AÑOS ESCUÁLIDOS DEL SPARTO O LA EXPLOSIÓN TURÍSTICA

La extraordinaria historia de la vida secreta de Manuel Cortés ha sido contada

por un periodista inglés, Ronald Fraser, en un libro publicada por una editorial

norteamericana, titulado «In Hiding" (*), basado en largas y espontaneas

conversaciones, grabadas en dota electrónica, con el ex alcalde de Mijás, su

esposa, Juliana, y su hija, María, protagonistas de un drama humano único,

politico y generacional, de treinta años de duración, vivido en el secretismo,

el silencio, el miedo y la esperanza después del último disparo de la guerra

civil, dentro de un pequeño pueblo malagueño, Mijas, inmediato a Fuengirola, que

iba a vivir, al paso del tiempo, la explosión turística de la Costa del Sol

saltando de los anos escuálidos del esparto y los senderos de cabras, a las

autopistas y los hoteles y las fincas de los nuevos ricos de una sociedad

consumista, inimaginable para el barberillo socialista de los anos de la

República y el partido socialista y la militancia honrada en la Casa del Pueblo

y el sillón en la precaria Alcaldía de Mijas en tiempos del Frente Popular.

Arthur Miller, el dramaturgo, ha comentado este libro y ha dicho, con rasón, que

es como un mensaje intacto dentro de una botella entre los despojos de la playa

de la Historia, y mucho hay de ello en esta crónica de los treinta años de la

existencia secreta del señor Manuel Cortés y su familia, en un pueblo andaluz.

Con buen sentido, el periodista, que conoce bien España, no ha sacado nada de

quicio ni ha tratado de establecer conclusiones.Transcribe fielmente las

conversaciones tenidas con Manuel. Juliana y la hija. María, sólo entrevista por

su padre, de pequeña, por el ojo de la cerradura de un cuartucho ignorado a la

entrada del mesón y barbería de su padre. Ta en el secreto, al paso de los años

y en otra casa, otro escondrijo, el padre vto crecer a la hija, de nina a

adolescente y luego de casada, esposa, madre, y gozando de noche, con las

puertas de la calle seguras, de la alegría de dos nietas, las nuevas vidas en su

vida de recluso. Esto y el bravo fuerte de Juliana, su mujer. y sus antiguas

convicciones socialistas, vivas corno en, la juventud, lo sostuvieron en el

crepúsculo de los años. «Soy un viejo que ha salvado su cabeza», dice Cortés al

periodista. «He terminado, la lucha ya no es la mia. No tengo mucha salud, me

quedan ocho o diez años de vida. Aun y asi no he perdido nunca la fe en la

posibilidad de un mundo mejor, la misma fe que me llevó de joven al movimiento

socialista, pero, ¿quedará aquella íe nuestra si no hay nadie que la siga cuando

hayamos muerto? ¿Por qué los sufrimientos de treinta años?»

ABC

REPORTAJE

«Tuve suerte en Tener una mujer y una hija, sin las cuales no habría

sobrevivido»

AQUÍ NO VAIS A FUSILAR A NADIE

La historia del señor Manuel Cortés es increíble. Cuando las fuerzas nacionales

toman Málaga y avanzan hacia Estepona, el alcalde socialista de Mijas, empujado

por su mujer, que no cree en política, abandona el pueblo porque comprende que

todo está, perdida. Es un hombre de ideas, orden y administración, de la vieja

escuela de Pablo Iglesias, que desde la victoria del Frente Popular ha tenido

que pelear con los extremistas del anarquismo que envían desde los pueblos

vecinos patrullas para ejecutar a los «fascistas» y requisar sus tierras. El

alcalde, con un rígido criterio legalista, se opone a los «exaltados» con todas

sus débiles fuerzas. Un día aparece en Mujas una patrulla armada de la F. A. I.

y el alcalde va, se encara con los hombres, que traen una lista de veinte

personas, y les dice, mirándoles a la cara.: «Aquí no vais a fusilar a nadie y

os doy diez minutos para que abandonéis el pueblo. Iros a la carretera y no

volváis. Si queréis matar "fascistas» ir al frente, a las trincheras, y podréis

hacerlo cara a cara, uno frente al otro. ¡Fuera!» La patrulla se fue, pero la

tragedia persistió y se envenenó. Un día el señor Cortés fue a Madrid —su primer

viaje a la capital—y cuenta su desengaño ante la lejana frialdad de uno de sus

ídolos, Largo Caballero, a quien llevaba una cestilla de pasas de Málaga. Al

regreso se encuentra con que su teniente de alcalde, otro «exaltado», ha

encarcelado a setenta personas de derechas y las ha concentrado en el patio del

Ayuntamiento. Cortés las pone en libertad y sale a su frente, apartando a

empujones ai populacho que se habla reunido en la plaza. Otro día le asaltaban

la iglesia y el alcalde fue, apagó los fuegos, salvó lo que pudo del asalto, lo

almacenó en un desván del Municipio y su sucesor falangista encontró todo lo que

Cortés había guardado. Cuando los forasteros fueron a por los cuatro números de

la Guardia Civil del cuartelillo de Mijas, el alcalde, bajo su responsabilidad

personal, sin autorización de la superioridad, les ordenó que se marchasen,

armados, a Málaga.

