Autor: Sanglade, Horacio. 
   ETA, aliada de los golpistas     
 
 Diario 16.    19/04/1982.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ETA, ALIADA DE LOS GOLFISTAS

Horacio Sanglade

Como abandonan las alimañas sus guaridas urgidas por el fuego, bajaron a la desesperada los comandos suicidas de ETA desde el «santuario» francés, tras el retiro de la Semana Santa y los ejercicios «espirituales» tácticos y estratégicos.

La múltiple utilización de armamento semipesado y una carga de explosivo tan importante como la empleada ayer en Madrid, amén de la sincronizada prodigalidad de sus golpes, deja bien claro el «salto cualitativo» en la escalada de la lucha revolucionaria de ETA.

La orgnización terrorista vasca ha pasado a la última fase de su operativa con una auténtica demostración de fuerza que recuerda, por la prolifera-3Íón simultánea de sus alentados, aquella irrupción veraniega del desconocido GRAPO.

Y vez sea una salida a la desesperada de los terroristas acorralados, conscientes de su absoluta falta de apoyo social y minada la moral de los cada día menos numerosos componentes de la banda.

O, posiblemente, sea un recurso arrogante a la violencia de quienes pretenden salir del «impasse» después de haber cegado suicidamente cualquier vía hacia la racionalidad.

Y no es extraño que hayan escogido un momento como éste, pocos meses después de que la democracia española haya sufrido un fuerte amago de infarto y sobreviva en una débil y enclenque convalecencia, para aliarse y hacer causa común con los golpistas.

El terrorismo siempre ha sabido elegir la oportunidad para sus golpes y, tal vez por ello, ETA ha desencadenado su ataque más decisivo cuando el juicio a los golpistas del 23-F ha desvelado la facilidad para el retorno de la dictadura, líquido amniótico ideal donde el terrorista se desenvuelve a sus anchas.

La escalada etarra, sin duda, no pierde de vista que antes de un mes España será miembro de la OTAN y antes de dos meses deberá iniciarse en nuestro país el Campeonato Mundial de Fútbol.

Por último, los terroristas vascos han elegido para golpear últimamente en Madrid una central de las más importantes de la Compañía Telefónica, «bestia negra» y objeto de sus iras, cuyos dos últimos delegados en Guipúzcoa fueron asesinados por el simple hecho de ganarse el pan en ese puesto de trabajo.

Afortunadamente, la reacción del Gobierno y de los partidos y centrales sindicales coincide en la necesidad de recabar el apoyo del pueblo en la colaboración con la Policía.

La izquierda, finalmente, ha sabido deshacerse del escrúpulo y eludir el falso complejo de «chivato» que tenía siempre para colaborar con las fuerzas policiales en la lucha contra el terrorismo.

Desenmascarar a los enemigos de la democracia, denunciar al presunto terrorista no es nada vituperable. Es, sencillamente/ayudar a hacer posible la convivencia en nuestro país, a segregar a quienes se niegan a dejarnos vivir

 

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