Autor: Dávila, Carlos. 
 El PNV que negocia con Suárez. 
 El poder vasco dividido entre el Gobierno y el Partido     
 
 ABC.    30/11/1980.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DOMINGO 30-11-80

NACIONAL

ABC/7

El PNV que negocia con Suárez

El poder vasco, dividido entre el Gobierno v el partido

MADRID (Carlos Dávila). El PNV, mejor dicho, Arzallus, amenazó, hace unos días, con tirar la toalla.

Xavier Arzallus, el todopoderoso pastor de la grey nacionalista, había redactado, de su puño y letra, un disparatado documento que el Euskadi Buru Batzar, con un sólo voto en contra, se apresuró a aprobar.

Aquel día las relaciones entre Madrid y Bilbao llegaron al punto más crítico. Dentro de unas fechas, sin embargo, un Suárez, capitidisminuido en su caudal político y puesto en solfa por los que fueron sus compañeros de viaje de la transición, llegará al País Vasco con el único objetivo de cortar los malos ambientes y estabilizar la colaboración entre los dos Gobiernos. El presidente se encontrará entonces con un PNV que también vive su crisis particular. Instranferible, por lo que tiene de singular.

«¿Qué es el nacionalismo vasco?, se preguntaba a principios de siglo Ramón Goicoechea («P. Evangelista del Ibero»). Y respondía: «El sistema político que defiende el derecho de la raza vasca a vivir con independencia de toda otra raza». Y continuaba: «¿Es cierta esta distinción?». Contestaba: «Eslo tanto, que ningún hombre de sano juicio y mediana cultura se atreverá a negarla» Goicoechea, el más fiel intérprete de Sabino Arana, escribió el «catón» del nacionalismo con la idea preconcebida de redactar un catecismo en castellano, un catecismo que, increíblemente, han resucitado con la actitud de los sabinaianos más formales, los ultrasnacionalistas raciales que, hace sólo unos días, han decidido pasar a la clandestinidad y apoyar desde allí (nadie sabe donde está exactamente el «allí») un auténtico movimiento de liberación nacional.

UNA DEMOCRACIA RÍGIDA

Pero quien identifique al PNV de hoy, con los puristas de Bermeo («Los de Bermeo son otra cosa») cometerá un grave error. Entre otras cosas, porque ni siquiera los más reputados seguidores del sabinianismo, Antón Ormaza, el jefe de filas, y Juan Beitias han querido asnearse al lado de un grupo que plantea contenciosos a España y Francia (su filosofía de reunificación, el «Zazpiak Bat», «siete en una» ha sido oficialmente «congelada» por el estado mayor nacionalista) es claramente reaccionario y tiene escasa incidencia cuantitativa en ufi partido —esto debe conocerse muy bien para entender e! auténtico espíritu del PNV— que ha hecho de la democracia un rígido corsé que hoy impide la modernización de un colectivo nacionalista que, paradójicamente, no tiene diseñado un proyecto de sociedad vasca.

Tanta y tan respetada es la democracia peneuvista que, de hecho, está favoreciendo la existencia de dos poderes paralelos: e´ partido y el Gobierno, dos poderes, reticentes y diferenciados, que se miran de reojo, que desconfían de las propias actitudes y, que de seguir así por muchas que sean las concesiones de Madrid, harán ingobernable el ente autónomo vasco. En Bilbao, el «papa Arzallus controla desde la presidencia de> Euskadi Buru Batzar cualquier desviación en el partido. Hace política apoyado por sus quince compañeros, y sólo en raras ocasiones ofrece información de tos vitoranos del «Geriátrico» (sede del Gobierno), conscientemente aislado de la capital alavesa para escapar del dominio totalizador del partido. En Vitoria, Garaicoechea trabaja y resiste los embates críticos de muchos —y ésta es otra gran paradoja en un partido que «pretende» la mano de Navarra— no le han perdonado su naturaleza. El Gobierno autónomo, formado con muchas dificultades, cuenta, por otro lado, y esto hace más difíciles aún las relaciones, con nacionalistas conversos como el consejero de Trabajo, Mario Fernández, ligado en algún momento a sectores de Alianza Popular, y otros unidos por un cable coaxial de interés empresarial al ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún, el hombre que mejor conoce a Arzallus y el único del Gobierno español, que sabía de la existencia del campo de entrenamiento paramilitar de Berozi, en los días iniciales de su constitución.

EL PAPEL DEL «MALO»

Es demasiado elemental, adjudicar de entrada el papel de «´malo» en las tensas relaciones entre el nacionalismo vasco y el Gobierno español a Xavier Arzallus. Arzallus es sí, el predicador que el vasquismo necesitaba a la muerte del patrón Julián Ajuriaguerra, otro hombre enormemente duro en sus convicciones que, sin embargo, hubiera votado positivamente a la Constitución, si el cáncer no hubiera acabado con él antes de que terminara de poner en orden la casa anarcodemocrática del PNV. Arzallus, el su cesor del sucesor (Garaicoechea ocupó antes la presidencia del EBB) está realizando quizá ahora mismo, la más compleja y delicada operación política que ha hecho el PNV a lo largo de su historia: convencer al abertzalismo que milita en Euskadiko Eskerra, de las bondades de un sistema democrático, mediante el cual pueden conseguirse las más altas cotas de autogobierno, sin necesidad de la acción violenta.

