Autor: Gutiérrez, José Luis. 
 Euskadi entre el miedo, el hastío y la esperanza. 
 Los "milis" quieren negociar     
 
 Diario 16.    01/02/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

Satunini hasta hace muy poco, la cocinera de Fernando Jiménez,

gobernador civil de Alava señora vasca capaz de realizar guisos apetitosos e irreprochables. Un día la señora de Saturnina apareció en cierto boletín y el gobernador Jiménez se quedo sin cocinera saturnina, como empleada adscrita al Ministerio de Cultura del Estado español habia sido «transferida» con mandiles, pucheros y recetas, al nuevo señor

IOS «MILIS» QUIEREN NEGOCIAR

El caso de Saturnina es uno de los relieves que configuran el nuevo y más reciente perfil del País Vasco, porque junto a ella, otros 15.000´ funcionarios _han pasado a depender del Gobierno autónomo, regido con monocolor obstinación por el Partido Nacionalista Vasco.

Cerca de 67.000 millones de pesetas son los presupuestos de que dispondrá el PNV para sus tareas de Gobierno en 1982. Esto, y otras cosas más, han contribuido a que en Euskadi la opinión comience a ser unánime: algo está cambiando, comienza a atisbarse la luz en este verde y húmedo rincón peninsular donde se asientan apenas dos millones de ciudadanos que parecen especialmente dotados para la explotación de una floreciente industria de ataúdes que exportan con inexorable regularidad al resto de España. La vocación de jaqueca histórica parece irrefrenable en el -por otra parte— admirable, apasionado, industrioso e ingenuo pueblo vasco, como una pincelada más de ese principal rasgo que el prusiano Humboldt, en sus epístolas a Goethe, atribuyera a los vascos: la singularidad.

El cansancio revolucionario, el paso del tiempo, los excesos de la demagogia, los desencantos, la crisis económica, el paro, el rechazo de tantas muertes y, por fin, la actitud de enérgica condena del PNV son otros elementos del tránsito a esa nueva etapa a que parece encaminarse Euskadi, entré el miedo, el hastío y la esperanza. Tras apenas dos días en Euskadi, en contacto con sus gentes, sus líderes y sus periódicos, ésta ha sido la sensación dominante recogida por el apresurado viajero: esperanza, que algo está cambiando. El pueblo vasco lo reflejará en los comicios que parecen avecinarse. ¿Para quién cocinará entonces Saturnina?

El terror

El pasado jueves, en las nuevas instalaciones de la Guardia Civil en Vitoria —un complejo de edificios compuesto principalmente por cuarteles, oficinas y viviendas, con un cierto aspecto de ciudadela—, tenía lugar un sencillo e

informal acto, al que asistían una cincuentena de jefes y oficiales con el gobernador civil, el gene ral Cereceda y el delegado del Gobierno, Marcelino Oreja. Vino de La Rioja alavesa acompañaba a las, gambas y los tacos de jamón en la despedida, hacia su nuevo deszino, al coronel Vallejo. .Con los rostros distendidos, relajados y sonrientes, algunode los presentes no puede por menos de recordar el vivo contraste que el acto ofrece con otros acontecimientos no tan lejanos, como, por ejemplo, aquel funeral por los seis números de la Guardia Civil, ametrallados por ETA en Ispaster, en el que el entonces ministro Ibáñez Freiré fue retenido en el interior de la capilla, casi secuestrado, por las iras de las mujeres del acuartelamiento ante la pasivi dad de los mandos.

y auxiliadas por refuerzos de FN y AP en el exterior. La habilidad de un alto funcionario que puso en la megafonía el himno de la Benemérita, salvó la situación, y el ministro pudo, al fin, marcharse.

O el policía de escolta, que recuerda la angustia y el miedo que léele embargó el día que entró en un bar, pidió una cerveza, lúe reconocido por un parroquiano y en breves según dos el local quedó cumple lamente vacío...

Sin embargo, todo es añora sutilmente distinto y los primeros en advertir lo son las Fuerzas de Seguridad. Bien es verdad que Los Olivos, la residencia de Marcelino Oreja, en Vitoria, sigue teniendo ese inequívoco aire de Embajada, con la bandera roja y amarilla ondeando en medio del césped, quizá un poco a causa de la indeleble personalidad de diplomático de su inquilino, Pero las calles de Euskadi, en otros momentos erizadas de tanquetas, «zetas» y Land Rovers, aparecen aHora casi desiertas de presencia policial.

