Autor: Álvarez Chirveches, Martín. 
   Un pueblo para la cruzada     
 
   18/07/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

UN PUEBLO PARA LA CRUZADA

LA Cruzada de Liberación española fue una sucesión de episodios gloriosos,

rotundo exponente del temple heroico de una raza, asi como del espíritu,

vocación y voluntad de todo un país dispuesto a la defensa de aquellas

esenciales virtudes que atesoraron las gentes de nuestra Patria y que

permitieron a ésta prestar los más señalados servicios del mundo. Es indudable

que cuando de manera tan unánime las gentes se incorporan a un heroico combatir

en los frentes y a un ¡heroico servicio en pueblos sometidos al dominio de las

fuerzas rojas, es porque esas gentes sa sienten impulsadas por una gran fuerza

interior y por unos ideales tan elevados, que inspiran la realización de los más

grandes sacrificios y de las luchas más abnegadas. He aquí la razón de que, con

ocasión de la Cruzada, se pusiese en movimiento el vigor espiritual de nuestro

pueblo, siempre con vocación para las grandes empresas y con inclinación hacia

lo trascendente, lo épico y lo universal. Esto mismo ya aconteció en otras

épocas cruciales de la, Historia, tales como el descubrimiento de América,

Lepanto, la fusión del espíritu europeo con las viejas civilizaciones de

América, y que dio origen al nacimiento de un gran número de países de estirpe

hispánica, y este otro gran servicio prestado a Europa con la derrota del

comunismo en tierras de España, elegidas .por aquél como estribo en que apoyarse

para dar su gran salto sobre el viejo continente.

Pero no sólo se apreció el carácter de Cruzada que tuvo el Movimiento Nacional

con la integración de aquellas fuerzas políticas unidas para la defensa en común

de esos eternos valores patrios, o mediante la ¡heroicidad derrochada en

baluartes como el. Alcázar toledano. Santa María de la Cabeza, Alto de los

Leones, Simancas y Sierra de Alcubierre, o en el sublime desbordamiento de los

requetés navarros y de los falangistas de Castilla, sino en decididas y firmes

actitudes de pueblos sencillos habitados por «entes ajenas a todo movimiento

político, pero que cuando llegó la hora de la Cruzada se alzaron con la misma

prontitud e idéntico heroico temple, que aquellos otros pueblos que en 1808 se

alzaron contra la invasión napoleónica. Tal es el caso del pueblo al que voy a

referirme, digno de figurar en el anecdotario de la Cruzada. Se trata de un

lugar construido en lo más profundo de los pinares de la serranía conquense,

semejante a un mar verde y rumoroso, un mar del que emerge el pequeño islote de

La Cierva, y en donde la actuación de sus vecinos revela el vigor y la

existencia de ese espíritu que en España diera vida a todas las Cruzadas.

Entonces como ahora las gentes de este lugar dedican la mayor parte de su tiempo

a las faenas de corta y al pastoreo. Y estos hombres, cuya vida transcurre en el

monte, no tardaron en percibir la existencia de un psli-gro para la Patria:

gentes alejadas del mundo y que, pese a su lejanía, fueron de los primeros en

captar esa llamada angustiosa de un país que da la sensación de que transmite

sus voces de auxilio por medio del pinar, la tierra y el roquedal, que es el

ambiente que rodea a estos hombres. Si el pueblo de La Cierva hubiese tenido su

enclave en zona nacional, la elección que unánimemente hicieron sus vecinos para

luotmr en ias filas de los ejércitos de Franco, pudiera haber sido un contagio

del clima patriótico que produjo el Alzamiento en los pueblos y en las regiones

donde aquél se Inició y triunfó plenamente; pero este pueblo quedaba en zona

roja, dominado, por tanto, ¡por unas fuerzas que llevaban ti terror y la muerte

a los más apartados rincones de una provincia estremecida de angustia. Pero pese

al cerco de terror y a la lejanía de los frentes, los hombres que residían en el

pueblo de La Cierva supieron rápidamente, como lo supieron siempre los hombres

de España, del lado en que caía la verdad; se lo decía no sólo el humo de los

templos que hervían en trágicas llamaradas en pueblos lejanos y el hallazgo de

cadáveres que, tras una noche alucinante, aparecían en caminos requemados por el

sol, sino esa voz Interior que siempre ha resonado en los españoles a la hora de

los •.(Tandea acontecimientos y de iniciarse las luchas decisivas. Así, los

hombres de La Cierva, movilizados por el amor a la Patria, por su fe y por la

intuición, se echaron al monte, tomaron las sendas más apartadas, pasaron por

las cumbres y vadearon los ríos para ir en busca del Ejército nacional que

caminaba ya por rutas victoriosas izando banderas de justicia social, de

hermandad, de paz, de trabajo y de reconstrucción. Ni un solo hombre—joven o

viejo—quedó en el pueblo de La Cierva; arrinconadas dejaron las hachas y

abandonados los trabajos del monte c de la pequeña .parcela dedicada al cereal.

Las mujeres se hicieron cargo de estos trabajos hasta que en su mayoría y junto

a lo.s seis ancianos que no pudieron escapar, fueron conducidas a la cárcel, en

ella murieron ancianas como la "tía Juanela" y nacieron niños que hoy andan ya

por los mismos senderos del monte donde siempre trabajaron los suyos. Todo un

pueblo para la Cruzada, los hombres luchando en los Ejércitos de Franco o

trabajando en los pueblos de la retaguardia, las mujeres trabajando en los

campos y esperando en la cárcel o en la tierra el retorno victorioso de los

combatientes. En recuerdo de lo que este pueblo hiciera y que constituye un

claro exponente del alma y el espíritu que diera vida a la Cruzada, una gran

placa de bronce se colocará ahora en las paredes del lugar que, escondido entre

los pinares, continuará siendo un símbolo y un ejemplo de las generaciones

futuras,

Martín ALVAREZ CHIRVECHES

 

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