El arzobispo de Marsella podría intervenir en su favor. 
 Los confinados vascos siguen pidiendo la carta de refugiado     
 
 El País.    10/02/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

El arzobispo de Marsella podría intervenir en su favor

Los confinados vascos siguen pidiendo la carta de refugiado

(Viene de primera página) En el reducido espacio del bar, cuatro jugaban a las cartas, uno leía Enbata, otro Egin, otro Deia, otro EL PAÍS, otro un tebeo, algunos escuchaban las canciones vascas emitidas por una radio-cassette. María Dolores González, la única mujer del grupo, pensativa, fijaba en el infinito sus ojos negros penetrantes; la botella de Evian, azucarada, pasaba de mano en mancólos paquetes de Ducados rodaban por encima de las mesas; El día que murió Guernica, libro de Gordon Thomas (regalo de un viejo republicano del lugar), reposaba encima de una mesilla; dos policías de paisano en la barra del bar, vigilantes de sesión continua, estaban presentes y ausentes al mismo tiempo. Eran las tres de la tarde y el señor alcalde, tras los postres, cruzó el hall y se personó en el bar. Abrió la boca y el silencio se hizo:

—Bueno, ¿qué vais a hacer esta noche? (El alcalde se refería al ayuno y al encierro previsto por los vascos.) Os pido que reflexionéis. Yo espero noticias de París hoy mismo o mañana. Así que, a última hora del día, tenéis que escoger.

—Nosotros lo que queremos es nuestra carta de refugiados —respondió un vasco—, porque nos han confinado arbitrariamente.

—Quiero que me creáis —rogó el alcalde—. Aquí se os ha tratado gentilmente, el hotel ha sido como un camarada vuestro, y, sin embargo, pierde dinero. Se os ha dicho que el 4 ó 5 de marzo volveréis libres al País Vasco francés con una carta de residencia. Yo no hago más que transmitir órdenes oficiosas (al final del día,el señor alcalde diría oficiales) y, repito, tenéis que reflexionar sobre lo que vais a hacer esta noche.

—En resumen —concluyó un vasco—, lo que desean es que renunciemos a nuestra carta de refugiados y esto quiere decir que debemos continuar viviendo en la inseguridad, nosotros y nuestros compañeros, porque, en cualquier momento volverán a detenernos, sin motivo alguno, como ha ocurrido ahora.

—Repito por última vez —concluyó el alcalde—: si París ordena la extradición yo no quiero saber nada. Tenéis que escoger.

El alcalde se fue y momentos después la policía hizo un aparte con uno de los confinados para insistirle: «No hagáis tonterías (huelga de hambre y encierro), porque, en tal caso, ya sabéis lo que os espera: el retorno a España. Además, ya empiezan a llegar periodistas.»

En una atmósfera pesada, uno de los vascos suspiró: «¡La extradición!» La incertidumbre se palpaba, creciente: «Esta incertidumbre —declaró un confinado— es una de las razones de esta huelga de hambre. No sabemos nada sobre nuestra situación hoy, ni lo que será mañana. Todo lo que se hace con nosotros es arbitrario y la policía francesa sabe que son falsas las acusaciones que pesan sobre nosotros, pero colaboran con las autoridades españolas. Todos somos refugiados de la época del franquismo y llevamos en Francia entre cuatro y nueve años.» «¡Vete a saber lo que van a hacer con nosotros!», exclamó otro vasco.

Entre tanto, las reuniones, los contactos telefónicos con París y los conciliábulos se sucedieron hasta que, a las ocho de la noche, de nuevo la policía y el alcalde llegaron al hotel Pies, que, parece ser, pagan las autoridades de Madrid. Y a lo largo de una última cumbre se pactó la tregua: «No todos estamos de acuerdo, pero no existe otra solución», declaró uno de los confinados. «De momento esperaremos la confirmación de lo prometido, pero de ninguna manera renunciamos a nuestra reivindicación máxima, es decir, la devolución del estatuto de refugiados políticos. Esto, parece ser, entra en el terreno de lo jurídico. Nuestros abogados ya han iniciado las gestiones oportunas.»

El alcalde de Valensoles aseguró que, de no cumplírselas promesas ofrecidas por París, «protestaré de la manera más airada». Según otros informes llegados al hotel de los confinados, algún diputado de la región y el arzobispo de Marsella y presidente de la Conferencia Episcopal francesa, monseñor Echegaray, estarían dispuestos a intervenir, llegado el momento, en favor de una solución legal. Un grupo de mujeres, miembros de movimientos feministas, han intenta- ´ do, en los últimos días, movilizar a la población de los alrededores.

En espera de los acontecimientos inmediatos, tras la suspensión de la huelga de hambre, ya es posible que él domingo se celebre el partido de fútbol proyectado entre los vascos y el equipo titular del pueblo. El alcalde reiteró ayer su interés por el acto.

 

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