Al abandonar Mijas se fue a Almería, donde se empleo de barbero, y después a

Barcelona y, al ser llamada su quinta, en octubre del 37, se incorpora en

Valencia al Cuerpo de Carabineros, batallón 19, que era entonces una fuerza del

partido organizada por Negrin, presidente del Gobierno, y participa en aquel

durísimo invierno en la toma de Teruel, reconquistado poco después por los

nacionales. Caen Bilbao y Asturias, que Cortés creía inexpugnables; las tropas

nacionales avanzan hacia el Mediterráneo y la situación lleva al carabinero

Cortés a pensar que la guerra se ha perdido. No era una hoja llevada por el

huracán. Era un hombre modesto, inteligente, informado, y de convicciones, que

veía clara la situación en el escenario ensangrentado de su patria. Cae

Barcelona y en marzo «sucede la traición del coronel Casado, comandante del

Ejército del Centro...; y Besteiro se incorpora a la Junta y me quedé

sorprendido y desilusionado por ello porque, como siempre, había actuado como

demócrata, de buena fe, pero se había equivocado al ceder.» Cuando se anunció la

caída de Madrid, un oficial reunió a los carabineros del batallón de .Cortés,

que tenia entonces treinta y cuatro" años, y les dijo: «Todo ha terminado.

Podéis regresar a vuestros pueblos o a donde queráis.» Y asi, cuenta el ex

alcalde de Mijas, nos desbandamos, y una noche del día 16 de abril de aquel año,

Manuel, solo en Málaga, desmoralizado, hambriento, solitario, perdido, echa a

andar a campo traviesa y se presenta en la casa de su padre, el barbero, en

Mijas.

"TE ESCONDEREMOS HASTA EN EL POZO SI ES NECESARIO"

Llevaba dos años fuera. Su mujer, Juliana, cuenta aquella noche del regreso de

Manuel en las sombras. «Su rostro—dice— estaba lívido de fatiga. "¿Por qué has

vuelto?" Pensé que iba a enloquecer. Me hubiera alegrado saberle en el

extranjero, donde yo me hubiera reunido con él, tarde o temprano, o esconderle

en Málaga, pero mis hermanos no querían esta responsabilidad...Asi nos

hubiéramos ahorrado estos treinta años de purgatorio, y esto está pronto

dicho... Mi marido no tiene prudencian El ex carabinero Cortés no se presentó a

la autoridad, como había pensado. Habia antecedentes. Juliana se los contó

aterrada, porque.conocía algunos. "Te esconderemos basta en el pozo si es

necesario», dijo su padre. Rompieron un tabique, hicieron un agujero de entrada

en lo que había sido una apertura en la pared maestra, algo asi como un armario,

y allí escondieron al señor Cortés, que tenía que mantenerse sentado e inmóvil

de día en una silla de criatura, detrás de una gran estampa religiosa que cubría

la boca del escondrijo. La gente entraba y salla, hubo registros, la Guardia

Civil apareció varias veces y todos pasaban por delante del cuadro religioso

detrás del cual se encontraba Cortés en espera de la noche y el cierre de las

puertas para salir, moverse, comer y acostarse, como en una pesadilla

inacabable.

Hubiese querido más hijos, tres, un niño en particular.... pero en. nuestro caso

hubiera sido un escándalo un embarazo de mi mujer y, además, peligroso para

mí...»

«Ya no podían hacerme nada, pero tenía que leerlo en la "Gaceta Oficial" antes

de creerlo»

"SIN MI MUJER Y MI HIJA NO HABRIA SOBREVIVIDO"

