Autor: Olmo, Ángel del. 
   Autonomías a negociar     
 
 Diario 16.    10/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Autonomías a negociar

Ángel del Olmo

Que el País Vasco siga siendo noticia de violencia pocos días antes de las primeras elecciones libres después de cuarenta años, no puede menos que preocupar a quienes—y son machos— desean que el país se democratice lo más de prisa posible. De todos los problemas que se plantean parecen desprenderse tres que necesitan un enfoque sereno: se trata del problema cultural, del político y del económico.

Comencemos por el problema cultural. Una de las características del Estado ultracentralizado que hemos padecido estos últimos cuarenta años ha sido la de tratar de impedir la expresión de los distintos pueblos que integran España, Se suprimió la enseñasza en las lenguas vernáculas, se limitó la edición de libros, la representación de obras teatrales, la expresión de cualquier forma autónoma de cultura. El Estado centralista y autoritario no podía permitir la existencia de ciudadanos que se desviaran del molde cultural establecido oficialmente. En vea de enriquecernos todos con las diferentes culturas que componen nuestra herencia común, se intentó imponer a todos una pseudocultura oficial, compuesta de lagares comunes que hoy harían sonreír si no fuera porque el empobrecimiento cultural de los años cuarenta lo estamos pagando aún y es muy probable que lo sigamos pagando durante largos años. Véase el lamentable estado de la investigación científica, el desierto cultural de las provincias, la invasión arrolladora de otras culturas ligadas a modo de vida muy diferentes del nuestro. Algo ha comenzado a hacerse en este terreno, pero lo poco que se ha hecho es muy reciente y limitado.

Viene luego el problema político. Se reduce, en dos palabras, a lo siguiente: ¿cuál es el grado de autonomía deseable para el País Vasco y para las otras regiones de España? Parece claro que en el futuro las regiones deberán disfrutar de mayor autonomía que en el presente. Aquel tiempo del poder delegado en oleadas sucesivas del centro hacia los gobiernos civiles y los alcaldes, ha pasado a la historia. Un país democrático es un país donde el poder está cerca del ciudadano, donde los responsables son conocidos y pueden ser interpelados fácilmente. Por eso la reforma local constituye un paso en la buena dirección. Es urgente establecer un nuevo reparto de poderes y competencias entre el centro, la región y el municipio. A mi entender, cuanto más poder político se delegue en la región y el municipio, mayor será el grado de libertad y democracia que reinarán en el país. En esta perspectiva, el problema vasco no es diferente en su esencia del catalán o del andaluz, por ejemplo. No creo que deban existir reglones privilegiadas ni política, ni económica, ni culturalmente. El Estado español, es decir, el Estado de todos los ciudadanos, debe reconocer en la práctica el derecho a la diferencia.

Queda el problema económico. A primera vista, el problema básico del País Vasco no debería ser el del régimen impositivo del que tanto se habla, sino más bien el de las relaciones económicas con las otras regiones de España. ¿Quién se ha beneficiado de quién? Contrariamente a lo que muchos piensan, la política económica del régimen ha beneficiado más al País Vasco y dentro de él a Vizcaya) que al resto del país, excluyendo, naturalmente, Madrid. ¿Adonde han ido prioritariamente las subvenciones? A una industria pesada que se encuentra a menudo localizada en Vizcaya. ¿A quién ha favorecido el proteccionismo industrial? A las regiones más industrializadas, que han podido vender a las otras sus productos a precios muy superiores a los del mercado internacional. Quede bien claro que si el País Vasco se ha beneficiado más que las otras regiones desde el punto de vista económico, ello ha sido en tanto que zona industrial y no en tanto que región política; pero el resultado es el mismo.

¿Qué podrá hacer el nuevo Gobierno? La respuesta parece sencilla: negociar. Deberá hacer concesiones políticas para apaciguar los ánimos, incluso si ello resulta difícil; deberá, asimismo, entablar un debate nacional sobre el reparto del poder político entre el Gobierno central, los municipios y las regiones. Ese debate debería esclarecer lo que tenemos todos en común —que creo que es mucho— y lo que cada región tiene de particular. Tal debate no podrá ser unilateral. Los aspectos culturales no pueden disociarse de los políticos ni de los económicos. Madrid no es Cuenca y el País Vasco no es un Ulster empobrecido. Discutir serenamente estos temas nos hará comprender mejor cuál es nuestra herencia común, cuál ese país rico y diverso que se llama España.

 

< Volver