No dejó títere con cabeza en su homilía de Corpus. 
 El obispo de Bilbao critica con dureza la tolerancia del terror     
 
 Diario 16.    07/06/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

No dejó títere con cabeza en su homilía del Corpus

El obispo de Bilbao critica con dureza la tolerancia del terror

En su homilía del Corpus, el obispo auxiliar de Bilbao, monseñor Uñarte, ha criticado decididamente a todos los estamentos de la sociedad de Euskadi y del Estado, desde la violencia y el terror, a los poderes fácticos que lo consienten. No dejó el obispo auxiliar títere con cabeza. Una frase que resume su actuación en el pulpito puede ser: «No basta lamentar el mal, hay que destruirlo.»

Bilbao (Corresponsal) - El obispo auxiliar de Bilbao, Juan María Uñarte, criticó duramente a todos los estamentos de la sociedad vasca, durante su homilia con motivo del Corpus Christi, al decir que «el mensaje del amor cristiano no lo hemos estrenado todavía en nuestra convivencia social».

Refiriéndose a ETA, dijo que «hay un grupo armado en nuestro pueblo que sigue matando con trágica frecuencia, intimidando a centenares de personas con el llamado impuesto revolucionario, secuestrando a seres humanos, manipulando e! idealismo de jóvenes generaciones, aumentando eí desaliento colectivo y deteriorando más aún nuestra quebrantada situación económica. Y pretende legitimar su conducta atribuyéndose la defensa de un pueblo que muy mayoritariamente, desaprueba sus acciones».

Para el bando contrario tuvo también palabras. «Existen también entre nosotros —dijo— grupos dominados por la pasión de la revancha que responden a esta permanente provocación con la amenaza, con la destrucción de edificios y monumentos, e incluso con la muerte violenta.»

La sociedad reacciona débilmente

Más adelante, en su hornilla dijo que «nuestra sociedad en su conjunto, salvo nobles excepciones, reacciona muy débilmente ante esta verdadera enfermedad de nuestros días. No se atreve a condenar públicamente lo que reprueba en privado. Se mantiene en la pasividad aturdida o acostumbrada. Algunos incluso les prestan sus simpatías y alientan con su apoyo este baño de s y destrucción».

«Muchos grupos políticos e instituciones con responsabilidades públicas pronuncian, palabras d« condena, pero no movilizan todos sus recursos humanos ni populares para detener esta hemorragia de vidas humanas —siguió diciendo el obispo—. Cuando en un pueblo se mata de esta manera, el fundamento mismo de la sociedad está gravemente amenazado. No basta lamentar el mal, hay que destruirlo.»

Dirigió también su acusación a los grupos eclesiales. «Nuestra tarea —dijo— es decir una palabra fraterna pero clara, cercana pero libre, La palabra de Dios no debe quedar encadenada. Hemos de seguir, obstinadamente, pronunciando esa palabra que defienda la vida y condene la muerte. No tenemos derecho a cansarnos,»

Consejos políticos

Finalmente, ]a autoridad eclesiástica acusó a los poderes públicos de «no estar exentos de responsabilidad». En este sentido apuntó que las condiciones indispensables que las autoridades del Estado deben cumplir con todos sus medios para caminar en este pueblo hacia una paz efectiva son las referidas al traspaso de competencias con el poder autonómico.

«Hay que reconocer, y de buen grado, los derechos de una comunidad humana —siguió diciendo en este capítulo—, acelerar al máximo la transición efectiva de responsabilidades de gobierno a ias autoridades locales, y exigir en todo momento a las Fuerzas del Orden, duramente probadas en nuestro pueblo en los últimos tiempos, una conducta serena y moderada y hacer respetar escrupulosamente los derechos humanos inviolables de los detenidos.»

El obispe titular, José María Larrea, en su alocución en la misma ceremonia, se hizo eco de las palabras del Papa Juan Pablo II en Irlanda: «La paz no puede ser establecida por la violencia ni puede florecer nunca en un clima de terror.» Asi, monseñor Larrea apuntó que éste no es el camino ni para el progreso de la sociedad ni desde la plataforma de la fe.

 

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