Un guardia civil y su novia fueron las víctimas. 
 Dos nuevos asesinatos en una atentado perpretado en Beasaín     
 
 El País.    07/01/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Un guardia civil y su novia fueron las víctimas

Dos nuevos asesinatos en un atentado perpetrado en Beasaín

ANTONIO GONZÁLEZ. San Sebastián

Dos jóvenes —un guardia civil de veinticuatro años y su novia de veinte— fueron ametrallados ayer, a las tres menos cuarto de la madrugada, cuando se desplazaban en un automóvil por la localidad guipuzcoana de Beasaín, procedentes de una sala de fiestas y con destino a sus respectivos domicilios.

En el momento en que el vehículo paró en un stop dos jóvenes se situaron frente a él y abrieron un intenso fuego de metralleta contra sus ocupantes. Ambos perdieron la vida en el acto acribillados a balazos. A las cinco de la tarde varios cientos de personas asistieron al funeral celebrado en el hospital militar de la capital donostiarra.

El guardia civil Antonio Ramírez Gallardo y su novia, Hortensia González Ruiz, habían estado tomando unas copas en la discoteca Sanday, de Beasaín, hasta las dos y media de la madrugada, hora en que decidieron retirarse a sus domicilios. La pareja subió en un R-5, de color naranja, matrícula SS-7012-I, y cuando no habían recorrido doscientos metros el conductor frenó ante un stop que marca la confluencia de dos calles. En ese momento, y en una acción armada que duró escasos segundos, dos jóvenes, metralleta en mano, saltaron frente al vehículo colocándose a ambos lados de la parte delantera y vaciando los cargadores de sus armas contra los ocupantes.

En el lugar del suceso la Guardia Civil encontró quince casquillos de bala, calibre 9 mm., parabellum SF-74, y un cartucho de revólver. Vecinos que oyeron el fuego de metralleta aseguran que al menos se produjeron de cuarenta a sesenta detonaciones —la cifra varía según las versiones— y coinciden con la Guardia Civil en que al final del tiroteo se escuchó una explosión seca que puede corresponder al cartucho del revólver hallado en el lugar.

Los cuerpos sin vida de Antonio Ramírez y Hortensia González fueron trasladados por tres jóvenes que pasaban por el lugar a la clínica San-Miguel, de Beasain, donde, una vez certificada su muerte, fueron conducidos al hospital militar de San Sebastián, en donde quedó instalada la capilla ardiente.

El comando armado emprendió una rápida huida en un automóvil que habían situado en las proximidades, en el que esperaba, al volante, una tercera persona. Nada más conocerse este nuevo acto de violencia se pusieron en marcha los clásicos mecanismos de seguridad, centrados de forma externa en estrictos controles de las carreteras de la provincia, que se prolongaron durante toda la jornada.

Una hora antes del suceso, en la misma localidad de Beasain, dos jóvenes obligaron a una pareja propietaria de un R-5, matrícula SS-2252-C, a dirigirse hacia el cementerio de la villa en cuyas proximidades les dejaron atados y amordazados. La Guardia Civil no descarta la posibilidad de que este vehículo haya sido utilizado de alguna forma para el atentado.

Funeral

A las cinco y cuarto de la tarde, con prohibición expresa de entrada a los periodistas, comenzó en el hospital militar el funeral por las víctimas, al que asistieron las máximas autoridades militares y civiles de la provincia, así como varios cientos de compañeros y amigos de las víctimas. La ceremonia estuvo rodeada de grandes medidas de seguridad, en las que participaron soldados del Ejército, guardias civiles y policías armados. Al finalizar el acto religioso se dieron vivas a la Guardia Civil y algunas personas calificaron de ineptas a las autoridades presentes. Los féretros, cubiertos por la bandera española —el de Antonio Ramírez tenía encima su tricornio—, fueron despedidos con aplausos. Cargados en los furgones emprendieron viaje hacia Tarifa y San Roque, en la provincia de Cádiz, donde recibirán sepultura. El gobernador civil de Guipúzcoa, señor Oyarzábal, por recomendación expresa de uno de sus subordinados, permaneció en el interior del hospital militar hasta que se despejaron los alrededores del edificio.

A la hora de redactar esta información comenzaban a llegar a las redacciones de los periódicos los habituales comunicados de condena.

 

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