Autor: Angulo, Javier. 
 Nuevo centro autonómico y administrativo de Euskadi /y 2. 
 Indiferencia entre los ciudadanos ante la decisión de convertir a Vitoria en la capital vasca     
 
 El País.    08/08/1980.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 24. 

Nuevo centro autonómico y administrativo de Euskadi / y 2

Indiferencia entre los ciudadanos ante la decisión de convertir

a Vitoria en la capital vasca

La frialdad y escepticismo con que el hombre de la calle de Vitoria ha recibido la decisión del Parlamento vasco de convertir k ciudad en Ja capital de Ja comunidad autónoma vasca contrasta con la excelente acogida que ha tenido en entidades corno la Cámara de Comercio de Álava, sectores bancario y de hostelería y colegios profesionales —entre ellos el de abogados y arquitectos—. Todos coinciden en que la capitalidad, y toda la actividad que ésta va a promover, puede ser absorbida sin trumas por la ciudad, que puede beneficiarse en su desarrollo (fundamentalmente a nivel del sector de servicios), siempre que éste se planifique cuidadosamente.

JAVIER. ÁNGULO

Choca, al pasear por ías tranquilas y limpias calles del centro, o a! tomar unos txikitos por el Casco Viejo de Vitoria, el tono excéptico, y hasta cierto punto de sorna, con que los vitoríartos se refieren generalmente a la capitalidad «que les viene». Hay desde los que se descomponen «porque nos van a quitar la tranquilidad», a los que afirman que «vienen a aprovecharse de nuestro dinero ». pasando por ios que se loman el tema a chirigota o prefieren esperar «a ver qué pasa». En realidad, parece corno si no hubieran pensado realmente lo que significa a medio y a largo plazo para su ciudad el convertirse en capital politico administrativa de Euskadi.

Un buen conocedor del pueblo alavés, el foralista José [guació López de Juan Abad, ex secretario del primer Consejo General Vasco, comentaba a este respecto a EL PAÍS: «En Alava, la. decisión del Parlamento vasco no ha provocado ni especial ilusión ni todo lo contrario. En Álava no hay fervores especiales. E! alavés es muy partidario depensar"a ver qué pasa, ¡ya crilicaremos después!"».

Considera López de Juan Abad que si el tema ha suscitado algo de interés entre los vitorianos es precisa tríente como contraposición, a la lardia reacción de los vizcaínos, y concretamente de los bilbaínos^ de luchar a toda costa por la conservación cíe la capitalidad de Euskadi.

«En Álava», afirma, «siempre hemos pensado que Vitoria podría ser la capital del País Vasco, y nos hemos preparado para ello en materia .autonómica, loque nos da ventaja sobre Vizcaya y Guipúzcoa.

Tenemos, geográficamente hablando, una posición de privilegio, a la que Hay que unir un acreditado sistema de comunicaciones, una infraestructura y un nivel de equipamientos a un nivel superior al de aquellas provincias, gracias a una economía provincial saneada, sólo posible a partir de una hacienda autónoma corno la que tiene Álava,».

Por ese lado es precisamente por el que se dirigen las suspicacias de un buen número de alaveses a la hora de analizar el tema de la capitalidad. Temen aquéllos que las instituciones hayan llegado a Vitoria para aprovecharse de) «grifo» abundante de la diputación vasca con mejor tesorería, medios e infraestructura.

«Los alaveses», señala López de Juan Abad, «están orgullosos de su situación y del grado de autonomía de sus instituciones. Se sienten vinculados al País Vasco a la hora de construir la comunidad autónoma.

pero desean hacerlo en régimen de confederabilidad. La mayoría de los alaveses está por la integración en esa comunidad, pero siempre que se conserven, e incluso se potencien, sus instituciones provinciales.

Consideran muchos que si Álava ha entrado en la comunidad "es para que nos den y no nos quiten". Hay gente que tiene miedo de que en la interpretación del estatuto primen las instituciones comunitarias sobre las provinciales y se diluya la personalidad de estas últimas».

Erase ana vez».

