Autor: Celis, José de. 
   Agricultura. Un sector deprimido     
 
 Arriba.    20/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Agricultura

UN SECTOR DEPRIMIDO

QUE España es un país eminentemente agrícola es una afirmación que no merece mayor comentario,

nuestro país es agricultor por esencia y riqueza, ya que en su suelo no crece ni se da otra cosa que aquello

que tiene sus raíces en él.

Mas que nuestro país sea eminentemente agrícola, no quiere decir que sea e! sector más boyante y más

cuidado, sino que al contrario, resulta ser el más deprimido y sobre el que se aplica la menos coherente de

las políticas, sufriendo en consecuencia sus cerca de un millón y medio de trabajadores los rigores de esa

falta de perspectiva.

Resulta que ese 11,5 por 100 de la población española, que es en definitiva la que nos proporciona los

alimentos y llena nuestros mercados, disfruta de la renta más baja de todos los sectores y tiene además

sobre sí el peso de unas condiciones de vida muy inferiores al de los trabajadores de la industria y los

servicios, dándose como consecuencia lógica de ese abandono del medio rural que el 11,5 por 100 se vaya

reduciendo a ritmo alarmante y se llegue en poco tiempo a una total despoblación de nuestros campos.

Los dos puntos capitales sobre lo que entendemos debe basarse una seria política agraria son: el

mejoramiento de la vida rural y una política de comercialización que no coloque al campesino ante la

dictadura de los intermediarios.

Cualquier índice de condiciones de vida del pueblo español nos revela que las comarcas agrícolas están

muy por debajo del resto del país, no ya en consumo de televisores o de otros productos que hacen la vida

más cómoda en general, sino que esos índices son igualmente bajos en materias o aspectos que se

consideran esenciales en pleno siglo XX. Así tenemos que el campo español disfruta del más bajo índice

de escolaridad y que los centros sanitarios, como bien informó en su día la Dirección General de Sanidad

al Gobierno, escasean de modo alarmante. Mientras el campesino no vea trasladado a su hábitat las

comodidades que se disfrutan en los centros urbanos, temernos que seguirán emigrando, dejando que el

campo sea cuidado por los ancianos que no pueden ya moverse de sus hogares. El envejecimiento del

campesinado español es ya un hecho irrefutable que se está haciendo notar.

Quizá el abrir los canales de comercialización adecuados sea la gran batalla que se ha hecho patente en

todas las épocas en nuestro país, pero de momento, y a la vista está, ha sido una batalla perdida; muchas

veces de antemano por haber respondido a intereses que eran ajenos a nuestra agricultura. La cuestión de

los intermediarios en el mercado agrícola es algo tan palpable a nivel nacional a través de la cesta de la

compra que no merece mayor comentario, salvo el de pedir que se busque una rápida solución, antes de

que se produzcan esas actitudes a las que ya nos vamos acostumbrando, como son la de arrojar productos

al mar o abandonarlos sobre la tierra.

José DE CELIS

 

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