Las maniobras navales     
 
 ABC.    22/06/1961.  Página: 58. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

A B C JUEVES 22 DE JUNIO DE 1961. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG.

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LAS MANIOBRAS NAVALES

Las maniobras navales celebradas en el Mediterráneo, aparte de haber demostrado

que hombres y máquinas están a punto, han constituido un espectáculo singular y

grandioso. Desde la concentración celebrada en Cádiz el año 1950, al regreso del

general Franco de su viaje a Sidi Ifni, Villa Cisneros y Canarias, no se había

reunido una concentración tan importante. Ni en Trafalgar. Y la de Cádiz no lo

fue tanto ni en número ni en clasificación, pues en estos últimos diez años, a

los barcos construidos en nuestros astilleros hay que sumar los entregados por

Estados Unidos de conformidad con los convenios, más otras unidades modernizadas

con los más adelantados sistemas defensivos y ofensivos. El Jefe del Estado hizo

presente en su brindis ante almirantes y jefes el reconocimiento de los

Ejércitos españoles a ía nación americana por la colaboración y ayudas "que

tanto han favorecido el progreso de nues-´ra técnica y de nuestra potencia".

Nunca en la Historia contemporánea la reunido España una concentración de barcos

de guerra como la de estos días en el Mediterráneo. En proporción a la

importancia de esta flota han sido los recientes ejercicios: en ellos se ha

pues-to a prueba la capacidad de los tripulan-tes sin distinción, desde los más

altos a los más bajos, pues un barco es una uni-dad armónica de esfuerzos

aplicados a una trayectoria y a un fin, sin que´pueda haber disparidad ni

dispersión. Las maniobras constituyen también una sínfo-nía perfecta de

propósitos, estudiados en largas vigilias, ensayados en laboriosas reparaciones,

y que tienen como antecedentes una instrucción esmerada y activa. "El qué

ignora—dicen las viejas "Or-denanzas de la Armada Naval"—no puede mandar, y si

algún acaso le pone en cargo superior a su inteligencia, estará sin el continuo

desaire de darlo a conocer a sus inferiores y en igual riesgo de per-der su

estimación." Las maniobras, por sí mismas, constituyen, como decimos, un

soberbio espectáculo, que sólo sería apariencia y ostentación sin la crítica,

que señala los fallos, errores e imperfecciones: para corregirlas, pues "un

ejercicio sin crítica, lejos de enseñar, envicia a los actuantes".

Por su especial situación geográfica, que la convierte en "casi ida", España ha

de vivir constantemente cara al mar, pues en ella "todo problema militar se hace

inevitablemente marítimo, y no se puede subsistir en la tierra ni en el mar si

le falta la cobertura del poder aéreo". Las tres Armas, en estrecha e íntima

colaboración, han participado en las maniobras, pues forman un todo común, pero

sin desconocer que en caso de emergencia la crisis inmediata sería la del

tráfico marítimo, por lo cual "se impone el control de las tripulaciones de los

buques mercantes y el tener provista su militarización".

El lugar elegido para los ejercicios dará ocasión a meditaciones y comentarios a

los especializados en el estudio de riesgos y defensa de esta zona neurálgica

del planisferio, en la cual la situación de España es de vital importancia e

insoslayable para el dominio del Mediterráneo y del Estrecho. Nosotros tenemos

en nuestras manos—ha dicho en algxina ocasión Franco—la entrada del

Mediterráneo. Es imposible prescindir de España cuando se quiere hablar del

histórico mar. Ni podemos estar ausentes ni es admisible que se nos desconozca.

Para ello habría que cambiar nuestra situación geográfica y, por añadidura,

exterminar a toda la población cíe España.

Si nuestra nación carece de grandes unidades, incompatibles con la modestia de

nuestros presupuestos, en comparación con los de otros países, y habida cuenta

de que cada tripulante de un portaaviones le cuesta a Estados Unidos de treinta

a cuarenta dólares diarios, si nuestra nación, t decirnos, carece, de esos

gigantes marítimos, posee he y, en cambio, una Armada de pequeñas y eficientes

unidades muy en consonancia con sus necesidades defensivas costeras. Cuenta,

además, con el buen espíritu de heroísmo de sus gentes de mar, revelado en las

horas difíciles de desgracia o de triunfo, el mismo que reflejan también las

"Ordenanzas generales", expresado en estas pala-Bras: "El marino debe combatir

hasta donde quepa en sus fuerzas contra cualquier superioridad, de modo que aun

rendido sea de honor su defensa entre los enemigos."

 

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