Capítulo de responsabilidades     
 
 ABC.    05/01/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. VIERNES. 5 DE ENERO DE 1979. PAG. 2.

CAPITULO DE RESPONSABILIDADES

«Solamente los terroristas son Incapaces de condenar el terrorismo», afirmó el ministro del Interior en su última intervención ante las cámaras de TV.E., al dirigirse a los españoles en nombre del Gobierno después del asesinato del gobernador militar de Madrid. Esta y unas pocas precisiones más bastarían para salvar la intervención del señor Martín Villa, en la citada comparecencia, que, por desventura para el tributado ánimo de los españoles, no acabó de colmar su demanda colectiva de claridad y firmeza públicas frente al asalto en toda regla a que se ve sometida la convivencia nacional.

Ciertamente, que no debería negociarse con E. T. A. es cosa que nosotros sabemos y contra la que hemos venido clamando desde hace largo tiempo. También clamamos en su día contra la amnistía; o menos contra ella que contra los términos —circunstanciales, de oportunidad— en que fue dispensada a los asesinos etarras. Pero tanto esto como la ausencia de una negativa puntual y enfática a negociar con el terrorismo contribuyeron en no poca medida a crear condiciones como estas de ahora, en las que ese activismo revolucionario ha capitalizado la fuerza suficiente para retar al propio Estado.

Que la desazón y la angustia de ahora es el principal componente del precio de la transición apenas nos ofrece duda. Aunque sí alimenta nuestra consternada perplejidad la hipótesis, razonable de todo punto, de que las determinantes básicas de tan onerosísimo coste vinieron definidas e impuestas por los partidos de Izquierda. ¿No fueron ellos quienes, actuando de correa de transmisión, impusieron al Gobierno que se concediera la amnistía? ¿No ha sido acaso uno de ellos quien con resonancia mayor ha abogado por la negociación del Gobierno con E.T.A.?

No se puede, no se debe, proponer las premisas y abominar de las correspondientes, fatales, conclusiones. No se puede, no se debe, desarbolar al Estado de recursos esenciales para el cumplimiento de sus fines y lamentar luego los amargos y dolorosos frutos de su indefensión. No se puede, no se debe, propiciar el establecimiento de las condiciones que más favorecen el despliegue y desarrollo de la estrategia del terrorismo y unirse luego al coro de las lamentaciones cuando ese terrorismo, golpe a golpe, alcanza puntos cada vez más sensibles de las Instituciones y del Estado.

Se ha rebasado ampliamente la cota en la que sólo pudieron bastar las condenas verbales. De ahí que entendamos que cuando el ministro del Interior afirma «solamente los terroristas son incapaces de condenar el terrorismo», se está demandando de la comunidad política, comenzando por los propios partidos, menos una expresión verbal de repudio de Ja E.T. A. que tina reacción activa; que un compromiso militante contra los terroristas y contra los reductos todos de ambigüedad —de la izquierda, del Partido Nacionalista Vasco y de una notable fracción del clero vasco— donde la E.T.A. se parapeta, medra y recobra fuerzas para seguir en sus ataques.

Quizá Incurramos en exageración al afirmar que el terrorismo de E. T. A. es el primer problema nacional y que, por tanto, requiere una respuesta nacional, de todos- Una respuesta que, acaso, debiera principiar por la declaración expresa y pública de los errores y las debilidades cometidas con la E.T.A. por cada uno. Remedando al ministro del Interior nos atreveríamos a afirmar que solamente los antipatriotas son Incapaces de reconocer las responsabilidades contraídas en el insostenible fracaso contra el terrorismo.

 

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