Autor: García Serrano, Rafael. 
   El Cine Documental y la Guerra de España     
 
 Arriba.    27/02/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ARRIBA.—Martes 27 de febrero de 1962

EL CINE DOCUMENTAL Y LA GUERRA DE ESPAÑA

Por Rafael GARCÍA SERRANO

El Círculo Doctrinal "José Antonio" ofreció una sesión de cine documental a base

de un reportaje rodado en Barcelona, primeras jornadas del Alzamiento, por los

servicios especiales de la CNT-FAI, "El camino de la paz" y "Presente". Calculo

que todas esas películas habían sido vistas ya alguna otra vez—e incluso varias

veces— por el setenta y cinco por ciento de los asistentes a la reunión, que

fuimos muchísimos.

Esto quiere decir que el cine documental sobre nuestra guerra es bien corto y

que en veinticinco años apenas si se ha realizado otra antología de viejos

materiales que ésta que se conoce bajo el título de "El camino de la paz".

Cuando a veces nos quejamos de que el cine comercial ha atendido poco al tema

profundo, humanísimo y universal de nuestra guerra, pienso que el cine comercial

ha hecho por ese tema, aun con profundos errores—pagados todos, claro, -".e su

propio bolsillo—, más que todos los organismos de propaganda.

Quizá por delicadeza, puede ser que por caridad o por enfoque político, lo

cierto es que aún no se ha explotado documentalmente toda la magnitud de nuestra

guerra. Para un cine-club inteligente, activo y ambicioso, no sería parva tarea

la de darse un repaso a los fondos documentales que sobre nuestra guerra debe de

haber en los archivos públicos y privados de la cinematografía mundial y, tras

una adecuada y realista selección, proceder al montaje de algo vivo, dramático y

alegre, igual que aquellos años tremendos. Seguir el camino que iniciaron los

equipos de cine de la Falan ge, el que continuó "El camino de la paz" y el que

se abre a la tentación de los jóvenes y los viejos que aún tengan sus corazones

a punto.

Nuestra Televisión se ha empeñado—y Dios la bendiga por ello—en organizar una

especie de calendario conmemorativo con las fechas militares más importantes de

la Cruzada. He comprobado que unos metros de viejo celuloide levantan oleadas de

melancolía y noble memoria en los que vivimos aquella época y, lo que es más

interesante, avivan la curiosidad de los jóvenes por un tema que ninguno de

nosotros hemos acertado a explicarles debidamente. Lo único malo de estas

sesiones televisadas es la pobreza del material, la monotonía de las imágenes,

que casi siempre son las mismas. Si de sesiones documentales, como la promovida

por el Círculo Doctrinal "José Antonio", saliese el propósito de estimular la

búsqueda de textos cinematográficos, perdidos en el riguroso orden de los

archivos de todo el mundo, creo que nuestro Círculo cumpliría también en eso un

buen servicio.

Porque en nuestro tiempo todo se falsifica, incluso el realismo, y de este modo

vemos que también existe una literatura realista que deforma la realidad en

nombre del realismo o deja simple sinvergonzonería con el ojo puesto en la caja

registradora. A muchos autores de novelas sobre nuestra guerra—y aun de libros

de tesis muy en boga—, los enfrentaría yo simplemente con esa verdad que el cine

nos da al cabo de los años a través de unas imágenes que se hacen temblorosas,

antiguas, pero que con fabulosa sencillez dicen la verdad sin el menor

artificio, sin pizca de retórica, sin malicia ninguna. Verían entonces los tales

la aportación doctrinal, política y militar de la Falange al Movimiento y a la

guerra de España, contabilizada en los combatientes de primera línea que envió

al combate. (De paso quizá la mejor idea que he tenido en mi vida fue la de

intentar escribir la "Historia Militar de la Falange". Es una idea que está en

pie y que urge. Paralizaría a muchos cuervos y aun a pájaros de menor cuantía.)

El valor del cine, no ya en las tareas de la propaganda, sino en las de la

información y la cultura, no puede ser desdeñado por nadie, y menos por

nosotros, que a lo largo de los años apenas hemos conocido en torno a la más

importante peripecia de nuestra vida—y uní. de las más importantes de la

Historia universal—otra cosa que la deformación, la calumnia o la grotesca

indelicadeza. Si nosotros no nos afanamos en restablecer la verdad, nadie nos va

a hacer ese regalo.

Hace unos días he recibido una carta del Círculo Doctrinal "José Antonio"

invitándome a adscribirme al Grupo de Estudios que más me apetezca o en el que

crea poder servir de algo. Pues bien. Permitid que mi respuesta a esa carta sea

pública. Yo me adscribo a un grupo que no existe, pero que debe existir al Grupo

de Estudios del Cine. Buena parte de las corrientes intelectuales más despiertas

y activas de nuestro tiempo circulan a través del mundo cinematográfico. No

descubro ningún secreto si digo que la mayoría de ellas son hostiles a torio lo

que nosotros queremos mantener, autentificar, renovar, actualizar, dotar de

futuro. Como siempre, las gentes que de buena fe operan en esos sectores

hostiles acabarían por entenderse con nosotros en cuanto nos conociesen. Luego

veríamos en la pantalla un ejemplo bien claro y doloroso de esta afirmación

reflejado en ese documental acongojante que relata el entierro de José Antonio.

Me parece que deberíamos ir a buscar a quienes se creen nuestros enemigos en el

terreno que ellos mismos han elegido, el cine, y allí hablarles también del cine

que queremos, de cómo lo queremos y de cómo lo vamos a hacer un día. Ningún

factor es desdeñable en política, y el cine, de verdad, menos que casi ninguno.

Y dicho esto—que por cierto me tocó decirlo a mí—se apagaron las luces y vimos

en la pantalla las imágenes familia res de un tiempo terrible y jubilar, el

camino de la Victoria de la cual, por mucho que empeñen, no tenemos la mí-ñor

intención de arrepentimos.

 

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