Autor: Semprún, Alfredo. 
 Amplia operación de control policial en Madrid. 
 E.T.A. Reivindica el asesinato del general Ortín  :   
 A las tres y media de la tarde se celebrará en el Cuartel General del Ejército el funeral "corpore insepulto". 
 ABC.    04/01/1979.  Página: 1,3-4. Páginas: 3. Párrafos: 39. 

AMPLIA OPERACIÓN DE CONTROL POLICIAL EN MADRID

E.T.A. REIVINDICA EL ASESINATO DEL GENERAL ORTIN

A las tres y media de la tarde se celebrará en el Cuartel General del Ejército el funeral "corpore insepulto"

MADRID. (De nuestra Redacción.) Ayer, a las tres de la tarde, fue asesinado en la puerta de su domicilio el gobernador militar de Madrid, general de división Constantino Ortin Gil. Cuatro jóvenes participaron en el atentado realizando varios disparos contra el general, tres do los cuales le alcanzaron en la cabeza y en el cuello. El gobernador militar de Madrid fue trasladado a la residencia Francisco Franco en su propio coche, ingresando ya ´Cadáver. E. T. A.-Militar reivindicó, a última hora de la tarde de ayer, el atentado.

La capilla ardiente sa Instaló después en el Cuartel General del Elército, siendo visitada por numerosos militares de alta graduación. En este mismo enclave tendrá lugar, a las tres y media de la tarde de hoy, e/ funeral «corpore insepulto».

Pocos minutos después del atentado fueron Informados el teniente general Gutiérrez Mellado y el ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, quienes almorzaban ¡untos, preparando, al parecer, algunos temas relacionados con el próximo calendario electoral. Ambas personalidades se trasladaron más tarde al palacio de la Moncloa, donde mantuvieron una reunión —que se prolongó hasta las ocho de la tarde— con el presidente Suárez.

Por otra parte, también se reunió la Junta de jefes de Estado Mayor, bajo la presidencia del teniente general Maro Arregui.

De acuerdo con una nota facilitada por el Gobierno Civil, de Madrid, ai conocerse la noticia, la Guardia Civil estableció controles en todas las salidas do la capital y fuerzas de la Policía Armada llevaron a cabo una amplia operación de control en toda la ciudad.

En este sentido se recuerda que la Policía sabia de la posible existencia de comandos terroristas en Madrid, aunque medios oficiales negaron esta posibilidad por razones de seguridad. Varios controles se establecieron en la ciudad desde que comenzó la reciente ofensiva de E. T. A.

—¡Vicente, por favor! ¡Vicente! ¡Que han matado al señorito, venga, por favor!

Era doña Emilia Bravo, empleada en el hogar de los señores ortín Gil desde hace muchos años, quien con lágrimas anegando su rostro daba la trágica noticia a don Vicente Romero, conserje del inmueble número 63 de la avenida Menéndez Pelayo, en cuyo tercer piso vivía desde hacía cuarenta años el general de división, gobernador militar de Madrid, señor Ortin Gil, asesinado ayer, a primera hora de la tarde, por un grupo de pistoleros cuando el prestigioso militar regresaba a su domicilio.

—Nosotros —nos contaba minutos después don Vicente Romero— no nos habíamos enterado de nada. Eran ya casi las tres de la tarde y mi mujer, mi hijo y yo estábamos comiendo...

—¿No oyeron los disparos?

—Yo, no. Ando algo mal del oído; mi hijo, tampoco. Sólo mi mujer dice ahora haber oído unos ruidos, pero los confundió con los que normalmente produce la puerta de la calle al cerrarse más bruscamente de lo normal...

—Entonces salló usted en ayuda del general...

—Salí, sí. Salí corriendo tras Emilia, pero, desgraciadamente, ya nada pude hacer por él. Ni siquiera tuve tiempo de verle herido. Cuando llegué a la calle ya se lo habían llevado dos señores en su propio coche al hospital. Vi los charcos de sangre. Era algo tan impresionante que me apresuré a borrarlos echando cubos de agua...

