Autor: Lago, Julián. 
 Pío Cabanillas:. 
 "Suárez sabe más que Franco"     
 
 Interviú.    08/11/1979.  Página: 6-8. Páginas: 3. Párrafos: 96. 

PIO CABANILLAS :"Suarez sabe más que Fraga"

«El estatuto gallego está a la altura política del catalán y del vasco»

Por JULIÁN LAGO Fotos: GERMÁN GALLEGO

—Asi que no eres un político peligroso.

—A la gente le gusta que la vida de los políticos, como la de los santos, sea breve, y cuando uno persiste

pues entonces las críticas son más continuadas y exacerbadas. ¿Peligroso?... No, no; quizás es que tengo

grandes dosis de paciencia.

—¿Y a qué esperas ahora? ¿Por qué estás ahí medio agazapado?

—No estoy medio agazapado, no. Esa postura siempre resulta incómoda, y mucho más cuando se es tan

pequeño como yo.

¿Lo ven? Nada o casi nada altera su flema celta («Cabrearse es un codazo») y es, por lo que se deduce,

uno de los pocos especímenes de nuestra fauna política que no ha perdido el sentido del humor. A pesar,

eso sí, de que sin embargo haya perdido una cartera ministerial en dos ocasiones: la primera, la de

Información y Turismo, bajo el franquismo; la segunda, la -de Cultura, ya bajo la égida de Suárez. Es Pío,

por supuesto, el ex Pió Cabanillas, diputado ucedeo por Orense y miembro de la ponencia encargada de la

redacción del Estatuto gallego. Imagínenselo ustedes, si les parece: pequeño, efectivamente; la cara,

redonda, casi geométricamente; la nariz, afilada; el pelo ondulado y algo cano; la boca, diminuta; y los

ojos, también reducidos, pero inquisitivos. Unos ojos, después de todo, que aparecen especialmente

cansinos y cargados de sueño atrasado este mediodía, 31 de octubre, en que po cas horas antes

(concretamente a la una y media de la madrugada) ha quedado dictaminado el Estatuto de Autonomía

para Galicia.

— ¿Has oído a Fraga?

-Sí, sí.

—Dice que es un estatuto, no de segunda, sino de tercera división.

—Fraga», yo no sé si entiende mucho de fútbol, pero desde luego en esto se equivoca. Este estatuto es,

sin duda, un estatuto que no era ni soñado por Galicia, que no se debe retocar; que modificarle en te comi-

sión a la que habrá de pasar con algún tipo de correctivo sería un grave error; que es el mejor estatuto que

se ha podido desear; que es increíble; y que, bueno, no se lo podrían creer algunas de las personas que

lucharon por conseguir el estatuto del 36.

—¿Lo consideras incluso más avanzado que el proyecto de la República?

—No sé si avanzado; pero es absolutamente mejor, superior en funciones, en importancia, en dimensión

y, también, en técnica. El estatuto gallego, tal como ha quedado, no es de tercera división y está, en

cuanto a techo político, a la altura del catalán y del vasco.

—Pero sin competencias, ¿no?

—Eso es falso.

—Ha salido en los periódicos.

—Es falso, porque las competencias están claramente definidas en los artículos 22, 23 y 24. Lo que ha

desaparecido, afortunadamente, y espero que no se defienda luego en la comisión, ha sido el apartado IV

del artículo 32 en el que se reconocía que todas las competencias eran del Estado y ninguna de la co-

munidad autónoma.

—¿Pero esa tesis no la defendiste tú?

-No, no. Yo defendí la sustitución de este texto por otro distinto y totalmente aceptable.

—Un texto que quería colar la Moncloa a través de ti.

—No, y es que ha habido una tergiversación de los hechos que conviene aclarar. En el partido del

Gobierno habia quienes, efectivamente, tenían b idea de controlar bu competencias de la comunidad

autónoma gallega por vía parlamentaria, a través de una deposición transitoria. Pues bien, cuando tal

propósito trascendió, no sólo a te acedé gallega, sino también a las áreas socialistas, hubo una fuerte

reacción porque eso suponía delimitar te autonomía gallega. Entonces yo redacté, de mi puño y tetra, un

texto alternativo, en base a las ideas del catalán Roca y a te aportación de Mellan Gil, y delante del

socialista Martín Toval Por tanto, dificilmente aquel texto, que luego fue rechazado, podía haber saldo de

te Moncloa; aunque, eso sí, se le leyó, concretamente, a Pérez LLorca, por teléfono. O sea que nú postura

ha sido bien clara en todo momento.

—Pues eso no casa, Pío.

—¿Con qué no casa?

—Con la acusación de tu compañero de ucedé, Pardo Montero, en el sentido de que has hecho un doble

juego.

—Me cuesta trabajo crear en esa afirmación, yo no he hecho ningún doble juego, y Pardo Montero sabe

mejor que nadie que he defendido en todo momentp los aspectos mas avanzados y más galleguistas que

tiene el Estatuto.