Tan cierto es el papel de Arzallus en esta finta de reconversión, que muohos multantes dentro de su partido y naturalmente fuera de él, le acusan de ser, en realidad un «infiltrado» de Euskadiko Eskerra, un enviado especial que ha hecho de la central nacionalista, ELA-STV un conglomerado sindical difuso en el que han desembarcado muchos hombres de Euskadiko, marxistas confesos algunos como Echevarría y Alex Aguirrezábal, y un extraño jesuíta, próximo al Izquierdismo de salón, el padre Bengoa. Actualmente ELA-STV, que sufrió una escisión de los famosos sabinianos los «eladios que formaron ELA-4, es un sindicato fuerte que lucha contra el creciente poder de unas Comisiones Obreras, cuyos afiliados son, en buena parte, militantes del Movimiento Comunista, y que tendrá dificultades de toda índole en el futuro, para entenderse con la Confederación Patronal Vasca, dominada por la arrolladura presidencia de Otarra. ELA-STV tiene apoyo declarado, en forma de sustanciosas dádivas financieras, de medios norteamericanos, unos medios, que al decir de los más críticos, no conocen hasta qué punto, el sindicato, tiene concomitancias comunistas, concomitancias venidas de la mano de los afiliados de LAB (la central de Euskadiko Eskerra) y alentadas por un sector del Partido Comunista Escaño!, el más alejado de Santiago Carrillo, que desea, cuanto antes, culminar la «operación PSUC» en el País Vasco; es decir, la definitiva unión entre el Euskadiko Eskerra de Onaindía y Bandrés y el PCE.

LA MERCANCÍA NACIONALISTA

El mayor reto que tiene planteado hoy el partido que gobierna en las tres provincias vascas, es ofrecer a esta sociedad ensangrentada por la irracionalidad de ETA y destrozada económicamente (son ya más de 150.000 los parados), un proyecto de futuro que ilusione a un pueblo que en las elecciones de marzo, se decidió mayoritariamente por un partido que, sin embargo, hasta ahora, ha devuelto sólo mínimas realizaciones. En Vitoria, el Gobierno está creando, al tiempo que recibe con cuentagotas las transferencias de Madrid, una pesada burocracia que pronto puede anquilosar el dinamismo político vasco, una burocracia de favor, que será Incapaz de, en breve tiempo, administrar los traspasos llegados de la Administración central, y que tiene, en algunos puestos de privilegio, a funcionarios escasamente solidarios con el Gobierno de Garaicoechea, tecnócratas que miran más hacia Bilbao en donde Arzallus y los quince miembros de Euskadi Buru Batzar, no entienden demasiado bien, las decisiones de un Gobierno «de todos», que «a veces se olvida de que es monocolor y nacionalista».

Tal incomprensión es patente, sobre todo, en la dureza con que son criticados los Mamados «parlamentarios de Madrid». Los diputados y senadores que pasan verdaderos apuros para explicar la postura vasca en la capital de España y que, sin embargo, son tachados de «impuros» y hasta de «vendidos», por los peneuvlstas más instalados en un localismo suicida, que desconfía absolutamente de todas y de cada una de las palabras que puedan salir del «infierno» madrileño. Marcos Vizcaya, político singularmente próximo a Garaicoechea, es el encargado de vender en Madrid, una mercancía envuelta en celofanes de mil colores, de seguir, en suma, una política da colaboración que, visceralmente, muchos vascos desearían rechazar. Así, la consigna de «[Dureza, más durezal». esgrimida desde tos puntos claves del poder nacionalista, se estrellan en la realidad con la larga y a veces aburrida dinámica de las negociaciones, en la que se discuten cuestiones técnicas que difícilmente sa justifican triunfalmente en Bilbao.

LA PARADOJA FORAL

Son tos mitificadores del más neto nacionalismo que han llegado a identificar el partido con el gobierno y, éste con la nación, en un ejercicio político que tiene aires as fascismo de la vieja guardia. Una identificación que no comparten ni Arzallus, quizá el más Inteligente de los políticos vascos, ni Garaicoechea, el nacionalista surgido a medio camino entre el marketing urgente y la preparación técnica.

Son ellos, los máximos exponentes de los dos poderes vascos, loa que negociaron un Estatuto Inmejorable —dígase lo que se diga— en los calores agosteños del pasado año, y los que sin traumas internos y aparentes, están disimulando el abandono evidente de la anacronfa foralista. Pocos saben a estas alturas —UCD según me temo, aún no se ha enterado— que al foralismo concede hegemoníca a cada provincia o territorio histórico sobre la nacionalidad vasca. El Estatuto de Guernica, resuelve la situación exactamente al revés. Sin embargo, desde Madrid, se insiste en hablar de tos fueros. Cosa que naturalmente no hacen ni Garaicoechea, ni Arzallus. Es la tercera y más estúpida de las paradojas que siembran de malentendidos las relaciones entre el País Vasco y el resto de España. Es, no se dudo. la apoteosis de la ignorancia.

 

< Volver