Autor: Múgica, José Ignacio. 
   El euskañol o el euskeranto     
 
 ABC.    01/05/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

El euskañol o el euskeranto

Por José Ignacio MUGICA

El hacer del vascuence el medio de comunicación moderno suficientemente para un bachillerato no sólo requiere crear unos cuantos miles de nuevas palabras. Además se planteaba el problema de unificar el vascuence o mantener las variantes dialectales: el vasco-francés, el vasco-navarro, el vizcaíno, el souletino, etc. La elección del «batúa» (de «bat» = uno) tuvo más simpatizantes que detractores y se impuso más como fruto de la necesidad que por una imposición arbitraria. Pero los primeros resultados de la nueva «moneda» unificada no son muy convincentes. Esa «greba», por huelga! ¡Ese «kitapena», en vez de liquidación! No sorprende que especialistas como don Luis Michelena, miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua, inicialmente partidario del «batúa», acabe por elevar su voz crítica. Los tradicionalistas, a ese nuevo euskera unificado, el de las nuevas palabras, le llaman «euskeranto», por su artificiosidad.

No es nada fácil crear vocablos nuevos. No debe de ser una acción frecuente, porque no encuentro verbo que le cuadre. Habría que formar palabra para ello: ¿vocabulizar?, ¿vocabulificar? Lo verdaderamente difícil es ampliar de pronto el vocabulario para cubrir un atraso de varios siglos. Porque el vascuence ha sufrido varias «acuñaciones», pero menos ambiciosas. Cuando se implantó la religión católica tuvo que buscar palabra para, por ejemplo, iglesia y creó «eliza», derivada del griego «elisa». De ahí vienen los nombres como Elizondo, Elizalde, Elzaburu. Recientemente nos ha recordado Santiago Aizarna que el nombre de pila «Coldovica» o «Koldobika», por Luis, se formó desde «Clodoveo» y «Ludovico». Pero una cosa es alumbrar unas docenas de palabras y otra rotular varios cientos de objetos, situaciones, cualidades, acciones.

Sobre el mostrador de la sección de información, a la entrada de unas oficinas públicas en San Sebastián, he visto este letrero: «argi-bide». «Argi» es luz y «bidea» —del latín «via»— es camino. No le falta poesía a la nueva palabra vasca para «información». Lo equívoco es que sería igualmente idóneo para indicar una compañía eléctrica o un centró religioso, ese «camino de la luz».

Como idioma verdaderamente arcaico, el vascuence probablemente tiene sedimentos "de todas las culturas que han existido en nuestra península. Hay palabras como «aizkpra» = hacha; «aizurra» = azada; «aizto» =cuchillo, derivadas de «aiz» = piedra, o como «orma», que significa hielo y también pared, que suenan como si viniesen del paleolítico. «Guda» = guerra, «gudari» = guerrero, recuerdan la moneda ibérica del guerrero, que contiene la palabra «guda» en ella grabada. Palabras como «errota»

molino, o «bidea» = vía, deben venir directamente del latín. A su vez, el vascuence presta a los idiomas peninsulares voces como esquerra e izquierda, del euskera «esku» = mano, y «oker» = torcida, torpe; bizarro, de «bizar» = barbas, ya que «bi» = dos y «zar», = viejo; zamarra; chaparro; chatarra; rogé (de «errea» = asado y «ogi» = pan), etc.

Cuando pienso en los estratos más antiguos del euskera me viene a la mente este símil: con el vascuence, lengua viva, tenemos un diplodocus no fósil, sino vivo y rozagante; una auténtica joya lingüística y arqueológica. Lo malo es que nuestro diplodoco pervive en la época del caballo. Si nos empeñamos en que compita en las carreras y en prepararle para tan desigual competición, podría acabar convirtiéndosenos en un vulgar rocín.

* Pido ayuda a ese maestro que es El Brócense, cuya erudición no me extrañaría que produjese la palabra adecuada.

 

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