—Pero tú eres el más centralista de los ucedeos gallegos.

—Mira» cuando nao se llama Pío, y nene ciertos antecedentes históricos, hay siempre un punto de re-

ferencia facil para los adversarios. No, no soy centralista y...

—Tampoco tienes marchamo de galleguista.

—... yo he estado vinculado al galleguismo, cuando ser galleguista no era nada cómodo. Ahora ser

galleguista está tirado, y no me preocupa. Lo que ocurre es que yo me he dedicado a te politica a nivel

nacional, y no regional, y eso produce, como consecuencia, el reproche inevitable de que no has hecho

galleguisólo. El asunto júzgalo como tú quieras; pero para mi d galleguismo más que una posición

ideológica es el ser consciente de ws nccesnaues de una comunidad, te gallega, y cu esos galleguistas qne

viven solo de decir lo que son y que se aferrana los arreos mentales de nuestra tierra y que son incapaces

de exportarse.

—¿Resulta más práctico ejercer de gallego desde Madrid?

—Hay una dimensión dd gallego que lleva mejorablemente a te idea de te Universidad y que hace que ea

Galicia desconfien de los señores que se quedan en técnicos, eruditos, profesionales y potocos locales.

-¿Y de ti no desconfían? ¿Tú crees que el gallego de a pie se fía de Pío Cabanillas?

—Yo, b verdad, no he hecho nada para que confiasen, porque he sido muy independiente y no me he

sumado a los que han pretendido monopolizar el galleguismo. Sí, en cambio, me na paree MIÓ oe mas

mterés hacer activa b presencia de Galicia en las áreas y sectores en que me he movido, y eso nadie puede

negármelo, En todos los momentos de mi vida politica, pienso yo, he dejado constancia de mi

galleguismo.

—Un galleguismo que, en todo caso, y perdona, ha estado al servicio de la oligarquía.

—No, no; yo no he estado ni al lado ni al servicio de te oligarquía. Es más, no he mantenido relación con

los oligarcas de Galicia.

—¿No eres amigo de Eulogio Franqueira?

—Franqueira es un señor que era un excepcional maestro de escuela, hace diez o doce años, y que toda su

actual fortuna se te debe a su trabajo y su mtefigencte nada común.

—En Orense es el que lo mangonea todo.

—Mangonea, en Galicia d viejo....una pura expresion verbal; eso es como hablar ahora de te India de los

rajas.

—Sin embargo, en Madrid a ti se te considera el cacique de Galicia.

—No, yo uo soy na cacique ea d viejo sentido de b palabra, porque doy más valor a los comportamíentos

controles dd Poder, y cu esc sentido no creo que uanut pueda decir que haya tenido ea Galicia gestos

—Al actual presidente de te Xunta, Qniroga, lo impones tú, en contra dd viejo Rosón...

- No, yo hicime muchísimo mas para que Rosón continuara como presidente de la Xunta que para que

Qidroga k sucediera.

—Eso no se lo va a creer Rosón.

—Pues qoe se lo crea, porque ha sido así.

—No fue así, Pío.

—¿Que no?

—No, porque Quiroga siempre ha sido un hombre de paja tuyo.

—Eso ao es cierto, Quiroga no es un hombre de paja mío. Es un magnífico presidente de la Xunta, que, al

igual que Rosón, ha soportado k» momentos mis difíciles y duros, que son tos momentos de transición.

Lógicamente, de ahora en adelante, el que sea elegido presidente de la Xunta lo tendrá todo mas a su

favor.

—A lo mejor el próximo eres tú.

—No, no quise serio antes, porque pienso que el presidente de te Xunta ha de reunir condiciones distintas

a las mías, que no ton las idóneas púa el cargo. Yo ahí, sinceramente, no me veo.

—¿Te ves más otra vez de ministro?

—Cuando uno ha pasado por esas etapas, no mira la política como un simple acontecimiento de acceso

a un puesto sino como la subsistencia en una posición, que en mi caso apenas ha variado. Yo ful un señor

abierto cuando no era ficfl ser abierto y ahora, que no es dificil serlo, a veces pienso que debía de echarse

un poco el freno.

—¿Por qué has jugado tan mal en la transición? ¿Por qué tu imagen progresista se ha vuelto, con la

democracia, reaccionaria, conservadora y carca?

—Sencillamente por eso, porque yo no he cambiado casi nada, y un hombre sereno en aquellos tiempos

históricos tenía por fuerza que ser receptivo a los fenómenos de cambio político que indefectiblemente

tenían que producirse.

—Es que ser liberal con el franquismo era sencillo.

—No, no; ser liberal con el franquismo era dincfl, y mis aún mantenerse. Lo que era facil ser liberal en

los cafés y en la* conversaciones de amigos, pero no desde los cargos públicos. Yo fui de los pocos que

se negó a aceptar bu sugerencias del anterior Jefe de Estado cuando era ministro, y por eso me cesó.

—Entonces estabas en candelero.