—¿Usted tenia noticia de que el general estuviera amenazado? ¿Se montó en alguna ocasión vigilancia especial en esta casa?

—No. Nunca se ha montado una vigilancia especial en esta casa. En cuanto a lo de las amenazas, no sabría decirle. Sé que, siendo mi costumbre esperar a la puerta la llegada del general, hace unas semanas éste me dijo cogiéndome del brazo: «Vicente, yo le agradezco su atención, pero no me espere usted mas. No sea que vaya a aparecer un tío con una metralleta en busca mía y muera usted conmigo y por mi culpa.» Yo le contesté que un día u otro teníamos que morir todos y que sería un honor para mí dejar este mundo junto a él Fue algo intrascendente, que ahora me viene a la memoria... No creo que estuviera amenazado. Más bien pienso que me lo dijo pensando en lo que les había -ocurrido a sus compañeros días atrás, a lo que está ocurriendo todos los días.

(PASA A LA PAG. 3)

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NACIONAL

CUATRO PERSONAS PARTICIPARON EN EL ATENTADO

El comando utilizó para su huida un coche de alquiler

(VIENE DE LA PAG. 1)

—¿Sabe usted si ha habido testigos de los hechos?

—Si, creo que sí. Lo que ocurre es que se los. han llevado a todos a la Puerta del Sol para tomarles declaración...

UN COMANDO DE APOYO

El señor Romero no puede facilitarnos más Información. En la cafetería Yolanda, situada en la esquina, de la calle Doce de Octubre y la avenida Menéndez y Pelayo, estuvo cubriendo la retaguardia a los asesinos materiales otro pistolero...

—Al menos, según nos han contado nuestros compañeros, estuvo aquí, bebiendo cerveza tres cerveza, hasta que sus compañeros asesinaron al general, y luego salló corriendo para, junto con ellos, Introducirse en el Seat ciento treinta y uno de color blanco —matrícula M-5622-BT— que estaba aparcado en doble fila enfrente, en la calle Doce de Octubre, con otro sujeto al volante del mismo.

—¿Alguno de ustedes presenció lo ocurrido?

—Creo que nadie, ni clientes ni miembros del personal de la cafetería, se dio cuenta de lo ocurrido... Sólo cuando al ruido de los disparos todo se puso en conmoción, se dieron cuenta de lo que le he dicho...

—¿Y no reaccionó nadie, tratando de detener al que salió corriendo?

—Por lo visto, no... La Policía ha estado aquí y con ella se han ido cuantos se habían fijado más o menos en el Individuo y en sus compañeros, que actuaron a cara descubierta...

HABLA EL CONDUCTOR

Por su parte, el joven soldado, conductor del vehículo oficial del general, a quien localizamos en la Ciudad Sanitaria Francisco Franco, nada pudo hacer, sino socorrer ya «in extremis» a su general.

—Yo me había despedido de él, tras abrirle la puerta. No me fijé ni vi nada sospechoso. Di la vuelta otra vez al coche y, cuando estaba ya sentado al volante, dispuesto a marcharme..., oí los disparos. A través de 1a ventanilla vi caer al general y correr a sus dos asesinos, aún con las pistolas en la mano. Me lancé como un loco en ayuda del general... Pero me di cuenta de que ya nada podía hacer en su favor. No obstante, traté de levantarle para llevarle en busca de ayuda médica. Pero no podía. La sangre le salía a chorro por la frente y el pecho. Luego sentí cómo otros dos hombres me ayudaban. Lo metimos en el coche y, a toda velocidad, lo traje hasta aquí... En mi interior todo se había revuelto. Y aún sólo me parece oír las voces apagadas de los dos señores que venían conmigo diciendo: «Está muerto», «No respira». «Le han detrozado la cabeza»... Luego vi llegar a la señora y a la sirvienta, pero no he tenido valor para hablarles. Estoy destrozado...

