Autor: Arrarás Iribarren, Joaquín. 
 Octubre rojo de 1934. 
 Inhibición y huída de los máximos culpables     
 
 ABC.    14/11/1959.  Página: 58. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC. SÁBADO 14 DE NOVIEMBRE DE 1959. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 58

OCTUBRE ROJO DE 1934

INHIBICIÓN Y HUIDA DE LOS MÁXIMOS CULPABLES

Durante la larga preparación del movimiento insurreccional de octubre de 1934

los líderes socialistas Largo Caballero e Indalecio Prieto se dispu- . taron

furiosamente el caudillaje de la revolución; en- competencia de radicalismo,,

para los programas de gobierno el día del triunfo, que consideraban infalible, y

de promesas .halagüeñas a las masas, exasperadas a fuego lento por una oratoria

desaforada y sin ningún freno.

Pero vinote! fracaso, y los dos ´valentones, que braveaban en las plazas

públicas, se desvanecieron como si se los hubiese tragado la tierra. Tras de

muchas pesquisas, el ía 14 de octubre fue detenido Largo Caballero en su hotel

Je la Dehesa de la Villa, en dónele recaló después cíe pasar por diversos

escondrijos, según refiere en su libro "Mis recuerdos" (Méjico, 1954). "La

noche, del día 6 cíe octubre—cuenta—dormí en el domicilio de Prieto, calle de

Carranza, 20. En el mismo edificio tenia su Redacción "El Socialista". Al día

siguiente nos llevaron a la casa llamada de las Flores, en la calle de la

Princesa. Entramos en un cuarto habitado por una señora de unos treinta años, de

color cetrino, muy´ dispuesta y con traza de inteligente. Al cuarto de hora de

estar allí dije a Prieto que aquél no me parecía sitio seguro.

Sospechaba que era poco conveniente el albergue. Después supe que aquella señora

mantenía relaciones íntimas con el doctor Negrín, como antes las había sostenido

con el- capitán • S., jefe de .la Policía. De nuevo regresamos a casa de1

Prieto, donde dormimos aquella noche. Al otro día éste se marchó a sitio

desconocido por mí. Yo fui- llevado a casa de un médico socialista en el barrio

de Salamanca.

A los tres días el medicó me anuncio que el portero estaba enterado ,de mi

estancia´ en su casa, e inmediatamente, por la tarde, ´acompañado por la esposa

de un periodista, salí. Aquella noche, a instancias del periodista, dormí en su´

casa,, y como no tenía, otro lugar donde ir, al día siguiente .me marché a mi

casa, con la cual había estado en comunicación por teléfono. Otro médico, muy

conocido en España y en el extranjero, me llevó en su automóvil, que llevaba la

indicación de Servicio medico."

A los cuatro días de hallarse cu su domicilio, una madrugada lt- detuvo la

Policía.´ Conducido ante el juez militar que instruía la causa por el movimiento

contra la seguridad e integridad del Estado, se produjo el siguiente diálogo,

según relata el propio Largo Caballero:

"—¿Es usted el. jefe del movimiento revolucionario ?

—No señor.

—-¿ Cómo es posible, siendo presidente del partido socialista y secretario de la

Unión General de Trabajadores ?

—Pues ya ve usted que todo es posible.

—i Qué participación ha tenido usted en la organización de la huelga?

—Ninguna. ´ -

—¿Quiénes son, los organizadores de la revolución ?

—No hay organizadores. El pueblo se ha sublevado en protesta por haber entrado

en el Gobierno los enemigos de la República.´"-´

En el libro donde se reproduce este diálogo, muy pocas páginas antes su autor

declara que dio la orden de remitir los telegramas en clave para declarar la

huelga general revolución aria en toda .España. Mas a la hora de las

responsabilidades, Largo Caballero se inhibía y no quería saber nada. "Estoy

convencido—escribe—de haber cumplido con mi deber, pues ofrecerme como víctima

sin beneficio alguno para la causa del proletariado hubiera sido tan inocente

como inútil." Todos los detenidos romo participantes en la´ revolución, que

habían lii-diado con el fusil o .el cartucho de dinamita en las manos,

obedientes a las órdenes del jefe, hubiesen querido exculparse con idéntica

declaración, para eludir los rigores de la justicia. Pero sabían que este

privilegio, estaba reservado a los jefes. Largo. Caballero, para quien el fiscal

pedía la, pena de muerte, fue absuelto y quedó en libertad poco--después. Sus

secuaces, en cambio,, fueron a la cárcel.

Por su parte, Prieto, experto en fugas, consideró más cómodo y conveniente huir.

La evasión tuvo diversas fases. Primero eligió para esconderse la casa de un

ingeniero, situada detrás del Museo del Prado, mas como el .domicilio no le

ofreciese garantías´por la- vecindad burguesa, decidió buscar otros albergues,

sin aceptar el bfrecimiento que le hizo el embajador cíe Méjico cíe acogerle en

la Embajada.

Uno de los refugios donde.se ocultó el agitador fue el domicilio de Fernando de

los Ríos, en la calle -de Diego de León. De aquí pasó al.de>´doña Ernestina

Martínez de Aragón, "muchacha muy religiosa, hija del patricio alavés D.

Gabriel.,. situado en la calle de García de Paredes". El Sr. Martínez de Aragón

- fue ´fecal´ de la Republica él •año 1932. Los detalles anteriores ´y los que

siguen están sacados de un artículo publicado por Prieto en "El Socialista", de

Tou-louse, el 5 de octubre de 1951, con el título "Mi escapatoria de 1934".´ Él

traslado al nuevo refugio lo hizo en el automóvil de don, José Luis Coello de

Portugal,, acompañado por sil hija. Concha. "A mi dormitorio—refiere—llegaba,

constantemente el rumor de las oraciones, de Ernestina, que rogaba por mí."

Declara el-huésped: "Era la mujer más ...santa que he conocido." Pe-cidido a

huir de ´España, aceptó ]a propuesta del irtínés Manuel Arocena, para sacarle en

un automóvil Renault, escondido en el ´hueco donde se transportaban´ las maleta-

-. "-Hizo pruebas en Trun con hombres de mi corpulencia, y, juzgándolas -

satisfactorias, ó) y otro amigo fueron a buscarme a Madrid." En el viaje les

acompañó, para evitar paradas o registros, el comandante aviador.

Ignacio Hidalgo de Cisneros,, agregado a la Embajada española en Roma, -de

uniforme y sentado en el asiento más visible. "La banqueta trasera quedaba

levantada para que yo, acurrucadísima, dentro de la giba,´ pudiera respirar. Ni

en el lado español ni en el francés fue registrado el vehículo. A Arocena nunca

se lo registraban."

Así salió de España el líder socialista que pocas semanas antes planeaba con

arrogancias olímpicas la administración del triunfo inevitable e irresistible,

porque "no era posible oponer nada a la fuerza qué sería desatada".

Al producirse la derrota, los dos grandes culpables encontraron cuantas

asistencia;*, ayudas y ofrecimientos pudieron apetecer para salvaguardar su

integridad "personal, mientras sus adeptos, engañados, que arriesgaron incluso -

su vida en obediencia a..sus jefes, quedaban desamparados en aquel naufragio.-

Joaquin ARRARAS.

 

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