La tregua

Por un lado, todos, políticos y responsables de las FUP, coinciden en considerar como «muy importante» la tregua a la que se

han acogido los «polimilis» —tregua extrañamente violada con el secuestro del ductor iglesias— por los efectos sicológicos que tal actitud ha tenido, sobre la ciudadanía, la clase política y los propios etarras de la rama militar. Y, naturalmente, está la incuestionable contundencia de las cifras, Diez muertes a. manos de ETA desde junio de 1981 hasta hoy, son datos que con trastan poderosamente con aquella enloquecida siembra de cadáveres de años —75 muertes, sólo en 1975— de la tristemente célebre cifra de los 400 muertos a manos de ETA, durante la transición.

Los «milis»

¿A qué se debe ese «relativo» silencio de ETA militar, «sólo» interrumpído por su obsesiva campaña contra iberduero, el secuestro de Lipperheide, y alguna «ejecución» como la de Benigno, el guardia municipal de Ondárroa, acusado de «chivato», de hace pocos días?

Numerosas fuentes consultadas coinciden en

señalar diversos aspectos que explicarían el silencio. En primer lugar, el debilitamiento objetivo de la organización, tras la detención de cientos de presuntos miembros a manos de Ja Policía, y el desmantelamiento de sus comandos informativos. Junto a este perfeccionamiento en las acciones policiales, la actitud de las autoridades francesas, de estricto control y vigilancia de todos los refugiados vascos —la próxima entrega de cartas de refugiados tiene, también, su intencionalidad—. Unido a ello, la desaparición de líderes históricos como Argala, el propio Monzón, Usurbil o el atentado y consiguiente ceguera de Peixoto. Y, naturalmente, el 23 de lebrero. Porque, aunque aún quedan hombres del abertzalisuio rupturista y dirigentes etarras que consideran la hipótesis de que el 23-F fue un montaje teatral realizado con la complicidad de todos, para silenciar a ETA —lo cual nos da una clara idea de a qué puntos de delirio y demencia! deformación del mundo real se puede llegar desde la aislada ceguera de la clandestinidad— ETA (mi ha acusado fuertemente el intento de golpe de Estado protagonizado por Tejero. La organización de los «milis» lia sopesado las irreparables consecuencias que para el País Vasco tendría un golpe de Estado y quiénes serían acusados cómo responsables de provocar la catástrofe.

Por otra parte, la organización está sometida a fuertes convulsiones Ínterñas que el propio Gobierno ha detectado, incluso, en el seno de los cientos de prosos «milis». Asimismo, las ya dos clásicas posturas, de una supuesta línea dura, encabezada por Eugenio Etxebeste, y englobando en ella a los comandos Berezis y una actitud más negociadora al frente de la cual estarían los «milis» históricos, dirigidos por Txomin iturbe, parece acreditarse como cierta.

A pasar de tales diferencias y de una aparente supremacía de la línea dura, sin embargo, la organización etarra está transmitiendo claros mensajes, según fuentes próximas a la organización, que revelan una intención de abrir algún tipo de negociaciones, postura mantenida principalmente por los sectores históricos.

En tal actitud están

algunos dirigentes incluso estarían dispuestos a revisar y dulcificar algunos puntos de la «alternativa.Kas».

Asimismo, en algunos medios del Gobierno ya se contemplan los problemas personales e individuales de muchos liberados etarras, que aparte de manejar la metrállela, no tienen ninguna posibilidad de reinserción social

El «chantaje»

U tro de los elementos más importantes de la nueva situación hay que buscarlo en. la firme ofensiva lanzada por el PNV contra la organización armada vasca, a raíz del envío de miles de cartas pidiendo el «impuesto revolucionario» a militantes, empresarios y alcaldes peneuvistas.

El partido, por boca de sus líderes más importantes, ha condenado, por primera vez sin dobleces ni claroscuros, frontal y enérgicamente, los «chantajes» de ETA -el SMM ha eliminado de su vocabulario político la expresión «impuesto revoluciónanos, sustituyéndola por «chantaje»-. Desde Xabier Arzalluz a Carlos Garai-coechea o Mario Fernández, todos han intervenido en la intensa campaña, pidiendo a sus militantes que no acepten el «chantaje» ni se atemoricen por las amenazas.

Incluso, en este terreno, ha devuelto la pelota. Así, algunos hombres próximos al PNV han dejado bien claro que el partido pondría enjuego sus poderosos medios para las represalias. Un reciente articulo aparecido en «Deia», el diario oficioso del PNV, había una clara amenaza contra los etarras y sus familiares.

Asimismo, también los empresarios vascos han i reaccionado airadamente ´contra la nueva oleada de cartas requiriendo el «impuesto» y algunos de ellos -principalmente tras el secuestro de Lip-perheide— han llegado a considerar algún tipo de acción de respuesta contra ios extorsionadores. Sin embargo, como apuntaba uno de ellos, «esta posibilidad, de momento, se ha desestimado, porque, si no, esto se convertiría en una auténtica selva».

 

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