—Sí, daro; esa actitud ao ero frecuente.

—¿Y por qué pierdes ei protagonismo en ucedé?

—La historia de los varones de ucedé fue la historia de la entrega dd testigo, en su sentido olimpico, y la

promoción de un lider que safio arropado con b estructura de un partido que fue un haflazgo de

denominacion, de posicion, y de ideología compartida y asumida por gran parte de los españoles. Esto a

mí me sobra y me basta como satisfacción, y ese fue el precio que yo y otros como yo pagamos.

—Porque tú tienes mucho que ver con la idea original del centro.

—Sin excesiva vanidad, mucho.

—Incluso le sirves a Suarez la defenestración de Areilza en bandeja.

—No, eso no fue asi.

—¿Cómo fue entonces?

—Ea primer lugar, se crea el Partido Popular, y hay que convencer a Areilza para que entre en ét Tuvimos

una conversación con unos amigos comunes, me parece que eran Eduardo Montero, y Senillosa, y Bofill,

d arquitecto, y entonces hay un momento en que desde d Gobierno se pide b cabeza de Aidza para

convertir d Partido Popular, mejor dicho lo que ya era d Centro Democrático, en lo que luego ha sido la

Unión dd Centro Democrático. Areilza y yo celebramos una larga entrevista con Suarez, y de ella Areilza

safio dubitativo, pero convencido de que b oferta de Suarez era aceptable. Cuarenta y ocho horas después,

y en contra de mi opinión, sht embargo presentó su dimisión.

—Desde entonces ha llovido mucho para los dos.

—Bueno, lo que ha podido llover desde marzo dd 77, o dd 76, no sé.

—Hasta te ha dado tiempo a llegar al poder y a salir de él.

—En un Gobierno como los de ahora, eso de llegar al Poder no está equiparado al hecho de ser ministro.

—¡Ah! ¿Los ministros ya no tienen poder?

—Algunos, en fundón de determinada vinculación, o situación, signen teniendo un poder real mayor o

menor.

—Vamos, que en ucedé el único que manda es Suarez.

—Creo que sí, que, aunque hay otras esferas de Poder complementarias, d que manda de un modo Ine-

quívoco como presidente dd partido y dd Gobierno es Adolfo Suarez,

—¿Más que Franco?

—Esto de los fenómenos comparativos es dificilísimo. Sí, yo creo que Suarez sabe mas que Franco, se

entera mejor de las cosas para mandarlas luego, porque Franco no necesitaba saberlas.

—¿Tiene Suarez muchos tics franquistas?

—Ahí pasa una cosa siempre: cuando se ejercita un poder, b tendencia es referirse miméticamente al

señor que desempeñó d poder de un modo personal. No, yo creo que Suarez tiene mayor elasticidad que

Franco para aparentar que no manda, pero no descartaría que su capacidad de mandar esté muy cerca de b

contundencia dd franquismo.

—Tu cese se lo pensó menos que Franco.

—Hombre, Suarez cesó a ciertas varonías de ucedé en b última crisis no por una causa concreta sino para

que ocupáramos lo que yo llamo tos terrenos de reposo.

—¿Cuándo prevés tú otra nueva crisis de Gobierno?

-No sé.

—El otro día Suarez ha anunciado que no la va a haber.

—Yo pienso que en d fondo Suarez es partidario de hacer una remodelación y al mismo tiempo de no

hacerla.

—Ni que fuera gallego.

—Su abuelo, creo, era gallego. Ahora bien, a mi lo que me parece es que b programación de b crisis cada

vez le va a resultar al Presidente más necesaria.

-¿Si?

—Sí, porque se acumub b necesidad de un cambio con d exceso de ofertas de cargos.

—Si no hay crisis, habrá entonces conspiración.

-Si no hay pronto crisis, habrá inquietud, simplemente, porque naturalmente hay personas que se consi-

deran abocadas a esos puestos y naturalmente están inquietas, y como los puestos son importantes, b in-

quietud siempre se nota.

—Es que en ucedé se conspira mucho, ¿no?

—Sí, claro; yo no conozco ninguna estructura humana de mando en b que no se conspire.

—Es decir, que si que se conspira.

—Sí, en la ucedé, y en d pesoe, y en todo, colectivo.

—¿Tú en qué conspiraciones estás ahora?

—Yo» en este momento he consumido muchas horas en la elaboración del proyecto del Estatuto de

Galicia, y apenas he tenido tiempo de nada. Pero, a lo largo de este invierno, supongo que tendré

conocimiento de muchas posiciones, de Intrigas y operaciones, bueno, posiciones pacíficas y tranquilas,

pero inevitable».

—¿Suarez será en ucedé cada vez más discutible? ¿Suarez es hoy menos cuestionable que mañana?

—De eso, oye, no estoy seguro.

—¿De qué depende, pues?

—De que no haya sustituto inmediato y también de la inteligencia con que aplique la táctica política en

los próximos meses.

 

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