Los enemigos del País Vasco     
 
 Diario 16.    19/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Los enemigos del País Vasco

Que nadie se llame a engaño: sólo los enemigos del País Vasco son responsables de esta asfixiante espiral de violencia. Son ellos, los enemigos del País Vasco, quienes empecinadamente encrespan con su mortífera violencia un mar doloridamente revuelto que amenaza con saltar en pedazos para tragarse a toda una población. Basta ya, basta ya.

Si todo el país se unió contra el oscuro complot de la semana negra de enero que tuvo por marco Madrid, ahora le cumple el turno al País Vasco de rebelarse contra una trama que persigue, sin duda, una desestabilización- La misma vieja resonancia del GRAPO parece agazapada detrás de toda esta retorcida historia que de nuevo amenaza con volver a Madrid.

Que nadie esgrima como baza uno solo de los muertos que estos días siembran de pánico el País Vasco. Que nadie esgrima un solo cadáver contra la concordia ciudadana. Que nadie se equivoque en ese desquiciado juego de atribuir responsabilidades en cadena. Porque nadie, absolutamente nadie, está sobre la ley. Porque nadie, absolutamente nadie, tiene licencia para matar. Porque nadie, absolutamente nadie, está justificado para disparar a quemarropa sobre un ciudadano, vista como vista, sea quien sea. Sólo los enemigos del País Vasco dejarán de lamentar el espeluznante asesinato de un trabajador de la ley, padre de familia, a partir de cuya muerte podría construirse una mitología tan emotiva como cualquier otra. Mas ha llegado la hora de dejar de esculpir en losas de piedra nombres de víctimas que los enemigos del País Vasco parecen dispuestos a intercambiarse como armas arrojadizas.

Ha llegado la hora de decir que las muertes del País Vasco son muertes de los días del franquismo, son muertes de enemigos, son muertes del miedo. Ha llegado también la hora de exigir a todos un pronunciamiento radical contra la violencia, una actitud de condena irremisible donde no quepa un solo resquicio de destinos ni matices. Sólo los enemigos del País Vasco se detienen, en su desenfrenada carrera sangrienta, a distinguir y a matizar ante la violencia que ellos mismos propician, ejecutan y provocan.

El monopolio de la fuerza física legítima tiene que estar en manos de las instituciones democráticas nacidas de una comunidad que ha expresado su deseo inequívoco de vivir en paz. Negar ese monopolio sería regresar a un estado tribal, campo abierto para la lucha de bandas armadas. Ante la tesitura de esa doble opción, •e impone recordar a cuantos tomen partido por la primera de ellas, que es deber inexcusable condenar con firmeza el asesinato perpetrado ayer en la estación donostiarra de Amara, condenar con firmeza los atentados perpetrados ayer en Madrid contra dos Comisarías de Policía y dos cuarteles de la Guardia Civil. Los enemigos del País Vasco no deben en ningún caso obtener respaldo, ni complicidad, ni encubrimiento. Ninguna muerte puede revestirse a estas alturas de pretendido sofisma de catecismo revolucionario.

En medio de este desbaratado frenesí de insanias cabe, sin embargo, volver a analizar las torpezas que abocaron casi irremediablemente a tan horrendo vendaval de muertes- La política del Gobierno sobre una redistribución territorial de las Fuerzas de Orden Público se ha sometido a un tortuoso proceso de demoras injustificadas. La política del Gobierno sobre la amnistía ha ignorado por completo los presupuestos de su aceptación de la soberanía popular. ¿Es que no ha quedado meridianamente claro y expreso que la amnistía es sencillamente un clamor popular?

Pero no sólo debe el Gobierno cargar con su cupo de responsabilidades en este ciego oleaje de violencias. También las fuerzas políticas vascas deben pararse a estudiar, entender y asumir el papel que por omisión han venido jugando. Acaso por falta de lucidez, acaso porque pensaron que los moldes del franquismo que habían perpetuado, esas fuerzas políticas vascas han dejado un peligroso vacío. Ahora no pueden ocuparlo con pretensión de iluminada vanguardia, extremismos que nadie ha sabido reducir a su exigua dimensión, se reclamen de derecha o de izquierda. Ese extremismo tiene miedo a las urnas porque en ellas le aguarda una segura derrota. Ese extremismo que ahora invade la tierra de nadie no ha comprendido todavía que la situación actual está en las antípodas de 1936 y que ahora no cabe hacer bandera de los muertos. Ese extremismo aún no ha entendido que Franco ha muerto y no ha razonado todavía que nadie está dispuesto a desentenderse del País Vasco, ni de la suerte solidaria de España.

 

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