Autor: Arrarás Iribarren, Joaquín. 
   Don Antonio Royo-Villanova y la República     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 10. 

DON ANTONIO ROYO-VILLANOVA Y LA REPÚBLICA

EL nombre de don Antonio Royo-Villanova, ilustre catedrático y jurisconsulto

cuya muerte deploramos, se repite con profusión en los "Diarios de Sesiones" de

las dos primeras Cortes republicanas. Es rara la sesión de aquéllas sin la

correspondiente intervención del diputado, cuya constancia es hija de su

carácter de luchador entusiasta del parlamentarismo. Adscrito con innegable

recta intención a la República, sus intervenciones son específicamente

antirrepublicanas, porque el régimen instaurado el 14 de abril fue por esencia

el régimen de la iniquidad y del atropello, y contra él clama y se revuelve el

liberal romántico que esperó hallar en la República la plenitud y la perfección

democráticas.

Apenas iniciaron su marcha las Cortes Constituyentes, Royo-Villanova comen2Ó a

manifestarse defraudado. Poco después compartía la decepción de Ortega y Gas-set

y repetía las palabras reveladoras de un íntimo desengaño: "No es esto, no •es

esto." No era, en efecto, semejante Dulcinea la prometida por los sueños

quiméricos al Quijote de la libertad democrática, pues así podía titularse el

ilustre político.

El señor Royo-Villanova refiere en uno de sus libros cómo desde su juventud

estuvo afiliado a los partidos liberales de la Monarquía, y cuando consideró a

ésta incompatible con la democracia, "entendió que su deber de monárquico era

defender el orden dentro de la República". De tamaño bulto fue la equivocación

del profesor. Formado cabalmente en la ciencia jurídica, el imperativo del

derecho debía dominar a cualquier otro interés ciudadano tocante al bien

público. E incurrió en el enorme error de suponer a la República clima propicio

para el florecimiento de sus ideales. Apenas contaba el régimen cuatro semanas

de vida, cuando se derrumbó con estrépito el andamiaje levantado por ¡os ilusos,

y de modo especial si éstos eran jurisconsultos honorables como el señor Royo-

Villanova. El régimen exoneraba la podredumbre guardada en sus entrañas:

desorden, terrorismo, fango, sangre y lágrimas, según el diagnóstico de uno de

sus padrastros, que acabaría lamiendo las úlceras a la república envilecida.

Todos los esfuerzos de Royo-Villanova, analizados a través de su actuación

política durante los años turbulentos, se encaminan a enmendar su error. No

quiere la República laica y menos atea, ni la admite como régimen de competencia

de fracciones, ni fomentadora de la anarquía. No la quiere amparadora de

separatismos y de lucha de clases, y menos destructora de la economía nacional.

Pero su oposición es inútil. La República, fiel a las leyes de su origen y

destino, divide y enciende a los españoles en odio y empuja a unos contra otros.

La guerra civil de España empezó el 14 de abril de 1931. La República elimina a

los juristas y los sustituye por demagogos y furiosos. Con un rigor aritmético

conduce a la Nación hacia el abismo.

Royo-Villanova se atrinchera en el Parlamento, tenaz y resuelto a defender a su

patria. En guardia siempre contra e! atropello. Incansable y ardoroso,

perseverante hasta el heroísmo, se distingue en las grandes batallas por la

libertad de la Iglesia y de los derechos inalienables de la conciencia, en la

defensa del Ejército y de las leyes básicas de la sociedad constituida,

amenazadas por la revolución. El nombre del diputado se convierte en bandera

frente a los enemigos confabulados para destrozar la unidad nacional. Ningún

diputado más acérrimo, más esforzado, ni más decidido y resistente en esta

empresa. Yo pongo a la

patria, dice una y otra vez, por encima de la República. Lucha a lo numantino,

mejor dicho, con te son aragonés, y no bastándole el recinto de las Cortes se

desborda en mítines y conferencias, y, pareciéndole poco, esgrime la pluma para

combatir en la Prensa a los adversarios de España.

Con los discursos y escritos de don Antonio Royo-Villanova se puede componer el

más completo tratado sobre el error y la tragedia de la II República española. Y

se da la paradoja de que el hombre que pensó defender el orden de la República,

demuestra, con pruebas y argumentos irrefutables, cómo la República acabó con el

orden y cómo el desorden terminó con la República.

La hostilidad incesante al régimen le situó al ilustre profesor, de Ufi modo

natural, en la verdadera línea de resistencia frente a la barbarie marxista-

comunista; por eso, al sobrevenir el Alzamiento se encontró sin contradecirse,

por sentimiento y por imperio de la razón, en las filas nacionales, para

proseguir la lucha por los ideales de justicia y de patria. arraigados en el

espíritu y en el corazón de Royo-Villanova/

No necesitó ni un segundo de reflexión para saber hacia dónde se dirigían sus

simpatías y sus anhelos. Al día siguiente del Alzamiento escribe su primer

artículo. "¿Qué hubiera sido de nosotros, decía, si el Ejército no hubiese

pensado en España y con alto sentido patriótico, declarando facciosos a un

Gobierno que no gobierna, a unos ministros que no mandan, a un directorio que no

dirige, a unos políticos que van a remolque de los comunistas sabiendo que éstos

son meros -ejecutores de las órdenes de Moscú?"

El día 27 de julio de 1936 pronuncia por la Radio de Segovia una charla. "Yo

tengo de común, declara, con los falangistas y con los requetés la def|nsa de ia

Patria. Yo he nacido en Zaragoza y estoy bautizado en el Pilar. Mis abuelos

derramaron su sangre a principios del siglo pasado en defensa de la Patria. Yo

siento ser viejo y no poder sumarme a esa briosa juventud que defiende

heroicamente la. independencia de España,"

No puede batirse en las trincheras, pero se acerca a los frentes de batalla para

enfervorizar a los soldados y contagiarse de su heroísmo. Su adhesión a la Causa

le exigirá no sólo su entusiasmo, sino también sacrificios terribles: su fervor

nacional se acrisolará en el dolor. La revolución se vengará en su hijo

primogénito: otro de sus hijos y su yerno irán a la cárcel.

Royo-Villanova aceptó la prueba con temple de cristiano y de hidalgo castellano

y raíz aragonesa. "Soy uno más, exclamaba, en la legión de los que sufren por

España."

Joaquín ARKARAS

 

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