Sin aguardar respuesta. 
 El último tramo de la amnistía     
 
 ABC.    22/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

SIN AGUARDAR RESPUESTA

EL ULTIMO TRAMO DE LA AMNISTÍA

Que el Gobierno Suárez tenía, consigo mismo y con el país, el compromiso, no expresado en declaración oficial alguna, de excarcelar a todos los presos políticos antes de la fecha de las elecciones, es algo que hoy aparece meridianamente claro. Así, para centrar este comentario, partamos de que la última fase de la amnistía, cristalizada en la excarcelación de los presos vascos que así lo soliciten, se ha llevado a cabo pese a la intolerable presión significada por el secuestro de don Javier Ybarra, y no gracias a ella.

En esa diferencia se resume, prácticamente, nuestra postura y —así lo creemos—_la postura de un sector mayoritario del pais. Ni a nosotros ni a ese sector que seguimos suponiendo extremadamente numeroso y representativo de la vida nacional, nos alegra la solución encontrada por el Gobierno. Todos los incluidos en el último tramo de la amnistía eran, como mínimo, acusados de delitos de sangre. Los presos políticos —pensamos— son otra cosa. No cabe buscar coartadas políticas a los asesinos. Y recuérdese a estos efectos los comentarios, absolutamente contrarios a cualquier tipo de amnistía, que despertaron las encuestas realizadas con líderes políticos significados a raíz del múltiple asesinato de Atocha, donde fueron tiroteados los abogados laboralistas. El crimen no tiene color. No debe tenerlo.

Sin embargo, entendemos que el Gobierno que preside Adolfo Suárez ha llegado, pese a los muchos obstáculos surgidos «n su camino, hasta el final del compromiso. Por otra parte no quedará ningún pero que pudiera justifica*1 una abstención, un impedimento «democrático.» a la celebración de las elecciones. No solamente se ha llegado a la admisión de todos los partidos —todos los partidos serios, bien entendido que no nos referimos a grupúsculos, por muy seguidores que sean sus miembros—, sino que se han dictado unas normas que no han sido contestadas por ninguno de los que han anunciado su entrada en la liza democrática, y prácticamente ya no hay ningún preso político, ningún tipo de preso político, mejor, en las cárceles españolas.

Pero no cabe esperar una respuesta. Quienes han secuestrado al señor Ybarra lo han hecho esperando provocar al Gobierno, calculando que así no se atrevería a llevar la amnistía a sus últimas consecuencias. El hecho en sí de la amnistía no ha pasado, para ellos, de ser una simple excusa. Como ocurrió —aunque entonces hubo una felicísima intervención policíaca que ansiamos pueda repetirse ahora— Con los casos de los señores Oriol y Villaescusa. Porque no se buscaba entonces, ni se busca en estos momentos, sino

despertar la inquietud ciudadana, el miedo público.

Si los secuestradores del señor Ybarra hubiesen buscado realmente la amnistía, su ilustre presa estaría ya en libertad. Esto no ha ocurrido. El disfraz de esos criminales que, al socaire de unas inquietudes regionales legítimas, aprovechan para robar, secuestrar y extorsionar, no debe engañar a nadie más. Suárez y su Gobierno han tomado una decisión sabiendo que no habría respuesta, que no podría haberla. Y así debemos interpretar su decisión los españoles todos Conscientes de que, si respaldamos la decisión del Gobierno será por motivos morales, nunca por motivaciones de índole práctica. No obtendrá Suárez no obtendremos nosotros, nada a cambio. Y, mucho nos lo tememos, después de las elecciones, con la democracia firmemente instalada en nuestras instituciones, seguirán produciéndose secuestros, asaltos y asesinatos. Porque para quienes actúan criminalmente en el País Vasco, no existen libertades del pueblo ni democracias para el pueblo. Las circunstancias, y su propia naturaleza seguramente, les ha colocado al oteo lado de la posible línea de convivencia social. Quizá ya sólo valgan para matar y para morir. Sin más lenguaje político que el de la violencia; sin más motivaciones que una venganza loca de la que ya deben haber perdido la causa original, olvidado la afrenta.

Por ello, por todo ello, nos tememos que no haya respuesta a esta última y total amnistía. Al menos mientras el noble pueblo vasco, todo él, no tome la iniciativa y decida, de una vez por todas, erradicar para siempre de su suelo a quienes usan en beneficio propio sus legítimos anhelos, superando el terror de los asesinatos y la terrible coacción que sobre él ejercen profesionales de la violencia.

 

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