El País Vasco y sus problemas     
 
 Ya.    17/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

17-111-77

EDITORIA

EL PAÍS VASCO Y SUS PROBLEMAS

UNA vez más hemos tenido que condenar la violencia en el Pais Vasco, y especialmente la ejercida contra los servidores del arden. Pero nos engañaríamos si creyésemos que con esa condenación hemos hecho todo lo que debíamos hacer. No nos compele aplicar soluciones, pero sí instar en que se busquen y apuntar dónde pueden estar.

A conciencia de que esta afirmación va a escandalizar, empezaremos diciendo que le grave de la situación en el País Vasco no es la ETA, seno el estado de ánimo de cuantos, sin simpatizar con el terrorismo, tampoco apoyan como haría falta a quienes lo combaten. Sin embargo, s« traía de una de las regiones más prósperas y cultas de España y aquella que tradicionalmente Ha alcanzado (as cotas más altas de religiosidad sincera. Ello delata la dificultad de un problema que sólo podrá ser resuelto partiendo de su complejidad.

EN el fondo está el hecho de un regionalismo escarnecido por los poderes centrales desde hace casi dos siglos y que la torpe política uniformista de los últimos cuarenta años tenía que exacerbar. Pero el mismo problema existe en otras regiones sin esa virulencia. ¿Habrá que recordar la torga de radicalismo que ha llevado el nacionalismo vasco en contraste con otros? Pero precisamente hoy una política con imaginación y generosidad podría hacer del partido que fue creador y portavoz de ese nacionalismo un factor de estabilidad. Lo que se intentó con la admisión de la "ikurriña", acertando sólo a medías, abre un camino.

SIN embargo, no nos hagamos ilusiones. Ni las soluciones políticas pueden ser obra de un día ni es seguro que bastarían. Consolarse con explicaciones unilaterales sería tan insuficiente como lamentarse de que a las últimas medidas de gracia del Gobierno, que pueden llegar a significar prácticamente la amnistía total, se haya respondido con sangre, y pedir que, a los que así replican, *• les pague en la misma moneda. No está por ahí la solución, sino sólo una válvula de escape emocional.

QUE a la subversión deba replicar la autoridad con la energía indispensable, ¿puede ponerse en duda? ¿Pero no habrá que ver también si no ha intervenido en el problema un planteamiento equivocado de la política del orden público? ¿A qué atribuir, si no, el que fuerzas meritisimas, de competencia indiscutible y de espíritu acreditado, que coronaron con éxito espectacular !a represión del bandolerismo en la dura etapa inicial de la posguerra, no hayan cosechado después un éxito análogo? ¿No habrá que considerar la naturaleza misma de esas fuerzas, concebidas fundacionalmente para medios sociológicos muy diferentes de aquél en el que están actuando? Sobre todo, ¿no deberá atenderse a los resultados inevitables de unos años de tensión., que han producido distanciamientos mutuos, ante los que no es del caso indagar a quién se deben, sino sencillamente constatar el hecho para sacar de él las consecuencias?

NO afirmarnos, pero nos preguntemos y preguntamos. Nadie pone en duda, repetimos, los merecimientos de las abnegadas fuerzas del orden, pero hay que partir de las cosas tal como están Y lo que hay, no es solamente una región donde el terrorismo ha brotado con vigor excepcional, sino el hecho de que en esa región, con razón o sin ella, se ha producido en amplios sectores de población una mentalidad de país "ocupado". Buscar las causas de esto y eliminarlas debe ser lo primero, la solución definitiva tendrá que conjugar las medidas políticas, el sentido de autoridad y e! replanteamiento de la político de orden público, cuya necesidad estamos exponiendo.

MUCHO tenemos, si no, que el nudo sea cada vez más difícil de desatar y que ese entrañable rincón de España se convierta en cáncer que acabe envenenando toda la vida nacional.

 

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