Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Epístola moral al "lenda"     
 
 Diario 16.    14/05/1982.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Epístola moral al «lenda»

Tras las últimas y macabras excursiones de los muchachos de ETA, no resisto la tentación ahora que estoy unos días con el pase de pernocta que me han dado en el Servicio Geográfico del Ejército- de reanudar mi improvisado epistolario con el «lendakari» Garaicoechea, que tan buena acogida parece tener en Euskadi. Y es que cada carta que te escribo, «lenda», provoca a su vez una incontenible riada de misivas hacia este humilde columnista y, sorpréndete, presidente, la gran mayoría de ellas de elogio y asentimiento.

Vuelvo a insistir en lo de «lenda», porque creo que una de las formas de desdramatizar Euskadi puede consistir en quitarle solemnidad a la semántica. Ya sabes, «lenda», los peligros y hasta el significado que como síntoma tiene la espectacularidad rimbombante de los símbolos y los lenguajes. Acuérdate, «lenda». de aquellos bonitos escenarios, aquellos festivales de teatro tan divertidos que organizaba un tal Goebbets. De modo que no veas -y lo repito una vez más— falta de respeto, ni siquiera de admiración, en lo de «lenda». A fin de cuentas, no olvides que aquel mandatario de la nación más poderosa de la Tierra, el presidente Cárter, llegaba a firmar decretos de gobierno en Adidas y vaqueros, con el diminutivo de «Jimmy», que, como sabes, quiere decir «Jaimi´to». Y no pasaba nada pero a lo que iba, «lenda». Resulta que los muchachos de la capucha han vuelto a hacer travesuras, sangrientas, naturalmente.

Mira, eso de «pandilla de asesinos», comentario con el que obsequiaste a ETA tras el asesinato del ingeniero de Lemóniz, no ha estado mal, la verdad, aunque con algo de retraso. Ahora ya sólo falta que lo diga también Juan Mari Bandrés, y las cosas empezarán a ir de otra forma. Lo que ocurre, «lenda», es que la cuestión no reside ahí, el mal es más profundo. La raiz de todo el problema parece anidar en ese virus maligno que aqueja a una parte de la sociedad vasca, de la que tú eres su principal dirigente. Hay un País Vasco enfermo. No tiene otra explicación el que la sangre de ¡500 personas! haya sido criminalmente derramada y miles de vascos ni siquiera pestañeen, incluso aplaudan.

UNO de mis particulares corresponsales vascos, psiquiatra, joven, lúcido, me obsequia con esta impagable reflexión: «La paranoia actual de parte del pueblo vasco, sobre todo del PNV, se debate entre los arquetipos de Jung y los complejos de Adler...» Toma nota, «lenda»...

Y este mal, hondísimo, crónico, no se cura con declaraciones. El momento es tan históricamente crucial que parece aconsejar los «Churchills» y los «De Gaulles», inmensos hombres de Estado de los que, lamentablemente, no andamos sobrados. Ha llegado la hora, «lenda», de poner en marcha aquel slogan comercial de una empresa-vasca-de electrodomésticos: ideas en acción.

¿Y el PNV? Naturalmente, todas las claves del asunto residen en este partido, el tuyo, «lenda». Y no voy a caer en esa otra paranoia, la sospecha creciente de que cuando el PNV quiere Lemóniz, ETA actúa; cuando exige transferencias en el terreno de la telecomunicación, la Telefónica recibe la visita de los etarras. Pero la decirte que ya está bien, «lenda», de verdad. Porque lo malo de tu partido es que ese germen clericaloide de sus orígenes pervive como una infausta levadura en todas sus acciones "de hoy.

TEÑE todo ese insufrible tufillo de cristianismo cínico, falsificado y «demodé» que recurre a las exaltaciones de la resignación, la penitencia, el sacrificio, el dolor como vías de perfección para alcanzar el paraíso nacionalista, donde los querubines con boina toman chacolí y juegan al frontón en el «bátzoki» celestial de San Ignacio. Y así no vamos a ningún sitio, «lenda», que te vas a condenar, de verdad...

La cuestión es así de sencilla: un par de cientos de perturbados están poniendo en gravísimo peligro el éxito de una descomunal empresa histórica: la de pulverizar, para siempre, las dos Españas y construir, por fin, una sola, armónica, concillada, culta, civilizada y sensata, más o menos feliz...

Es tal la orgía de sangre, «lenda», que aquí ya sólo cabe la interpretación clínica de la masacre. Y la disyuntiva es cada vez más clara: hospitales psiquiátricos o campos de concentración. Atentamente.

 

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