¿Cómo vivir? Lo resolvió Juliana, que tenía espíritu comercial y un gran

carácter. Ir a las casas de campo del entorno, comprar los huevos y venderlos en

Málaga, a donde algunas veces hubo que hacer el camino a pie y de noche. Los

huevos proporcionaron a la esposa los primeros, modestos ingresos. Después, el

esparto, comprado a tos hombres que iban a la sierra y revendido a los

comerciantes malagueños. Hubo que cambiar de casa, porque el agujero del mesón

del padre era imposible. Se alquiló la del número cinco de la misma calle, y

Manuel tuvo que salir una madrugada lluviosa detrás de su mujer, disfrazado de

vieja, a trancas por la acera mojada. Por fortuna no había nadie en la calle. En

el número cinco, diez años más, con mas libertad de movimiento, porque estaban

solos Manuel, Juliana y María, la hija, que estaba ya en el mortal secreto de la

familia. Los negocios de Juliana, mujer formidable, prosperaron. Del esparto a

los tejidos, que le vendía a crédito un comerciante catalán establecido en

Málaga, y con los ahorros la adquisición, por fin, de una casa propia en el

número 11 de la misma calle de Mijas, ya con un cuarto propio arriba para el

marido, que empaquetaba el esparto y llevaba la cuentas del negocio, a salvo de

indiscreciones y vecinos; con una radio y, finalmente, con televisión, una de

las primeras del pueblo, además de las instaladas ya en las tabernas y cafés.

Las ve-ciñas acudían y había que alejarlas.. «María, mi hija, tiene dolor de

cabeza y se ha acostado ya» o «La tengo estropeada y llamaré a un mecánico»,

todo esto. El novio de María, Silvestre, un muchacha honrado, fue una cruz para

el señor Cortés. Acudía a casa a las diez y se sentaba en silencio hasta

medianoche al lado de la hija, viendo la televisión, y el padre tenía que

estarse arriba rabiando, conteniendo sus toses, disimulando sus pasos, sin ver

sus corrida; de toros o sus carreras de bicicletas. Nadie, por consejo de

Juliana, se confió en u´, novio, hasta el día de la boda. Aquel día María contó

a su joven marido el secreto de su padre en la casa, y no hubo ningún problema

porque Silvestre había ya sospechado, algo raro una noche en que el señor Cortés

tropezó arriba con el brasero y produjo el estruendo que nadie supo explicar. El

gato, acaso...

Treinta años en la vida no-vida del señor Manuel Cortés y su familia. ¿Como se

desarrollaron en la intimidad del matrimonio? «Entre los treinta y los cincuenta

hay los mejores años en la vida de un hombre. Antes no está formado y después

empieza a ir cuesta abajo. Tuve suerte en tener una buena mujer y una hija, sin

las cuales no habría sobrevivido. La familia es siempre impórtante pero para un

hombre escondido lo es más aún. Cuando sois libres amáis a vuestra familia,

naturalmente, pero no es lo mismo porque yo dependía completamente de ella.

Cuando las cosas iban bien, bueno, pero cuando estaban ansiosas y tensas, ello

repercutía en mí. A veces me sentía como una criatura en la casa, a veces

cuidada, otras no.

COMO UN ESPECTRO DEL PASADO

El hombre es el jefe de la familia, pero en nuestro caso era al revés; era y

tenia que ser por necesidad mi mujer y esto me afectaba, especialmente en los

primeros años. Aunque no he sido nunca uno de esos tipos patriarcales que no dan

libertad a sus mujeres, tengo mi dignidad y orgullo de hombre... Cuando

abandonamos la casa de mi padre, en la nuestra, con mi mujer, pude reanudar una

vida normal. Todas las noches dormía en mi cama con mi mujer...

El señor Cortés, en su desventura, exiliado del mundo de Mijas y de España, lo

había pensado casi todo, con su criterio metódico de buen socialista honrado y

democrático, que le hada, exclamar al nuevo alcalde de Mijas cuando, después del

decreto de amnistía, se le presentó como un espectro del pasado: «En su casa

todo este tiempo. ¡Treinta años de vivir escondido por nada más que una ldea!"

Una idea, si. Puede tener mucha fuerza en el espíritu de un hombre de ideas

simples, modestas y maduradas, fuertes y persistentes, un barbero de Mijas que

había soñado en una vida mejor para la sociedad de sus semejantes en el pueblo

blanco y pobre de 1936, antes de la oleada de la Costa el Sol.

Serla improcedente ahora, ante la historia del señor Manuel Cortés, sobriamente

explicada en el libro de Ronald Fraser, proclamar las altas virtudes de la raza.

No es esto; Leyendo «In Hiding» no se sabe si reír o llorar. Aquí no hay más que

sufrimiento, miedo y angustia, por fortuna superados en su liberación de hoy. El

señor Cortés anduvo en sandalias, por no hacer ruido en sus escondrijos, durante

treinta años, y cuando tuvo que ir a Málaga a presentarse al comandante de la

Guardia Civil se puso zapatos y sus pies resbalaban por las aceras y tenia que

apoyarse en el brazo de su mujer, Juliana, la Juana da Arco de su larga noche

del miedo y la esperanza.

José Maria MASSIP-.

 

< Volver