Fue en 118} cuando el rey navarro Sancho el Sabio, en un afán por ensanchar los dominios de su reino,, con vierte a la aldea de Gasteiz, encaramada en un cerro, en una villa amurallada, a (a que denominó Victoria, y doló de fuero propio y otros privilegios. Esas prerrogativas se mantendrán intactas cuando el rey de Castilla, Alfonso VIII, la incorpore a su reino, en el año 1200. Tanto este monarca como Alfonso X ei Sabio, medio -siglo después, contribuirían al desarrollo de la villa gótica, que perderá así su función de fortaleza militar.

En 1431. Juan II le confirió !a categoría de ciudad. Vitoria, paso obligado entonces de peregrinos a Compostela, se convertirá en una ciudad próspera en Ja floreciente época del comercio hacia Europa. Era entonces, y será durante siglos, ciudad de mercaderes y de curas, que vivirán en un casco viejo, gótico y neoclásico, núcleo central de la •población. Mantenido hoy en gran parte, constituye un conjunto histórico-artístico de carácter monumental.

En el siglo X VIII, Vitoria, inserta en una provincia eminentemente agrícola y ganadera, adquirirá prestigio por su pequeña industria repostera, la artesanía del cuero y la madera y la maquinaría agrícola. En 1868 se creará la fábrica de naipes de Heraclio Fournier, hoy ana de las más importantes de Álava. «De Vitoria, barajas; de Albacete, navajas», era el dicho de la época. En 1900, Vitoria tenia alrededor de 30.000 habitantes.

Hasta 1950, los cronistas de Vitoria la califican como «ciudad de curas y soldados», una ciudad anclada en el siglo XIX, con un crecimiento ordenada, limpia y tranquila. Así la define en su libro Dinámica sociourbana de Vitoria (1950-19641 el equipo de técnicos que dirige el foralista alavés López de Juan Abad:

«Vitoria vive en sí misma, tranquila, ajena... Por sus verdeados paseos discurren plácidos los curas, leyendo libros. Es muy difícil, al mirar en derredor, que la vista no tope siempre con media docena de monjas y militares. Se vive en el siglo XIX, porque en la ciudad habitan gentes deí XIX. Un sabor de clases pasivas lo envuelve todo. No hay nada fundamental que rompa el silencio ni acelere el tiempo».

Será precisamente a partir de 1950 (Vitoria tenía entonces algo más de 52.000 habitantes), y más concretamente eit la segunda mitad de la década, cuando se rompe el encanto de la Vitoria provinciana, con la aparición en sus alrededores de uaa incipiente industrialización, proceso que conocerá su cénit de expansión en ia segunda mitad de la década de los sesenta, en que doblará su población (105.000 habitantes].

En el citado trabajo el equipo de técnicos que dirige López de Juan Abad se describirá así la transformación de Vitoria: «A la ciudad se llega por una gran avenida bordeada de industrias. Las nuevas edificaciones rodean y aprietan la ciudad aristocrática, que parece haber despertado ya. La densidad humana elevada impone un fuerte sentido de movimiento, de tiempo justo. La industrialización marca una pauta distinta. El viajero que llega a la más pequeña de las capitales vascongadas, a la ciudad de los curas y militares, es al que extraña la transformación habida: de ciudad residencia a capital funcional industrial».

La expansión industrial

Las bases para la industrialización de Vitoria se consolidan entre 1950 y 1955. La creación, en 1951, de Forjas Alavesas, y, en J954, de Mevosa, hoy entre las cinco empresas más fuertes de Álava, son

elementos impulsores de una industria mediana, fundamentalmente de transformaciones metálicas.

La puesta en marcha de la primera zona industrial de Gamarra-Betoño, planificada por el Ayuntamiento de Vitoria en 1957, a la que seguirán cinco polígonos más, conforman ya una ciudad nueva, en la que el casco histórico-artístico quedará ya muy lejos de los inquilinos —en gran parte, inmigrantes—, de los bloques de viviendas construidas a las afueras déla ciudad, cerca de ios centros de trabajo.

Hasta la fecha existían dos zonas verdes y de recreo bien conocidas: ei paseo de la Senda (donde esta ubicado el palacio de Ajuría-Enea, sede de Presidencia del Gobierno) y el parque de la Florida, reducidos de espacto, pero muy familiares para los vitorianos. Recientemente, con el acondicionamiento de los parques de Arambizkarra, del Norte y Amaga, Vitoria cuenta con 230.000 metros cuadrados de zona verde, que pueden casi triplicarse cuando en un futuro no muy lejano se habilite el parque de Olarizu, de 600.000 metros cuadrados, destinado a ser el «pulmón» de la Vitoria de los años noventa.

