Autor: Ximénez de Sandoval, Felipe. 
   La monstruosa blasfemia del Cerro de Los Ángeles     
 
    Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA MONSTRUOSA BLASFEMIA DEL CERRO DE LOS ANGELES

DENTRO de dos meses se cumplirá el XXV aniversario as uno de los mas bárbaros

episodios de la dominación marxista en España, al que ni siquiera sus vehementes

cantores se atrevieron Jamás a calificar de hazaña revolucionaria. Tam/poco los

oficiantes en el ara de de la "objetividad", han conseguido encontrar en el

camipo anti-marxista un hecho equivalente con el que poder equilibrar la balanza

de su exquisita ponderación. La destrucción del Monumento al Sagrado Corazón del

Cerro de. los Angeles, con sus escenas de soez brutalidad, de inútil sadismo, de

necedad irritante, sigue siendo la página más vergonzosa y estúpida de un

siniestro catálogo de blasfemias y crímenes, para la cual ni la diabólica

sutileza dialéctica de la juridicidad democrática pudo hallar eximentes o

atenuantes, ni en el riquísimo arsenal de metáforas de los novelistas, poetas, o

directores cinematográficos, ganadores o aspirantes a Nobeles, Oseares y otros

pingües galardones, se encontró una sola adecuada para dar lustre y grandeza a

quienes la escribieron con sangre, gasolina y dinamita, el día 7 de agosto de

1936.

Aquel piquete de desarrapados de camiseta y alpargata sudadas, retratados con

los fusiles apuntando a la piedra durísima que simbolizaba la Divina ternura del

Corazón de un Dios generosamente dispuesto a perdonarles, pues no sabian lo que

se hacían, ¿a qué consigna obedecían, a qué ´idea ´constructiva creían servir,

qué bienes esperaban de su acción para mejorar su pobre condición social, qué

reivindicación humana perseguían?

(Es posible que al prestarse a fusilar a Cristo cumplieran alguna fría orden del

ateísmo intelectual del momento, pero no se daban cuenta de que al hacerlo

afirmaban—negándola—una fe que había sido suya y de sus antepasados, esa fe qus

siempre está viva en la blasfsmia, pues nadie se revuelve contra lo que no

existe para destruirlo. Es posible que creyeran servir a la causa de la libertad

asesinando a la imagen de quien dio a los hombres la maravillosa libertad de

escoger entre la salvación y la condena. Tal vez esperasen mejorar su humilde

condición humana queriendo eliminar la posibilidad del miedo al misterio de la

muerte, a ese horror del arrepentimiento que en la hora postrera nos revela

nuestra miseria y la grandeza del más allá. Quizá—su ignorancia cerril permite

todas las suposiciones—confiaban en que sin el Dios que-los empequeñece, los

hombres pudieran ser más grandes.

En todo caso, todo ello—aunque fueran incapaces de concebirlo sus mentes

enloquecidas de rencores, idiotizadas de predicaciones, ebrias de odios

azuzados—era "un acto de fs". El Cristo que querían matar no era el esculpido en

la piedra sino el que llevaban en sus corazones. Un Cristo vivo y evidente,

acosador constante de sus conciencias—no una abstracción—que les dolía en la

carne como una llaga o una quemadura. Al emprenderla a tiros con la imagen, al

encender la mecha de la carga explosiva bajo los cimientos del Monumento, no le

consideraban un fantasma, pues contra los fantasmas no se emplean las armas,

sino un enemigo más peligroso aún que aquellos "fascistas" a los que liquidaban

con un tiro en la nuca.

Sí; la destrucción del Sagrado Corazón del Cerro de los Angeles fue un

monstruoso acto de fe, una plegaria blasfema como la de los ángeles rebeldes,

que serviría, al cabo de los veinticinco años, para hacer más sólida y más

esperanzada de la fe del pueblo español. Las ruinas del santuario y las

sepulturas de los mártires allí inmolados son la firme cimentación del nuevo

Monumento, al que constantemente acuden los españoles piadosos.

Cada año, con ocasión de la festividad del Corazón de Jesús, el Secretariado

Diocesano de Ejercicios organiza una peregrinación nocturna de desagravio a la

que asisten millares de hombres haciendo el recorrido a pie. La de este año. que

partirá de la cuesta de Claudio Mo-yano a la una de la madrugada ¿el domingo Id,

tendrá un relieve especial, precisamente por cumplirse el cuarto de siglo de la

brutal profanación. Participarán en ella la Acción Católica, las Hermandades del

Trabajo, los Hogares del Empleado y del Obrero, los Colegios Mayores y otras

varias entidades y congregaciones. A las cinco de la mañana se celebrará en el

Cerro de los Angeles una misa de comunión general, tras la cual los peregrinos

regresarán en autocares a Madrid.

Espontáneamente, asistirán este año varios núcleos de fieles de "la Iglesia del

silencio"—entre ellos uno de exiliados cubanos—>jue han encontrado pan, hogar,

afecto y Dios en nuestra patria. Ojalá, tarrsbién la monstruosa blasfemia que

sobre las tierras de Hungría, Rumania, Polonia, Letonia, Lituania, Estonia,

Croacia y Cuba fusila a Cristo y destruye templos, se convierta muy pronto, como

la del Cerro de los Angeles, en expresión de paz y dí serenidad para nuestros

hermanos católicos sobre cuyos labios—como sobre los de Cristo hace dos mil años

y los de los españoles hace un cuarto ce siglo— pasa el odio la esponja con hiél

y con vinagre del martirio.

Felipe XIMENEZ DE SANDOVAL.

 

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