—¿Se fijó usted en los asesinos? —Me parece que vestían prendas de abrigo color oscuro, pero no podría asegurarlo. y también me parece haberles visto meterse en un coche aparcado en la calle Doce de Octubre; pero, le digo, todo « muy confuso...

—¿El general no tenía ayudante? —Sí. El comandante Porras...

—¿Lo habían dejado ustedes en algún sitio antes de dirigirse a la casa del general?

—No. El comandante estos días estaba disfrutando de un permiso. Por eso no venía con nosotros. De haber venido es posible que también él hubiera muerto, ya que acostumbraba, a acompañar al general hasta la puerta del portal...

VERSIÓN OFICIOSA DE LOS HECHOS

Hasta aquí los testimonios que, en Información precipitada, hemos sido capaces de recoger. La Policía madrileña, por su parte, parece haber establecido de forma fidedigna el trágico suceso.

Al parecer, el general Ortín se había retrasado más de lo habitual, entretenido por la resolución de varios asuntos en él despacho oficial. Por este motivo, doña Emilia, empleada en su hogar, se encontraba en el balcón de la casa esperando su llegada, ya que, debido a lo que «está aconteciendo casi a diario», en el domicilio del gobernador militar de Madrid reinaba cierta intranquilidad en relación con la seguridad del cabeza de familia.

Sobre las tres menos cuarto de la tarde, el coche del general aparcaba en doble fila y el conductor hizo lo necesario para que la puerta lateral derecha trasera quedara frente al espacio que dejaban entre sí dos coches allí aparcados, a fin de que su jefe pudiera apearse del vehículo sin dificultad. Cuando el alto Jefe militar se dirigía ya hacia el portal de su domicilio, y antes de que pudiera alcanzar la acera, dos desconocidos se lanzaron sobre él pistola en mano, disparando rápidamente, uno de ellos apoyando el arma en la frente de su víctima y el otro desde distinto ángulo, a muy corta distancia. El primer disparo, mortal de necesidad, hizo que el general Ortín cayera desplomado sobre el asfalto, entre los dos coches señalados, mientras que los dos asesinos emprendían rápida huida hacia un coche que se encontraba con el motor ya en marcha, esperándoles, en la calle Doce de Octubre, en dirección a la autopista M-30. Al mismo tiempo, otro

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ASESINATO DEL GOBERNADOR MILITAR DE MADRID

Individuo, que salió corriendo de la cafetería Yolanda, se introducía, asimismo, en el coche y los cuatro desconocidos huyeron sin dejar otras pistas que los testimonios de doce personas que se han personado a declarar en las dependencias de la D. G. S. y tres casquillos de bala del 9 mm. largo, tipo Parabellum y marca .PN, que los inspectores localizaron en el lugar de los hechos.

UN COCHE SOSPECHOSO

Pocos minutos después de ocurrir lo que relatamos se personó en la avenida Menéndez Pelayo, frente al número 63, una dotación policial especializada en la detección de explosivos y en su desactivación. Tras acordonar el Jugar de los hechos, dedicaron una cuidadosa atención a uno de los coches entre los que muriera el general. Un Seat 124, de color blanco, matrícula de Madrid 741943, el cual, tras ser revisado detenidamente, fue entregado a su propietario.

En los momentos en que cerramos nuestra crónica aún no ha sido localizado el vehículo utilizado por el cuarteto de pistoleros asesinos. Se sabe, al parecer, que el Seat 131 M-5622-BT, de color blanco, pertenece a la casa de alquiler de coches sin conductor Autos Acapulco, sita en la calle Ferrocarril, y que en los libros de la misma figura, siempre a tenor de nuestras noticias, no confirmadas, como alquilado a un tal señor Camporredondo.

Asimismo, y en confirmación, parece ser que, a través de determinados testimonios, se podría haber establecido la personalidad del individuo que estuvo consumiendo cerveza en 3a cafetería Yolanda mientras «guardaba las espaldas a los dos asesinos materiales», como al célebre «etarra» Larrafiaga Mendizábal, más conocido por su apodo de «Peixoto».—Alfredo SEMPRUN.

 

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