Vitoria, hoy

Vitoria absorbe hoy la mayor parte de la población y de ]a actividad económica de Alava. Si en la década de los cincuenta contaba con meaos de la mitad de la población provincial, eminentemente agrícola, en la actualidad, tías ¡a expansión industrial y el éxodo a la ciudad, las tornas han cambiado. Hoy, en el resto de Álava habitan tan sólo 72.030 personas, en tanto que Vitoria tiene censados cerca de 192.000 habitantes. Se calcula que para el año 1990 tendrá 230.000, y superará el cuarto de millón en e! 2000.

Por procedencia puede decirse que prácticmente e¡ 40% de la. población de Vitoria es natural del municipio, el 11,3% nació en otras localidades de la provincia y el 11,94 Allegó del País Vasco.La población inmigrante alcanza, pues, casi el 37%, con origen mayoritariamente de Castilla y Asturias —por este orden— y, en menor grado, Extremadura.

Cerca de 80.000 personas constituyen la población activa de Vitoria, de la que más de la mitad debe incluirse en el sector industrial, soporte fundamenta! de Ja economía alavesa. El paro estimado en la actualidad ronda las 9.000 personas, aunque sumando tos «desanimados» la cifra se coloca en algo más de 12.000.

En la industria vitoriana es mayoritaria !a pequeña y mediana empresa, en gran parte de tipo u erigen familiar. Hay, no obstante, media docena de empresas de cierta envergadura, con plantillas de más de mil ira bajadores, destacando de entre ellas Michelía (4.500), Forjas, Mevosa y Fournier. Los estudios recientemente realizados por la Cámara de Comercio de Álava fijan en un centenar las industrias ubicadas en tos polígonos de Selago, Gamarra, Arriaga, Ali-Gobeo, Olarizu y Jundiz, que rodean a la capital. Más del doble de las industrias ubicadas en otras localidades alavesas, como Amurrio, Llodio o Salvatierra.

Lo que va A costar

Más de quinientos millones de pesetas va a costar sólo la instalación forma) en Vitoria del Gobierno y Parlamento vascos, que, en principio, tendrá que desembolsar la Diputación de Álava «a cuenta»

puestos Generales del Estado prevén debe destinarse a las instituciones de la comunidad autónoma vasca.

La habilitación del palacio de Ajuria-Enea, sede de Presidencia del Gobierno vasco, ha supuesto un gasto de siete millones de pesetas. A esa cantidad habrá que añadir una serie de mejoras, como inmobiliario de despachos y vi vienda de Garaikoetxea, telex, videos y otro material técnico que la elevarán, segun se prevé en los presupuestos de la Diputación de Álava, a cincuenta millones.

Sin embargo, la propia diputación ha repetido insistentemente que Ajuria-Enea es una se¿e provisional (incluso dentro de la provisionaíidad de Vitoria) y busca otro enclave para la Presidencia en los alrededores de la ciudad. Parece que entre los posibles emplazarnientos se estudia una oferta de adquisición de la finca del marqués de Forondo, próxima al aeropuerto del mismo nombre, en la que se levanta un palacete. De decidirse por e&te lugar —que supondría un alto desembolso— se montaría allí un complejo similar a la Moncloa. _

La elección de Ajuria-Enea corno sede de Presidencia ha provocado quizá ías únicas quejas airadas de la población vitoriana con respecto a la ubicación en esta ciudad de la capital de ía comunidad autónoma vasca. El motivo fundamental es que el citado palacio era, hasta hace unos meses, un importante museo de arte vasco muy apreciado. Los fondos pictóricos han sido, en opinión de las voces discrepantes, amontonados en el importante museo provincial —situado en la acera de enfrente— y se ha variado la estructura de una capilla existente en el sótano para introducir u.a ascensor en el edificio. Para estos sectores, la utilización, de Ajuria-Enea supone la supresión de un centro cultural para Vitoria, que no está precisamente sobrada de edificios de este tipo.

 

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