La declaración del vicepresidente vasco     
 
 ABC.    29/05/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

OPINIÓN

SÁBADO 29-5-82

La declaración del vicepresidente vasco

En la discusión de loe primeros artículos de la ley orgánica para la armonización de las autonomías se han enfrentado en duro debate los diputados socialistas y los diputados del Partido Nacionalista Vasco, Al tiempo, y ante la deplorable situación que debe superar la economía del País Vasco, agravada por cuanto significa la nueva paralización de las obras en- la central de Lemóniz, el vicepresidente del Gobierno vasco, don Mario Fernández, ha hecho unas declaraciones admirables por su valor y por su exacta evaluación de la realidad.

El vicepresidente del Gobierno vasco ha planteado el verdadero problema político: decidir quién manda en el País Vasco, si las instituciones, Gobierno y Parlamento, emanadas de la voluntad popular, o una organización terrorista. Y sin acogerse a ninguna ambigüedad, sin emplear alusiones o circunloquios, ha dicho: «Si el pueblo vasco no rompe definitivamente con ETA, estábamos mucho mejor con la dictadura.»

Parece lógico interpretar que el vicepresidente del Gobierno vasco no se propone hacer con esta afirmación un elogio de la dictadura, sino una repulsa tajante, y muy cualificada, de las acciones terroristas de ETA. Con una clara alusión, subyacente en sus palabras, a la imposibilidad de gobernar sin verdadera capacidad de ejercicio de la autoridad. Porque verdaderamente en el caso de Lemóniz, al que se refiere en sus declaraciones, la interrupción de las obras no es decisión ni de los dos Gobiernos, ni tampoco empresarial, sino imposición del terrorismo. Por duro que resulte reconocerlo, la verdad es que ETA ha vuelto a cerrar Lemóniz.

Pero las palabras del vicepresidente del Gobierno vasco tienen, seguramente, mayor alcance. Las entendemos dirigidas a condenar una situación en la que una parte de la población vasca continúa, de modo suicida, prestando su adhesión, más o menos directa, a ETA. Este respaldo, por injustificable que sea, refuerza al terrorismo y debilita correlativamente la autoridad del Gobierno vasco, cuyos propósitos normales son garantizar las libertades amenazadas, recuperar los niveles de empleo y bienestar perdidos, estimular las inversiones, atraer empresas, garantizar orden y seguridad a sus ciudadanos.

Ahora bien, el actual Gobierno vasco, y el PNV en definitiva, no sólo tendrán que afrontar el desafío de ETA —en cuanto les afecta, porque también es ETA un gravísimo problema nacional, sino que tienen ya planteado el conflicto interno con aquellos partidos extremistas, llamados abertzales», cuyo proyecto político discurre por líneas paralelas a las que alegan, para justificar sus acciones terrorista, las ramas de ETA. La tradicional controversia entre PNV y PSOE se ha complicado. En el billar vasco se juega ahora a tres bandas por lo menos. Y evidentemente, le va a corresponder al PNV la ardua tarea de anular políticamente a los «abertzales».

Nunca es mejor, en el terreno de las ideas, una dictadura. Pero lo peor es, sin duda, una dictadura del terrorismo. Y también en este aspecto están llenas de buen sentido —de sentido común político— las palabras del vicepresidente del Gobierno vasco eco impremeditado de la clásica, sofística y discutida preferencia de la injusticia al desorden.

 

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