Abaitúa, liberado por ETA (p-m) en medio de la nieve. 
 Director de Michelín: "Qué tragedia tan absurda"     
 
 Diario 16.    02/03/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Diario 16/ 2-marzo 79

Abaitúa, liberado por ETA (p-m) en medio de la nieve.

Director de Michelín: «Que tragedia tan absurda»

VITORIA, 2 (Enviado especia! D16).— Demacrado, sin afeitar, con seis kilos menos y aterido de frío, hizo su entrada en el domicilio vitoriano el director de la empresa Michelín de la capital alavesa, Luis Abaitúa, después de haber estado diez días en manos.de un comando de ETA (p-m). Con desmayo y abrazando a su mujer, sus primeras palabras fueron: «Qué tragedia más absurda.»

Durante más de media hora, el cuñado de Luis Abaitúa, el doctor Jesús Odriozola, intentó reproducir las impresiones del liberado a lo largo de esos diez días. Luis Abaitüa no compareció en la rueda informativa que tuvo lugar a ´mediodía de ayer, en Vitoria, por prescripción médica; incluso muchos familiares, hasta el sacerdote Pedro Anitua, que ha hecho las veces de padre del liberado tras el fusilamiento en 1937 del padre de Abaitua, todavía no le habían visto a primeras horas de la tarde de ayer.

El director de Michelín, además de los días de secuestro, debió sufrir un largo viaje en el maletero de un coche, y la espera de dos horas, bajo la nieve que caía en Vitoria, antes de poder ir a su casa. Ni el primer baño reparador ni los sedantes que le suministró su cuñado fueron suficientes para que lograse descansar. Sólo a las 8,30 de la mañana, rendido de sueño y cansancio, permitió que le dejasen solo.

El reloj, trucado

Mercedes Odriozola, esposa del secuestrado, y su hermano Jesús, habían decidido irse a la cama sobre las dos de la madrugada de ayer, después de haber comentado la rueda de prensa que habían tenido con los informadores en la tarde anterior. Jesús, junto al teléfono, esperaba la llamada que pusiese fin a diez días de angustia.

Apenas habían transcurrido veinte minutos desde que se despidieron los dos hermanos cuando Mercedes Odriozola, oyó el chirriar de la cerradura, y segundos más tarde el tintineo de una llave en el receptáculo de porcelana que hay sobre el taquillón del hall; todo coincidía con el tradicional entrar de Luis Abaitua en su casa. «Aquello de tirar las llaves sobre la porcelana y ese tintineo sólo podía hacerlo mi marido.»

Saltó de la cama y no pudo ahogar un grito de emoción cuando vio a Luis: «Yo oí el grito y pensé que mi hermana estaba soñando. En seguida comprobé la grata realidad de ver a mi cuñado en casa», diría Jesús Odriozola en el transcurso de la rueda informativa. «Luis vestía un buzo que le venía grande y estaba desorientado sobre la hora que era; los secuestradores, al liberarle, le devolvieron el reloj y le dijeron que no avisase a nadie hasta las dos y media de la madrugada.»

«Al llegar a su casa Luis pensó que ya eran las tres, cuando en realidad apenas eran las dos y diez. Su reloj había sido trucado.»

Luis Abaitua recibió buen trato físico en todo momento por parte de sus secuestradores, «y hasta buen trato psíquico, excepto en los interrogatorios», según palabras de su cuñado. Quizá esos interrogatorios, que en todo momemto se centraron en temas laborales, fueron la razón de que Abaitua «no estuviese tranquilo en ningún momento».

Antes, el día de su secuestro, sufriría un largo viaje metido en el maletero de un coche. «Por carreteras que cambiaban de pavimento», ,y se sometió al proceso fotográfico antes de que le quitasen la ropa y le hiciesen vestirse con el buzo que llevó siempre hasta ser liberado.

Tras los diez días de forzada reclusión, de nuevo en el maletero, con la cabeza tapada por una capucha, y su liberación en las cercanías del Polvorín Viejo de Vitoria, la espera del plazo marcado por sus secuestradores, el frío, la nieve y la caminata de dos kilómetros hasta llegar a su casa.

 

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